Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2024-04-18
Words:
1,746
Chapters:
1/1
Kudos:
4
Hits:
126

Si el destino dice que debo amarte, lo hare (lo dijo)

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Si el destino dice que debo amarte, lo haré (lo dijo) 

 

Matias no recuerda puntualmente en qué momento de su vida su abuela le dijo esas palabras, pero fueron las primeras que aparecieron en su cabeza aquella tarde cuando vio a aquel morocho al otro lado de la gran plaza. 

 

“—No importa que tan lejos corras, si de lo que escapas es para vos, te estará esperando al final del camino.” 

 

Quizás para comprender mejor quién era “aquel morocho” deberíamos remitirnos varios años atrás, cuando un Matias con grandes sueños llegaba a la famosa Ciudad de Buenos Aires para estudiar en la Universidad Nacional de Artes y cumplir su meta de ser actor. 

 

***

 

El oriundo de Mar del Plata había llegado a la famosa estación de Retiro cargado de información por parte de sus padres, pero apenas se bajó del micro, no importaba las indicaciones y consejos que le habían dado, él se sentía completamente perdido. 

 

Con el paso el tiempo, hoy, Matias podía reconocer que fue ese dia la primera vez que el destino intervino en su camino, cuando nervioso andando entre la marea de gente que entraba y salia de la estacion se choco con aquel muchacho, alto, de ojos marrones, de piel morena y una sonrisa que lo atrapó desde el primer instante. 

 

Alejo Veliz, un rosarino, tan perdido como él, fue quien lo terminó ayudando a encontrar la salida y conseguir tomar un taxi para llegar a su, recientemente alquilado, departamento. 

 

El marplatense creyó  que era uno de sus ángeles que su abuela siempre le decía, que aparecian cuando nos sentíamos más perdidos para nunca volver aparecer frente a nuestros ojos, pero se equivocó. 

 

El rosarino apareció en su camino de nuevo en su primer día de la universidad, cuando ambos se chocaron al cruzar la entrada. Apenas se vieron se sonrieron el uno al otro, y algo entre ellos nació, una chispa, una pequeña luz alojada en lo profundo de sus cuerpos, que iba creciendo a medida que se conocían. 

 

A pesar de coincidir poco debido a que cursaban en distintos departamentos y sus horarios eran totalmente diferentes, cada vez que podían compartir un café  se sentían complementado por el otro, Alejo podía estar por horas escuchando a Matias quejándose de como no se sentía cómodo con el personaje que le habían asignado y Matias escuchaba cada vez que Alejo se sentía inconforme con como le había salido una coreografía. 

 

Ambos se conectaron de una forma única. 

Pero así como el destino los había unido, drásticamente los separó. 

 

Matias recuerda esa noche, cuando despertó repentinamente en la madrugada y al buscar al morocho en la cama sintió un vacío. Al levantarse y salir de la habitación pudo escuchar la voz de su novio discutiendo con alguien por el teléfono. 

 

“-Ya entendi, si, lo sé, ¡Ya entendí! - escucho a Alejo respirar profundo - Voy a intentar estar para mañana. No puedo volver magicamente hasta Santa Fe, idiota. Se que esto es importante no es necesario que me lo repitas mil veces. Está bien. Si, yo tambien te amo, hermano.

 

El marplatense recuerda difusamente lo que sucedió después. El único recuerdo cien por ciento lúcido es sentir los labios de Alejo sobre su frente y de golpe, el sonido de la puerta cerrándose. 

 

Al principio, la distancia no la sintió tan agotadora, pero el tiempo la hizo sentir así.  Era una lucha diaria poder comunicarse con el rosarino. Hasta que un día, los mensajes dejaron de llegar y las llamadas no fueron más contestadas, y fue cuando Matias se rindió.

 

De esa época lo que más permanece en su mente es aquella última obra que hizo antes de recibirse, cuando busco por última vez a su amado entre los presentes, y una vez más no estaba allí, y no volvería a estarlo. 

 

Quizás conocer aquel morocho no había sido destino después de todo.

 

Quizá si todo había sido obra de la casualidad y no de la causalidad. 

 

Y ahora que Buenos Aires lo lastimaba, el marplatense vio con buenos ojos usar su doble nacionalidad para buscar oportunidades en el viejo continente.

 

Así como fue como apenas a seis meses de recibirse se encontraba viviendo en pequeño departamento a las afueras de Turín, casi rozando con Asti, pero Matias poco iba para allí, Turín le daba una sensación de paz que hace mucho había perdido. 

 

Sin embargo, seguía sintiendo una sensación de vacío en su interior. 

 

No importaba cuantas personas conociera, cuantas historias escuchara, cuantas vidas fingiera vivir, cuando daba la noche y miraba la luna, con una copa de vino en su mano, se preguntaba en el fondo de su ser si aquel morocho veía también la luna, como hacían desde el balcón de su departamento sobre la calle bogotá, que al lado tenía una florería, de donde aquel hombre que amaba siempre agarraba una flor para darle, siempre distinta, ¿habría sido una coincidencia que la última fuera una anémona¹ o un presagio del destino? 

 

Matias intentaba no pensar en eso, siempre mantenía su mente entre obra y obra, había formado grandes amigos, y quizas habia tenido uno que otro romance furtivo y efímero, nada que durara lo suficiente como para meterse en su corazón, otra vez. 

 

Aunque cuando Enzo llegó al teatro aquella tarde de invierno, con la nariz enrojecida por el frío, su corazón dio un pequeño salto. El oriundo de Córdoba, con su curiosidad y caradurez, poco a poco se metió en su vida. Enzo se convirtió en su confidente, aquel que se sentaba a su lado mientras miraba las estrellas, sin preguntar qué era aquello que afligía su corazón, pero dándole un infinito consuelo. 

 

 — Creo que ya fue mucha autocompasión por hoy. — dijo mientras agarraba la barbilla del pelinegro —, ¿no te parece? 

 

Y sin darle tiempo de responder, lo beso, como hacía siempre, con una suave calidez al principio pero que fue creciendo como una constante que iba apareciendo cada parte de el cuerpo del otro, como si quisiera abarcar en su totalidad lo poco que Matias le podia ofrecer en ese tiempo que compartían. 

 

***

 

Aquella tarde, en realidad, debia encontrarse con Enzo, el cordobes ya debia estar alli cuando llego, no debio haberse retrasado, el transito de Turin no debio traicionarlo de esa forma, porque ahora que aquellas miradas volvian a cruzarse, todo lo que habia podido obtener del marpletense se iba de sus manos como un castillo de arena al ser tocado por el mar. 

 

La piel de Alejo brillaba bajo el brillo del inmenso sol de verano italiano, pero no más que su sonrisa cuando reconoció a Matias a lo lejos, no obstante en un primer instante su expresión fue de absoluta sorpresa, ¿tanto vino había tomado como para empezar alucinar con su Matias?

 

Pero cuando la imagen no se difumino entre la gente, reconoció que certeramente el pelinegro estaba frente a él, lo único que los separaba era la inmensa fuente que ocupaba parte del centro del lugar. 

 

A ambos les gustaría poder admitir que en realidad siguieron sus caminos, que Alejo volvió al estudio de danzas donde tenía clases y tomo un café de la máquina con el amable chico de ojos claros, mientras que Matias, finalmente se encontró con Enzo y de las manos agarradas fueron hacia su café favorito. 

Pero que evil sería mentir con eso cuando sus corazones desesperados por volver a unirse impulsaron las piernas de ambos hacia el centro del lugar, y sin ningún tipo de lógica, quedaron frente el uno del otro. 

 

Ninguno se animaba a pronunciar una palabra, ante el miedo de decir algo incorrecto, algo que ignorara el contexto donde se encontraban, ¿era válido gritar cuanto se habían extrañado? ¿ Era correcto decir que perdonaría todo tan solo para sentir sus brazos alrededor suyo una vez? ¿que ninguno de los dos había podido volver a Buenos Aires porque allí era donde se sentían más incompletos?

 

Aunque la verdadera era ¿eran necesarias todas esas palabras cuando sus miradas ya habían desnudado sus almas? 

 

Matias, siempre impulsivo y atrevido, agarró la mano de Alejo. El rosarino sin cuestionar, lo siguió. Ambos entraron a un viejo café, donde se sentía impregnado el olor al mismo en cada rincón. En una pequeña mesa aislada, se sentaron. La camarera llegó y tomó sus órdenes y sin romper aquella conexión física, ambos tomaron sus cafés. 

 

Cuanto el café se terminó, Matias volvió a arrastrar a Alejo. 

 

El baño del bello café era pequeño y estaba aislado del resto del lugar, lo que les hizo sentir una sensación de intimidad, similar a la que les generaba su habitación compartida en Buenos Aires,  acaso fue eso los que los impulsó a seguir aquel instinto en su interior. Matias rodeo con sus brazos el cuello de Alejo y junto sus labios con los suyos. Fue un contacto superficial solo por un mísero segundo, apenas Alejo atrapó su labio inferior entre los suyos, el beso se tornó foraz. 

 

Ambos sentían una extrema necesidad de acortar el espacio que los había separado por tanto tiempo. Las manos de Matias abarcaban toda la espalda de Alejo, queriendo repasar cada rincón de ellas, mientras que Alejo, sin dudar, puso sus manos por debajo de la remera del mayor para acariciar — apretar — aquella cintura que siempre lo había enloquecido.

 

Cuando el aire les fue necesario para respirar, ambos separaron sus bocas, pero dejaron sus frentes apoyadas. Y fue allí cuando las emociones en verdad explotaron, cuando las lágrimas empezaron por las mejillas de los dos. Aquellas emociones que por tanto tiempo habian reprimido, al fin, se liberaban. 

 

— Te extrañe demasiado, no me dejes, por favor, no otra vez —  rogó Matias, con una mirada llena de necesidad. 

 

— No podría —  respondió Alejo, acariciando la mejilla de Matias —. No podría volver a hacerte, a hacernos eso. 

Juntaron sus labios una vez más, confirmando aquel amor que nunca había muerto, sino que había permanecido escondido como una pequeña llama, que al sentir el primer roce de la leña se avivó inmensamente. 

 

Había pasado una hora nomas, pero solo eso basto, para que aquellos dos que habían entrado al café, no sean los mismos que salieron.

 

Aprovechando su tiempo, Matias llevó a Alejo a caminar por la peatonal, y en medio de ella, un pequeño edificio llamó la atención de ambos. Una floreria, atendida por una señora mayor, que al vernos ambos, se acercó.

 

per voi giovani² — dijo entregandole a Matias un ramo de tulipanes rojos³. 

 

Ambos sabían su significado, y no dudando del destino, sonrieron. 

 

fin

 

Notes:

¹ significa “abandono” en el lenguaje de las flores.

² “para ustedes jóvenes”

³ significa “amor eterno” en el lenguaje de las flores.