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Español
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2024-05-16
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Querida rosa

Summary:

Seonghwa comete el gran error de enamorarse de su cliente favorito sin saber el sufrimiento que le traerá esto.

Pero, el principito estaba dispuesto a dar su vida por su rosa sin pensarlo dos veces.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Finalmente, después de años rogando a su madre con ojitos de cachorrito, demostrando de distintas maneras su valía. La codiciada florería le fue concedida a su nombre.

Después de estar toda una vida rogando, junto al ansiado descanso en el retiro de su mamá, había cumplido su más grande sueño.

Recordaba como desde pequeño se colaba en la tienda a completas escondida. El recuerdo vivo de sus pequeñas manitos ordenando lo que su madre había organizado con anterioridad.

Y hoy, era él quién abría por la mañana. Por fin tenía el privilegio de dar vuelta el cartel que colgaba en el vitral de la puerta.

Se prometió a sí mismo, no decepcionar a nadie.

 


 

Hongjoong se levantaba todas las mañanas abandonando su ánimo entre sus sábanas. Con pasos pesados caminaba a través de su departamento arrastrando sus pantuflas por el piso de madera. La misma rutina todos los días.

Bajaba las escaleras de su viejo edificio y juntaba las fuerzas para caminar hasta su universidad durante veinte minutos. Abandonaba la estructura junto a un suspiro liberando algo de su pesar.

Afortunadamente, a mitad de camino encontraba lo que se había convertido en su batería matutina desde hace unos meses.

Se dirigió a la pequeña tienda como en cada mañana. Un pequeño detalle captó su atención, los característicos carteles que anunciaban las ofertas del día tenían una caligrafía distinta a la habitual. Sonrió ante los nuevos dibujitos que decoraban los pizarrones, adorable.

Su fría mano agarró la manilla dorada de la puerta y la abrió. Inmediatamente se sintió aliviado gracias al exquisito aroma del lugar, recordó que estaba vivo.

Esperó ver a la tierna mujer detrás de la caja pero para su sorpresa aquel lugar lo ocupaba un chico. Parecía tener la misma edad que él, pero era más alto. 

Increíblemente lindo, capaz de camuflar su aura con las que emanaban las flores de la tienda.

Pero aún no había notado su presencia dentro, estaba demasiado ocupado ordenando papeles y escribiendo en ellos.

 

– Disculpa. – Hongjoong llamó tímidamente un poco incómodo con el cambio de rutina.

 

Seonghwa levantó su vista junto a su cabeza rápidamente haciendo que su cabello se moviera tiernamente en el aire. Hizo contacto visual con Hongjoong y le sonrió ampliamente.

 

– Bienvenido, ¿puedo ayudarte?

– Quiero.. – su rasgo tímido se estaba haciendo presente. – Quiero una rosa, de esas que vienen solitas.

– Bueno, bueno. – Seonghwa habló suave reconociendo la vergüenza del contrario. – ¿Algún color en específico?

– Roja está bien.

 

El dueño de la tienda se paró de su asiento y caminó hasta un balde de metal donde se encontraban apretadas las rosas. Las rojas eran las más abundantes puesto que eran las más populares, como lo ha sido durante toda la historia de la humanidad.

 

– Por cierto. – Hongjoong aprovechó que Seonghwa le estaba dando la espalda. – Me llamo Hongjoong, vengo todos los días. – carraspeó si garganta aún siendo presa de la vergüenza. – Normalmente hay una mujer acá, ¿pasó algo con ella?

 

La cara de preocupación de su cliente le pareció incluso divertida. Como si su madre no estuviera en ese mismo momento tirada en un sillón viendo alguna de sus telenovelas turcas.

 

– Oh, Hongjoong. – con cuidado retiró la rosa desde su cubo y caminó nuevamente a su escritorio con la flor en la mano. – Ella es mi mamá y no, no le pasó nada. Gracias por la preocupación.

 

El más alto buscó por debajo del mostrador moviendo algunas cajas. Apoyó en la superficie de la mesa unas cintas y papel transparente asustando un poco a su cliente puesto que no era lo habitual.

Normalmente se llevaba la flor en un pequeño estuche de papel que dejaba solo a la vista sus pétalos carmesí.

 

– Si es verdad lo que dices, Hongjoong, nos veremos todos los días. Soy Seonghwa y soy el nuevo dueño de la tienda. – subió su cuerpo hasta volver a sentarse en su silla. – Y eres, en teoría, mi primer cliente.

 

Estiró el papel sobre la madera y apoyó la rosa al centro de este. 

 

– Te haré un pequeño regalo por ello, ¿está bien?

 

Hongjoong aceptó con solo un movimiento en su cabeza y se limitó a observar al florerista armar un lindo ramo con el papel.

El cliente se retiró feliz de la tienda, tomó una fotografía de su arreglo y emprendió nuevamente su camino a la universidad.

Mientras tanto, Seonghwa deseaba machacar sus manos en un pánico de vergüenza pura al pensar que su pequeño detalle había quedado desastroso.

Cosas de novatos, espera.

 


 

Ya había pasado una semana desde que Seonghwa había tomado las riendas de la tienda.

Y sí, Hongjoong cumplía lo que dijo el primer día. Pasaba todas las mañanas a comprar una rosa.

Seonghwa, adorando la idea de tener un cliente habitual, se tomaba el tiempo de armarle pequeños ramos todos los días.

Poco a poco se volvieron capaces de mantener una conversación durante esos momentos que el dueño de la tienda batallaba con los coloridos listones y sus molestos lazos.

 

– Hongjoong, ¿es muy entrometido si pregunto?

– ¿Qué cosa?

– ¿Por qué haces esto todos los días?

 

El más bajo apretó sus labios cuando sintió sus mejillas arder rápidamente. Fue peor aún cuando el contrario se rió observando su vergonzosa mueca.

 

– Es lindo que te gusten las flores, tranquilo.

 

El florerista sonrió cuando su única respuesta fue el silencio. Su cliente era realmente bonito.

La vergüenza traspasada obviamente a las sonrojadas mejillas del más bajito. 

 


 

– Hongjoong. – sonrió Seonghwa cuando el nombrado abrió la puerta de su tienda.

 

Desde hace un mes que se veían todos los días a excepción de los domingos. Durante ese día, Hongjoong no tenía que ir a la universidad y Seonghwa solo abría durante la tarde.

A menos que el universitario fuera solamente a visitarlo y sacarle conversaciones pequeñas.

Los días que no ocurría eso, Seonghwa se la pasaba en su cama dando vueltas esperando al día siguiente para poder verlo.

Amaba su rutina, adoraba su trabajo y le había agarrado cariño a Hongjoong.

 

– Mhm.. ¿Tienes rosas? – bromeó y dejó caer una tierna risa cuando el dueño rodó los ojos.

 

Seonghwa siempre tendría rosas para Hongjoong y siempre serían las más lindas.

Fue durante esos días que el florerista empezó a darse cuenta que su cliente favorito era su parte favorita de su trabajo. Más allá de arreglar los tulipanes, ordenar los lirios y regar suavemente las florecitas que simulaban ser nubes.

No quería detenerse a cuestionar si solo era su parte favorita del trabajo. Era demasiado cercano pensar en su cliente como.. su parte favorita en sí del día.

Por otra parte, Hongjoong se había acostumbrado a la inocente lindura de Seonghwa.

 


 

Durante esos seis meses, la relación se Seonghwa y Hongjoong se basaba en las pequeñas conversaciones mañaneras.

Ninguno había decidido pasar la línea de aquella lejana relación. Internamente y sin conversarlo, llegaron a la conclusión de que su dinámica era perfecta como estaba.

Pero claro que Seonghwa extrañaba a Hongjoong cuando no estaba en su tienda. Dedicaba el resto de las horas de su día a suspirar esperando al amanecer siguiente.

Una mañana Hongjoong no pasó por la tienda y Seonghwa se sintió vacío. Y algo preocupado.

Atendió a mucha gente, personas que igualmente veía seguido.

Pero no eran Hongjoong.

El dueño de la tienda jugaba ansiosamente con sus manos sobre su escritorio. Sus ojos observaban a través del ventanal el pasar de las personas expectante por su flor favorita.

No fue hasta la tarde, durante el atardecer, que su pequeña rosa apareció. Las retinas de Seonghwa brillaron en felicidad hasta que notó los tonos rojizos en los párpados de Hongjoong y el cansancio delatado en sus ojeras.

 

– ¿Hongjoong? – dejó rápidamente su asiento y caminó hacia él. – Hongjoong, ¿estás bien?

 

Cuando sus miradas se cruzaron inmediatamente las lágrimas volvieron a caer en su silencio. En la ausencia de las palabras y la timidez de sus manos Seonghwa abrazó delicadamente a Hongjoong pensando que lo necesitaba.

Se dice que las flores además de agua y luz necesitan palabras de afirmación para crecer en la deslumbrante preciosidad.

Acarició su cabello. Debido a la diferencia de estatura percibió el olor que su cuerpo desprendía y se sintió encantado. 

"Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas."

Mientras Hongjoong lloraba y humedecía su ropa Seonghwa deseó quedarse eternamente cuidando a su rosa. Naciendo dentro de sí la necesidad de amar y el latir de alguien más.

Ese día la florería cerró antes de la hora habitual.

Al igual que su dinámica común, no fueron necesarias las palabras. Era como estar en el cine mudo.

Las acciones y sus ojos, comunicaban todo.

Seonghwa atrapó la pena sin explicación de su cliente y le abrazó con fuerza hasta que fuera necesario.

 


 

Después de ocho meses Seonghwa se dio cuenta que habían raíces en su corazón con el nombre de Hongjoong tallado en sus débiles cortezas.

Empezó a cuestionarse cuando el resto de su día se sentía vacío y aburrido, a diferencia de la mañana. Un día decidió prestar atención a la respuesta corporal que su cuerpo producía ante la presencia del contrario.

Sus conversaciones poco a poco habían aumentado su duración. De vez en cuándo Hongjoong pasaba más temprano de lo habitual solo para poder contarle algo a Seonghwa.

"Tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo."

Y es que había sido inevitable que el respirar de Seonghwa anhelara la cercanía de su flor favorita. Dispuesto a abandonar los brotes ajenos a su rosa dentro del vitral.

Hermosa y brillante, pero por sobre todo amada incondicionalmente.

Como todas las mañanas Hongjoong abrió suavemente la puerta y después de perderse unos segundos en el suave aroma del local caminó alegremente hacia el contrario.

La misma rutina de siempre. La misma rosa y su misma envoltura. 

"Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres."

A veces, el pequeño noble corazón de Seonghwa deseaba conocer aún más a Hongjoong. Deseaba llevar más allá su relación.

Pero el miedo de cambiar la rutina, el terror a que su rosa se asustara de él y sus sentimientos le prohibió el habia de sus pensamientos.

Desde su dolor Seonghwa empezaba a resignarse a la ausencia de Hongjoong durante el resto del día. Esperando pacientemente a que el sol diera una vuelta en su pequeño planeta.

Perdido en su mente y enredado en su corazón le sonrió a su cliente mientras sus dedos doblaban la cinta formando un precioso moño.

 

– Mejoraste con los listones. – dijo Hongjoong.

– La práctica hace el maestro. – sonrió orgulloso. – Además, es lo mínimo por mi cliente favorito.

 

Y mi persona favorita.

 


 

Diez meses desde la casualidad más linda que llevaba el florerista desde ese momento.

Se encontraba nuevamente en su mesero, observando como el sol poco a poco empezaba a iluminar aún más el cielo, esperando a su cliente. A Hongjoong.

Las horas pasaron. Muchos clientes fueron atendidos, las flores empezaban a dejar su hogar para recorrer las calles de la capital.

Pero Hongjoong no aparecía y ya era bastante tarde. 

Se preocupó al pensar que podría haber enfermado, o que se había envuelto en un accidente. Exhaló intentando calmarse ante sus preocupaciones e imaginó que el universitario solo se había quedado dormido, era fácil que las sábanas le atraparan más de lo debido.

Se equivocó. Dolorosamente, se equivocó.

Seonghwa entendió el porqué de las rosas. Y equivocado en su pensamiento, no eran para Hongjoong.

La campana que anuncia la llegada de los clientes tintineó más tarde de lo habitual.

Cuando levantó su vista efectivamente se encontró con la figura de Hongjoong.

Pero a su lado una pequeña chica agarrada cómodamente de su brazo. Rodeando este con sus delicadas y delgadas manos mientras observaba a su flor con el cariño más grande del mundo.

Tan linda como las rosas que le eran obsequiadas cada mañana sin falta.

 

– Hongjoong.. – su nombre fue llamado en un susurro suave incapaz de pronunciar algo más.

– ¡Seonghwa! – en cambio, el contrario lo llamó feliz. Muchísimo más feliz de lo normal. – Ay, Seonghwa. – volvió a decir, feliz.

 

Caminó hacia el escritorio del dueño de la tienda junto a la pequeña chica que miraba asombrada las hermosas flores del local. Hasta que la curiosidad terminó por ganarle y soltó a su acompañante para ver más de cerca los vívidos colores en los pétalos cuidados con amor.

 

– Oh, ella es mi novia. – rio suavemente viendo como su chica se asombraba con los preciosos lirios. Como si no hubiera lanzado un ataque de cuchillos directamente al florerista.

 

El corazón de Seonghwa se sintió caer hasta su estómago queriendo vomitarlo. El nudo de la garganta anunciaba un llanto seguro queriendo expulsar el agrio sentimiento de su pecho.

Pero solo sonrió.

"Mi flor es efímera. Y la he dejado totalmente sola en mi casa."

 

– Es linda. – observó como aún la chica parecía encantada con los lirios. – Muy linda. Felicidades, Hong.

 

Recibió una sonrisa por sus palabras, una sonrisa que él no conocía y se sintió aún más en la miseria. 

Como era de esperarse, Hongjoong ese día no se llevo una rosa como de costumbre. Incluso si, como todos los días, la más hermosa había sido apartada para él.

Salió de la tienda con un ramo de lirios en sus manos mientras su chica saltaba alegremente a su lado.

La tienda cerró más temprano.

Porque Seonghwa estaba demasiado ocupado llorando en su escritorio como para atender a alguien más.

El rechazo y el dolor de no ser la vista favorita de la persona que deseaba lo convirtieron en un desastre de lágrimas y sollozos incapaces de cesar.

Se sintió ahogado y la tos fue inevitable. Tapó su boca como de costumbre.

Pero sintió algo en su boca, algo molesto e incluso asqueroso apoyado en su lengua. Intentó regular el llanto para sacar la molestia dentro de él.

Entendió que su amor había sido rechazado por completo, incluso por sus pulmones, cuando en su mano observó un suave pétalo rodeado por sangre.

Condenado por su propia vida, por su propio trabajo sus pulmones habían abrazado las raíces que inicialmente crecían en el corazón amante de Seonghwa. 

 


 

Un año desde que la florería le había sido entregada. Un año en que también le fue arrebatada.

No tardó en llegar el diagnóstico médico y por ende, las urgencias de su madre. Inmediatamente pausó su retiro para darle prioridad a su hijo.

No sabía qué dolía más, si arrancarle el sueño de un día a otro o observarle morir lentamente en su amor no correspondido.

Hace un mes que el florerista tenía prohibido por ella abrir durante las mañanas, sabiendo que así evitaría por completo a Hongjoong, el cuál era, sin culpa, la base de todo.

Hongjoong debía amar mucho a su novia, era fácil de inferir. Sus pulmones se llenaban cada día más de la dolorosa enfermedad y la tos no lo soltaba.

Un día la madre de Seonghwa llamó por teléfono a su hijo para avisarle que llegaría más tarde a la tienda. El local estaría cerrado por la mañana.

Mucho no importaba igualmente, porque al parecer Hongjoong ya no pasaba a comprar rosas. Una información que obtuvo al observar a escondidas la tienda a través de las cámaras.

El último mes, Seonghwa estaba gastando sus días acostado en su cama sin hacer. Intentando mantener a su pequeña rosa fuera de sus pensamientos puesto que la mínima imágen mental de su sonrisa parecía enfermarlo más.

Cuando sus pulmones tosían de su boca caían pétalos que irónicamente había reconocido como los de una rosa. Poco a poco la sangre que bañaba estos se hacía más presente y su respirar se volvía más doloroso.

Tenía dos opciones.

Retirar las raíces de su cuerpo pero junto a ellas la capacidad de amar.

La otra opción, involucraba morir por amor y él era demasiado joven para morir en carne.

Moriría en sentimiento, también era muy joven para aquello, pero no había más alternativas.

Necesitaba volver a sentirse vivo una última vez por lo que decidió desobeder a su madre y abrir por la mañana.

Sintió la nostalgia cuando el sol matutino ilumina los brotes de las flores y sintió su corazón doler cuando observó las rosas. Su madre era muy buena, pero podía ver en sus pétalos que ya no eran cuidadas con el mismo amor que antes.

Recordó a Hongjoong y su garganta nuevamente se apretó. Tosió y como de costumbre los pétalos cayeron al suelo manchando al mismo tiempo la baldosa con sangre.

Por su mente pasó nuevamente la pregunta intrusiva que oscilaba en su cabeza durante la noche antes de dormir.

"¿Por qué ella sí y él no?"

Sin saber cuál había sido el criterio de Hongjoong para que su amor cayera en ella Seonghwa pasaba sus noches en vela preguntándose si había algo malo en él. Preguntándose si no había sido lo suficiente o si solo fue la mala suerte de no compartir tiempo más allá de las suaves mañanas dedicadas solo a ellos dos.

Sintiéndose desplazado e insuficiente las lágrimas amenazaban salir nuevamente por sus ojos.

Y es que, seguía en sí el pensamiento de que él perdiendo su respiración y su vida por amar a Hongjoong. Pero para Hongjoong nunca fue así, simplemente era Seonghwa.

El chico que decoraba las flores para conquistar a esa linda chica.

Odiaba sentir, odiaba ser él y no ella. Odió que su amor fuera castigado en el karma más obvio a su persona y se sintió morir cuando el pasar del aire a través de su tráquea se veía dificultado, incapaz de comprender si era por las flores de su tragedia o por el llanto que su corazón guardaba en su latir.

"El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante."

El amor no correspondido plantó en Seonghwa su tristeza eterna. Incluso si él era inocente.

Buscó su teléfono con la idea de llamar a su mamá, le faltaba el oxígeno más que nunca. Cayó al suelo intentando regular el paso del poco aire. Después pensaría en la explicación que le daría a su madre.

Ahí fue cuando se sentenció. Miró a través del ventanal.

Al otro lado de la calle divisó a Hongjoong.

Sí, ya no pasaba por la tienda pero aún era el mismo camino hasta su universidad.

Seonghwa se apresuró en levantarse y correr hasta las rosas. Buscó rápidamente la más linda entre todas, aunque no se comparaban a las que estaban bajo el cuidado de su enamoramiento, y la sacó del balde.

Caminó a su escritorio con prisa y como de costumbre apoyó en su superficie el papel transparente y los listones.

Como todas las mañanas armó un pequeño ramo pero no como en todas las mañanas tuvo que salir corriendo detrás de su cliente favorito.

No, no buscaba intentarlo con Hongjoong. Solo quería despedirse antes de que se dejara morir por dentro. Antes de que el bisturí perforara su cuerpo y sus rosas le fueran arrancadas de su organismo con el dolor de su amor desigual.

Solo quería despedirse.

Mientras sus pies golpeaban con fuerza el cemento de la calle sus pulmones estaban demandando aún más aire.

Pidió perdón a su cuerpo, estaba demasiado ocupado amando a alguien más como para preocuparse de sí mismo.

Se detuvo. Paró en seco.

Desde una esquina, apareció la novia de Hongjoong y como la primera vez que conoció a la pareja observó como el amor destellaba entre ambos mientras el suyo se apagaba.

Sus piernas perdieron la fuerza y colapsó en el piso. Su respiración débil poco a poco perdía fuerza en cada exhalación hasta que las flores de su tragedia taparon por completo sus vías respiratorias.

Cuando el principito deseó volver a su hogar, confió en la serpiente ciegamente antes de desvanecerse ante su mordida.

Hongjoong estaba demasiado ocupado perdiéndose en los tiernos ojos de su novia como para notar que quién lo amaba desde la lejanía dejó que su amor lo aniquilara.

El principito siempre estaría dispuesto a morir por su rosa, incluso cuando su forma de amar era rechazada bajo crueles palabras.

La gente rápidamente rodeó al agonizante cuerpo de Seonghwa intentando ayudarlo pisando la pequeña rosa sin querer arruinando sus pétalos. Intentaron ayudarlo como podían.

Pero nadie tiene la cura para un amor no correspondido.

Y mucho menos para aquel que decide renunciar a las demás rosas porque solo puede amar a la suya.

Seonghwa dejó de respirar llamando desde el fondo de su corazón a Hongjoong en su despedida al amor.

El universitario nunca se atrevió a pasar nuevamente por la florería. Empezó a sentir un aura extraña después de que aparecieran globos blancos en su cercanía.

Nunca preguntó y nunca más intentó buscar a Seonghwa. Ni siquiera para despedirse.

Y él nunca sabría el resto de la historia.

 

Notes:

HALLOOOO sí ya sé que estoy subiendo cosas como enfermo PERO ES QUE ANDO INSPIRADO hay q aprovechar sí oki
soy una flor y sin atención me marchito, anoten eso

@gyunanais en twt !