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Soñaba, él siempre lo hacía.
Y cada sueño era diferente. En uno era un temido general que nunca ha perdido una batalla. En otro era un florista que adoraba las plantas. También ha sido un artista que solía dibujar todo lo que amaba. En los sueños ha sido demasiadas cosas. Sin embargo, en cada sueño se veía triste, melancólico como si le faltara algo o alguien. Siempre solía mirar el horizonte a la espera de una pequeña esperanza que le devuelva las ganas de vivir. Se sentía solo, pequeño y desprotegido. Odiaba esa sensación.
Por esa razón, todas las mañanas despertaba sintiéndose roto y tardaba en volver a la normalidad, eso arruinaba su rutina, por eso odiaba soñar, ya que él tiene una vida demasiado monótona, todo estaba planificado desde el inicio. Despertarse a las 6 de la mañana, hacer un poco de ejercicio hasta las 8, después cambiarse, comer y salir a su clase a las 10. Todos los días era la misma rutina y eso le agradaba. Sin nada de cambios siempre teniendo el mismo flujo, la misma vida.
Caminaba por las calles que se encontraban concurridas, todas las mañanas era igual, y también observaba a las mismas personas de siempre. Al señor barbudo que sale de la cafetería con un café y galletas, a la mujer que adora vestir ropa colorida, a los niños gemelos que gritaban mientras jugaban a las atrapadas de manera extraña, a la señora de ceño fruncido que parece odiar la vida y la vieja librería donde se encontraban todo tipo de libros, revistas, cómics, etc. Todo seguía siendo igual, sin ningún cambio.
Llega a su universidad y camina de manera tranquila, tomando los mismos caminos para llegar a su salón. Sin embargo, algo salió diferente. Un pequeño chico de cabellos anaranjados chocó con él y regó algo de jugo en su ropa.
Él se quedó inmóvil sin saber qué hacer. En cambio, el joven se disculpaba y trataba de quitarle la mancha que hizo, aunque eso solo lo empeoraba.
—¡Lo siento, lo siento, lo siento! —gritaba de manera rápida y constante.
Sin embargo, él no se movía, algo había salido de su rutina y se sentía extraño. Como si esto ya hubiera pasado. Tuvo un pequeño déjà vu.
—Está bien —solo pudo decir eso y siguió su camino. Dejando al pobre chico con un sentimiento de culpabilidad.
Se sentía nervioso, necesitaba volver a su rutina de siempre. No le importaba la mancha que tenía en su saco, solo le importaba volver a la normalidad, sin sucesos extraños, ni personas desconocidas; solo él siguiendo los mismos pasos de siempre.
Algo que odiaba Kageyama Tobio era que su rutina se viera afectada y tuviera que cambiar toda su agenda por un pequeño suceso.
