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El deseo

Summary:

Steve y Tony están tan cerca uno del otro que podrían tocarse, pero para poder encontrarse necesitarán más que solo desearlo.

STONY

Basado en la película In my dreams

Chapter 1: La fuente

Chapter Text

Hyde Park en invierno es un lindo espectáculo si te gusta la Navidad, puesto que se convierte en una villa navideña, con luces, colores y atracciones que son un imán de familias. Ese año resultó un poco atípico, porque aún no caía la primera nevada, a pesar del frío que calaba los huesos y la cercanía de la Navidad. Al menos, aún era posible disfrutar de las esculturas y fuentes que en sí mismas ya eran una maravilla. Una de ellas se erige al Sur de lago Serpentine como un memorial a la princesa Diana de Gales. Esta no es una fuente clásica, sino una que corre como un río en forma de un triángulo redondeado; es una de las principales atracciones del parque y de Londres. Y es al marguen de ella donde comienza nuestra historia.

Siguiendo la corriente del agua, un hombre y una mujer caminaban apresuradamente con sus abrigos ceñidos hasta el cuello. Ella llevaba una bufanda y un gorro de lana tejido sobre su cabello pelirrojo claro. Él tenía la nariz roja por el frío y en su barba de candado se adivinaban pequeñas partículas de su respiración congelada. Ella se llama Pepper Potts, es la directora general de Industrias Stark, una empresa dedicada a la tecnología sustentable. Él se llama Tony Stark y es el dueño y principal creativo de dicha empresa. Ambos estaban en Londres por negocios. E independientemente de su relación laboral, son mejores amigos.

—Tienes hielo en la barba —le hizo notar Pepper a Tony con una sonrisa burlona.

Tony se pasó la mano por la cara y suspiró.

—¿Cuándo se termina esto? Se supone que tendría que tomar un vuelo ahora mismo al caribe —dijo malhumorado.

—Es sólo una semana, Tony. Pensé que Londres te gustaba.

—Sí, pero no en Navidad.

Pepper rodó los ojos. El trato que iban a cerrar ahí sería con un empresario que, por culpa del mal tiempo, se había quedado varado en algún aeropuerto de Europa del este, el siguiente vuelo disponible Londres saldría en siete días. Tony estaba viendo sus vacaciones yéndose a la deriva.

—Puedes tomarte estos días para descansar—le dijo Pepper.

—Iba a descansar con un coco en las manos y el sol sobre mi cara.

—Vamos Tony, relájate. Toma esto como una pausa. No tenemos que hacer nada, ya lo tenemos todo listo.

—Ah, ¿sí? ¿Tú qué harás?

—Iré de compras —Pepper rió y como si quisiera poner una pausa real, se paró a la orilla de la fuente —. Vamos, detente un momento a mirar, este es uno de los parques más bonitos del mundo.

Tony, a regañadientes, se plantó a su lado.

—Pepper, no perdamos el tiempo, vamos al hotel. Haré una video llamada para ver si es posible concretar el otro contrato que...

—Mmh, No, trabajo no. Podemos ir a un bar. No sé, quizás encuentres una chica londinense que te guste en serio.

—Ah, ya vamos a empezar.

Pepper se encogió de hombros y rió.

—Sólo digo que este es un buen lugar para encontrar al amor.

—Que te haya pasado a ti, no significa que le pase a todo el mundo.

Pepper rió.

—Bueno, Stephen y yo llevamos diez años juntos, ocho de ellos en feliz matrimonio.

—Te casaste muy joven, no sabes lo que dices.

—No sabes lo que te pierdes —dijo ella —. ¿No lo has pensado?

Tony negó.

—El amor y yo no nos llevamos bien—dijo.

Pepper suspiró.

Del otro lado de la fuente, otro hombre y otra mujer caminaban en dirección contraria al flujo del agua. Ambos iban vestidos de negro. Ella como Pepper, llevaba un gorro tejido sobre su también cabello pelirrojo oscuro. Él llevaba las manos en los bolsillos de su chaqueta estilo bomber de gamuza y en el cuello una bufanda. Caminan tranquilos, con calma, como si les doliera cada paso. Ella se llama Natasha Romanoff y es una bailarina de ballet profesional. Él se llama Steve Rogers y es un ex capitán del ejército norteamericano. Como nuestra anterior pareja, son mejores amigos, aunque en su caso se podría decir que su amistad nació por adherencia, ya que ella es la esposa del mejor amigo de él.

—¿Has pensado que hacer? — le dijo ella.

Él sacudió la cabeza.

—No aún no. Supongo que regresaré y aceptaré el puesto en SHIELD.

—Creí que no querías continuar en asuntos gubernamentales.

Él suspiró.

—Bueno, Nat, es lo que sé hacer.

Natasha se detuvo y lo obligó a hacer lo mismo.

—No es lo único que sabes hacer —le dijo y, después, le dio un golpecito en el brazo —. Vamos, anímate. A ella no le habría gustado verte así.

Steve asintió. Hacía unas semanas, su mentora, la comandante Peggy Carter había fallecido mientras dormía, tenía más de noventa años así que nadie pareció realmente sorprendido. Pero Steve la quería como a una segunda madre, ella le había enseñado tanto en el ejército que él estaba seguro que su carrera militar no habría sido nada sin sus lecciones; así que todavía no podía superar su partida. Natasha estaba en Londres para presentar el clásico Cascanueces y lo había acompañado durante esos duros días.

—¿Finalmente programaron la lectura del testamento? —le preguntó Natasha.

—Sí, en siete días. Realmente no sé porque me ha contemplado.

—Bueno, ella también te quería mucho. Bueno, casi se vuelven familia, ¿no?

—No me lo recuerdes.

—Si te soy honesta, me alegra que no pasara. Mereces a alguien que te quiera de verdad.

Steve dejo escapar una risa apagada.

—Vamos, Nat, no estoy para eso.

—Tal vez te haga bien salir con alguien. Una cita. Puedo conseguirte una cita, muchas de mis compañeras me pidieron tu teléfono.

—Nat, no estoy para eso.

—No estás para eso desde hace meses, cuando aquella se fue.

Steve suspiró.

—Yo creo que necesitas alguien que esté contigo en las buenas y en las malas—continuó Natasha.

—Te tengo a ti y a Bucky.

—Quiero decir, como Bucky me tiene a mí y yo a él. Ya sabes: amor.

Steve suspiró.

Justo del otro lado de la fuente, frente a ellos, pero lejanos, Pepper chasqueó los dedos.

—¡Tengo una idea! —dijo y comenzó a rebuscar en su abrigo.

Tony la miró curioso e impaciente. Pepper luchó un poco, pero finalmente sacó una pequeña moneda.

—Un penny —dijo triunfante y de la tendió a Tony —. Toma, pide un deseo.

Tony frunció el ceño.

—¿Ah? Esta no es una fuente de los deseos.

—Todas las fuentes lo son—dijo ella e insistió en que tomara la moneda.

—No deseo nada —dijo Tony cortante —. Lo tengo todo.

—Mentira —Pepper le tomó el brazo y coló la moneda entre sus dedos —. Te falta un buen amor, uno de verdad, uno para siempre y no uno de esos de una cita. Stephen y yo llegamos a este punto porque él me invitó a una segunda cita, tú nunca lo haces.

—¿Quieres que pida un amor al que le pueda pedir una segunda cita?

—No, bobo, un amor como mi Stephen —Pepper lo empujó un poco hacia la fuente —. Vamos, vamos.

Tony rodó los ojos. ¿Tan maravilloso era el amor? Se preguntó. Miró la moneda con escepticismo. Lo cierto era que Pepper era muy feliz. Pero para ser así de feliz, se necesitaba un verdadero amor. ¿Podía desear eso? Bueno, por desear no se perdía nada.

Al otro lado de la fuente, Natasha se agachó y recogió algo del suelo.

—Mira, un penny —le dijo a su amigo e inmediatamente después sus ojos brillaron con una idea —. Pide un deseo.

—¿Un deseo?

—Sí, a la fuente.

—No parece una fuente de los deseos.

—Te aseguro que lo es.

Steve levantó una ceja, pero Natasha hizo caso omiso a su gesto de duda y le tendió la moneda. Con un suspiro, él la tomó.

—No sé qué pedir—se quejó.

—¿Por qué no pides un amor, así como el de Bucky y mío?

—¿Un amor? —Steve se acercó a la orilla de la fuente.

No creía que eso pudiera llegar por acto de magia, pero, ciertamente, había querido hacía tiempo poder establecerse, formar una familia, ser feliz en el sentido más hogareño de la palabra. Tal vez podía desear eso, desear no costaba nada, después de todo. Bueno, quizás un penny.

Steve y Tony asintieron al mismo tiempo y suspiraron una última vez. Sintiendo las miradas de sus amigas a sus espaldas, formularon ese deseo y aventaron sus respectivas monedas a la corriente de la fuente de la princesa. Después, ambos metieron las manos en sus bolsillos y reanudaron la marcha.

Sus pequeñas monedas cayeron al agua con un "glock" y comenzaron a hundirse. La corriente, sin embargo, los arrastró más allá de donde habían caído. Recorrieron el pequeño río cayendo por unos simulados rápidos y una pequeña inclinación que como cascada los hundió finalmente en el lecho de la fuente. Una moneda cayó sobre la otra suavemente, traslapándose y emitiendo, al hacerlo, un breve destello plateado.