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Capítulo 1: Harry Potter.
Harry Potter, era un niño de diez años, casi once. Pequeño y delgado para su edad. Con piernas flacas y rodillas nudosas. Cabello negro brillante como plumaje de cuervo, y tan desordenado que parecía no haber sido peinado jamás. Sus ojos, grandes vibrantes e inteligentes, reflejaban una cierta astucia poco usual en un niño tan joven, y eran de un verde tan brillante y profundo que no parecían normales.
En aquel preciso instante, Harry se encontraba durmiendo profundamente. En un pequeño e improvisado catre, un poco demasiado pequeño, incluso para un niño bajito como él.
No obstante, no sería capaz de dormir mucho más. En el segundo piso, su tía, Petunia Dursley se había despertado y unos minutos más tarde su voz chillona sería el primer sonido que Harry escucharía ese día… como cada día.
—Arriba. Levantate. Ahora.
Harry se despertó sobresaltado cuando su tía llamo a gritos fuera de su puerta.
Agotado, resignado y un poco irritado, Harry procedió a buscar sus calcetines en medio del estrecho y oscuro espacio donde dormía.
Estaba inclinado, buscando a tientas bajo su pequeño catre cuando la voz estridente de tía Petunia volvió a llamar.
—¿Ya estas levantado?
—Casi —respondió Harry con tono plano, dejando fuera de su voz la exasperación que sentía.
—Pues date prisa, quiero que vigiles el tocino. Y no te atrevas a dejar que se queme. Es el cumpleaños de Duddy y quiero que todo sea perfecto.
Harry suspiro molesto.
—¿Dijiste algo? —pregunto enojada tía Petunia desde el otro lado de la puerta.
—Nada, tía Petunia… —respondió Harry rápidamente, no era bueno molestar a los Dursley.
Rayos… el cumpleaños de Dudley… ¿Cómo es que lo olvide? Pensó Harry con frustración, mientras seguía buscando sus calcetines.
Por fin los encontró, y procedió a darles vuelta para revisar y sacar las arañas que pudieran haberse metido en ellos durante la noche.
Harry estaba acostumbrado a las arañas, ya que la alacena debajo de las escaleras estaba repleta de ellas, y era justamente allí donde dormía.
Rápidamente se vistió con la sobredimensionada y andrajosa ropa de segunda mano que una vez perteneció a Dudley, al menos cuando eran nuevas.
Una vez vestido, Harry salió al recibidor, para rápidamente entrar en la cocina.
La mesa estaba casi completamente cubierta con los regalos de cumpleaños de Dudley. Al parecer había conseguido el ordenador nuevo que exigía, junto a unas dos docenas de juguetes, un nuevo televisor y la más nueva consola de videojuegos, además de una realmente innecesaria bicicleta de carreras que Harry tenía la certeza de que jamás seria usada, debido a que Dudley Dursley era muy muy gordo y aborrecía el ejercicio.
Harry se resistió a poner los ojos en blanco al pensar en lo malcriado que sus tíos mantenían a su primo tamaño ballenato. Y se concentró en revolver el tocino para que no se quemara. Y en preparar los huevos fritos que debían acompañarlos en los platos de su tío y primo.
Unos minutos más tarde, Vernon Dursley, el tío de Harry, un hombre grande ancho, ojos pequeños y cetrinos, en una cabeza grande y cuadrada, completamente carente de cuello, y con una barriga prominente se sentó a la mesa. Seguido por Dudley Dursley, quien, según Harry era una especie de cerdo bípedo con ropa y peluca, ya encaminado a ser idéntico en complexión que su padre aun si solo tenía 11 años.
Harry procedió a servir el desayuno con cuidado, ya que apenas había espacio en la abarrotada mesa.
Su tío Vernon que en ese momento leía el diario, alzo la mirada de su periódico, miro a Harry brevemente y bramo un “¡Peinate!” como era usual una vez por semana.
La verdad es que el cabello de Harry era completamente indomable. No se podía peinar con cualquier cantidad de gel para el cabello. Ni se podía corregir con cualquier corte de pelo. Una vez años atrás su tía Petunia le había rapado completamente la cabeza a Harry, solo para que a la mañana siguiente, al parecer en respuesta a la vergüenza de Harry sobre ir calvo a la escuela, había vuelto a crecer completamente por la noche, tan desordenado como había sido antes.
Dudley en tanto contaba con cuidado su regalos, y cuando termino su cara enrojeció de ira.
—¡Treinta y seis! —dijo Dudley enojado mirando a su madre con reproche— ¡son dos menos que el año pasado!
Harry entonces se desconectó la interacción de sus tíos y su primo. Solo lograría obtener un dolor de cabeza si les prestaba atención. Y se concentró en comer rápidamente una porción adecuada de tocino y huevos mientras estaban centrados en calmar el berrinche masivo de su primo.
Apenas presto atención, cuando una sensación de crisis lo hizo reconectar con la situación.
Tal parecía que se habían quedado sin niñera para Harry… O, más bien, no tenían otra prisión lo bastante mala para dejarlo con la conciencia de que lo pasaría terriblemente mal.
Al parecer, la señora loca de los gatos de la casa del frente, la señora Figg se había roto el tobillo y no podía cuidarlo. Gracias a Dios por aquella pequeña misericordia. Si había una cosa que a Harry le disgustara más que su alacena, era el olor a gato, arena para gatos, humedad y ciruelas pasas que había persistentemente en casa de la señora Figg.
Harry nuevamente estuvo dispuesto a ofrecer su agradecimiento a quien sea que permitió que Marge, la hermana de Vernon no estuviera disponible como segunda opción. Pero se desanimó de que la amiga de Petunia no estuviera disponible, al menos no lo trataba tan mal como los demás.
Por cómo iban las cosas, tal vez Harry podría quedarse en casa solo. Eso sería genial. Podría pasar un buen rato sin tener que soportar a sus molestos parientes.
—¿Y si me dejan en la casa? —sugirió Harry. Estúpidamente por lo demás, se dio cuenta al instante, pues al haberlo sugerido el, la idea sería descartada como si tuviera un plan malvado.
—¿Y volver para encontrar la casa en ruinas? —pregunto agresivamente Vernon en respuesta— ¡Ni hablar!
Nuevamente se desconectó de la conversación de sus tíos, no tendría importancia hasta que llegaran a una conclusión.
Quizás debió prestar más atención, pues se sintió desconcertado cuando lo arrastraron con ellos al auto y le dijeron que se comportara y que no hiciera ninguna de sus anormalidades… Cosa que Harry ni siquiera comprendía como ocurrían en primer lugar. Solo que pasaban cuando parecían útiles para él.
Cuando llegaron a su destino, Harry no pudo evitar sentirse preocupado, y un poco feliz. Nunca había ido a un zoológico. Y podría ser una buena experiencia… Pero su lado racional le decía que habría problemas. Y nunca se equivocaba respecto a los problemas. Harry había llegado a pensar que los problemas lo seguían a donde quiera que fuera, y ya tenía un sexto sentido para saber que pasarían cosas malas.
El viaje al zoológico marchaba relativamente bien. Pese a lo vergonzoso y exasperante que era el comportamiento de Dudley, Vernon y el amigo idiota de Dudley.
Harry esperaba que no los sacara seguridad, porque realmente parecían bestias que habían escapado de su hábitat. No sabía si había cerdos en el zoo, pero si los hubiera los confundirían con el grupo.
La Casa de los Reptiles fue bastante monótona. Y Harry se mantuvo al margen. Pero comenzó a irritarse al ver como Dudley y Vernon golpeaban los cristales de las exhibiciones. Como si los animales allí estuvieran para complacerlos. El joven Potter pensaba que eran ellos los que deberían estar encerrados. Una exhibición de hábitos de los monos menores, pues no alcanzaban a ser simios.
Mientras se divertía imaginando una exhibición en el área de los primates con el título “Dursleys - Homo Neardentalensis descubiertos por Harry Potter en 1991, no se sabe porque no están extintos”. Harry noto como su obeso primo Dudley golpeaba el cristal de otra exhibición, esta vez, de una boa constrictor; y la pobrecita parecía realmente estresada y resignada a sufrir a los tontos humanos.
Una vez que Dudley se aburrió de molestar a la pobre serpiente, que por lo demás lo ignoro magistralmente. Harry, movido solo por la simpatía se acercó con el deseo de disculparse, pues el sabia lo molestos que podían ser los Dursley, sin excepciones.
—Lo lamento —dijo Harry a la serpiente a través del cristal que los separaba, extrañamente la serpiente se lo quedo mirando, ¿tal vez lo entendió?, no eso sería imposible, decidió el niño de diez años— Yo también me veo forzado a soportarlos. Por favor perdonalos son estúpidos.
La serpiente le asintió, Harry estaba seguro de que no lo había imaginado.
—¿Puedes entenderme? —pregunto Harry curioso, y cuando la Boa Constrictor volvió a asentir con la cabeza, ya no le quedaron dudas, le estaba hablando a una serpiente y ella lo entendía.
—¿Estas bien? —pregunto Harry a continuación, a lo que la serpiente solo lo miró fijamente… Harry se sintió tonto y amonestado por la criatura— Si… debí pensarlo mejor… ¿De dónde vienes? —pregunto esta vez para librarse del momento incomodo.
La serpiente le señalo un costado de la exhibición con la punta de la cola, Harry miro y vio un letrero que decía “Boa Constrictor, Brasil, Amazonas”.
Vaya… entonces la serpiente podía leer, concluyo el niño.
—¿Cómo era Brasil? ¿Lo extrañas? —interrogo Harry otra vez. Y la serpiente lo miro con una leve irritación y… ¿diversión?... antes de volver a decirle que leyera el cartel.
Solo entonces Harry se dio cuenta de que se había saltado un subtitulo. “Criada en cautiverio” decía. Harry sintió que se sonrojaba.
—Lo lamento. No soy tonto, solo me lo perdí, ¿está bien? —respondió avergonzado, la serpiente le saco la lengua y le dio una mirada plana— Ejem… —Harry se aclaró la garganta y desvió ligeramente la mirada— Te entiendo, yo creí igual. No en un zoológico, pero lo suficientemente cercano a uno.
Harry se estaba divirtiendo… Teniendo una charla con una Boa… Definitivamente estaría en problemas por eso si los Dursley se daban cuenta.
Sin darse cuenta, envuelto en su conversación con la serpiente, el primo de Harry, Dudley había notado que la Boa ya no ignoraba el mundo y parecía asentir y hacer muecas a Harry. Intrigado, el gordo niño se dirigió corriendo directamente hacia Harry.
Derribando a Harry con una tacleada que dejaría impresionado a un jugador de rugby, Dudley se puso frente al cristal, y comenzó a gritar llamando a sus padres, mientras que volvía a golpear el cristal.
Harry estaba enojado. Siempre que él se divertía su primo ballenato aparecía para arruinarle el día. Ojalá pudiera vengarse… Ojalá pudiera darle una lección.
Fue entonces que Harry noto la sensación de cosquillas en su piel, y sintió que una brisa sacudía su cabello. Siempre que algo raro pasaría sucedía.
Harry solo pudo ver incrédulo como el cristal de la exhibición de su nueva amiga Boa desaparecía en el aire como si jamás hubiera existido.
El joven Harry se quedó mirando anonadado, como luego de unos instantes, ante la pálida cara de Dudley, la Boa Constrictor se deslizaba fuera de su hábitat para pasar junto a él.
—Gracias, orador. —escucho Harry que le decía la gran serpiente— Brasil, aquí voy. —comento la Boa mientras se alejaba, y Harry miraba con la boca abierta.
—¿De nada? —respondió nerviosamente Harry. Sin notar que su tío Vernon lo había escuchado, y que tanto el cómo Dudley habían palidecido al oírlo.
Y es que Harry no sabía que no estaba hablando normalmente, sino que estaba siseando en el idioma de las serpientes.
Vernon Dursley paso de blanco mortecino a purpura furioso al darse cuenta de que su sobrino estaba…. Usando su anormalidad, como los Dursley llamaban a las cosas que Harry hacia cuando pasaban cosas raras.
—¡Mocoso insolente! —bramo Vernon, levantando al aun caído Harry de un brazo con un agarre de hierro y alzándolo hasta que los ojos del niño quedaron al nivel de su propia cara— ¡Te traemos con nosotros en el cumpleaños de Dudley y haces esto! —le gruño a Harry en la cara —¡No lo tolerare! — y con un brusco movimiento bajo a Harry hasta que el niño apoyo sus pies en el suelo y comenzó a arrastrarlo del brazo en dirección a la salida.
—¡Yo no hice nada! —se defendió Harry desesperado— ¡Fue como magia! —dijo el niño antes de palidecer… acababa de usar la palabra “M” … Estaba en un verdadero lio.
Vernon lo llevo al auto y lo encerró en el asiento trasero, Petunia parecía atontada y Dudley estaba furioso con Harry por arruinar la salida.
—¡Alacena, muchacho, de aquí hasta Navidad! —bramo Vernon cuando comenzó a conducir de regreso al número 4 de Privet Drive.
Fue como un borrón para Harry lo que sucedió a continuación. Llegaron a la casa, y fue directamente encerrado en su pequeña alacena, con solo un pan y un vaso de agua al día, por lo que a Harry le parecieron meses.
No obstante, al menos los Dursley no cumplieron con lo de encerrarlo hasta la siguiente navidad. Pero incluso así, ese probablemente fue el periodo de castigo más largo que recordaba Harry. Para cuando lo sacaron de su alacena, era ya la tercer semana de Julio.
¡Había pasado un mes entero!
