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Lo conocía desde hace tiempo, habíamos entablado largas conversaciones, pero no éramos más que simples conocidos.
Sin embargo, yo lo veía de una manera tan especial que estaba lejos de denominarse "admiración", era algo más fuerte. Un huracán formándose dentro de mi pecho que se extendía por todo mi ser.
Todo comenzaba cuando lo veía y el corazón se me aceleraba, al principio supuse que me sentía agradecido por lo que él había hecho por mí y en algunas otras ocasiones justificaba esas taquicardias con mis propios problemas de salud, pero ninguna de las razones anteriores era el motivo principal de los fuertes latidos de mi corazón.
Aioros Sagnar, su nombre parece una oración constante y continúa en mi propio léxico, tanto que mi mente se ve afectada y comienzo a soñar despierto con sus ondulados cabellos castaños y su mirada aguamarina de ensueño.
Él es todo un galán, imposible no enamorarse principalmente por su atractivo visual. Él es la digna representación viviente que los antiguos escultores griegos querían representar en sus esculturas de hombres de época.
Nuestra diferencia de edad cubre solo un rango de cuatro años de diferencia y para mí eso es perfecto.
Él no es un hombre tan experimentado y yo no soy tan joven para él.
Por las noches claro que suspiro, cierro mis ojos y su imagen es tan nítida que pareciera estar frente a mí, mirándome sin importarle nada más
"Shura." Mi preciado, extraño y raro nombre se escucha como un sonido celestial saliendo de sus dulces labios, esos que anhelo besar algún día.
De los que me quiero adueñar y marcar como míos.
Es tanta mi tentación que me es difícil controlar mis impulsos de intentar hacer algo que nunca en mis 23 años he hecho, besar a otra persona.
Puede ser sorprendente que una persona con 23 años no haya dado ya su primer beso y más en una era como esta, en la que todo se da de manera atrevida porque si no mueves una pieza a tu favor no pasa absolutamente nada, pero mi tranquilidad se basa en saber que puede haber alguna persona en alguna parte del mundo con más años que yo y con más experiencias vividas que no ha dado su primer beso.
Ese beso que muchos catalogan como el más importante dentro de sus vidas.
"Shura, ¿Hay algo de lo que debas hablar conmigo?"
Mis manos sudaron, la adrenalina comenzó a fluir en todo mi ser y mi corazón latió como si estuviera corriendo un maratón y es que no había certeza de que pudiera tener una sola oportunidad con el médico que atendía mi enfermedad del corazón, sin el sentido gracioso porque realmente tenía problemas de salud heredados por mi madre.
Yo desconocía la orientación sexual del hombre sentado a mi derecha, el cual miraba la bella puesta de sol desde la banca del pequeño jardín del hospital donde estábamos sentados.
"¿Algo que deba decirte?" Las personas que pretendemos evadir una pregunta podemos decir que no escuchamos bien o podemos llegar a límites inimaginables y fingir demencia.
"Exactamente. Algo que quieras compartir conmigo."
Aparte de su atractivo rostro, el doctor Sagnar tenía un carisma espectacular, le gustaba jugar con los niños del área de oncología y darle ánimos a cuantos pacientes se encontrará en los pasillos, siendo sincero su atención conmigo no era especial ni diferente, después de todo era un paciente más en su lista.
Entonces mi duda surgió, ¿Los doctores pueden involucrarse con sus pacientes en una relación más personal e íntima?
Él observó cada una de mis reacciones en las que yo no podía mentir.
Las palabras que tenía atascadas en mis cuerdas bucales salieron sin que les diera yo permiso. "Me gustas."
Corto, claro y aterrador, mis habilidades de facilidad de palabra se esfumaron, pero mi sinceridad seguía presente.
Lo vi sonreír genuinamente en dirección al atardecer de una manera en que nunca lo había visto sonreír y eso hizo que mi corazón sintiera calidez.
"Me siento halagado." Respondió regresando su mirada hacia mi persona.
Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, uno que no era más que el cortisol, la adrenalina y la serotonina que se activaron como un mecanismo de defensa y un estimulante natural cuando sus manos tocaron las mías.
Y aquí venía lo peor, ser rechazado de una forma olímpica.
"Pensé que me estaba creando ilusiones falsas."
¿Y esto que era? ¿Un milagro? ¿Acaso iba a morir y por ello no quería romperme el corazón? ¿Cuántos meses exactamente me quedan de vida?
"¿Puedo besarte?"
Las películas románticas siempre incluyen una escena de besos, lo sé, pero yo no estaba en medio de una actuación.
¿Escuché bien?
Trate de estudiar su rostro y solo encontré una expresión agradable, sincera y su atrevimiento de acercarse más a mi rostro.
"No soy bueno con las palabras cuando se trata de expresar lo que siento, así que soy más de dejarlo en claro con una acción. ¡Quiero besarte!"
Lo vi, el mismo brillo que tenían mis ojos frente al espejo cuando pensaba en él era el mismo brillo que tenían sus ojos, entonces mis palabras murieron y solo di un leve asentimiento.
Soltó mis manos y dirigió su dedo pulgar de la mano derecha a delinear mis delgados labios, posteriormente acarició mis mejillas y finalmente tras humedecerse los labios observó los míos, se acercó más hasta que pude sentir su respiración tan cerca de mí.
Cerré mis ojos, Aioros Sagnar me estaba besando de manera lenta con sus dulces labios, tal vez no era un beso perfecto por mi inexperiencia, pero lo estaba disfrutando. Mis manos rodearon su cuello y una extraña felicidad me invadió.
"Pasado mañana te daré de alta, así que procura cuidarte para que podamos tener una cita fuera de aquí."
Le sonreí, ese beso se había llevado completamente todo de mí.
"Ese fue mi primer beso." Mordí mi labio inferior y Aioros volvió a besarme.
