Actions

Work Header

Saint Seiya: Episode Zero (LoSWeek2024)

Summary:

Una re-escritura de algunos de los sucesos del Episode Zero al estilo de la película de The Legend of the Santuary que salió en 2014, junto algunas escenitas extras.

 

Esta historia corta se construyó en base a las propuestas de @LoS_Week de X para celebrar el décimo aniversario de la película de Legend of the Santuary. Por lo tanto, muchos de los capítulos trabajan una o varias de las propuestas de la LoSWeek2024 (cada capítulo tendrá notas en donde saldrá que propuestas trabajan).

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Personaje favorito

Notes:

Este capítulo sigue los proms de personaje favorito, pre-canon, una escena que aparece en el anime clásico, personajes que no aparecieron en la película y angustia (Mucha pero mucha)

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El sonido de las olas era incapaz de sofocar sus fuertes gritos.

-"¡Saga! ¡Saga, te lo ruego! ¡Sácame de aquí!”-Sus ojos solo podían verlo, encadenado allí como un animal peligroso, atrapado en una cueva con horribles barrotes de metal que solo reforzaban la idea de que aquel que estaba allí porque era un peligro para el mundo.

Saga sabía que no era así.

Su hermano menor, Kanon, aquel niño de solo once años encadenado y preso dentro de aquella gigantesca cueva, no era peligroso en absoluto. Los ojos atemorizados que le rogaban que hiciese algo, lo reflejaban muy bien.

Los ojos de Saga, incapaces de seguir viendo el pánico reflejado en los ojos de su gemelo y la desesperación que le llevaba a mover sus manos encadenadas contra los grandes barrotes de su celda, comenzaron a mirar a las figuras adultas que los habían llevado allí.

Todos los adultos presentes, figuras de alto rango dentro del Santuario, miraban al niño encarcelado con ojos carentes de sentimiento, casi como si fuesen estatuas de marfil. No había culpa, no había pena. Solo miraban a su hermano como si no fuera nada, como si su castigo fuese algo normal.

Sus ojos se posaron en la figura a su lado, el asistente del Patriarca. A diferencia de todos los demás, aquella ilustre estatua de larga barba cana y túnica reluciente, se dignó a darle una mirada con sus duros ojos color miel.

No había pena, no había última. La mirada en sus ojos era de una dureza y frialdad absoluta, casi como si le estuviese ordenando con la mirada que no se moviese ni intentase nada.

La sola idea de una amenaza de ese tipo le revolvió el estómago.

-“¡¿Acaso vas a matar a tu propio hermano?! ¡¡Saga!!”-Kanon seguía gritando, esforzándose cada vez más y más en que su voz opacase el sonido de las fuertes olas que ya le llegaban hasta la altura de las rodillas. Sus gritos desesperados le perforaron los oídos y le desgarraban el alma-“¡¿No vas a hacer nada?!”-Exclamó, con los ojos inundados de lágrimas y los labios temblorosos.-“¡¡Saga!!”-Como un intento de responder a sus ruegos, Saga volvió a clavar sus ojos en él.

Clavar sus ojos marrones en él, aguantar las lágrimas mientras observaba la desesperación de su hermano, era lo único que podía hacer y la sufrimiento como si fuese él quien estuviese sintiendo el frío metal y el agua engulléndole los pies. Incluso aunque quisiese liberarlo, Saga, un mero aprendiz, no podría hacer nada contra los hombres que lo rodeaban.

Incluso aunque muchos de ellos fueron santos retirados, el hecho de que el asistente del patriarca estuviese allí, condenaba su imaginaria misión a un fracaso completo y absoluto.

-“No lo escuches”-La pesada mano de aquel ilustre y gigantesco hombre se posó sobre su hombro, causando que el niño se sintiese mucho más pequeño y débil de lo que ya se sentía. La pesada mano del santo de plata de ara cubría completamente su diminuto y flacucho hombro.-“Esto es por el bien del santuario”-Dijo el hombre a su lado.-“Por el bien de Atena y el mundo”-Ante esas palabras, Kanon solo volvió a verlo.

Saga conocía demasiado bien a su hermano como para saber que le estaba rogando desde sus adentros para que hablase, que lo defendiese como tantas veces ya lo había hecho en el pasado.

Pero el joven de cabellos grises no podía, la pesada mano del santo de plata había imposibilitado que pudiese producir el más mínimo de los sonidos o que sus músculos hiciesen la más leve de las acciones.

Solo podía verlo, disculparse con los ojos por estar carcomido por el miedo.

La decepción y el dolor que comenzaron a inundar los ojos de Kanon al finalmente comprender que él no haría nada. Aquello le partió el corazón, le hizo rogar a los dioses porque, a partir de un milagro, cambiasen sus lugares.

Kanon no se merecía eso, él no había hecho nada para ser castigado de esa manera.

Era su hermano, no era un demonio. Por más que la gente se cansase de repetirlo, Saga sabía que no era así.

Los dioses debían saberlo, desde su más tierna infancia le habían enseñado que los dioses veían todo, todo el tiempo, ellos sabían lo que se escondía en lo más recóndito de los corazones de los hombres, pero, entonces ¿Por qué no hacían nada?

¿Por qué permitían que esto sucediese en primer lugar?

-“¡¿Por qué yo tengo que morir?! ¡¿Con que derecho dicen que soy malvado?! ¡¡Saga y yo tenemos la misma sangre, somos de la misma familia!!”-Gritó el niño mientras sacudía inútilmente las rejas, usando toda la fuerza de su cuerpo para tratar de moverlas del rígido suelo de la antigua celda.-“¡¡Si yo soy malvado, Saga también lo es!!”

-“Kanon…”-Su voz fue apenas un susurró, una brisa apenas palpable comparada con el torbellino de gritos furiosos y desesperados que era su hermano menor. Una gota de arrepentimiento y culpa, apenas nítida en el mar de dolor y miedo de Kanon.

-“¡Silencio!”-Exclamó el asistente del Patriarca. El leve levantamiento de su voz fue suficiente para que todo a su alrededor se detuviese, no solo el corazón de Saga y el sutil ruido de su respiración o el violento e inútil intento de resistencia de Kanon sino que era tal la fuerza y el poder de su cosmos que incluso las violentas olas habían cesado completamente-“¡De nada te servirá quejarte! ¡Acepta tu destino!”

-“¡Los odio!”-Incluso aunque la presencia de Ionia había tenido un poderoso impacto en Kanon, haciendo que agachase la cabeza y sus manos se despegasen de los barrotes, la mirada de odio puro que les dedicó a los pocos segundos de que la sumisión comenzase a plasmarse en todo su ser, les dejó muy en claro a todos los presentes que no iba a acatar las órdenes de nadie.

Muy a diferencia de Saga, Kanon no iba a agachar la cabeza y aceptar las cosas que estaban ordenando sus mayores.

-“¡Los odio!”-Volvió a rugir.-“¡Los odio con toda mi alma!”-Gritó.-“¡Juro que encontraré una manera de salir! ¡Les juro que me vengare de todos ustedes! ¡Los matare! ¡Incluso aunque sea lo último que haga!”-Aquella promesa, acompañada de aquellos ojos llenos de odio puro que Kanon le dedicó exclusivamente a él, no abandonaron la mente de Saga incluso aunque ya hubiese anochecido completamente.

Era bien entrada la noche y, aun así, Saga no podía dormir.

Luego de aquel juramento iracundo, sus mayores solo se habían limitado a responderle con risas y burlas, mismas que incluso siguieron cuando abandonaron las sagradas ruinas de Cabo Sunion, el que fue en algún momento la cárcel predilecta de la diosa a la que debían su devoción.

La misma diosa que había condenado a su hermano sin siquiera saber de su existencia. Y todo por un antiguo decreto de varios siglos atrás, uno que enunciaba que no podía haber dos santos nacidos bajo la guardia de la constelación de Géminis ya que el más joven de ellos traería la ruina al santuario.

¿Cómo Kanon podría hacer algo como aquello? ¿Cómo Kanon, el mismo niño que nunca se separaba de su lado y pasaba sus días haciendo travesuras inocentes, podría traer cualquier tipo de calamidades?

¿Por qué Atena castigaba a un niño inocente? ¿Por qué castigaba a uno de los humanos que debía de proteger de los dioses malvados?

Saga no lo entendía, por más que lo pensaba una y mil veces, no encontraba una respuesta razonable a todas esas preguntas. Cada respuesta que aparecía en su inocente cabeza era más lúgubre y triste que la anterior.

Y por más que trataba de no pensarlo, cualquiera de esas divagaciones no le traería de vuelta a su hermano, ni evitaría que desde lo más recóndito de su muerte flotase la imagen de su hermano menor ahogado, víctima de las mareas, los caprichos de los adultos y la debilidad de un hermano que había jurado protegerlo de todo mal.

Kanon había muerto por un supuesto bien mayor, por los designios de una diosa que ni siquiera estaba con ellos y quien supuestamente los amaba más que todos los dioses juntos.

-“Lamentablemente, todo lo que piensas es cierto…”-Dijo una voz de golpe. Saga se levantase de golpe de su cama, arrojando las sabanas al suelo mientras se ponía de pie sobre el frío suelo de madera y observaba las estériles paredes de piedra de su recamara.

No había nadie allí, ni en el marco de la puerta cerrada, ni en la ventana que mostraba una noche estrellada y pacífica. Solo había una mariposa, pequeña y de color morado brillante, que casi rozaba lo etéreo.

Saga miró al pequeño insecto unos instantes, sintiendo como si su corazón latiese directamente contra su oreja por el susto que acababa de tener.

-“Quizás yo…

-“No enloqueciste en absoluto, joven guardián de Géminis”-Declaró nuevamente la voz con solemnidad. Aquella era la misma voz de mujer que había escuchado minutos atrás.-“Yo soy real”-Dijo la voz y en aquel preciso momento la diminuta mariposa que se encontraba en el marco de su ventana comenzó a brillar, poco a poco, hasta envolver completamente la habitación en una brillante y cálida luz violeta. De la cual salió una mujer de negros cabellos y armadura de tonos oscuros-“Mi nombre es Ker, soy una diosa, enviada por quien gobierna el destino de los hombres y he venido a guiarte para que cumplas el propósito de tu existencia en este mundo”-Declaró la mujer parada ante su ventana.

-“¿Diosa?”-Preguntó el niño de ojos castaños incrédulo. Aquello claramente había sido obra de un ser sobrenatural, pero no podía saber a ciencia cierta que se trataba de un dios.

Aparte, y eso era lo más preocupante, había mencionado a Moros, el dios del destino, quien era hermanos de Thanatos e Hipnos, dos de los más grandes enemigos de Atena.

-“Toda la duda que reina en tu corazón es válida, Saga de Géminis”-Dijo la mujer, sacándole nuevamente de sus pensamientos.-“Es cierto que mi hermano y yo somos hijos de la misma gran diosa que engendró a los siervos más fieles de Hades, pero nuestros propósitos no podrían ser más opuestos”-Declaró la diosa de negros cabellos mientras se acercaba a él, con cuidado, como si fuese un animalito asustado.-“El dios que me ha enviado a darte este mensaje y yo, la diosa de la muerte violenta, solo buscamos llevar a los humanos a una nueva era libre de dioses”

-“¿Qué?”

-“Así como lo has escuchado”-Dijo Ker.-“Los humanos ya han sufrido demasiado por los caprichos de los dioses, demasiadas guerras injustas, demasiadas muertes sin razón y miserias tortuosas, mismas que seguirán si no se levantan y luchan contra aquellos que dicen querer protegerlos”-Declaró la mujer. Saga se quedó sin palabras ante aquellas palabras, pese a comprender su significado no podía creer que una divinidad hubiese aparecido ante él para decirle todas aquellas cosas.

¿Podía ser verdad? Que fuese hermana de los malvados dioses gemelos no le quitaba validez a sus palabras, la mismísima Atena había entrado en conflicto innumerables ocasiones con sus propios hermanos con tal de defender a los humanos. También, y esto podía darle un poco más de credibilidad a sus palabras, no había registro alguno de que Ker o Moros se hubiesen enfrentado a Atena en algún momento de la historia.

Saga, como cualquier aprendiz a santo de oro, había sido instruido desde muy temprana edad a la historia de su sagrada orden, conocía sus primeras guerras y aquellas en las que sus maestros habían participado y en ninguna de ellas estaba grabado el nombre de los otros dos hijos de la diosa primordial de la noche.

-“¿Por qué yo?”-Preguntó finalmente luego de unos segundos. Por más que sus palabras fueron verdaderas, el joven de cabellos grisáceos aún no comprende el por qué el dios del destino podría tener interés en un niño como él.

Aparentemente, su pregunta complació a la diosa pues tan rápido como la duda había salido de su boca, la mujer había curvado sus labios rosados ​​en una sonrisa.

Los ojos marrones del niño se abrieron con sorpresa al ser repentinamente abrazado por la diosa. Ser envuelto en aquellos delgados brazos le daba una sensación completamente distinta a la de la pesada mano del asistente del Gran Maestro del Santuario.

-“Eso es porque has experimentado de primera mano la crueldad de un dios, sabes mejor que nadie niño lo importante que es que los dioses dejen de reinar las vidas humanas”-Aquellas palabras hicieron que el se estremeciese, pues con ellas la imagen de Kanon y su rostro transfigurado por el odio y la traición volvió a aparecer en su mente.

Incluso aunque él comprendía el peso de aquellas palabras, la gravedad que implicaba el querer liberar a los humanos de los dioses, siendo él uno de los futuros guardianes más poderosos de la diosa de la sabiduría, Saga no podía evitar sentir cierto placer en la idea. .

Había estado desesperado y un dios se había dignado a guiarlo, a consolarlo y darle una respuesta.

Entre aquellos brazos que le abrazaban, se sentía seguro, se sentía protegido, querido, algo que no había sentido desde que su madre los había dejado.

Ker, una supuesta diosa malvada, había hecho lo que la supuesta diosa de la tierra no se había molestado en hacer por ninguno de sus guerreros en siglos.

Ker le estaba dando una mano cuando Atena le había quitado todo.

Sin darse cuenta, Saga había comenzado a llorar en el pecho de aquella mujer. Toda la tristeza que había acumulado en aquella desgraciada y trágica mañana, todo el dolor que no había sido capaz de transmitirle a su hermano y el odio que había sentido hacia sus mayores, fueron lentamente escapando entre las lágrimas que empapaban sus mejillas y bañaban la hermosa. armadura de la diosa, pero a ella no le importaba.

La diosa solo le consolaba con dulzura, secando sus lágrimas con manos cariñosas mientras le arrullaba entre sus brazos, susurrándole una salida para todo su dolor y un justo castigo para quienes le habían arrebatado su hermano.

Notes:

¡¡Buenas noches a todos!! Con este capítulo comienzo mi pequeño aporte a LoSWeek2024 jaja
Desde que vi la película hace diez años (que vieja me siento lpm) la amé y pese a que no se le dio mucha profundidad a sus motivos, el personaje de Saga me encantó. Quise aprovechar este primer capítulo para plasmar algunos de los headcanon que tengo en torno a esta versión del personaje ¡Espero de todo corazón que les haya gustado! ¡Nos vemos mañana con un nuevo capítulo!