Work Text:
[1]
Temprano por la mañana se había despertado, tal vez alrededor de las cuatro, daba vueltas sobre sus sedosas sábanas, en busca de una comodidad que se le había arrebatado hacia unas horas atrás. No podía dejar de recordar la cara de la mujer con la que se encontraba en días anteriores; como es que cuándo sonreía sus mejillas entrecerraban sus ojos brillantes, también cuándo reía de sus chistes sarcásticos; o que tomaba su mano en el momento que se sentía insegura, entrelazando sus dedos con los masculinos, en la mayoría de las veces Miguel le regalaba un apretón -que procuraba no fuese lo suficientemente fuerte como para lastimarla- reconfortante. Era una lástima que todo eso fuese únicamente en el momento de ser Spiderman.
Se preguntó, en ese estado, si las cosas fueran diferentes si ella supiera que el superhéroe era nada más y nada menos que él. Podrían ir a esas citas que tanto le rogaba la fémina, besarse como una pareja normal, no ponerla en riesgo cada que salgan. ¿Estaría tan enamorada de
Miguel
justo como lo está de Spiderman? Frustrado arroja las palmas de sus manos a su cara, arrastrandolas hacia abajo, lo único que puede ver es su techo en la llana oscuridad, diferencia algunos objetos en él, es lo suficiente para mantener su mente ocupada por este momento. Siente que debe hacer algo ahora, como si el tiempo se le estuviera agotando, escucha incluso el
‘tick tack’
del reloj que está en su pared, es como un crujido en su cerebro confundido, lo pone aún más nervioso de lo que ya estaba. Cambia de posición con la esperanza de que esta vez sus ojos decidan cerrarse hasta que el sol salga por completo, sin embargo lo único que recibió fue espasmos desesperados, una pierna que se movía nerviosa, y un pecho que subía y bajaba rápidamente.
Maldice a lo bajo por tener que estar en ese estado, es consciente que si se levanta de cama ahora, podría patrullar las calles en busca de algún malhechor que le otorgara un par de minutos de acción antes de que lo venza; o, caminar, columpiarse, contemplar el amanecer en edificios aledaños, en lo alto, sin que sus pensamientos lo consuman por completo.
Una vez más intentó hundirse en ese pensamiento que le traía una cierta calma.
Imaginó como sentado en el borde de un edificio vería el horizonte, el sol, tan amarillento y cálido saldría lentamente, calentaría en inicio su torso y piernas, seguiría con su rostro, se tomaría un segundo para degustar el ambiente. Pensó en lo que sentiría: paz, calma, relajarse de tener el peso de la ciudad encima, procurar a los ciudadanos, inclusive su propio hermano, protegerlo de lo que podía avecinarse en su labor como Spiderman. Pero entre todos ellos, se da la molestia de brindarle un espacio a alguien, por supuesto, Nissiz. Ver que ella esté bien, risueña como siempre, cuidar que su cabeza no se caiga cuando queda dormida en su hombro, prestar suma atención cuando hable de lo que sea que tenga que decir; cotillear con ella en un par de bromas, solo para luego recibir un codazo por parte de la joven. Si fuera por él, protegería hasta la última hebra castaña del viento que la despeinada cuando ambos se encuentran en lo alto de alguna construcción, trazaría delicadas líneas entre el pómulo e inicios del puente de la nariz si es que ella llegase a llorar por un evento aleatorio en su vida, limpiaría cada lágrima que cayera de sus ojos, para -intentar- decirle algo que la ayude a tranquilizarse. Escuchar su melódica voz cuando ríe, viendo como abanica sus pestañas, negaría con la cabeza en un intento de parar de carcajear, pero finalizaría hasta que se doble porque el abdomen le duele en espasmos.
Afirmar que O’hara estaba completamente enamorado de la castaña era hasta una burla, casi lo único que su adolescente mente podía pensar era en Sky, en lo que la hace ser ella, cada facción y acción, mientras más tiempo pasaba en conjunto con ella, más le atraía. Sí, eso probablemente había sido una confesión personal.
Abrió sus ojos cuándo realizó que sus pensamientos se habían apartado totalmente a lo que en un inició se centraba. Su rostro moreno estaba ardiendo, si no supiera el porqué, pensaría que tiene fiebre. También tiene una suave coloración en sus mejillas, es rojo, cubre desde sus sienes hasta abajo de ambos pómulos marcados, así mismo había un cosquilleo en su piel. Miró a todas partes sintiendo una gota de sudor cayendo desde la frente, desviándose por la mandíbula. Tensó y destensó los músculos de sus piernas y quijada, era como si estuviera preparándose para hacer o decir algo, sin embargo eso nunca sucedió, tan solo un gemido ahogado; posteriormente, se encontraba sentado al borde de su cama, con el semblante serio, decidido que debía hacer algo en respecto a su situación amorosa. Tendría que convencerla que él, detrás de su alter ego era una mejor opción; sí, definitivamente esa sería su meta.
Pero, ¿Cómo lograría hacerla pensar que
Miguel O’hara
era muchísimo mejor que
Spiderman
?, tocó su barbilla en busca de alguna respuesta, el movimiento repetitivo de su extremidad inferior le sirvió como metrónomo para organizar sus ideas. Y de pronto, la respuesta estuvo ahí.
Parecía bastante obvio en ese momento, había recopilado suficiente información en los últimos meses desde que hablaba con Nissiz bajo la máscara, fácilmente podría haber ocupado esos datos a su favor, podría ser moral o no, pero podría funcionar, o al menos eso esperaba. Rápidamente alcanzó su teléfono, entusiasmado abre la aplicación de mensajería que su dispositivo tenía predeterminada, buscó entre todas sus conversaciones el contacto de la fémina; próximamente lo encontró, no había sido tan complicado como pensaba, probablemente porque mandaba mensajes constantemente. Entonces, al abrirlo, realizó que ninguna de ellos estaba respondido, como máximo vistos y miserablemente ignorados.
Pensó primeramente en mandarle un saludo casual, algo que lo haga ver cool, escribió un texto que en breve borró, sonaba muy desinteresado. Minutos después se concentró en hacer algo menos incómodo, pero solo logró sonar desesperado, hasta sintió una especie de repulsión. Finalmente cae derrotado en su cama, ninguno de los mensajes estarían a la altura de la chica, probablemente incluso sonaría intenso, haciendo que en el peor de los casos lo ignore. Maldijo internamente que Spiderman no tuviera un teléfono propio, aunque probablemente sería más complicado de explicarle, pero contestaría como mínimo. Un número diferente sería la respuesta, ¿Pero quién tenía uno?
«¡Bingo!» pensó, había dado en el clavo, como si hubiese ganado la lotería.
Una vez se levantó de su cama, abrió su puerta intentando no hacer ruido, cuando salió del cuarto, caminó en puntillas hacia el cuarto de su hermano, Gabriel; el adolescente dormía plácidamente en su cama, enrollado en sus sábanas, con el cuerpo contorsionado, si no fuera porque arruinaría los planes del mayor, se hubiera carcajeado en su cara ahí mismo. En el momento que calmó su necesidad de burlarse buscó a tientas el aparato, lanzaba un par de cosas accidentalmente a la hora de querer recogerlo, atento observaba que el menor que yacía ahí no despertara. Cuando tuvo el teléfono en sus manos suspiró de alivió, pudo rápidamente los datos para ingresar a los mensajes, uno de las primeras conversaciones que tenía era con la mencionada, claro, a él si le contestaría los mensajes, rodó los ojos sin leer de que más hablaban, empezó por teclear un par de frases que fuesen claras y sin denotar que era Miguel quien las escribía. Tan solo unos segundos y el mensaje estaba enviado:
«Gen, pensaba que hoy podríamos vernos en el museo. ¿Qué dices?»
Intento parecer lo más neutral, evitar sospechas. Al marcar como recibido se puso instintivamente nervioso, las dudas si había hecho bien en invitarla comenzaban a llegar.
Antes de retirarse una notificación salta, por poco y el celular se caía de sus manos cuando eso pasó, aterrado se relaja al seguir oyendo los ronquidos fuertes de su familiar, fascinantemente era Génesis, se preguntó qué estaría haciendo despierta, aunque agradeció en acortar las ansías que le causaba no ser correspondido.
«Claro. Hora y fecha» respondió ella, tres palabras que emocionaron el sensible corazón del muchacho. Como un bobo, sonríe, alza la mirada a la nada para ponerse de acuerdo -consigo mismo- cuál sería la hora perfecta para tener esa cita romántica, tenía que ser perfecta, tarde pero no lo suficiente como para ser peligroso, tan temprano podría arriesgarse a no ser el ambiente correcto, poco romántico. Ella merecía más que eso, la luna y las estrellas que se asomaran, si pudiera las bajaría para Nissiz, tal vez, si lo pidiera, le daría el mundo entero. Negó con su cabeza para volver a la realidad, chasqueando la lengua un par de veces sus dedos se decidieron que a las cinco y media debería funcionar. Ante la confirmación un suspiro de alivio salió de su ser; dejó todo en su lugar intentando que no hubiera tanta diferencia a como estaba antes, caminó tal cual caricatura de puntillas hasta la salida, echó un vistazo a la escena, y cuando cerró la puerta cautelosamente detrás de él, su mente se dignó a procesar lo que estaba pasando: Por fin había invitado a salir -a una cita real- a Génesis.
[2]
Desde la madrugada por la mañana que sus ojos se abrieron y posteriormente se distrajeron con sus redes sociales hasta que leyó el mensaje de Gabriel, no había podido volver a la cama, era una rara sensación de inquietud, como si hubiese un código detrás, tal vez estaba conspirando contra ella misma, sin embargo, lo pasó de alto tres horas después, convencida que en realidad no había nada malo. Otra cosa que la dejaba ligeramente intranquila era que los mensajes recurrentes de Miguel cesaron, agradeció por eso.
Como fuese inició su día como cualquier otro, preparándose el desayuno, un par de tareas de la casa, bañarse, el día se le hacía largo y ni siquiera sabía el porqué. O, tal vez si lo había, los días eran menos estimulantes desde que Spiderman decidió que deberían dejar de tener encuentros íntimos durante su trabajo como héroe, se sentían largos y desesperantes. La jovencita suspira, podría ser que seguía enamorada de ese misterioso hombre, que aún esperaba que la luna se asomara para verlo, oír su voz en barítono, su risa nerviosa pero a la vez segura, sentirse a salvo porque no importaba si caía de un edificio -metaforicamente hablando- seguramente él estaría allí para salvarla.
Se había estado mirando a un espejo desde hacía unos largos minutos, contenía un par de lágrimas mientras las canciones de fondo se reproducían; Sabía que el acuerdo que tenían era por beneficio de los dos, entendió rápidamente lo complicado que era mantener una relación con alguien que se expone constantemente al peligro, sin embargo, hasta ese momento lo habían sobrellevado, parecía como un factor externo que no quedaba del todo claro.
Las cosas empeoraron cuando en un noticiero local tenía una foto inédita de
Black cat
y
Spiderman
, era sospechosamente muy real, su corazón se encogió al verlos juntos. Se sentía un poco tonta por enamorarse de, uno, una persona de la cuál desconocía su identidad, y dos, seguir ahí, con todas las esperanzas de que si el quisiera volver, si se dignara a tocar su ventana en la noche estrellada, tomaría su mano, la entrelazaría y lo seguiría, a dónde fuera, incluso a los límites del mundo, él tendría que decir la palabra antes de que ella lo deje todo por una escapada. Incluso si de sus labios no saliera nada, correría millas solo para alcanzarlo, no hacía falta una explicación, excusas, solo tenerlo de vuelta, abrazarlo, poder volver a sentir el cariño que construyeron.
Una cantidad increíble de preguntas surgieron para atacarla como cuervos:
¿Era por su forma de ser?
Estaba segura que si él lo hubiera mencionado antes, cambiaría en breve su forma de ser.
¿No estaba a la altura de él?
Podría ser que era poca cosa para una figura tan grande como la era un superhéroe, habían mujeres más lindas, sí, carismáticas, inteligentes, vaya, mejores, más al rango de un joven importante como lo es, se sintió hasta comparada por sí misma. Tal vez si se hubiese esforzado más, o arreglado lo suficiente, dedicarse más tiempo frente al tocador, elegir con cautela los colores de labiales; si hubiese tenido el valor de las veces que él tenía que irse, pararlo tomando su muñeca suavemente, rogándole con los ojos que solo por esta vez no se fuera, egoísta, sería muy egoísta, ¿Pero quién no lo es cuando ama a alguien?
Amar
, es una palabra muy grande, se sorprendió cuando la pensó. No era una calumnia, su gusto hacia el hombre detrás de ese pseudónimo era mayor a un enamoramiento adolescente cualquiera, su corazón latía cuando estaba cerca, sus mejillas se coloraban como melocotones, aumentaría si hiciera un comentario destacando eso mismo; caminar se le hacía tan difícil, sus piernas se aflojarían como spaghettis. Pero más importante que todo, se sentía segura, al oír ese tono ronco todos los males parecían desaparecer, no importaba la hora, el día, si a lado de ellos dos había un criminal que intentó robar el banco, no, solo importaba una cosa:
Ellos dos
.
Salió de sus pensamientos cuando los sonidos aledaños se reincorporaron en su consciencia, sacudió la cabeza levemente, aún seguía hundida en los pensamientos pero quería que esa tarde le ayudara un poco a desahogarse. No negaría que pareció poco usual que Gabriel le invitara a pasar la tarde a un museo, principalmente porque no había nada que celebrar de intermedio. Podrían haber ido a cualquier otro lugar, un parque o tomar algún refrigerio, el museo fue particularmente específico.
Cuál haya sido el motivo de su amigo, era la excusa perfecta de soltar las cosas que hasta ese momento le pesaban cual atlas en su espalda, claro que él sabía todo lo que aquél hombre le hizo a la chica, lo había mencionado los primeros días un centenar de veces, era casi un hecho que sabía la historia de memoria, no se molestó -con Génesis- en un inicio, estuvo ahí para escucharla esas madrugadas. Una vez más debería oírla acerca de todo lo que pasaba, como desde la noticia su corazón era fragmentado en cenizas brillosas.
Con la paciencia que sobraba se mantuvo cepillando el castaño pelo, aún tenía gotas del baño previo, no faltaba mucho para que acabara, solo elegir el peinado correcto, un conjunto de vestimenta y zapatillas atractivo, algo de brillo labial y debería estar.
Tardó aproximadamente una hora y veintiocho minutos para que las cosas se mantuvieran en orden, entre leves saltos para colocarse los zapatos de manera cómoda se acercaba a la salida de su casa, justo enfrente del pedazo avellana echó un vistazo desde el marco antes de cruzarlo completamente, cerrando la puerta suavemente justo detrás.
Por otro lado se encontraba un Miguel emocionado, inclusive ansioso de las cosas que pudieran llegar a pasar en el momento que pisara ese edificio. La premura lo consumieron rápidamente, las ideas que su mente maquinaban rápidamente cubrieron por completo tal cual neblina su mente, eran diversas emociones que se juntaban en su pecho, bombeaban su cardio al máximo; sudaba en frío cuando la hora acordada llegó, pensó que tal vez el mensaje no se recibió correctamente, puede que al ser su amigo no le tomó la misma importancia que si hubiese sido él mismo. Bueno, si fuese quien lo madara sin trucos de intermedio, probablemente Génesis lo ignoraría frívola, peor aún, escribiría un gran párrafo de porque no quiere verlo. La mera idea -creada por sí mismo- hirió como se sentía.
Nuevamente resonó en sus adentros que había la posibilidad que ella jamás se enamoraría de él, claro, podría saber cada mínimo detalle, como tomar su mano al entrelazarla, el tejado perfecto para pasar horas admirando el paisaje nocturno, como es que cuando la jovencita mire arriba, sus cuasi carmines ojos se posen en la sonrisa de media luna que Nissiz debe tener. Cosas incluso más simples tales como abrazarla perfectamente sin cuando se siente asustada, peinar sus hebras chocolates sueltas por el viento, besarla con tanto cuidado de no ser intrusivo, cuidarla cuál última planta en el universo. O tal vez eso no tenía conocimiento Miguel, mejor dicho,
Spiderman.
Maldijo en en un susurro inteligible esa fragmentación de su identidad, pero siempre estaba la posibilidad de que ese amor no fuese para su identidad cotidiana, ¡Santo cielo! Ni siquiera había que ser un genio para notar que no le agradaba en lo más mínimo, si había comunicación era por Gabriel. Estaba jodido.
Antes que tirara la toalla, diera media vuelta y se dirigiera a la salida, su mirada se encontró con lo que para él fue la misma sensación de haber visto a un ángel, los últimos de rayos iluminando en amarillo naranjoso la tersa piel de Sky, daba destellos en sus ojos, con el viento que se coló en el momento de entrar a la instalación ciertos mechones se movieron con gracia. La forma en la que estaba vestida, algo nerviosa y buscando con la mirada a alguien, solo logró explotar los nervios que desde antes florecía en el estómago del varón, tuvo que tragar en seco y pasar su sudorosa mano por su cabello en un intento de mejorar su apariencia.
Cuidadosamente se acercó a ella, no pretendía intimidarla o fanfarronear con su presencia, más bien pasar todo su plan como una
“linda coincidencia”
. Arrastró sus pies para tenerla más de cerca, tuvo que cerrarse así mismo la quijada cuando estuvo literalmente enfrente, se veía aún más divina que antes -si no es que ya lo era-, su apariencia tan equilibrada con el espacio que les rodeaba, estaba seguro que a este punto su respiración sonaba hasta marte, sus fosas nasales se llenaron del dulce olor que su acompañante llevaba. Se ve forzado a salir de su ensoñación cuando ella “choca” con él, habría hecho esta lo imposible por quedarse aunque fueran tres segundos más así, sin embargo, oír el gritillo que soltó al estrellarse con el moreno le recordó que esta puede ser su oportunidad idónea para tener una cita como dos ciudadanos newyorkinos comunes y corrientes.
¡Ah!— gimió en sorpresa la mujer. Alzó la vista para ver de qué se trataba, la acción hace que el contrario se tense, ver su rostro es incluso peor, su condena a decir o hacer algo tonto.
—Disculpa.— le pareció más correcto responder, no sabía bien si por el descuido o por traerle hasta aquí en base de calumnias.
Tienen que pasar unos segundos para que ella termine de analizar la escena, desde el segundo uno en el que decide prestar atención a su entorno, reconoce las facciones del irlandés, sus pómulos, su nariz, su torso comparado al de un trapecio. Las palabras se quedan atoradas en su garganta por un momento, luego fluyen solas.
—¿Se puede saber que estás haciendo aquí,— interroga firme, aún no despeja sus ojos en la intimidante composición del varón. El susodicho exhala al saber que al menos se ha dignado a dirigirle la palabra. — Miguel ?— este se atraganta con la respiración que realizaba, la pronunciación y énfasis en su nombre definitivamente remarcaban una molestia.
—Salí a caminar, y quedaba de pasó.— mintió torpemente, evidentemente Gen no se lo creyó. La voz le temblaba ligeramente, e intentaba con todas sus fuerzas no desviar el contacto visual.
—Claro. Porque sales a caminar vestido así.— Bufó rodando los ojos como una contestación a la pésima excusa. Bastaba con echarle un ojo a las prendas para saber que pretendía engañarle.
Normalmente se comportaba estoico cuando le atrapan mintiendo, podría haber sido la persona que estaba delante suyo, pero una gran gota de sudor frío cayó por las sienes.
Observa cuidadosamente los entrecerrados ojos de la mujer, se cruza de brazos antes de negar, seguidamente le da la espalda, está cien por ciento seguro que ha hecho un puchero con sus rosados labios, da un paso pequeño adelante, completamente dispuesta a irse de ahí; claro todo tenía sentido ahora que el hermano mayor estaba ahí: ese mensaje sin previo contexto invitándola a salir, justo en la madrugada, además que no era nuevo que esto sucediera, antes de ésta hubo más en los que casualmente llegaba a los lugares en los que Gabriel la citaba con anticipación. Cansada del asunto, no pensó dos veces en irse, ni siquiera podría ver al hombre a la cara, en sus pensamientos, tan solo era un patán sinvergüenza. Tres pasos más dio antes de que una grande mano sostuviera su muñeca, no en un agarre malicioso, era tan gentil que parecía retener la verdadera fuerza que tenía.
—Gen.— llamó con dulzura, la voz sonaba algo rasposa aún, probablemente a falta del habla misma o por la agitación de su respiración. Sorprendentemente funcionó. Ella dejó de caminar.
Tuvieron un intercambio de miradas prolongado. Nissiz hubiese mentido si dijera que la acción no la puso nerviosa, peor aún, que sus mejillas se calentaron poniéndose rubíes. El corazón se sentía recubierto en un manto cálido, pero entonces, esa estúpida sonrisa se dibujó en los labios de O’hara.
—No estoy ni cerca de estar interesada en lo que sea que quieras decirme. Así que por favor déjame en paz.— malentendiendo la situación termina por decir, sus cejas se fruncen, rompiendo con el gesto armonioso anterior, intenta zafarse fallidamente del agarre, sigue sin ser fuerte, tan solo bastaba para que está vez no pudiese huir. —¡Suéltame!— sin embargo, hizo caso omiso.
—Gen, solo, dame un segundo.— lo calmado que sonaba era hasta más exasperante. El apodo suavizó el enojo de la mencionada, era uno que solo ocupaban los hermanos con ella, una conexión más íntima que tres palabras.
—¡No! ¡Te he dicho que no te oiré y que me sueltes ahora!— es su respuesta, trata con un poco más de fuerza retirar la mano que se encuentra sobre su extremidad, camina hacia adelante esperando poder hacerle perder el agarre, otra vez, no funciona. —¡Suéltame!, ¡Ya sé perfectamente quién eres, y no pienso hablar contigo!
La sangre de Miguel pasó de hervir en nervios a congelarse con tan solo una frase, sintió que su respiración se detenía por lo que parecían años y años, si la joven fuese más perspicaz se daría cuenta que el rostro moreno se hizo pálido tan solo mencionar su última oración. Se quedó estoico en su lugar, sin mover un sólo músculo.
No, definitivamente no estaba hablando de
eso
, ¿Verdad? No tenía nada de sentido, había sido bastante cauteloso con mantener muy lejos su vida como civil de su vida de superhéroe. Tampoco fue obvio con comentarios que solo
Miguel
debía de saber. Controlaba mucho ese lado más cotidiano cuando tenía la máscara. O tal vez no… tal vez todo este tiempo de silencio le servía a Sky de hilar los cabos sueltos, los vacíos en las excusas que ponía bajo su doble identidad, reconocer sus rasgos faciales, analizar su comportamiento, vaya, hasta su tono de voz cuando se comportaba como un caballero. Tenía sentido entonces del porqué le dejó de contestar los mensajes repentinamente, su molestia con Spiderman era equivalente a la molestia de Miguel. Las piernas le flaquearon por unos segundos, y antes de hablar, tragó con dificultad algo de saliva.
—Gen, te puedo prometer que hay una buena razón.— su mente no analizaba correctamente todo lo que su boca decía, lo hacía instintivamente. Ella rechazó su oferta de dialogar con una negación.
—No necesito escuchar tus estúpidas excusas, O’hara. Sé perfectamente quién y qué tipo de persona eres.— el acento molesto que usó fue aún más intimidante para él, juraba que el corazón latía lo suficiente como para correr por sí mismo. Abrió y cerró su labios tratando de modular la quebrada voz, estaba entrando en pánico, la nariz se movía cual conejo asustado. Sin embargo ella continúa en un intento de que esto termine ahí.
—¡No pienso hablar con infieles! ¡¿Entendiste?!— la boca bien sellada de pronto se le abre, ¿Qué es lo que acababa de decir? Su mente queda en blanco total, de cualquier cosa que esperaba, como que supiera su doble identidad.
—¿Qué?— La confusión se plasmó en su rostro de manera que la menor debía si o si notarlo. Era entendible que desconfiara de él, a veces llegaba a ser frío, o incluso un patán al alejarla de su lado, ¿Pero infiel? De eso jamás pecaría.
—T-tú ex me lo ha dicho todo, a todos se lo ha dicho. Ahora sé que eres un mujeriego, un imbécil. ¿Y sabes qué? Si no fuera porque Gabriel es tu hermano, no te volvería a hablar en mi existencia.— espetó, mosqueada por la actitud negativa que bocas ajenas comentaron. Notó al instante como las cejas ajenas se relajaban, luego pasaban a un estado de confusión.
—Genesis. No estoy seguro de lo que ella haya dicho sobre mí, ¿Ok? Pero te puedo asegurar que eso no es así, ni de cerca.— la voz sorpresivamente la calmó, sí seguía sin creerle del todo, pero consideraba honesta la reacción.
—¿Por qué debería creerte?— Tenía sus razones para dudar de la credibilidad de un hombre que es acusado de haberle sido desleal a su pareja. Eso lo entendió él mismo.
—Sé que mis palabras son de desconfiar. Y que con ellas no puedo cambiar mucho de lo que ella te hizo creer.— hace una leve pausa para redirigir su mano al dorso de la extremidad contraria, como si quisiera entrelazarlas, pero siendo demasiado tímido para ello. —Entonces, solo déjame convencerte con mis acciones. Te prometo que no soy quién dice ser, y no lo demostraré con palabras esta vez. ¿Podrías darme esa oportunidad?—
Los suspiros de la fémina han quedado atrapados en su caja torácica, las palabras eran exactamente lo que quería escuchar, se maldijo así misma por ello, sin embargo, no cedería tan fácil, de alguna forma seguía creyendo los rumores alrededor de él, y, por otra parte, se sentía furiosa.
—No.— la respuesta cae como un balde de agua fría en la espalda del varón, ¿Acababa de rechazarle? Parecía hasta irónico. Mas sin embargo, no se da por vencido, ha llegado bastante lejos ahora.
—Gen, por favor, dame aunque sea esta vez.— las facciones mayormente toscas caen, se suavizan en una tácita suplica que endulza el corazón de la mencionada, los ojos que denotan una mirada cálida, sincera, no hay maldad en sus palabras, solo una esperanza de que las cosas pueden arreglarse, se siente casi como una disculpa, una que está dispuesta a aceptar, incluso si no sabe por qué de todo se debe de sentir aliviada.
Suelta su mano del agarre liviano para acercarlo al rostro de Miguel, luce cansado, probablemente no ha dormido bien en días; al principio ninguno de los dos sabe cómo reaccionar, las sensaciones son nuevas entre ellos, en su alter ego le sería más picaresco, pero ahora, se permite ser vulnerable para ella, al mismo tiempo Nissiz otorga la chance necesaria para restaurar la relación.
Con una sonrisa se dicen lo necesario, también se les ha escapado una risilla coqueta, el incómodo momento es interrumpido por la separación al alejarse lo necesario. Es primero la mujer quién camina a las exposiciones, aún permanecían en un museo, algo que pasó a segundo plano con todo el alboroto. Mig debe seguirle el ritmo, caminando en pasos apurados hasta alcanzarla, se han detenido en una gran pintura ornamentada, la castaña la observa atentamente, el moreno debate mentalmente si verla a ella o ver la obra, mentalmente anota que el lienzo no está ni cerca de ser igual de bello que la persona que tiene a su lado. Nervioso se aclara la garganta, sacando de la contemplación a su acompañante.
—¿Qué es lo que hacemos?— reúne toda su fuerza para no tartamudear esa frase. Seguramente está sonrojado ahora.
—Admirando.— contesta viendo solo por la periferia, una curva ladina se posa en sus labios. Aunque seguía molesta con el varón, ya estaban en el museo del cual se sentía ansiosa anteriormente por conocer, no perdería por nada la oportunidad de echarle un ojo a las piezas que existían, la verdadera razón por la que decidió quedarse -o tal vez no- desde un inicio.
La contestación es ambigua, pero certera. Podría haber sido que durante esas dos horas y treinta y ocho minutos que pasaban de sala en sala, intentando descifrar el significado de las piezas, realmente hubiese un estado de maravilla, posiblemente la chica al lugar mismo y su contenido, mas él, a ella. No importaba si fuese Spiderman o Miguel O'hara , tenía algo muy en claro, Génesis era la persona con la que quería estar en las noches más cálidas de verano, en las brisas primaverales, en los momentos de vulnerabilidad dónde solo tiendes a abrazar, o, en una simple salida en la tarde-noche al museo.
