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Nunca debí dejarla ir

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Viajar al futuro, uno en el que ella había partido la Tierra en millones de diminutos pedazos hacía décadas, no era una experiencia que Daisy se hubiese imaginado viviendo. Y eso que, en los últimos años, había descubierto que había pasado toda su infancia siendo vigilada por una organización de súper espías para mantenerla oculta de sus padres sedientos de venganza. Y también el hecho de que tenía poderes, eso era… algo.

Pero, ¿viajes en el tiempo? Se suponía que aquello debía ser imposible, Dany se lo había dicho media docena de veces, habían tenido largas charlas nocturnas acerca de que harían si fuese posible y por qué no lo era. Sin embargo, había viajado en el tiempo; a un futuro en el que todos la conocían como la Destructora de Mundos.

No importaba como de bien pudiese sonar, era un título horrible con el que cargar y Daisy no pensaba cargar con él. No le importaba que dijesen Fiztsimmons acerca de las leyes del tiempo; no iba a destruir el mundo. Simplemente no era una posibilidad. Podía decidir conscientemente no hacerlo.

¿Verdad? 

No estaba segura pero estaba convencida en intentarlo. Y el solo hecho de pensar en ello ya le causaba suficiente dolor de cabeza como para tener que lidiar con quien fuese que creía que era gracioso dejarle limones en la almohada, porque, si se trataba de una broma, no lograba comprender quién pensaría que era divertida.

«A Dany le habría parecido divertida». Sin embargo, Dany no estaba allí. No estaba con ellos desde hacía mucho tiempo. Demasiado. Y Daisy no podía poner en palabras lo mucho que la extrañaba. Al principio no se había dado a penas cuenta de ello, eran tan solo pensamientos fugaces que se iban tan rápido como llegaban, ahora se habían convertido en largas noches de pesadeces que la llevaban a replantearse su completa existencia.

«No debiste haberla dejado ir». Por supuesto que no, debió haberse esforzado más, haber luchado más por mantenerla a su lado. Era la segunda vez que dejaba que las separasen, ¿es que no había aprendido nada de la primera? Todo por un estúpido error borracha. Después de aquella noche se había sentido tan avergonzada por lo que había ocurrido entre ellas que no había sido capaz de mantener el contacto como debería.

Dos meses después de la partida de Dany, mientras estaban en medio del caos del Frameword, había recibido una carta en código que se resumía, básicamente, en que seguía con vida y había logrado localizar a su padre. Daisy había empezado varías cartas que no había llegado a terminar. Y luego el caos se había detonado, SHIELD se había destruido y luego… el vieja en el tiempo.

Simplemente no había tenido tiempo. O eso se decía a sí misma por las noches para sentirse mejor.

Porque estaba sola. Y ahora Coulson se estaba muriendo y Daisy no podía si quiera soportar la idea de pensar en ello. Coulson había sido la primera persona en creer en ella, Coulson había sido su mayor apoyo desde que se unió a SHIELD, Coulson se había convertido en el padre que nunca había tenido. Iba a morir y, si Fizt y Simmons tenían razón, no había nada que pudiese hacer para evitarlo.

Odiaba al universo por ello.

—¿Qué hay en la bolsa?

Siguió la mirada de Deke, que acababa de aparecer en la puerta de su habitación, hasta la bolsa de deporte que descansaba en el suelo.

—Mi madre. 

—Oh.

Si, era mejor no explicarlo.

—Me he enterado de lo que ha pasado, solo querría asegurarme de que estabas bien.

—He estado mejor —suspiró—. Es como si el universo tratase de recordarme que nunca debí volver del futuro. Además, algún raro ha puesto un montón de limones en mi cama, como si fuese una broma.

—Suena como algo típico de Fizt.

Si… tampoco estaba en un buen punto con Fizt. No era responsable de eso, al menos, no había sido ella quien había tenido un ataque psicótico, lo había atado a una camilla y lo había operado en contra de su voluntad. Había sido él.

Se miraron en un silencio incómodo unos segundos antes de que Deke se decidiese a volver a hablar. El chico del futuro era raro, a falta de una mejor palabra, pero podía ser… tierno, suponía, en algunas ocasiones.

—Mira, creo que estás justo donde debes estar. Yo, sin embargo, he vivido en el Faro toda mi vida solo para viajar en el tiempo al pasado y seguir pasando todos los días de mi vida viviendo dentro del Faro. Así que, incluso si Kasius se ha ido, es como si este lugar tuviese una correa que sigue trayéndome de vuelta.

—Yo me alegro que te hayas quedado. —Lo decía en serio—. Incluso si todo es una locura. 

—A lo mejor no es tan loco.

Trató de sonreír ante su intento de animarla pero tuvo la sensación de que no lo había logrado.

Deke se sentó a su lado en la cama, hecho un manojo de nervios.

—He estado intentando decirte algo desde que… ya sabes cuando me he acercado a ti…

—De verdad, no quieres hacerlo —cortó el rápido discurso de Deke—. Todos los que se acercan a mi terminan sufriendo o muriendo.

Era una verdad que llevaba tanto tiempo acumulándose en su pecho que se sintió increíblemente liberador decirlo por fin en voz alta.

—A mi también. Y por eso siento que tenemos tanto en común…

—Mi madre… Mi padre…

—No… ¡Lo sé!

—Dany…

Deke se detuvo al instante.

—¿Quién es Dany?

—Danka Schvets. Yo decidí llamarla Dany cuando éramos niñas porque siempre me decía que lo pronunciaba mal. Crecimos juntas, en el orfanato… y luego en otro. Luchó a nuestro lado, en SHIELD, durante años. Se marchó… Dijo que se marchaba para buscar a su padre, porque siempre quiso encontrarlo, pero en el fondo sé… —Respiró hondo y trató de coger aire—. Creo que siempre supe que ya no podía soportarlo más.

La pared lisa y carente de vida frente a ella había adquirido un interesante efecto hipnótico.

—Nos conocíamos desde que teníamos diez años; es la persona que mejor me conoce en este mundo y… No creo que nunca vuelva a ser lo mismo. La dejé ir. Justo cuando… —Una sonrisa irónica se formó en sus labios—. Solía quererla tanto que me dolía respirar cuando estaba cerca. Había pasado la mitad de mi vida enamorada de ella y la perdí justo cuando ella sentía lo mismo.

—Suena a que estabas muy enamorada de ella.

—Creo que sigo estándolo…

Decirlo en voz alta fue como formular un encantamiento; todo cobró sentido de golpe, la opresión de su pecho desapareció y su cabeza dejó de dar vueltas.

Porque, ahora que lo había dicho, no comprendía como alguna vez podía haber pensado lo contrario; como podía haber mirado a Dany y no haber deseado pasar cada segundo de cada por el resto de sus vidas con ella. Porque la quería tanto que no podía respirar, porque deseaba llamarla en ese momento y suplicarle que fuese a verla, que nunca más volviese a marcharse.

Y ni siquiera sabía dónde estaba o que estaría haciendo. ¿Se acordaría de ella? ¿Pensaría tan siquiera en ella alguna vez?  Quizás había pasado página, había reconstruido su vida fuera de SHIELD y había encontrado a alguien con quien compartirla. Por mucho que Dany lo mereciese, Daisy no podría soportarlo de descubrir que era así.

—Lo mas gracioso es que ella puede parar el tiempo y, aún así, yo sigo perdiéndolo. No debí haberla dejado ir.

—Pues… —Deke sacudió la cabeza—, no lo hagas.

Se volvió para mirarlo y le dirigió una pequeña sonrisa. Si, podía ser tierno en ocasiones… por muy idiota que fuese.

—Pero, perdona, ¿qué era eso que querías decirme?

Esperó en silencio mientras Deke la miraba fijamente.

—Yo solo… Resulta que Fiztsimmons son mis abuelos.

Espera, ¿qué?

—¡Si! ¡Lo sé! Es una locura, ¿verdad?

—Bueno… Quiero decir, tiene mucho sentido si lo piensas. Fizt y tú sois… —Se detuvo antes de terminar la frase— personas muy especiales.

Deke asintió con nerviosismo.

—Si, si… Solo quería decírtelo, para que no hiciese las cosas raras entre nosotros.

Frunció el ceño.

—¿Por qué haría las cosas raras entre nosotros? 

—Por ningún motivo. No. Por nada.

—Vale…

Era el tipo más raro al que había  conocido.  

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