Work Text:
"Puedes lanzarle dardos todo lo que quieras. Seguirá siendo una foto mía en tu pared."
Fueron las palabras de la pelirroja, palabras que resonaban en la mente de Trevor sin perder ni una pizca de su tono burlón, rememorando su sonrisa y su mirada brillante. Incluso recordaba la carcajada de Alucard justo después de eso, burlándose de él cuando se suponía que estaba de su lado, aunque claramente ninguno estaba del lado de nadie pues ninguno se soportaba.
Desgraciadamente, las palabras de la mujer volvieron a su mente mientras arrojaba un dardo por mera costumbre. Hacia el frente, la pared de enfrente a su cama, justamente la pared que veía cada que se despertaba todas las mañanas... donde estaba la foto de Sypha con una enorme sonrisa de felicidad. No importa si los extremos estaban rasgados y tenía un par de rayones hechos con marcador, seguía siendo ella.
"Maldita sea..." murmuró restregándose la cara con la mano.
Tal vez era la ebriedad que tanto lo caracterizaba cuando podía estar solo en el dormitorio, pero ahora solo y arrinconado con sus propios pensamientos se vió obligado a pensar en algo... y no tuvo mejor idea que comparar la obsesión. ¿Quienes se obsesionaban tanto? claramente, la gente que se odia... y la gente que se ama. Probablemente por eso se decía que del odio al amor hay un solo paso, pues la obsesión que acarrea el amor y el odio son muy similares.
Tener en la mira a alguien siempre, demostrar todo de ti ante esa persona, ya fuese para intimidar o para impresionar... era lo mismo. Y Sypha había estado siguiéndole la corriente desde el primer semestre en ese juego de tira y afloja, sonriendo y molestando, mientras que él le refunfuñaba y la llamaba de formas horribles a regaña dientes.
Posiblemente, y solo posiblemente, se había estado creando una enemistad que no existía, y si lo pensaba bien, Sypha siempre lo ayudaba cuando se dejaba ver vulnerable, más que todo ayudando a Alucard que era el primero en ver cuando estaba mal.
Ella no tenía ninguna responsabilidad ni beneficio, pero aún así lo hacía con una enorme sonrisa y burlándose cuando la situación no era muy grave.
"Ya mejor pídele una cita." Alucard lo sacó de sus pensamientos mientras se acostaba en su cama.
Trevor no tenía ni idea de cuando regresó al dormitorio, pero era como si el rubio supiera lo que él estaba pensando... y tal vez, solo tal vez, le haría caso. Pero después de clases.
