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-¿De cuánto tiempo hablas, más o menos?
Aunque alguien pudiese decir lo contrario- alguien que no lo conociese bien o alguien de su familia, donde aquello era normal y prácticamente obligatorio-, Daniel Williams no era un cotilla. No le interesaba enterarse de los asuntos personales de los demás salvo que ellos mismos quisieran contárselos, y no obligaba a nadie a decirle cosas que no quisiese a no ser que se tratase de un interrogatorio.
Por eso mismo, sabía que debía hacer algún tipo de ruido para alertar a los primos de que estaba ahí, o apartarse sin escuchar lo que decían, pero algo en sus expresiones hizo que se quedase.
-Pues no lo sé. Puede ser un mes, o pueden ser tres. Pero está claro que muy poco- decía Chin
-¡Pero es injusto! ¡Es muy joven aún!
-Sabes que eso no tiene nada que ver
-Ya, pero no es justo. No quiero pensar que dentro de poco Steve ya no estará.
Danny tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no caerse ahí mismo. ¿Steve? ¿Estaban hablando de Steve?
-¿Lo sabe alguien?
Chin negó con la cabeza.
-Ni siquiera su familia. No ha querido que nadie se enterase para no ser tratado de forma diferente.
Danny comenzó a hiperventilar. Necesitaba aire.
Dejó los informes en la mesa multimedia del cuartel general y se dirigió a la salida. En su premura, no se percató de que Steve venía hacia él, resultando el encuentro en una colisión entre los dos amigos.
-Eeeehh, Danno. ¿Dónde está el fuego?- quiso saber el marine estabilizando a su compañero con las manos.
El rubio simplemente le dirigió una mirada llena de angustia antes de salir rápidamente de ahí.
-¿Danny? ¡Danny!
El SEAL negó con la cabeza y se dirigió a su oficina. Vio a Chin y a Kono charlando en su oficina y los informes que el detective había depositado sobre la mesa. Los cogió y se puso a trabajar.
Mientras, Danny pasaba en tiempo récord por las cinco fases del duelo:
Negación: Porque no podía ser. No podía tratarse de Steve. El marine no podía estar muriéndose.
Ira: Porque, si algo le ocurría, Danny debería ser el primero en enterarse, eso era lo que hacían los amigos. Se apoyaban mutuamente.
Negociación: No había nada que negociar. Steve no se podía ir, tenía que haber una solución. Pero ahora mismo él tenía que ser el fuerte. Si el marine no había dicho nada, era por algo.
Dolor: Y vaya si dolía, porque, después de Grace y Charlie, Steve era lo que hacía que su vida en Hawái tuviese sentido, y sin él… Dios, no quería ni pensar en su vida sin el marine…
Aceptación: No sabía cuánto tiempo le quedaba a Steve. Por lo que había entendido a los primos, nadie lo podía decir con seguridad, así que al menos intentaría disfrutar ese tiempo con él, y ayudarle a que fuese inolvidable.
El detective tomó una resolución y avisó al resto de su equipo de que se tomaría unas horas libres.
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-Hola, babe.
Steve levantó la mirada del ordenador, felicitándose por haber sido lo suficientemente rápido cerrando el buscaminas como para que el rubio no se diese cuenta de que no estaba cubriendo informes. Le sorprendió la sonrisa relajada de su amigo, especialmente teniendo en cuenta el estado en que lo había encontrado aquella mañana. El rubio no había querido contarle qué era lo que le había afectado tanto cuando hablaron por teléfono, pero al menos le había asegurado que no tenía nada que ver con Grace y Charlie, que los niños estaban perfectamente, así que el marine se quedó un poco más tranquilo.
-¿A qué viene esa sonrisa?
Danny tiró los billetes de avión delante del teclado.
-¿Francia?
-Dijiste que nunca habías estado.
-Es cierto, nunca. Pero… ¡Este avión sale mañana, Danny!
-¿Tenías algo que hacer?
-No puedo… no podemos irnos así, sin más.
-No tienes que ir conmigo. Puedes ir con quien tú quieras. Que yo te haga el regalo no significa que tengas que aguantar mi compañía si no quieres. Tal vez tengas a alguien en mente con quien prefieras ir allí.
Steve le miró como si le hubiese salido una tercera cabeza. ¿Cómo podía el rubio si quiera pensar que preferiría la compañía de cualquier otra persona?
-No es eso, Danny. Claro que nos vamos a ir los dos juntos- Steve examinó los billetes y las reservas de hotel. Aquel viaje había tenido que costarle un ojo de la cara al detective y se preguntaba cómo había hecho para pagarlo y, lo más importante, por qué había organizado un viaje tan de repente.
-Entonces no hay más que hablar. Ya he arreglado todo con el gobernador.
-¿Y se puede saber qué celebramos?- ahora el SEAL no podía contener la sonrisa que asomaba a su rostro y que, a juzgar por la expresión de ternura que le dirigía el rubio, era contagiosa.
-Nada. Simplemente he pensado que te vendrían bien unas vacaciones y ahora es una buena época. Hará frío, pero los precios no están tan disparados como en otros momentos y, francamente, comparado con Hawái, hasta en pleno mes de agosto haría más frío que aquí, así que, al menos, desempolvaré mi ropa de abrigo.
Steve no dejaba de sonreír mientras ojeaba los papeles que tenía entre las manos. Tres días en París y dos en Versalles. Danny tenía que haber pagado una fortuna.
Ahora mismo, el marine tenía ganas de besar al rubio, pero se conformó con darle un abrazo.
-Gracias, Danny. No tienes ni idea de lo mucho que esto significa para mí.
Notó cómo el detective le aferraba con fuerza, como si no quisiese dejarlo escapar, pero achacó aquello al carácter del rubio más que a cualquier otra cosa.
