Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2024-04-16
Words:
3,423
Chapters:
1/1
Hits:
36

People you don't

Summary:

¿Por qué? Quiero saber.
¿Por qué tu mundo se hizo tan pequeño como para conformarte con un "estoy bien" de alguien que nunca lo está?
Solo, ¿Por qué? ¡Dímelo de una maldita vez, Jaebeom!

Work Text:

Aun dolía, pero también era culpa mía, el tomar por una semana seguida no era nada sano para mi salud. Era un poco ironico todo, desde siempre había jurado jamás tomar una sola gota de alcohol, pero ahí estaba, todo hecho un asco y con un deplorable hedor que ni yo me aguantaba.

Con la poca fuerza de voluntad que tenía, me levanté del sillón en donde estaba tirado para poder darme una ducha, sin embargo, mi camino se dificultó un poco gracias a las botellas que habían a mi alrededor, era un total desastre esa sala.

El sentirme miserable era algo que debía arrancar de mi, no necesitaba más ese sentimiento.

Aún así, el desliz llegaba a mí.

 

— ¿Por qué siento que te estás enojando conmigo? —Me preguntó, causando que rodara los ojos con cansancio mientras tallaba el tabique de mi nariz, nunca se daba cuenta de lo obvio.

—No lo sé, ¿qué te hace pensar eso?  —Estaba cansado, bastante a decir verdad. La noche no me había favorecido lo suficiente, por lo que escuchar como Jaebeom se quejaba de la relación sin rumbo que tenía con Mark me hacía enfadar aún más.

—Pues no sé. —Como siempre.

— ¿Sabes qué? Mejor me largo de aquí. Prefiero enfadarme en otro sitio que decir algo de lo que me pueda arrepentir. —Eran casi las once de la mañana y lo que menos quería era empezar el día con una pelea. Por eso mismo, decidí que lo mejor sería retirarme de la casa de Jaebeom, hasta que habló.

—Dilo.

— ¿Qué? —Estaba de espaldas cuando dijo aquello, sin más me tuve que detener para girar mi cabeza en su dirección y verificar sus palabras. Nada bueno iba a resultar.

—Que digas lo que tienes que decirme, tampoco es como que vaya a enojarme contigo. Nunca lo hago. —Oh, Jaebeom. No debiste decir eso.

 

El agua fría golpeó mi rostro, logrando así sacarme de esa reminiscencias que solo me causaba sufrimiento. Levanté mi vista para verme por última vez en el espejo del baño, logrando percibir lo que más le aterraba volver a sentir: vacío.

Youngjae volvería de su viaje en pocas horas, por lo que debía recoger todo el chiquero que había, él me dió alojamiento cuando me echaron de mi departamento por lo que dejar así su propia casa era una falta de respeto para el hogar, y más para el dueño de esta, su novio.

Me dijo que iba a estar unos meses fuera por su trabajo, cosa que no le reclamé pues tenía entendido que era importante su trabajo y no tendría tiempo para cosas como lo son quedarse a ver una serie conmigo. La vida adulta era algo duro de afrontar, pero a decir verdad, dudo saber mucho de ello cuando apenas y tengo veintidós años.

Largué un suspiro cansino después de rebuscar entre los cajones unas pastillas para el dolor de cabeza y el mal aliento, aunque ya me lave los dientes, no dudaba que el olor a alcohol se hubiese desvanecido por completo.

Con cada botella que levantaba me llevaba conmigo todos los recuerdos que había formado a lado de aquel tipo que ahora extrañaba a sobremanera, ¿cómo fue posible que todos esos años terminaron en la basura por una discusión sin sentido? Pues eso era para mi, un acontecimiento sin sentido que termine pagando con dolor.

Aunque Jackson ha intentado convencerme que todo esto debía pasar porque era algo que ya no se iba a poder controlar. Maldito Jackson, cómo aborrecía que siempre tuviese la razón.

 

— ¿Enserio quieres saberlo? Jaebeom. —En esos momentos sabía perfectamente que sería incapaz de controlarme y escupiría todo lo que estaba recolectando.

—Por supuesto. Habla. —Detestaba ese sonido de autoridad en su voz. Eso era solo una de las muchas cosas que podía enumerar acerca de lo que detestaba sobre mi "mejor amigo".

Jadee con cansancio y me di la vuelta completamente para verlo a la cara, me acabó de dar el boleto para poder decirle todo, absolutamente todo.

 

Negué un poco para desaparecer todas esas palabras que mi lengua pronunció, aquellas que se llenaron de ira por no saber controlarme. Era un idiota, pero no tanto como lo fue Jaebeom.

Mi pecho dolía, lo hacía cada que recordaba aquella discusión, tal vez era señal de que aún no podía arrancarlo de mi vida, ciertamente lo necesitaba, carajo sí que lo extrañaba y demasiado a decir verdad.

Ocho años, casi una hermandad que acabó hecha cenizas.

—Idiota, eso es lo que eres, Kim Yugyeom. —Dije entre dientes mientras introducía las botellas en la bolsa de plástico que tenía en mis manos. —Tan bajo caíste por un imbécil. —Seguía regañandome, al menos sentía un poco menos de peso si hacía eso.

Muchos dirían que perder una amistad no es nada, que duele más una ruptura amorosa, y quien sabe cuantas mierdas más. Pero si me lo preguntas, el dolor de saber que la única persona en la que pensabas que ibas a tener apoyo y jamás te lo dio, es una tortura y desgaste que no se lo deseo ni a Jaebeom, a pesar que fue por él y su egoísmo que no pude soportarlo más.

 

—Ya estoy harto de este juego del consejero fiel y el paciente con complejo de víctima. Cada que sucede algo con Mark vienes conmigo y no me malentiendas, no está mal, pero tampoco abuses. Te quiero como amigo, hasta me atrevo a decir que como hermano porque a diferencia de ti yo sé absolutamente todo de tí, pero tu no sabes absolutamente nada de mi en estos putos ocho años. ¿Acaso me puedes decir cuantas veces me has dado un consejo? ¿O cuando te has tomado el jodido tiempo de profundizar un poco conmigo y tratar de entenderme? Pero no, todo se trata de Jaebeom, Jaebeom, Jaebeom y que Yugyeom se rasque como pueda. Se supone que tu eres mayor que yo y por ende también serías al menos un poco maduro, al parecer me he equivocado. —Trataba de canalizar mi respiración pues no me dí cuenta cuando mi tono de voz se elevó tanto que hasta parecía que estaba gritando.

Jaebeom simplemente se quedó en silencio manteniendo la mirada sobre mí, tan cómodo él en el sillón mientras que yo estaba casi ardiendo en frente suyo. Me desesperaba no escuchar ni una respuesta de su parte.

—Entiendo. —Habló con total calma, ¿qué acaso aún no se daba cuenta? —Y no pienso decir nada en contra porque tienes razón.

—Claro que la tengo, no por nada te lo estoy diciendo. Jaebeom. —Probablemente lo que me esta molestando era cómo estaba llevando la situación, no había preocupación en su rostro y ni siquiera sorpresa. Realmente no sé que esperaba, pero esto estaba en la lista de posibilidades. —Para mí, tu eres mi amigo, pero no sé que rayos soy yo para ti.

—También eres mi amigo, Yugyeom. El mejor de todos.

— ¡Pues no parece! ¿Por qué te cuesta tanto tratarme como uno? —Era ahí cuando el arrepentimiento llegaba a mi, la voz comenzó a quebrarse y sabía que no tardaría mucho para que las lágrimas cayeran. No quería eso, no de nuevo.

—Se que solo te llamo para para contarte mis problemas y nunca te pregunto por cómo estás o lo que sucede contigo, pero tampoco es como si dejara de preocuparme por ti, Gyeom. Asumía que todo iba bien contigo, pero tal parece que no es así. —Una risa nasal se me escapó, siendo una que dejó salir toda la rabia que estaba sintiendo por su mediocre respuesta.

—Pues ese es tu error, siempre asumías y nunca te tomaste la molestia de preguntar. —En ese momento me crucé de brazos mientras veía como la postura relajada de Jaebeom cambiaba a una más tensa.

—Pues sí, lo lamento. Seré menos egoísta a partir de ahora, de verdad.

—Por favor, Jaebeom, ¿piensas que te voy a creer eso?

—No seas idiota, Yugyeom. Podré ser lo que quieras, menos un mentiroso. —En lugar de enojarme, simplemente cerré los ojos por un breve momento mientras tomaba un respiro profundo.

—Ay Jaebeom. —Cuando levanté la vista el mayor se había levantado para acercarse hasta dónde estaba yo y poner sus manos sobre mis hombros.

—Estoy preocupado, lo digo en serio.

— ¿Preocupado de qué?

—De ti, ¿qué está pasando, Gyeom?  —Maldito cínico.

—Yo digo que es mero sentido común cuando ves a alguien que ya se siente hasta la madre. —Me encontraba tan malogrado que incluso el enojo me parecía que estaba demás, retiré sus manos de mis hombros al igual que dí un paso hacia atrás.

— ¿Como vas con Youngjae? ¿Todo en orden con él? —¿Por qué mierda preguntaba aquello?

—Sí. Mi relación no tiene nada que ver con esto.

—Al menos. —Sí Jaebeom, voy bien con Youngjae porque a diferencia de ti, él no es un egoísta que solo piensa en sí mismo. —Entonces habla, dime que es lo que te sigue molestando.

—Estoy cansado, ¿lo entiendes o te lo explico con peras y manzanas? —Solo negó a lo que volví a tomar un suspiro, incluso esta conversación me hastiaba. —Siempre estoy ahí para todos, para ti, para Mark, para Kunpimook, pero nadie lo está para mí, todo gracias a que se tragan el cuento de que estoy bien cuando ustedes fueron testigos de un intento de suicidio mío y aún así deciden seguir creyendo que no tengo recaídas, ¿Siquiera tú me has puesto atención en eso? ¿Verdad que no?  Ahora mismo no se ni como identificar lo que siento y eso es lo más jodido.

—Necesitas distracciones. —Recomendó.

— ¿Tú crees? —No solía ser sarcastico, pero esta situación ya era demasiado.

—Sí. Tú mismo me has dicho que para tratar de curar algo hay que buscar en lo profundo del problema para arrancarlo desde raíz. —Exclamó la persona que es la razón de mi  problema. Solo que es tan idiota que ni siquiera se ha dado cuenta.

 

La sala ya estaba un poco decente, la habitación era la que más limpia se encontraba pues no había puesto un pie ahí; iba al trabajo, compraba un poco de alcohol y me lo tomaba todo en la sala hasta quedar dormido por todas las lágrimas que guardaba.

Puse mis manos sobre mi cadera dando una ligera vista panoramica al sitio, verificando que haya rastro de que un niño con problemas de abandono se la pasó llorando y tomando hasta vomitar. En ello, mi celular estaba sonando a lo que rápidamente pensé en Youngjae.

— ¿Sí?

—Gye. ¿Cómo estás, mi luna? —Acerté.

—Todo bien hyung, ¿Por dónde vienes? ¿Ya aterrizó? —Algo que al menos me sacaba una sonrisa era escuchar la voz de mi lindo sol. Claro, que no olvidaba que conocí a Youngjae gracias a Jaebeom, pues él había sido mi cupido. Un cupido muy estúpido pero con buen ojo.

—Aún no, en un par de horas voy llegando a Seúl... —Al escuchar aquello pude tranquilizarme un poco, tendría tiempo suficiente para seguir arreglando la casa y preparar algo rico para él. —pero, ¿seguro que estas bien? Jackson me llamó ayer y me dijo que no te veía muy bien que digamos. —Estúpido y entrometido Jackson.

—No sé de qué habla Jackson, yo estoy muy bien, lo prometo. —Traté de sonar animado, aunque sabía que eso no iba a funcionar con Youngjae. No por nada estábamos juntos por cuatro años, sabía cuando él mentía y él sabía cuando yo mentía, como en ese momento.

—Gye... Sabes perfectamente que me tienes a mí y puedes decirme qué es lo que te está sucediendo, no te pienso presionar para que me lo digas, pero si algo te está molestando no te lo guardes que te puede hacer daño, mi amor. —A veces, me gustaría saber de dónde vino Youngjae, pues dudaba que este fuese un simple humano, él tiene un alma tan pura que me fue difícil no caer ante él.

Tan comprensivo, cálido, amable, sereno. Simplemente, Youngjae.

—Cuando llegues a casa... te lo diré todo. —Sí, cuando me refería a todo, era absolutamente todo.

—De acuerdo, mi luna. —Sin verlo, sabía que este tenía una muy bonita sonrisa en su rostro, también amaba ese apodo que me puso, pues eran apodos complementarios.

Para él, yo soy su luna. Para mí, él es mi sol.

—Te estaré esperando entonces, no olvides que yo iré por ti hasta el aeropuerto. —Agregué tratando de que el ambiente no se sintiera incómodo, pero en realidad, con Youngjae a mi lado, incluso los silencios más largos jamás me incomodaría por el simple hecho de que estoy compartiendo un poco de espacio con él.

Cosa que con Jaebeom era completamente diferente.

 

—¿Sabes qué es lo que en realidad necesito?

— ¿Qué cosa?

—Alejarme de tí. —Solté sin más. Pude notar el pánico en sus ojos cuando dije aquello, tal vez era algo que jamás deseaba ver en él, pero ya no había vuelta atrás, lo dije, lo diría y por mucho que me duela, lo volvería a decir hasta quedarme sin voz y esta se pierda entre las entrecortadas líneas de ardor en mis cuerdas vocales.

—No... ¿Por qué alejarte de mí?  No me hagas esto. —Imploró acercándose hasta donde estaba, sin embargo, por cada paso que él daba yo me alejaba tres pasos más.

— ¿Ves? A esto me refería, siempre eres tú. ¡Ya me cansé, entiéndelo! —La bomba que no pude frenar salió a la luz, desparramandose en lágrimas que empezaban a humedecer mis mejillas. En ese momento, las palabras de Jackson empezaban a recorrer mi mente.

«Esto terminará mal, no es sano. Hay cierto mecanismo en esa amistad que te va hundir más, Yugyeom. Recién saliste del hospital, no te jodas por algo que sabes que te está lastimando.»

A pesar de apenas tener pocos meses de conocer a Jackson, este pudo deducir a la primera toda la dinámica que había entre Jaebeom y yo, siendo una que, si lo piensas dos veces, llega a ser cuestionable.

—¿Quien te dijo que yo era el problema? ¿Fue Jackson?

—Suficiente. —Frené antes de que siguiera sacando conclusiones para protegerse, eso solo me hacía tener pena por él.

—No me digas que no es así, desde que conociste a Jackson siempre te la pasas más con él que conmigo, que soy casi tu hermano. —¿Con qué cara está diciendo eso?

—Hermano... Ese título te queda demasiado grande. Y para tú información, no, Jackson no me está metiendo ideas, él me aclaró mis problemas, porque, a diferencia tuya Jackson sí sabe escuchar. —Expresé, sintiendo como en medio de estas palabras, la salina presencia de mis lágrimas llegó hasta mis labios, solamente le sostuve la mirada y fue cuando Jaebeom comenzó a alejarse.

—Lo lamento. —Dijo. —No pensé que mis problemas te fueran a afectar así, si lo hubiera sabido desde antes, te juro que no te hubiese dicho nada.

—Es que aún no lo entiendes. El problema no es el que te desahogues conmigo, el problema es que nunca pensaste en mí, en tu supuesto "hermano". —Alcé mis manos para hacer las comillas en el aire sobre la última palabra.

—Lo sé, maldita sea, lo sé. Sé que fui en egoísta, pero también entiende que no quiero perderte, no te quiero decir adiós. No a tí. —Tarde, tan tarde.

— ¿Por qué? Quiero saber. —Dicho cuestionamiento capturó la atención del mayor, lo cual me dió pie para seguir. — ¿Por qué tu mundo se hizo tan pequeño como para conformarte con un "estoy bien" de alguien que nunca sabe si lo está? Solo, ¿Por qué? ¡Dímelo de una maldita vez, Jaebeom! —Así de desesperado me encontraba y fue por esa misma razón por la que se me hacía increíble la manera en la que Jaebeom nunca se dió cuenta, dolía.

 

Fue entonces que ví como se volvía acercar a mí, esperaba una cachetada, o quizás un golpe fuerte por la manera en la que levanté la voz, fue por eso que cerré mis ojos con fuerza solo para esperar el golpe y prepararme para el mismo.

—Porque soy un imbécil que ahora tiene miedo. —En cambio, había recibido un abrazo, él sabía lo mucho que me eran agradables sus abrazos, pero ahora, me lo quería sacar de encima.

Ya no lo soportaba.

Por eso mismo, alejé al mayor de un empujón para ahora estar más cerca de la puerta, necesitaba irme ya.

—No seás así, no ahora, Jaebeom. No tienes siquiera idea de lo que me está doliendo todo esto, yo te adoraba como un loco y es por eso que siento como si me estuviera arrancando algo del pecho, tú no quieres, pero debo hacerlo. No quiero volver a saber nada de tí y ten por seguro que tampoco vas a saber de mí. —Me estaba rompiendo y él era tanto testigo como la causa.

—Supongo que finalmente aprendí la lección. —No, dime que no estás a punto de llorar, no lo hagas. —Claro que no esperaba que fuera contigo.

—A veces, estas cosas deben pasar para que las personas entiendan. —Así de cruel es la vida, en especial aquel despiadado karma. —Bienvenido a la realidad. —Fue lo único que le dije para así retomar mi camino y abrir la puerta.

—Lo lamento. —Habló de la nada, causando que me detuviera por segunda vez, solo que ahora, no había volteado. —Se que probablemente no me vas a creer, pero en serio lo lamento tanto por haberte causado todo este dolor. Nunca fue mi intención usarte como basurero mental y creo que lo sabes, pero por favor, dame otra oportunidad, te aseguro que dejaré de ser egoísta y seremos igual que antes, ¿qué dices? —No se iba a rendir, eso notaba en sus palabras. Sin embargo, no era suficiente.

—Olvidalo, ¿quieres? Ya dí mi veredicto final, no me busques ni trates de mandarme mensaje que te voy a bloquear. Ocho años debieron ser suficientes como para que lo notaras, pero como siempre, fui un iluso. Adiós, Jaebeom. —Terminé de decir para de inmediato salir de ese sitio y regresar a casa. Le había dado final a algo que no quería.

Me había aferrado a algo tan inestable que terminé cayendo en el abismo.

 

Las dos horas pasaron y fueron literalmente suficientes para preparar algo de tteokbokki, arroz y samgyeopsal. Siempre era bueno acompañar a Youngjae cuando cocinaba, pues así era como aprendía, aunque mi primera experiencia en la cocina fue un fiasco, él estaba ahí para guiarme y darme palabras que me animaran, como la vez que queme el arroz y aún así dijo que no había salido mal. Lo peor y a su vez tierno, fue que lo haya comido para convencerme de que estaba bien, cuando ambos sabíamos que no era sí.

Cubrí bien la comida para que no se enfriara y corrí hasta el baño para darme una última revisada dónde efectivamente, me veía presentable y perfecto para mi sol.

—Tal vez deba retocarlo un poco. —Comenté mientras peinaba un poco mi cabello, el rubio ceniza que tenía estaba desgastado que incluso se podía ver las raíces negras creciendo, pero eso sería algo que haría después.

Tomé mi celular junto a las llaves de la casa y el auto para así emprenderme en el camino. El aeropuerto no quedaba tan lejos de dónde vivía, pero aún así no quería confiarme y ser la primera persona que le diera su abrazo y beso de bienvenida.

Subí al auto y arranqué en dirección a mi destino, todo estaba tan bien, era octubre por lo que no era sorpresa que el viento fuese un poco fresco y que las castañas hojas de los árboles abandonaran las ramas que las sujetaban para así darse la libertad de soltar y permitir que nuevas hojas crecieran allí en primavera.

Soltar para crecer, un acto bastante valiente y a su vez doloroso.

Creo que por eso sentí mi pecho contraerse cuando ví por la ventana una figura tan malditamente conocida. Era Jaebeom, sentado en una de las bancas del parque al que solíamos ir todas las noches a contarnos, bueno, a que me contara todo y reírnos de dichas anécdotas. Se notaba tan apagado y gris, no dudaba que estuviera igual que yo.

Mis ganas de bajarme del auto para lanzarme a abrazarlo eran tan inmensas que me sentía como un niño queriendo ir a los brazos de su padre al que no ha visto en años, pero debía controlarme.

Le había dado final a todo e iba a mantener mi palabra. Ahora éramos desconocidos y así se va a quedar siempre.