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El viento soplaba con tranquilidad a través de la ventana de la habitación, parecía ser un cálido día soleado. Esto confundió a William, quien se suponía debía estar muerto; la caída desde la altura del puente seguramente era fatal, incluso si había agua debajo para amortiguar el golpe y Sherlock lo sostenía en un abrazo.
Sherlock... ¿Dónde estaba? ¿Había sobrevivido a la caída? Miró a su alrededor tratando de aclimatarse a la luz pero notó como algo le bloqueaba la vista de su ojo izquierdo, era un vendaje, empezó a removerlo con cuidado pero seguía sin ver una vez que lo quitó por completo. Podía parpadear sin problema, es decir que su globo ocular estaba intacto, pero no veía absolutamente nada. La piel alrededor a su ojo se sentía distinta, como una cicatriz extensa desde debajo del ojo hasta la ceja, considerando su textura dedujo que la pudo causar un objeto luego de la caída y por su estado ya debía tener algunos meses de haber ocurrido. Eso le daba al menos una ubicación cronológica, habían pasado algunos meses luego de aquella trágica noche.
Trató de restarle importancia a su ojo por el momento aunque realmente le incomodaba no tenerlo, pero primero debía saber dónde estaba y qué había sido de Sherlock.
Empezó por inspeccionar la habitación para hallar alguna respuesta, era pequeña pero bien iluminada, la cama era sencilla y había un ligero aroma a limpieza en el aire; fue entonces que divisó un banco cerca de donde se encontraba, por las marcas en el suelo de madera, había sido movido múltiples veces en su dirección, eso le dio cierto alivio, pues demostraba que alguien había estado pendiente de su condición, alguien cercano.
Sin más pistas se decidió por salir de la habitación, tomando en cuenta que llevaba algún tiempo en cama, era normal que sus extremidades hubieran perdido masa muscular y por lo tanto se sintieran débiles así que tendría que andar con cuidado, a eso sumado la pérdida de visión en uno de sus ojos. Le costó ponerse de pie pero se apoyó del pequeño banco al lado de la cama para avanzar hasta la puerta. Esta daba a un pasillo con muchas otras puertas y a la izquierda se veía a una joven acercarse.
—Veo que al fin se ha despertado— dijo la joven sonriente, por su uniforme era evidente que se dedicaba a la enfermería—. No debería estar caminando por su cuenta aún, déjeme ayudarle.
Estaba en un hospital, aparentemente en Estados Unidos por el acento de la enfermera. La chica lo ayudó a caminar a pesar de que William hubiera preferido caminar con la ayuda de un bastón, pues era similar al que usaba antes para disimular su espada, se aseguraría de preguntarle por uno luego.
—Tómese su tiempo, sufrió un golpe fuerte que lo dejó en coma por 5 meses, además de otra lesión en el ojo que le causó un glaucoma, razón por la que su ojo izquierdo ha quedado ciego. Debe acostumbrarse a navegar con un solo ojo de ahora en adelante. —explicó la enfermera.
—Eso noto, gracias por la ayuda.
—El señor Holmes estará feliz de verle, ha estado pendiente de usted desde que fue internado.
Fue un alivio escuchar que Sherlock estuviera bien, una parte de William incluso se alegró de saber que fuera él quien estuvo tan pendiente a su estado pero al mismo tiempo le hacía preguntarse ¿por qué? Había sido responsable de tantas muertes y era el peor demonio ante los ojos de Inglaterra, no se sentía digno de siquiera seguir viviendo, el dolor era demasiado para seguir adelante pero aun así ahí estaba Sherlock, viéndolo como un amigo y estando a su lado a la espera de su despertar.
Por estar tan metido en sus pensamientos no prestó mucha atención y su pierna le flaqueó, haciendo a la enfermera dudar de su condición física.
—¿Desea que le traiga una silla o un bastón para que pueda apoyarse mejor? Su cuerpo no se ha recuperado por completo.
—Un bastón sería de gran ayuda, gracias.
La joven lo dejó sentado en una silla de lo que parecía ser la sala común del hospital, estaba algo vacía, con solo unas cuantas personas reunidas charlando. A los pocos segundos regresó con un bastón de madera y se lo entregó, diciéndole que si necesitaba algo más no dudara en pedírselo.
William se sentía abrumado, había estado en coma por meses, perdió la vista en uno de sus ojos y ahora se encontraba en un continente al otro lado del mar. Eso le hacía preguntarse cómo estarían sus hermanos y el resto en Inglaterra, seguramente habrían salido adelante, pero ese pensamiento le generó una nueva duda por encima del resto ¿Y ahora qué haría? Nunca imaginó seguir viviendo luego de finalizar el plan para el cual trabajó toda su vida, intentó darle algunas vueltas al asunto pero no conseguía dar con una respuesta, su cabeza estaba mareada por tantas preguntas y se sentía perdido, necesitaba algo de aire fresco.
Le tomó un buen tiempo llegar a la azotea del edificio, tuvo que subir una escalera después de todo, pero realmente necesitaba un lugar donde poner en orden sus pensamientos. La azotea del hospital se utilizaba principalmente como tendedero de ropa y el ver como danzaban las sábanas con la brisa le transmitió un sentimiento de serenidad que agradecía. Entre tantas sábanas había un banco con vista hacia la ciudad, así que tomó asiento en él.
William pensaba que una existencia posterior al Problema Final estaría plagada de más sufrimiento del que ya sentía, pero falló en lograr su cometido y ahora estaba vivo sin saber muy bien qué hacer. Aquella noche se sentía distante pero aún recordaba las palabras de Sherlock, quien estuvo a su lado. Desde su perspectiva, William estaba escogiendo el camino más fácil con tal de escapar del sufrimiento, en ese momento sus palabras lo dejaron en una breve encrucijada la cual ignoró porque se acababa el tiempo y el show debía terminar, pero ahora era distinto, tenía todo el tiempo a su disposición.
Entonces ¿Era esa la verdadera razón? No, se suponía que la razón era el demonio en que se había convertido, el último que quedaba en la tierra y por ende, merecía morir para pagar por sus pecados. Pero si eso era la verdad, entonces ¿Sherlock se había equivocado? Es cierto que como cualquier persona, es posible que cometa errores pero ¿El hombre más brillante que había conocido, se habría alejado tanto de la verdad? No podía ser eso, William siempre había tenido a Sherlock en una alta estima de sus capacidades y sabía que, aunque el hombre podía ser algo terco una vez que tenía algo en mente, nunca iría tras una idea sin fundamento. No, Sherlock era demasiado listo y había ido esa noche como su amigo, alguien que lo conocía lo suficiente como para saber que escondía todo su dolor bajo la fachada de su alter ego, incluso si jamás se lo había hecho saber a nadie, quizás incluso ni él mismo quería aceptarlo y por eso intentó justificar su muerte como una manera de escapar no solo a sus demonios internos sino también a las verdades que no quería admitir.
Y basándose en eso salieron más argumentos que no había pensado, como que al estar tan cegado por su sufrimiento no pensó en el de sus hermanos y equipo, quienes seguro también sufrían en silencio al verlo tomar responsabilidad por todos, pero siendo incapaces de expresar lo que sentían. Así como también que se estancó en intentar apartar la mirada de los pecados que lo atormentaban, en vez de hacerles frente y tomar responsabilidad por sus acciones, de modo que realmente pudiera expiar sus pecados.
Al final el detective tenía razón, si realmente quería expiar sus pecados, la mejor forma de hacerlo era elegir el camino más difícil y en su caso, ese camino era seguir viviendo y abstenerse a las consecuencias de hacerlo por más duro que fuese. A pesar de esto, William se sentía afortunado de tener a un amigo como Sherlock a su lado, pues fue gracias a él que pudo ver la verdad de la que tanto trataba de escapar.
Siguió pensando un tiempo hasta que el sonido de una puerta abriéndose y unos pasos lo interrumpieron. Los pasos se acercaban cada vez más hasta que llegaron al banco y reconoció la llegada de Sherlock al tomar asiento a su derecha en el banco. Estuvieron unos minutos disfrutando de la compañía del otro sin cruzar palabra hasta que Sherlock decidió empezar.
—Gracias Liam.
—No, soy yo quien debería agradecerte Sherly. Tú me salvaste la vida y me hiciste ver la verdad tras mis acciones, sólo quería una salida fácil para dejar de sufrir pero esa no era la forma correcta de expiarme. Ahora me doy cuenta y gracias a tu compañía lo comprendo realmente.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Sherlock al escuchar esas palabras, era un verdadero alivio saber que William había escogido vivir al final de todo, tenía una segunda oportunidad de hacerlo en sus manos y se aseguraría de estar ahí para apoyarlo.
—La verdad es que no esperaba que mi historia tuviese una continuación, así que todo esto se siente como tener un lienzo en blanco en frente. No sé qué hacer ahora o cómo pintar ese lienzo y siendo honesto me siento perdido en medio de todo esto. —mientras hablaba, la mirada de William parecía divagar entre los edificios de la ciudad, tenían un brillo particular que captaba su atención, como si buscara algo en ellos—. Lo único de lo que estoy seguro ahora es que estoy feliz de estar contigo. Desde que te conocí sentí como si mi mundo cambiara y cuando me salvaste pude ver colores a mi alrededor, fue como ver un mundo completamente nuevo que quería disfrutar por mi propia cuenta. El mundo es realmente hermoso—expresó mientras una lágrima bajaba por su mejilla silenciosamente.
—Liam, incluso si pensabas que un mañana no llegaría para ti, aquí está, y es mejor que esté en blanco porque así podrás pintarlo como quieras—dijo mientras se volteaba a ver a William a los ojos—. Algunos días te traerán tormentas pero cuando las preocupaciones te abandonen darás con la respuesta, y estoy seguro de que será perfecta. Sé que podrá ser difícil pero estaré ahí para ti durante todo el proceso.
Sherlock se quedó viendo la ciudad un momento antes de agacharse frente a William para llamar su atención a lo que iba a decirle.
—El simple hecho de que estés intentando dar un paso hacia adelante, significa que en algún momento ese paso te llevará a la respuesta con la que pintar tu futuro. No desconfíes de tu propia voluntad.
Aquello desprendió una sonrisa en William, una sonrisa más que nada de plenitud. Realmente era afortunado de tener una segunda oportunidad de vivir y tener a Sherlock junto a él durante la travesía para encontrarle un nuevo propósito a su vida. Aún era muy pronto, pero sabía que inspiraría una respuesta en algún rincón de ese mundo que ahora veía de una forma completamente distinta.
—Te lo agradezco, Sherly.
