Actions

Work Header

your heart was glass, I dropped it

Summary:

—Sabías desde un principio cómo era, ¿y me dices ahora que te cansa entenderme?

—No es eso, Paul, por favor —el castaño empezó a desesperarse—. He sido muy paciente contigo, siempre he tenido en cuenta tus sentimientos. Pero yo también merezco que pienses en mí. Solo quiero saber por qué —el tono de su voz fue disminuyendo a medida que hablaba.

o

Donde meses después de terminar el concurso, Álvaro y Paul mantienen una relación en secreto en la que la intensidad de sus sentimientos les hace llegar al extremo.

Notes:

holis, es mi primera vez escribiendo algo en serio así que no sé cómo saldrá, pero si estás aquí, gracias por darle una oportunidad! espero que lo disfrutes tanto como yo escribiéndolo <3

todo está escrito desde el cariño que les tengo a Paul y Álvaro y en ningún momento pretendo ofender a nadie (si eres uno de ellos, disfruta también supongo!)

Chapter 1: Intro

Chapter Text

Dilo Sin Hablar — Amaia

Los suaves rayos de sol que se colaban en la habitación de Paul le despertaron, haciendo que se removiera bajo las sábanas. Aún con los ojos cerrados, sonrió al notar como el chico que tenía a su lado se movía mientras seguía dormido sin querer dejar de notar el calor que el contacto entre ellos le proporcionaba. Los rizos le hacían cosquillas en el cuello a Paul, que empezó a darle caricias en el brazo. 

—Mmmh... —murmuró Álvaro apretando los ojos—. Hola...

Paul soltó una pequeña risa. Había compartido muchas noches a su lado y seguía sin acostumbrarse a la dulcura que desprendía el sevillano adormilado.

—Hola, mi amor —saludó con su voz ronca, dejando un beso en la cabeza llena de rizos—. ¿Cómo has dormido?

Álvaro abrazó más fuerte al chico y levanto la cabeza lo suficiente para mirarlo sonriendo.

—Contigo —murmuró viendo como el otro suspieraba levemente—. Así que genial.

—Echaba de menos tus cursiladas —Paul removió sus rizos con una mano.

—Lo sé, mi amor.

El mayor volvió a apoyar su cabeza en su pecho cerrando los ojos. Después de dos intensas semanas de trabajo en las que no se habían podido ver, al fin podía escuchar el latido del corazón de su chico. Al fin eran ellos dos a solas disfrutando de su presencia, de cada pequeña caricia y de los miles de besos que decían lo mucho que se necesitaban cuando las palabras no podían. 

Hacía ya varios meses desde que dejaron atrás el miedo y la vergüenza que les daba admitir en voz alta que habían encontrado un hogar en el cariño del otro, y se permitieron quererse sin ataduras, al menos entre ellos. Cuando nadie los veía, sus corazones se volvían locos y ninguna muestra de cariño parecía suficiente para expresar lo que sentían. Desde la primera vez que Álvaro se atrevió a acunar el rostro de Paul y sin dar muchas explicaciones juntó sus labios, dejando al otro chico sin habla, supieron que estar juntos era lo que ambos necesitaban. Que no tenía sentido esconderse entre ellos algo que era mutuo, que en el fondo siempre habían sabido que su relación era especial, y que merecían explorar todos los sentimientos que florecían cuando estaban juntos. 

—Estaba pensando en la primera vez que nos besamos —murmuro Álvaro sin dejar de trazar líneas invisibles en el pecho del rubio.

—Otra vez no, qué vergüenza —replicó el otro chico tapándose la cara con una mano y haciendo que el castaño riera con ternura.

—Estabas monísimo —dijo alargando la última palabra y levantando la cabeza otra vez para destapar el rostro de Paul, quien le miró incrédulo—. Te quedaste súper tieso —siguió riéndose.

—Ya basta —rio intentando quitarse al chico de encima—. Lo hice fatal y va a perseguirme toda la vida.

—No, mi amor — a Álvaro le divertía molestar al granadino, y puso una mano en su cintura para evitar despegar sus cuerpos—. Si tan mal lo hiciste, ¿cómo es que no paramos de besarnos en horas?

—Calla.

—¿Aún te pones nervioso? —sonrió al ver como sus mejillas se enrojecían.

—Cállate —insistió Paul posando una de sus manos en el pecho de Álvaro.

—Cállame —contestó divertido.

—Maldito cliché —rodó los ojos mientras el otro acercaba su rostro. 

—No finjas que no te encanta —susurró encima de los labios de Paul, notando como sonreía antes de cortar la distancia entre ellos y dejarse llevar por la calidez de sus labios. 

Las manos de Paul se posaron en las mejillas de Álvaro, acariciándolas suavemente. Álvaro juntó más sus cuerpos intentando maximizar el contacto entre ellos y, sin ser eso suficiente, una de las manos de Paul fue al cuello del otro apretando suavemente y notando como el beso se intensificaba. Paul se preguntaba qué había hecho para merecer tener al chico más dulce que había conocido de esa manera. Nunca se hubiera imaginado que alguien pudiera quererle así. Álvaro sentía que se derretía cada vez que se besaban, sin llegar a creerse que había conseguido que el tímido Paul se quitara la coraza delante suya y hubiera aceptado recibir su amor. 

Ambos se permitieron disfrutar de su compañía durante quizás demasiado tiempo. A ninguno le importaba lo que ocurriera fuera de las cuatro paredes de esa habitación, en la que los rayos de sol se intensificaban por momentos. Ambos sentían que el mundo estaba en sus manos sujetando al contrario y dejándose mimar. Compartiendo suspiros, risas, besos y te quieros que no se escuchaban más allá de esa habitación.

 

Lovesick — Laufey 

Las manos de Paul se deslizaban sobre el piano mientras trataba dejar la mente en blanco, fracasando en el intento. Tocaba repetidamente las canciones que expresaban mediante dulces melodías cómo su corazón se encogía. Esto se había convertido en una rutina para él, pues sabía que no era capaz de poner en palabras muchos de sus sentimientos. Ni siquiera sus canciones más personales lograban expresar con claridad lo que pasaba por su mente, no cuando se trataba del amor. Y por esto, solo le quedaba sumergirse en sonidos que evocaban la tristeza, la nostalgia de algo que nunca has tenido, y la desesperación por perder algo que no sabes si es tuyo. A pesar de no entenderse a sí mismo, Paul se había acostumbrado a sentirse así. Sus manos se tropezaron en las teclas cuando dejó de escuchar el agua de la ducha y tras unos minutos, salió Álvaro envuelto en una toalla y con el pelo húmedo resbalando por su frente. El mayor había estado escuchando el piano mientras se duchaba, así que se acercó hasta él colocándose detrás del rubio, que se giró y sonrió levemente. 

—¿Me estabas escribiendo una canción? —tonteó posando sus manos en los hombros del chico que permanecía sentado y que se relajaba ante su tacto.

—Ahora no —siguió el granadino girándose completamente en la banqueta para colar sus piernas entre las de Álvaro—. Solo recordaba algunas canciones de Taylor.

Los pensamientos ajetreados que no dejaban a Paul concentrarse hace unos momentos se habían esfumado con la presencia del chico que se encontraba a su lado, y se permitió sonreír pensando en lo guapo que estaba con las mejillas rojizas por el agua caliente y las gotas que caían de su pelo a su frente. Nunca se cansaría de apreciar su belleza y perderse en sus oscuros ojos, los cuales le miraban como si fuera la cosa más bonita que hubiera existido jamás.

—Bueno, también puedes dedicarme alguna cursilería suya —sonrió pasando su mano por el pelo de Paul.

El rubio sonrío con ternura, sin saber cómo podía ser Álvaro tan ingenuo y no darse cuenta de que todas las canciones de amor que escucha le recordaban a él. Sin embargo, la culpabilidad se apoderó de él pensando en todas las canciones tristes con las que se identificaba a causa de su relación. Álvaro notó el cambio en la cara del chico y dejó un beso en su frente. Lo conocía bien y sabía que la actitud de Paul cambiaba cuando tenían que separarse.

—Voy a cambiarme, debería irme en un rato —murmuró el sevillano suavemente, intentando que sus palabras no le hicieran daño.

Habían pasado todo el fin de semana juntos, pero el lunes había llegado y ambos tenían trabajo. La burbuja que habían creado en el piso del granadino estaba a punto de estallar una vez más, como siempre ocurría, hasta que se volvieran a encontrar. Paul asintió y forzó una pequeña sonrisa.

—¿Cuándo voy a volver a verte?

—No lo sé —contestó el castaño repasando mentalmente la agenda de esa semana—. Pero puedes pasarte por nuestro piso cuando quieras, ya lo sabes. 

—Ya —susurró Paul.

—Te aviso cuando tenga algún hueco y nos vemos, ¿vale? —Álvaro sostuvo el rostro de su chico entre sus manos—. Avísame tú también cuando estés libre. Ahora sí voy a vestirme, ¿me acompañas? —Álvaro cambió el tono de su voz a ese que solo ponía con su Paul, a sabiendas de que no negaría su propuesta.

Paul se levantó y depositó un corto beso en sus labios para después arrastrar de él hasta la habitación, donde disfrutaron de sus besos y sus abrazos momentos antes de volver a la rutina de su trabajo. Poco después, Paul se encontraba solo en aquel piso del centro de Madrid que pasaba de ser un hogar a una prisión en cuanto Álvaro se marchaba, el cual aprovechó el camino a casa para dar un paseo con sus auriculares puestos. Hacía un buen día a pesar de que el aire empezara a ser frío, y el chico quiso despejarse sentándose en el banco más escondido del parque que tenía cerca de su casa. La música sonaba demasiado fuerte en sus oídos, aunque él no trataba de callar sus pensamientos con ella. Todo lo contrario, le gustaba aprovechar la música para llevar al máximo sus sentimientos. Quería a Paul. Le quería mucho, tanto que le dolía el pecho tener que salir a escondidas de su casa. Adoraba cada detalle suyo y admiraba todo lo que hacía. Haría lo que fuera por estar con Paul, incluso esconderse. Quería a Paul. Pero, ¿qué más tenía que hacer? 

Álvaro abrió la aplicación de notas de su móvil y escribió un par de frases sueltas. Podría servir para alguna canción pensó mientras volvía a guardar el teléfono en su bolsillo y se levantaba para irse de allí. En cuanto llegó a su piso, fue directo a la habitación de su mejor amiga, que se encontraba sola en la casa. La encontró en la cama con el móvil en la mano y Álvaro sonrió tirándose encima suya, haciendo que la chica soltara un pequeño grito.

—¡Amor! —chilló Bea mientras lo rodeaba con sus brazos recolocándose en la cama—. ¿Qué tal ha ido?

—Muy bien —sonrió levemente—. Como siempre.

—Uy, eso incluye drama final —rio ella, por lo que su amigo le pegó suavemente el brazo—. ¿Me equivoco?

—Le he escuchado tocar champagne problems durante veinte minutos —susurró el chico—. Pero solo eso. Hemos estado bien.

—Mi pobre Polcín —dijo divertida Bea—. Me da un poco de lástima.

—Ya... —Álvaro se echó al lado de Bea mirando al techo.

—Ey, tú estás haciéndolo bien. Se le pasará y estaréis bien, hazme caso que soy lesbiana y sé de dramas.

El castaño rio ante el comentario de su amiga, que le miró sonriendo y dejó un beso en su mejilla. A él tampoco le apetecía indagar más en el tema porque entraría en un bucle que ya conocía, así que decidió zanjar la conversación.

—Gracias amor —murmuró dándole un abrazo—. De todas formas, voy a quedarme con todo lo bueno del tiempo a su lado. Y ahora vamos a comer, que luego tengo que ir al estudio.

Álvaro consiguió su objetivo y pasó el día bastante animado. Estuvo toda la tarde encerrado en el estudio trabajando en su nueva canción. Últimamente se sentía más inspirado que nunca, pasaba horas escribiendo sin parar, soltando todo lo que llevaba dentro. Y amaba estar implicándose cada vez más en la producción de sus canciones. Le pasó un par de audios a Paul para que escuchara cómo sonaba su nuevo trabajo, a los que contestó con efusiva admiración. El pecho de Paul se llenaba de orgullo cada vez que Álvaro le mostraba algo, y también se moría de ilusión cuando le pedía consejos y tenía en cuenta su opinión. Ambos compartían una pasión por la música que se avivaba estando juntos, y que les hacía conectar a todos los niveles. 

Paul también pasó la tarde trabajando, sin embargo, él se encontraba en un bloqueo creativo. No conseguía encontrar nada que le gustara lo suficiente. Su libreta estaba llena de letras tachadas y ningún acorde le seguía el ritmo a su corazón. Suspiró frustrado, apoyando su cabeza en el piano.

—Me voy a volver loco —susurró para sí mismo.

Su mano derecha viajó hacia las teclas de nuevo, intentando encontrar alguna melodía que le gustara. Volvió a coger su libreta, fijándose en las pocas palabras que quedaban sin tachar y rescatando alguna de las tachadas. La brillante pantalla de su teléfono hizo que levantara su cabeza, para ver quién le hablaba. Su expresión se destensó al ver el nombre de Álvaro.

 

[Alvi ♡] 

polito

la nueva canción me hace ponerme blandito

solo quería recordarte que te quiero, no sé si este finde te lo he dicho suficiente 

nunca es suficiente contigo, te quiero te quiero te quiero

 

Paul sonrió leyendo los mensajes, y pensó que tal vez sus fans tenían razón cuando decían que los chicos eran el claro ejemplo de la teoría del hilo rojo. El mayor siempre parecía saber cuándo le necesitaba, y aparecía iluminando su mundo como solo él podía. El rubio sintió los fuertes latidos de su corazón mientras se imaginaba a su amor escribiéndole esos mensajes en el estudio, tratando de ocultar una tonta sonrisa ante el resto de productores, sin darse cuenta de que sus orejas ya estaban completamente rojas. No podía echar por la borda todo lo que había vivido con Álvaro. No podía perderlo tan tontamente. Tenía que luchar por él. Por su amor. Cerró la tapa del piano decidiendo tomarse la tarde libre, no sin antes coger su libreta y tachar la palabra que estaba escrita en mayúsculas en medio de la página. Temor.