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Oceanbound

Summary:

Azul, a todo a su alrededor. Inmensas cantidades de azul, directamente hacia el horizonte, donde el cielo despejado se encuentra con el mar. Pequeñas islas decoran la vista, Felix podia ver la forma de otro barco muy lejos de ellos. El viento movía su cabellera naranja lejos de su cara, haciendo que sus ojos lagrimearan. La luz del sol reflejaba en el mar, casi cegando a Felix. Risa burbujeaba desde su pecho. Felix quería soltar el mástil, extender sus brazos y gritar a todo pulmón.

Notes:

Chapter 1

Notes:

Tuve la increíble oportunidad de traducir esta maravillosa fanfic hecha por dulcetchan, asi que sin más que decir espero que disfruten el trabajo que hizo y la directa traducción en español que les hice🤍. Voy a tratar de sacar los capítulos cada semana si la universidad me deja, espero que les guste tanto como me gusto a mi la primera vez que lo leí.

Chapter Text

”Oh the wind was foul and the sea ran high, leave her, Johnny, leave her; She shipped it green and none went by, and it’s time for us to leave her. Leave her, Johnny, leave her! Oh leave her, Johnny, leave her!

For the voyage is long and the winds don’t blow; and it’s time for us to leave her.”

Un chico de cabellera naranja estaba sentado en su escritorio, viendo con nostalgia la vista del mar enfrente de él mientras que tarareaba una canción vieja que habia escuchado ayer cuando unos marineros estaban cantando en camino al puerto. El chico descansaba su barbilla en su palma, un libro abierto en la mesa enfrente de él, pero su atención definitivamente no estaba en el libro de historia, ni en la persona detrás de él, hablando sobre un hombre llamado Aristoteles y sus hallazgos en el arte fino de la filosofía.

“I hate to sail on this rotte-“

El profesor le pega en su cabeza. “¡Felix! ¡Concéntrate! No saldrás de aquí hasta que recuerdes los eventos relevantes de la Antigua Grecia!” Felix, el chico de cabellos naranjas suspiró y desvió la mirada del horizonte hacia el libro que tenía delante. Palabras sin sentido atras de palabras sin sentido, ¿Por qué la historia era tan importante? ¡Ni siquiera era como si vivieran en ella! ¡Vivían en el presente! Así que no le veía sentido de como se tenía que aprender estas cosas cuando podría estar aprendiendo algo realmente importante, como esgrima. O francés. El francés te llevaba a lugares importantes, al menos eso decía su profesor.

“¿Quién es Johnny de todos modos?” Felix murmuró y se rebajó en su asiento. “No lo sé, ni me importa y no debería de consternarte a ti. Y no deberías estar cantando esas canciones, son canciones de piratas. ¡Dios te ayude si tu padre encuentra que sabes de ellas!” Su profesor se burló, antes de proceder con la clase sobre Aristoteles y sus aprendices.

El profesor de Felix era un hombre mayor, nacido en Londres, se mudo a Port Royal en sus veintes y trabajó para el gobernador como profesor para sus hijos. Entonces se mudó a Nassau cuando el padre de Felix le ofreció un trabajo como profesor privado de Felix. Tal vez su padre le pagaba mejor que el gobernador de Port Royal, porque Nassau claramente no era un mejor lugar para vivir. Bueno, es una ciudad buena, pequeña, pero Port Royal es directamente el centro del Mar Caribe, y todo, literalmente todo incluso lo más insignificante pero interesante pasaba ahí. No en Nassau. El profesor estaba vestido como cualquier otro hombre de clase alta en la ciudad -una peluca gris, larga y curveada de la forma más ridículamente posible, con moños y ondas por todas partes, un chaleco azul real, un pantalon y medias blancas y unos zapatos negros con hebillas doradas.

Felix no estaba mucho mejor. Con suerte no llevaba una peluca, pero sí tenía una camisa con lechuguilla, la cual le hacía sentir extremadamente incómodo con el calor sofocante del mediodía. Una camisa blanca con mas volantes en las mangas, un chaleco azul real, pantalones negros y medias blancas, y el mismo tipo de zapatos negros con hebillas doradas de su profesor. Su abrigo estaba colgado del perchero al lado de la puerta. Felix odiaba la noción de que tenía que usar tanta ropa solo para mostrarle a los demás que si, el de verdad era hijo del gobernador, el único hijo en sí, y que de alguna manera estaba conectado a la familia real. Y todos los demás estaban debajo de él. En los ojos de Felix básicamente todos estaban en la misma línea, tratando de sobrevivir con lo que tienen, pero no, todo el mundo pensaba diferente y Felix tenía que vivir con ello.

“Joven señor Lee, ¿Acaso no me presta atención en nada?” su profesor, el señor Ainsley prácticamente le gritó al oído. “¡Si!, ¡Si!, ¡la Antigua Grecia fue directamente al suelo y la Antigua Roma renació de sus cenizas!” él respondió, muy teatralmente, poniendo los ojos en blanco mientras hablaba. Su profesor refunfuñó, claramente harto de la actitud de Felix y ni siquiera tenían una hora de sus clases diarias.

“Está bien. Claramente conoces la historia de la Antigua Grecia, así que me puedes escribir un ensayo del Imperio Romano para mañana, ¿No es así? Y ahora nos podemos mover a francés” Felix exclamó un quejido, casi pegándose en la cabeza con el escritorio. Al menos era mejor que historia. “Necesitas francés si piensas unirte a la marina de su realeza, señor” El señor Ainsley le recordó a Felix. “¿Por qué necesitaría francés si estoy en un bote lleno de ingleses?” Felix tenía un hábito irritante de cuestionar todo, pero su profesor estaba acostumbrado a ello. Usualmente le respondía algo ingenioso, o solo ignoraba a Felix. “Porque no sabes en qué tipo de situaciones te encontrarás, y conociéndote, algún día tendrás que negociar para salir de la plancha de un bote de guerra francés” Felix resopló y tomó su libro de francés del estante de al lado de la mesa y agarró papel, tinta y una pluma.

“Conociéndome, no me metería en ese tipo de situaciones, porque mi padre nunca me dejaría unirme a la marina” “Me temo que eso es correcto. Eres el único hijo varón y, dado que el rey ha decidido que tu familia reinará como gobernadores de esta pequeña isla, debes de mantenerte con vida. Hasta que tengas tus propios hijos, claramente” Felix tembló con la sola idea de tener hijos algún día. No quería ninguno, al menos, no en los siguientes diez años. O veinte. O cincuenta. Los niños eran un no no para él a este punto. Solamente no se podía imaginar siendo un padre, con unos niños malcriados corriendo sobre sus pies, comiendo y tocando todo lo que no deberían. Lo único que se imaginaba haciendo era manejando el timón de un bonito galeón de guerra de la marina inglesa. Aún mejor si fuera un buque de guerra.

Felix suspiró y metió su pluma en la tinta.

* * *

Nassau

Era un pequeño pueblo muy bonito. Un poco ruidoso, pero no demasiado. Verdaderamente, era como cualquier otro puerto en el Caribe, bastante dependiente de los mares y de su tráfico alrededor. Café. Verde. Bonito, pero no extraordinariamente. Algunos cientos de habitantes, tal vez incluso unos mil y medio hoy en día. Felix y su familia se habían mudado después de que los primeros colonos construyeron la ciudad, aproximadamente unos diez años atrás. Nassau había crecido significativamente, ahora era uno de los grandes puertos del Caribe a la par de Port Royal y La Habana, pero todavía era relativamente callado comparándolo con esos dos. Usualmente los marineros en camino desde México a Europa se detenían y viceversa. A Felix no le importaba mucho. Poco tráfico significaba menos piratas por los que preocuparse. Sabia que Port Royal y La Habana eran atacados con bastante frecuencia, pero como Nassau todavía era algo pequeño, lo dejaban solo. Y por supuesto también estaba el puerto pirata, Tortuga. Estaba en el camino entre Nassau y Port Royal y marineros bajo la bandera despreciaban esa maldita ciudad sin leyes.

Felix solo había escuchado historias sobre sus sucias calles y sus habitantes sin educación. Por otra parte, ¿Qué podría esperar de piratas y de otros criminales? No hay leyes ni orden, en lo mas mínimo, acorde al padre de Felix. Aun así, Felix estaba algo intrigado. Un poquito, nunca jamás consideraría ser un pirata, pero le encantaría ver lo que la famosa “vida de pirata” tiene para ofrecer. ¿Y qué tipo de puerto era Tortuga? ¿Y qué diablos estaba en el cerebro de los piratas, que los hacía convertirse en criminales, ladrones e incluso asesinos? Sin embargo, el solo pensar encontrarse con un pirata le heló la sangre, así que tal vez nunca ponga un pie en Tortuga. Tal vez estaba un poco interesado. Solo un poquito. Una cantidad sana de curiosidad. Pero si alguna vez se volviera un marino de la marina inglesa, a pesar de los deseos de su padre, podría acabar con esas asquerosas ratas y hacer caer a Tortuga, convertirlo en un bello puerto, una bonita ciudad con leyes bajo los colores ingleses.

“¿Qué tanto estás pensando tan concentrado?” Felix salió de sus pensamientos, mirando a la mujer sentada enfrente de él. Su madre, Amelia Lee, una mujer de clase alta de Port Royal, nacida de un gobernador anterior y un marino. Amelia Lee era una mujer orgullosa en sus cuarentas, orgullosa de su familia, orgullosa de su estatus, orgullosa de su país. Ella vestía un vestido con corset de color durazno y un sombrero ridículamente alto lleno de distintas rosas y lazos. El vestido tomaba la mitad del espacio en el carruaje. Felix y su madre estaban en camino a la casa de un amigo de la familia viviendo del otro lado de la ciudad, el carruaje se movía de un lado al otro siguiendo las grietas y desniveles del camino. “Nada, madre” Su madre le lanzó una mirada de complicidad. Felix habia estado viendo el mar desde la pequeña ventana del carruaje, otra vez.

“Sabes, tu abuelo era un marino bastante conocido. Uno de los primeros en sobrevivir en las Bermudas y en viajar a la India y regresar. Está en tu sangre, el anhelo por el mar. Si no fuera por tu padre, te dejaría unirte a unos viajeros, pero conoces a tu padre. Odia la idea de que algo te pase.” La madre de Felix lo miró con una sonrisa triste. Le había contado sobre su abuelo, si, pero Felix estaba seguro que era algo más profundo que eso, siempre había ese pequeño tono de anhelo en su voz cuando hablaba de los viajes de su padre. Tal vez Amelia Lee también tenía un anhelo con el mar, una ansia que nunca pudo satisfacer ya que los barcos solo reclutan hombres. “Lo sé” Respondió Felix.

El camino a la casa del amigo de la familia, también conocida como la familia Smith, era algo largo. No tan largo, pero si tenían que cruzar toda la ciudad, conducir por el centro de la ciudad. A Felix no le importaba tanto, pero odiaba el hecho de que todos veían el carruaje, algunos incluso de broma se inclinaban mientras conducían por las calles de piedra. El sol estaba empezando a meterse, destellos de la luz del sol todavía reflejándose en el mar y entre los edificios de madera de la ciudad. Los últimos rayos del sol hacían que el interior del carruaje casi brillara, el terciopelo rojo de los asientos relucía hermosamente. Los pequeños detalles alrededor de la puerta y de la ventana brillaban.

Felix siempre se había considerado más cercano a su padre. Su padre siempre estaba en consejo de la ciudad en el ayuntamiento, había un rumor de que no era tan fiel a su hermosa esposa como debía, así que no era tan sorprendente que Feliz prefería la compañía de su madre. Incluso si el señor Ainsley estaba a cargo de su educación, Felix había aprendido más de su madre también. Más refiriéndose a la vida real, no datos estupidos de historia. Ella le había contado historias de las aventuras y viajes de su abuelo, le había contado sobre tierras lejanas, el arte de navegar y todo lo que sabía de los barcos. Ella le había enseñado a navegar de las estrellas, y le había enseñado a coser su ropa (porque aparentemente Felix también tenía el hábito de caerse con cualquier roca en su camino y romper al menos tres pares de pantalones en un mes y su madre, y los sirvientes, estaban cansados de coser su ropa). Felix también se parecía más a su madre que a su padre. Complexión pequeña, hombros estrechos. Una cara bastante redonda, ojos brillantes, nariz pequeña y barbilla pequeña. Cabello anaranjado, un poco rizado. Labio superior más grande que el inferior. Pecas. Felix odiaba sus pecas. Hacían que su cara se viera sucia, especialmente con el bronceado que el sol le brindaba. Y no podías evitar el sol en Nassau.

El carruaje se detuvo, y de ahí la puerta se abrió. El conductor ayudó a la señora Lee a salir y Felix la siguió. Estaban en la casa de los Smiths, casi en la puerta principal. La casa era magnifica, casi tan grande como la de los Lee. Era al estilo de cualquier otra villa como en Londres, un edificio de piedra blanca con pilares de estilo griego y grandes ventanales. Una valla de arbusto alrededor de la casa y el jardín, dejando a la clase baja fuera del área de los Smith. Una ligera charla podía oírse venir de la casa.

“¡Amelia! ¡Y Felix! ¡Que gran gusto verlos!” La señora Smith, una gran mujer con un vestido de corset de color azul cuelo y la cara enrojecida. ¿Tal vez la causa era algo de vino para hacer que la tarde fuera más rápida? “¡Linda! ¡Ha sido tanto tiempo!” Habían sido dos semanas, no ‘tanto tiempo’. La madre de Felix y la señora Smith se abrazaron y Felix iba a ser un caballero y besar su mano derecha pero en vez de eso la mujer lo envolvió en un abrazo. Olía como lavanda y almizcle. “¡No hace falta tanta caballerosidad! Te he conocido desde que estabas en una cuna.” Felix le sonrió a la mujer pero se apegó a la etiqueta; “Se ve maravillosa esta noche, señora Smith” “Gracias, Felix, pero guárdate las palabras halagadoras. Soy vieja y mis mejores días han quedado atrás desde hace mucho tiempo, las otras señoritas en el jardín son mas maravillosas que yo.” El estómago de Felix se revolvió un poco, sabía lo que la señora Smith quería decir. Sin embargo, él continuó con una sonrisa amable en su cara; “Bueno, los días le han hecho justicia.” La señora Smith rió. “¡Eres incluso peor que tu padre! Pero ven aquí, el té de la tarde se esta haciendo. Charles llegó hace media hora.”

Charles Lee, el padre de Felix, el gobernador de Nassau. Un señor estricto que sólo tenía corazón para aquellos que amaba, y no había muchas personas que amara. Felix siguió a las dos mujeres a un jardín hermoso detrás de la casa. Los árboles de manzana estaban floreciendo, las flores decoraban el suelo al lado de la acera que llevaba al patio en donde una mesa y sillas estaban ubicadas. Los árboles creaban una sombra sobre el patio, bloqueando un poco la luz del sol y haciendo el clima cálido.

La vista era increíble, el oceano relucia con la puesta del sol y algunos pajaros cantaban sus ultimas notas de la tarde. La bahía se veia calmada, algunos barcos estaban amarrados al muelle. La casa estaba muy cerca de la costa, dejando a toda la ciudad detrás de ellos. Bueno, de hecho estaba del lado derecho, ya que el centro de la ciudad sólo estaba a unas cuadras del muelle y la calle desde el puerto para el mercado era directamente hacia arriba, guiando al ayuntamiento. Todas las casas estaban construidas en esa calle, dejando a las casas de clase alta lejos del centro justo al lado del mar o directamente en el centro. Los Smiths, como los Lees habían escogido vivir al lado del mar, lejos del alboroto del centro.

El mayordomo de los Smiths estaba encendiendo velas en la mesa que estaba llena de postres, pasteles y galletas. Una jarra caliente de té estaba posicionada en el centro de la mesa. “¡Amelia, mi querida! ¡Y Felix!” Charles Lee se levantó de su asiento y saco la silla para su esposa. Felix asintió a su padre mientras fue a saludar de la mano del señor Smith y de sus hijas. El señor Smith era un hombre con canas de unos cincuenta años, y estaba a cargo de las finanzas en Nassau. Así que, un recaudador de impuestos. Uno muy estricto, y si Felix estaba siendo honesto, era algo aterrador.

“Margaret, Annaliese”, Felix asintió a las chicas. Margaret era de su edad, Annaliese solo unos años menor. No era un secreto que Margaret gustaba de el, y sus padres tenían planes para casarlos. O, al menos Felix estaba seguro de ello ya que no había otras chicas de su edad en la clase alta de la isla. Bueno, había una, pero Felix estaba bastante seguro de que se mudaría a Londres o a Port Royal cuando tuviera la oportunidad. ¿Quién querría quedarse en Nassau igual?

Felix se sentó en la silla al lado de su madre, opuesto a Margaret. La conversación se tornó inmediatamente al carnaval de verano que sucedería pronto, cuál era diseñado para atraer a gente de islas de alrededor para visitar Nassau, tal vez incluso convencerlos de mudarse a su pequeña ciudad. Aparentemente había algunas personas desde Londres que venían a ver el carnaval. El señor Lee y el señor Smith hablaban de los costos, las señoritas hablaban de las nuevas modas de vestir en Europa que al fin habían llegado a Nassau.

Felix permanecía callado. Por supuesto que lo hacía, Margaret se estaba sonrojando demasiado en frente de él y Felix no tenía nada de que hablarle. No podía seguir con la conversación de su padre porque el señor Lee solo lo haría al lado, conociéndolo sólo diría algo como “Eres demasiado joven para entenderlo, Felix”. No que Felix entendiera algo de finanzas. Y no entendía ni una mierda sobre moda, así que solo se sentó ahí en silencio y se quedó viendo la mesa, jugando con sus mangas.

Pronto llegó el mayordomo, y todos consiguieron sus tazas de té de la tarde. El sol al fin se había puesto, la ciudad abajo de sus pies bajaba de sonido, alistandose para la noche. “Así que, uhh… Felix. ¿Cómo van tus estudios?” la voz de Margaret era algo callada, no queriendo interrumpir a los adultos. Siempre empezaba las conversaciones de la misma manera. “Normal. El señor Ainsley va a perder la cabeza pronto si no empiezo a tomar las clases de historia en serio.” Margaret soltó una risita. Era una linda chica, si Felix estaba siendo completamente honesto. No en una forma que te quita el aliento, pero en una forma ordinaria. Cabello dorado, grandes ojos, nariz larga. Vestida en la última moda en un vestido con corset azul. Felix se tuvo que cambiar a un traje rojo, camisa blanca y pantalones negros. Y medias, nunca te olvides de las medias. Y ese maldito collarin con rulos. Gracias a dios la camisa no los tenía. “¡Pero la historia es importante! E interesante.” Margaret ligeramente argumentó, sonriendo. Anneliese estaba sumida en sus propios pensamientos. “Nah. Es aburrida. La esgrima es interesante.”

Solo habían sido unos pocos años cuando Margaret y Felix eran amigos cercanos. Felix lo extrañaba. Extrañaba sus largas caminatas, sus pequeños viajes al otro lado de la isla, sus pequeñas bromas que solo ellos entendían. En esos tiempos no habían sonrojos o presiones de parte de sus padres. Ahora había un crush no correspondido y Felix sabía que nunca podría corresponderle. Pero tenía que seguir el juego, o su padre se enoja. Y cuando se enojaba, bueno, Felix terminaba con una marca roja en su mejilla que lentamente tornaba a diferentes tonos de azul y verde y amarilla. “Así que… ¿Cómo van tus clases de francés?” Felix le preguntó a Margaret. “Normal. Es fácil, y Annaliese en mucho mejor que yo, así que ella me ayuda.” Felix asintió a su respuesta. La conversación murió ahí, y un incómodo silencio se hizo presente entre ellos. Felix tomo un sorbo de su té y comió un poco de pay de carne en su boca como excusa para no hablar. El pay estaba delicioso, así que tampoco se quejaba.

“Bueno, Felix, ¿te has encontrado alguna chica?” Felix casi se ahoga en su taza de té de rosa mosqueta. Verdaderamente no esperaba eso. El señor Smith lo miraba con un aire expectante en sus ojos. “Yo- uhh, no precisamente?” Una mirada a su padre y Felix sabía que había dado la respuesta incorrecta; “¿Tal vez?” Felix miró a Margaret, quien se veía algo decepcionada, pero trataba de ocultarlo. “Bueno, es bueno escucharlo. No hay tantas opciones en esta isla, no es así?” El señor Smith continuó. Para el eran bromas ligeras, para Felix era humillante y algo sofocante. Esta no era la primera vez que el señor Smith le hacía la misma pregunta. Felix odiaba esto, odiaba el hecho de que cumpliría diecinueve pronto, y que debía encontrar a alguien para casarse. O sus padres lo harían por él. Felix esperaba un poco que sus padres le encontraran a alguien de Londres o de Port Royal o de cualquier otro lugar, verdaderamente, para que ya no tuviera que hacerlo él y podría fingir como sus padres quisieran. O que el se disolvería en el aire antes de ello.

“N-no, casi no…” “Tu padre todavía no te ha llevado al ayuntamiento? Pienso que es tiempo de que sepas como manejar nuestra pequeña ciudad.” El señor Smith le guiñó al padre de Felix. “Todavía no, señor. Desearía que lo hiciera.” Felix vio a su padre y sonrió. No deseaba eso. No quería convertirse en gobernador. Era demasiada responsabilidad y requería todas las habilidades que Felix no tenía, como de verdad entender algo como finanzas y economía. “¡Charles! ¡Debes llevar a Felix contigo!” El señor Lee solo meneó su cabeza, sonriendo. “Oh no, Matthew, no debo todavía. No puedo con el saber que mi hijo ya no es joven.”

El anochecer era cálido, con un toque de viento que mecía a los manzanares. Era una bonita excepción a su rutina diaria; usualmente Felix solo se sentaba en su cuarto, leía un libro, o jugaba ajedrez con su padre (en lo cual era extremadamente malo, segun su padre, pero Charles Lee insistía en jugar hasta que Felix ganara, alimenta tu pensamiento lógico, decía). O veía al mar y deseaba que un barco lo llevara lejos. De verdad, sus días normales eran muy aburridos. Despertar a las ocho en punto, vestirse, reunirse con sus padres para el desayuno. A las nueve el señor Lee se iba a su trabajo y el señor Ainsley llegaba para las clases de Felix. Historia, matemáticas, astronomía, francés, todo ese rollo. Por la tarde algo de esgrima y montar a caballo, o los dos, en caso de un ataque pirata, aparentemente. Después de eso Felix solo se quedaría por ahí, visitando la ciudad con unos sirvientes o iba a la playa, o haría algo con su madre. En general su vida era bastante aburrida, al menos para él.

Felix era varias veces descrito como algo raro, al menos de parte de las personas que lo conocían. El tenía un problema con las autoridades, no le gustaba que le ordenaran o seguir las reglas. Eso lo llevaba a muchos problemas antes, su padre de verdad no le agradaba cuando Felix no obedecía alguna de sus ordenes. Cuando era pequeño, con frecuencia se escapaba de la casa y corría a la ciudad o a las colinas de la isla, solo para explorar con su mejor amigo, Eric, quien se había mudado a Londres hace un año para estudiar. Y luego sus padres debían corretear con sirvientes alrededor de la isla, buscando a los chicos perdidos, quienes no estaban perdidos completamente. También lo hacía estos días, pero la mayoría de la gente lo reconocía y pues… bueno, no todos en Nassau eran leales a su gobernador. En efecto, muchas de las personas de clase baja les disgustaba el padre de Felix. Felix ni siquiera podía culparlos. Pero a veces iba al otro lado de la isla donde no habia habitantes, solo para relajarse y tener paz, mirar al mar frente a sus ojos y a veces nadar también. A veces llevaba a su otro amigo, pero usualmente estaba ocupado. El hijo de un herrero, por supuesto que estaba ocupado. Y de clase baja y el padre de Felix no le gustaba nada eso, pero todos los chicos de la clase alta se encontraban en los mares o se habían mudado a ciudades más grandes para estudiar.

Pero incluso si tenía problemas con las autoridades, y no le gustaba seguir las reglas y las órdenes, él tenía un más grande problema con aquellos que iban completamente ante las reglas de la sociedad. Los que hacían lo que ellos quisieran, destruyendo casas y matando gente. En una isla como Nassau significaban piratas, naturalmente. Felix había oído suficientes historias de esas ratas asquerosas para saber que él siempre las odiaría, y que era una de las razones por la cual quería unirse a la marina. Para pelear contra ellos. Para hundir todos y cada uno de los barcos piratas en el mar Caribe.

“Has oído las noticias, Charles? Los piratas están ganando mas y mas partes del océano, y Medusa y Euryale han sido vistos a solo unas millas fuera de nuestra isla.” La atención de Felix volvió a la conversación. Noto que Margaret también estaba escuchando, mientras sus madres todavía hablaban del nuevo material de encaje de la India. “Dudo que nos hagan daño. Somos un puerto pequeño, no hay nada que robar aquí. Estoy seguro que nomás están pasando por aquí. Probablemente van a Habana otra vez.”

Pero ¿no han atacado ciudades pequeñas también? Solo han sido unas pocas semanas desde que atacaron Port-au-Prince.” “Supongo que lo han hecho. Pero estaremos bien, estoy seguro de ello.” Felix volteó a ver a Margaret, quien se veía algo pálida. Él sabía que a ella le daban miedo los piratas más que a nada, el señor Smith contaba historias sobre sus días como marino y los tiempos en los que ha tenido que ver a piratas. El padre de Felix también había tenido sus historias sobre conocer piratas en su pasado. Probablemente una de las razones por las que Felix estaba tan en contra de ellos. Oh, que tan fácil era influenciar la mente de una persona joven.

Felix se dio cuenta de algo raro en medio de la conversación. Mientras que su padre y el señor Smith hablaban de los piratas, el señor Smith mandaba miradas apresuradas a Felix detras de sus cejas pobladas. ¿Acaso había algo en la cara de Felix? ¿Sería por lo de Margaret? ¿Querría que Felix hablase más con ella? ¿O había dicho algo inapropiado antes? Felix mordió su labio inferior, un poco confundido.

“Y de todos modos, esos dos no han sido vistos en ningún otro lado en mucho tiempo. La única vez que han aterrorizado los puertos ha sido en el Wicked Wench.” Felix sabía algo de esos barcos. El Wicked Wench era algo viejo, liderado por un marino inglés. La recompensa de su cabeza estaba a 5000 billetes, hecha por el mismo rey de Inglaterra. Los otros dos barcos eran más desconocidos. Lo único que Felix sabía era de rumores. Los capitanes de Medusa y Euryale eran hermanos, y si la historia era verdad, había un tercer hermano. Debía ser cierto, ya que Medusa y Euryale eran hermanas en la mitología griega y la tercera hermana se llamaba Stheno (no eran tan inútiles las clases de historia ahora, no?). Pero ¿Por qué estaban aquí, cuando el rumor era de que Medusa fue vista últimamente por las aguas de España y Euryale había dejado bajar su ancla en Singapur?

“Tienes razón. Pero si es algo sospechoso.” El señor Smith vio a Felix otra vez, antes de tomar un sorbo de su whiskey que el mayordomo le acababa de traer. Solo para adultos, por supuesto. “Lo es. Solo debemos tener esperanza de que no haya ningún tipo de junta de los Brethren de la Costa.” Felix tuvo escalofríos. El Brethren estaba en algún tipo de acuerdo sobre los piratas del mar caribe. Eso significaba que no se hundirán a sí mismos, y que ellos se ayudarían a, bueno, terrorizar a otros barcos y ciudades. Recolectar riquezas. Si el Brethren los tenía a todos en conjunto al mismo tiempo, eso solo significaba peligro para otras personas. Tal vez tenía algo que ver con el hecho de que los nobles españoles habían decidido traer a toda su armada en el mar caribe, e Inglaterra iba a hacer lo mismo.

La noche envolvía a la ciudad, y estaba callada. Felix podía escuchar las olas rematando contra las colinas de la bahía. Era pacífico, excepto por el tema de la plática, por supuesto. “Y tu que piensas?” Margaret le preguntó a Felix sigilosamente. Ella se veía como si fuera a saltar de su asiento en cualquier momento. “Estoy seguro de que no es nada.” Pero Felix no estaba completamente seguro. El hecho estaba en que tal vez estaba tan asustado como Margaret. Felix no tenía…miedo, pero si estaba un poco… nervioso. Si, nervioso, esa era la palabra. En una mano, él quería terminar con los traseros de los piratas si por un momento pensaban dar un paso en su ciudad, pero en la otra… Felix no tenía experiencia previa en una batalla de espadas. O en piratas. Y les tenía miedo.

“¿Quién quiere más té? Felix?” La señorita Smith preguntó. Felix asintió, solo por respeto. Y quería algo para hacer con las manos. Pronto tenía una nueva taza de té enfrente de él y la charla se tornó a Margaret y Annaliese y su vida diaria. A Amelia de verdad le agradaban las chicas, y Felix estaba seguro de que también esperaba por tener una niña. Nunca se atrevió a preguntar por qué era el hijo único.

No tomó mucho tiempo Felix para empezar a sentirse cansado en las pequeñas luces de la noche. Dejó a su mente fluir, escuchando a la conversación que solo entraba por un lado y se iba por el otro. Si, Margaret habia hecho un tipo de tejido y Annaliese había empezado con el español además de francés y Felix era solo un niño tonto comparado con ellas (Amelia tenía un hábito de comparar a Felix con cualquier otro niño, pero Felix ya se había acostumbrado, pero no entendía porque constantemente lo comparaba con otros y aun asi amarlo pero tal vez era una de esas cosas adultas que Felix todavía no comprendía bien, y tal vez nunca lo haría). La taza hizo un ruido en el plato cuando Felix lo puso en el. De repente escuchó un pequeño grito y salió de su transe cansado; “Fuego” ¿Fuego? ¿Qué? ¿Quién gritaría eso? ¿Tal vez algunos niños todavía estaban jugando afuera? O tal vez se había dormido por unos segundos. Si, probablemente sea eso, ha sido un largo día, y su estómago estaba lleno y lo hizo somnoliento. Si.

Un silbido

La cabeza de Felix giró hacia la dirección de este. Nada.

Una explosión.