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En una sociedad donde la vida es muy acelerada, el trabajo es primero y las relaciones afectivas quedan de lado. Si es importante formar una familia, pero ahora alfas, omegas y betas solo buscan una pareja por conveniencia o por misma necesidad, los destinados son cosa del pasado, tanto así que se cree que es una leyenda y que en realidad no existen.
Era la veinteava copa de licor que estaba tomando desde que llegó a la recepción, sentía que le daría una migraña en cualquier momento, ya no estaba tan joven para quedarse hasta altas horas de la madrugada bailando con un estúpido traje formal, encima no tenía pareja con quien divertirse.
Y es que eso no era lo peor de todo. - Bakugo, creo que ya bebiste suficiente - Kirishima estaba preocupado por su amigo, sabía que en cualquier momento podría hacer algo estúpido.
- Déjame en paz, ve a bailar con tu omega o jódete.-
- Sé lo que estas haciendo hermano, es mejor que lo pienses o luego te arrepentirás.-
Para Bakugo no había nada que pensar, su alfa estaba herido y ver a esa maldita omega vestida de blanco bailando como si nada hubiera pasado lo hacía rabiar de furia. Dejó su vaso y se acercó a la pista de baile, si bien no estaban en la empresa, sus empleados que también habían sido invitados le daban espacio para que camine hacia la novia que ahora ya era una omega emparejada.
La invitó a bailar y ella aceptó gustosa, todos veían algo normal que el jefe se acerque a darle las felicitaciones a su secretaria por haberse casado, todos eran expectantes a lo que ellos habían vivido.
- Es una excelente fiesta, felicidades - Le dice Bakugo mientras bailaban.
- Gracias, fue todo gracias al esfuerzo de mi alfa.- Contestó la omega como si fuera la conversación mas casal del mundo.
- Claro, después de todo conseguiste tu objetivo, casarte con un alfa con mucho dinero.- Se ríe despacio para no llamar la atención.
- Bakugo, yo lo amo a él.- Su tono de voz cambió un poco.
El rubio se acercó sutilmente hasta el oído de Camie - Eso no me decías hace una semana mientras te follaba en mi escritorio.-
- Estaba estresada, eso no debió suceder...- Le contestó mas bajito.
- Vaya, entonces tu estrés ha durado todo un año desde que empezaste a desvestirse en mi oficina y en una semana vienes a decirme que te casarás como si nada hubiese pasado, eres una maldita perra...- El alcohol dejaba fluir las emociones del alfa.
- Esta conversación se acabó Bakugo.- La omega empezó a caminar.
- ¿A donde crees que vas? - La tomó del brazo.
- Bakugo, ya fue suficiente.- Kirishima se mantenía lejos de la escena observando, Camie se merecía un escarmiento, pero no le parecía nada varonil que su amigo lo haga en el día de su boda.
- ¿Qué está pasando aquí? - Finalmente se había acercado el novio después de haber olido las feromonas de enojo de su pareja.
- No, no pasa nada cariño.- Camie empezó a entrar en pánico, no quería que en el día de su boda su alfa se entere que lo ha estado engañando.
Por mas molesto que Bakugo estuviese y era un maldito patán, no haría pagar a la omega ese día, al menos eso decidió desde que le vio la marca en el cuello, una omega sin alfa en la sociedad era rechazada completamente, mierda, a pesar de todo, no podía ser tan cruel.
- No es nada Seiji, como sabes, me gusta que las cosas estén perfectamente correctas, tu... esposa dejó todo un desorden en la empresa.-
Seiji se quedó mas tranquilo al saber que solo se trataba de cosas de trabajo - Cuando regrese de mi luna de miel pondré todo en orden Señor Bakugo.- Camie hizo una reverencia.
- No es necesario, cuando regreses de tu... linda luna de miel... solo pasarás a ir por tu liquidación, estás despedida.-
Sin querer se armó una escena, Bakugo salió de ahí molesto y cansado, subió a su auto y mientras conducía empezó a fumar un cigarro, su vida no podía empeorar, ¿cierto? Estaba mal que condujera ebrio pero su departamento no quedaba muy lejos del lugar de la recpeción de la fiesta. Llegó a su departamento y se dio una ducha, tenía que dormir ya que al siguiente día iba a desayunar en casa de sus padres y eso era otra cosa que no quería hacer, levantarse temprano.
- ¿Cómo van las cosas en la empresa? - Preguntó Masaru mientras tomaba su tenedor para envolver su ensalada.
- Seguimos creciendo, la semana que viene tengo reuniones muy importantes.- Dio un bostezo.
- Eso debería alegrarte, ¿por qué hoy estás tan malhumorado? No estás feliz de ver a tus padres?- Mitsuki estaba llena de energía.
- Tu horrible cara me cansa.-
- Mas respeto mocoso malcriado.- Mitsuki le empezó a jalar de la oreja a su hijo, no importa que el alfa tuviera 28 años, para la omega, su hijo siempre sería su cachorro.
- Eres una vieja bruja, cada año te veo mas arrugada - Si quiera pelear con su madre era mejor que recordar la escena de la noche pasada.
- Cada año espero que me presentes a tu pareja.- Ese fue un golpe bajo.
- Ya basta los dos.- Masaru utilizó su voz de alfa.
Mitsuki obedeció a su alfa y Katsuki suspiró molesto.
- No tengo secretaria y tengo mucho trabajo.-
Mitsuki sin ningún tanto y directa preguntó - ¿Qué pasó con Camie? -
- Se casó y se fue, si eso es todo, me tengo que ir.- A Bakugo se le agrió el desayuno.
- Ten un buen día cariño, ya sabes, aplasta a toda tu competencia.- Le contestó animadamente Mitsuki mientras veía a su hijo partir.
La pareja suspiró después de que su hijo cerró la puerta. Cuando fueron a visitarlo a la empresa pudieron oler algo de su aroma en su secretaria, estaban felices, por fin pensaron que Katsuki sentaría cabeza, pero esa noticia les quitó toda esperanza. Confiaban plenamente en su hijo, por eso no lo presionaban con tener un enlazando, entendían que crear una empresa desde cero y hacerla una de las mas importantes en todo Japón consumían mucho tiempo, pero deseaban mucho ver a su hijo con una familia siendo muy feliz, tal como les decía cuando era un niño, ahora solo les queda esperar a que lo consiga.
El alfa llegó a la empresa peor que cualquiera de los otros días, sus trabajadores le hacían reverencias sin soltar palabra alguna ante la intimidante aura que Bakugo poseía. Ya en su oficina empezó a trabajar todo lo acumulado que tenía.
- Bakugo, ya envié el puesto de trabajo, los solicitantes están programados para hoy en la tarde.- Kirishima asomaba su cabeza desde la puerta.
- Entrevístalos tú, no estoy de humor para ver a mas gente, me envías a quien contrates.-
- ¿Estás seguro? -
- ¿En dejarte el trabajo a ti? No, pero no tengo opción.- Seguía viendo su computadora organizando su papeleo.
- ¿No hay problema con que sea cualquier tipo de género? -
- Me da igual si es que contratas a un mismo animal.-
- Bien, lo que tu digas jefe.- Kirishima estaba feliz de saber que su amigo no cerraría las puertas al amor, tal vez un Bakugo mas joven no hubiese querido saber nada más de los omegas. El pelirrojo era el encargado de Servicios al Trabajador, por lo que conocía a todo el personal de la empresa y estaría muy gustoso de contratar a una nueva secretaria o secretario para su jefe.
Ya intuía que Camie sería despedida, por lo que ya había enviado la vacante la semana pasada, por ahora le daría un descanso a su amigo sobre todo lo que tenga que ver con el amor.
Pero lo que nadie sabía era que Bakugo deseaba tanto tener una familia, ya había logrado crear una empresa y hacerla una de las mas importantes en todo Japón, tenía mucho dinero, ya había logrado el éxito, sabía que sus padres eran destinados, ellos mismo se lo habían dicho y él también ansiaba encontrar al suyo, por eso había esperado tantos años.
Ya a punto de rendirse pensó que casarse con Camie era una buena idea, no estaba completamente enamorado de ella pero si sentía cariño a la omega y creía que era mutuo, lastimosamente todo se fue a la mierda.
El día había pasado demasiado rápido, ya eran las 6 de la tarde y le quedaba mucho trabajo. El teléfono de su oficina sonó.
- Gerente Bakugo, ya contraté a su nuevo secretario, en este momento se dirige a su oficina para presentarse.- dijo Kirishima.
Después de dos minutos alguien tocaba a la puerta.
- Adelante.- Dijo de mala gana.
La puerta se abrió - Buenas noches, soy Izuku Midoriya, mi casta es omega, seré su nuevo secretario señor Bakugo.-
Joder, es como dicen en los libros, cuando tu corazón empieza a latir con mas fuerza y con tan solo mirarlo a los ojos sabes quien es, sabes que acabas de encontrar a tu destinado.
Estaba shoqueado y feliz, pero antes de que pueda esbozar una sonrisa ante lo que por tanto tiempo había anhelado... vio el anillo en el dedo anular del omega. No lo podía creer, ya estaba casado y en su cuello tenía un parche donde se encontraba su glándula, puede que hasta ya esté marcado.
En ese momento todos sus sueños se fueron al carajo.
