Actions

Work Header

Poetica

Summary:

Law tiene problemas para dormir y Luffy lo descubre en plena crisis existencial.

Notes:

inspirado en Poetica de Cesare Cremonini.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Despertó entre las sábanas y almohadas de su amante, solo y a la deriva de la fría mañana que cubría las afueras de su distrito, extasiado.

Monkey D. Luffy enloqueció con el vacío en la cama y evocó con claridad al hombre que había estado recostado a su lado hace tan solo unas horas atrás. Recordó la calidez de sus manos al abrazarlo contra su pecho, la armonía de sus latidos arrullarle y la humedad de su boca besarle el rostro, mientras sus respiraciones se unificaban hasta sentirse como una sola. Recordó sus tatuajes, cubriéndole la piel, detalló su expresión al profesar cariño, y se perdió un instante en la profunda devoción que sentía por él.

Recordaba tan vívidamente a Trafalgar Law que, sencillamente, no podía evitar extrañarlo.

Se deshizo de las sábanas y andó por los pasillos. No le importó el frío que calaba sus huesos a falta del sol, ni se detuvo a buscar sus prendas más allá de la camiseta oversize que hurtó del armario de Law. Atravesó la densa oscuridad y lo buscó en cada puerta que se le cruzó, sin éxito.

La inquietud perturbó la paz de su mente y un mal presentimiento hizo doler su pecho. Por cada segundo que pasaba sin él, más doloroso el sentimiento se volvió. Necesitaba encontrarlo.

Recorrió la mansión con desespero, odiando haber cedido al capricho de Law por comprar un lugar tan amplio para los dos y, al cabo de un planeta colapsando con otro, lo encontró en el baño más alejado de la recámara que compartían. Un suspiro de alivio se escapó de entre sus labios al abrir la puerta.

Allí, encontró al hombre mayor en la tina del baño, en completo silencio y con las luces apagadas, siendo los faroles externos que se filtraban por el gran ventanal su única fuente de luz. La calma volvió al cuerpo de Luffy.

No hubo necesidad de llamarlo para captar su atención. Apenas tiró del pomo de la puerta, Law advirtió de su llegada, yendo a su encuentro. Sus ojos al fin se cruzaron. El silencio reinó y Luffy dudó de querer romperlo. Permaneció de pie en su sitio, ansioso, debatiendo mentalmente qué hacer a continuación.

Su hilo de pensamientos, sin embargo, se vio interrumpido por el propio Law.

—¿Me odiarías si te pido que te vayas? —fue lo primero que pronunció en las horas que llevaba a solas, su voz ronca y áspera, disimulando el temblor de su cuerpo.

Luffy no apartó la mirada, ni se dejó intimidar. Si era honesto consigo mismo, la petición lo descolocó por un instante. Sólo un instante. 

—No tanto como tú me odiarás si decidió quedarme —y aún así, decidió seguir a su lado.

—Luffy… —comenzó, pero el otro no le permitió seguir.

Querer a Law no era difícil. El chico era fascinante a los ojos del menor y se encontraba objeto de su absoluto interés, cosa que no se lograba a menudo. Quererlo, incluso adorarlo, nunca fue la cuestión, sino que se dejara querer.

De pronto, Luffy soltó el pomo de la puerta y se dirigió a la tina. Se hizo un espacio entre las piernas de Law, frente a él, y se sumergió importándole poco que el agua se desbordara o su camisa se mojara. Ni siquiera reparó en el hecho de que el agua estaba helada. En ese momento, sólo necesitaba verle el rostro y adorarlo en silencio.

Notó las ojeras bajo sus ojos, la tristeza que reflejaban los mismos, y la rojez de su nariz que delató su llanto. Algo en su pecho dolió ante la vulnerabilidad que exponía su amante, pero se contuvo de abrumarlo con ello que no comprendía. Lo adoró con tanta vehemencia que se forzó a mantener la distancia, o de lo contrario perdería la cordura.

—Vuelve a dormir —le susurró Law, pasible. Fue como una bomba de tiempo a nada de explotar.

Luffy abrazó sus piernas, antes de negar.

—No puedo ahora que sospecho que te escabulles por las noches —confesó, un atisbo de molestia implícito en su voz—. ¿Hace cuanto me abandonas, Torao?

—No podría abandonarte —le aclaró, una sonrisa ladina apenas siendo visible en sus labios para transmitirle calma. O por lo menos, Luffy decidió creerlo así—, ni aunque me lo pidieras.

La tina era lo suficientemente espaciosa para ambos y aún así, actuaban como si no. Sus pieles se rozaban, el gélido contacto de sus cuerpos provocaba escalofríos por su columna vertebral, y erizaba su vello.

— Entonces ¿por qué desperté solo? —reclamó, la idea de que esta no fuera la primera vez se instaló amargamente en su cabeza, y por supuesto no lo dejaría ir.

—No quise despertarte —se excusó, quizás en vano. Luffy sabía que mentía.

Law amaba su soledad o se convenció de ello. Llevaba tanto tiempo solo, sin nadie que lo cuidara u ocupase de él, que ya ni siquiera distinguía la realidad de su propia mentira.

Luffy no respondió. En cambio, se puso a jugar con el agua, creando ondas entre ellos. No importaba la desnudez de su cuerpo, cuando era la exposición de su alma lo que anhelaba obtener. Sin embargo, Luffy no lo presionaría por mucho que quisiera, pues sabía que debía esperar a que Law decidiera hablar.

—Te resfriaras —dijo en cambio Law, al cabo de unos minutos—. Si te enfermas, no podrás salir con tus amigos.

—No importa.

—Luffy.

—Torao.

—No estoy jugando.

—Pero aún así, te quiero.

Se paralizó por un instante. Luffy lo quería, con defectos e inseguridades, de verdad lo quería, aunque a su mente le costara comprenderlo. Entonces, la risa de Law resonó por la habitación, ronca, casi electrizante, robándole el aliento.

Vio su error. Intentó darle órdenes a Luffy, tratándolo como el niño que ya no era y fracasando eminentemente. Intentó lo imposible y se molestó consigo mismo, se molestó porque era aquello que Luffy no toleraba y la razón principal por la que huyó de casa meses atrás. Law no quería perderlo también, y desistió al momento en que lo entendió.

—Eso es trampa, ¿lo sabes? —reclamó en broma, pues no tenía la capacidad moral de ir en serio.

—¿Significa que puedo quedarme? —sus ojos centellearon. No había sorna en su tono y eso enloqueció a Law: la pureza con la que Luffy preguntó, esperanzado.

Y supo, joder que sí, que jamás le podría negar algo.

—Como quieras —pero Luffy no tenía porqué saberlo.

Luffy no necesitó más. Ahora que contaba con su permiso, se acercó cauteloso hasta él, giró sobre su propio eje y, sin darle tiempo a reaccionar, dejó caer su espalda contra el pecho desnudo del mayor, tomando sus brazos y obligándole a rodear su propio cuerpo. Law se dejó hacer.

—Estás frío —se quejó Luffy, haciendo un puchero.

—Tú eres invasivo, ¿y me ves quejándome? —replicó Law, mientras se acomodaba para abrazarlo mejor.

A Law no le gustaba el contacto físico. Y sin embargo, se acurrucó más contra el cuerpo de Luffy porque se estaba volviendo adicto al calor que emanaba.

— ¿Hace cuánto me abandonas? —Luffy decidió volver a preguntar, esta vez trazando con sus dedos los tatuajes en los brazos de su amante.

Por más que quiso posponerlo, Trafalgar Law supo que era hora de abrirse ante él, de exponer su vulnerabilidad al hombre que lo adoró sin dudar, aún cuando su situación gritaba peligro. Por eso, cedió antes de siquiera negarse, respirando hondo para poder dar un paso hacia él.

—Despierto en ocasiones, agitado y cubierto de sudor —confesó, su tono suave—. A veces hay noches difíciles en las que volver a dormir me es imposible, entonces es cuando decido tomar una larga ducha antes de volver a tu lado.

En pocas palabras, las pesadillas eran habituales para Law. Perturbaban a mitad de la noche su sueño y le abofeteaban con fuerza hasta darle una buena paliza, dejándolo insomne por largas horas hasta el amanecer. No era sencillo.

Sin embargo, de entre miles de dudas que surgieron, Luffy optó por la más simple.

—¿Me observas dormir? —preguntó con curiosidad latente.

Law no pudo evitar bufar una risita. Por supuesto eso era todo lo que realmente le importaba.

—Sí, y eres un desastre —afirmó, mientras evocaba la imagen de su amante babeando su almohada, y posicionándose en las formas más raras que su cuerpo le permitiera. Aquello le arrancó una sonrisa genuina, que agradeció Luffy no pudiera ver.

Luffy levantó la cabeza, sus ojos se iluminaron con orgullo, y rió; tan ruidoso y meloso como sólo él sabía reír.

—Entonces, despiértame la próxima vez —sugirió, removiendose más contra él.

Law se aferró al torso ajeno y apoyó su barbilla en el espacio cuello-hombro de Luffy, aspirando su aroma.

—Tal vez lo haga —cedió.

Al cabo de los segundos, la textura de la camisa ciñéndosele al cuerpo mojado le fastidió y buscó sacársela de encima. No hubo resistencia, Luffy levantó los brazos dócilmente para pasarla por su cabeza, y Law la arrojó por ahí, descubriendo en el proceso que era suya. No importó. Ahora que la piel de Luffy hizo contacto directo con la suya, se sintió completo, como si eso fuera lo que le hacía falta para volver a respirar.

Después, lavó el cabello de Luffy, mojándolo antes de tallarlo, para evitar que se resfriara. Enjabonó su cuerpo con tanta delicadeza y le enjuagó con el agua tibia que corrió del grifo. En pocos minutos lo aseó, Luffy dejándose hacer a su antojo y con los ojos cerrados, disfrutándolo. Ambos salieron de la tina. Se cubrieron de toallas y partieron a la habitación que compartían.

Eran alrededor de las cuatro de la mañana cuando los dos terminaron envueltos en sus sábanas, ambos limpios y frescos. Luffy lo envolvió en un gran abrazo de oso, y Law enterró la cara en la calidez del pecho ajeno.

Luffy olía a vainilla y era tan dulce como el café que Law amaba beber, mientras que Law resultaba fresco, como la brisa salada que azotaba las costas en las que Luffy amaba tanto pasar tiempo. Se aferraron al otro. La paz colmando su pecho y abasteciendo su mente hasta alcanzar la ataraxia. Se amaban con devoción, pero ninguno lo diría, no por miedo o inseguridad, sino porque no hacía falta.

Desde el inicio, se entregaron completa y vehementemente al otro, sin importar las adversidades. El miedo, como factor primario, podría traer consigo todas las emociones negativas del ser humano que pudiese destruir su alma, mas ninguno lo quería así. Fue el amor, por su parte, quien sanó sus heridas y besó con delicadeza cada cicatriz.

Estaban rotos. A pedazos disparejos y de formas inimaginables, de alguna manera acoplándose entre sí.

Si había alguien hecho para Monkey D. Luffy, ese era Trafalgar Law y viceversa. Juntos.

Cayeron rendidos a la oscuridad de la noche, que tampoco duraría tanto, a la expectativa de un nuevo amanecer. Law no había notado lo cansado que estaba hasta ese momento, ni remedió en todas las preocupaciones que solían acechar a su mente, encontrando a Luffy una almohada muy cómoda que logró inducirlo a la somnolencia.

Esa noche fue crucial. Porque entonces, el pensar rendirse ante la magnitud de las olas dejó de parecer una opción viable y, en su lugar, la idea de navegar con Luffy a través de ellas le pareció sumamente atractiva, casi emocionante.

Incluso si a ninguno les parecía poético.

 

Notes:

La idea era que fuera algo íntimo, sin la necesidad de tener intimidad. Quedaron muchas cuestiones pendientes, pero el objetivo de alcanzar la melancolía y el amor de este par, se logró; quizás en algún futuro veamos más.

Muchas gracias por haber leído este pequeño y significativo one shot ♡