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Después de la muerte de Valentino, Alastor esperaba algunos cambios en la ciudad. Sabía bien que cuando un Overlord perdía su poder o era destruido sin la posibilidad de regenerarse, se abría un vacío de poder. Así que no le sorprendió cuando Angel Dust, el mismo pecador que había orquestado el grotesco asesinato de Valentino, ascendió de poder y ocupó su puesto. En realidad, era una justicia poética.
También había esperado el retumbar en la base de la ridícula asociación de los Vees. Aunque no comprendía por qué su mundo parecía verse afectado por algo tan trivial como un bicho empalado por la lanza de un ángel durante la Exterminación, él había supuesto que una unión de poder vería consecuencias negativas después de la muerte de uno de sus miembros.
Hasta que lo comprendió.
Resulta que Vox estaba pasando por un duelo por su amante muerto, lo que implicaba que ninguna televisión por la que Alastor caminaba contenía su particular frecuencia. Y aunque él debería estar satisfecho con ello, tenía demasiado en lo que mantenerse ocupado como para pensar en algo tan trivial e insignificante como el duelo de su rival que aparentemente tomaba prioridad. ¿Acaso importaba que no tuvieran sus constantes peleas que no llevaban a ningún lado? ¿O que solo pudiera ver a Vox durante las reuniones de Overlords que Lucifer insistía en mantener? En realidad, Alastor se motivó a ver el sin sentido de todo eso como algo divertido. Después de todo, el sufrimiento de Vox siempre había sido su principal fuente de inspiración y ver a Velvette hervir en retorcida furia era solo un deleite extra. Tarde o temprano ella haría algo contra Angel por haber matado a Valentino y él estaría allí para ver el caos desencadenarse.
Pero lo que no esperaba ver era que el ridículo dolor y la viciosa furia de Vox eventualmente desaparecieran pero su frecuencia no volviera a seguirlo. Mucho más extraño aún era ver a su rival manteniendo conversaciones regulares con Angel y actuando amistosos entre ellos. Aunque a él no le molestaba, si Vox tenía tiempo para darse de tumbos contra una pared, bien podría volver a la agenda que los envolvía, ¿no? La ciudad no caería sobre sus cimientos por sí sola.
—Amor mío, —la voz de Rosie a su lado lo hizo reaccionar y sus sentidos volvieron a captar su entorno más allá de su atención casi telescópica en los otros dos Overlords sentados al otro extremo de la sala de reunión—. Nuestro misericordioso rey te está mirando como si quisiera servirte a esos endemoniados patos que tiene por mascotas. Te recomiendo que prestes atención.
—No tengo la energía para escuchar otro reporte de almas… —Alastor desvió la mirada y tomó su taza de café para justificar sus acciones.
El abanico de Rosie se presionó contra su mentón, obligándolo a girar su rostro. Por la periferia de su mirada, notó a Vox explicándole algo a Angel de la misma manera en que una vez lo hizo con Valentino. Pero mientras él miraba los oscuros ojos de Rosie y la peligrosa sonrisa que decoraba su rostro, supo que había algo más en juego. Algo que quizás no podría ignorar por mucho tiempo pero que Rosie había descubierto y solo estaba esperando a que las piezas cayeran en su lugar.
—Nunca te había visto así. —La mujer giró su muñeca, abriendo su abanico en un movimiento suave y lo apoyó en su mejilla para ocultarlos a ambos—. Ahora has picado mi curiosidad. ¿Qué tanto piensas mientras no apartas la mirada del nuestro dulce Ángel y tu intenso rival?
—Te conozco, y te pido encarecidamente que detengas ese tren de pensamientos. En el caso de que intervinieses te puedo asegurar solo traerías mi ruina. Simplemente creo que deberíamos hablar con Angel. —Él se encogió de hombros y se sentó de costado para mirar a la otra Overlord con mayor comodidad—. Es de tu interés tener a nuestro arácnido compañero de nuestro lado y, por lo tanto, él no puede juntarse con lo que queda de los Vees.
Rosie levantó sus cejas y lo miró con cierta incredulidad antes de ahogar una maliciosa risa detrás del abanico pintado a mano. Esta vez, tenía un precioso paisaje de un parque en invierno. Lúgubre y elegante. Aunque necesitaba un toque de rojo, pero esa era la opinión artística de Alastor.
—Amor mío, puedes elaborar tu elocuencia con todo ese carismático cinismo de tus tierras, pero conozco cada pequeño detalle de ti. Así que responderé tu verdadera pregunta y lo haré disfrutando tu molestia al ser descubierto. —Rosie respondió dejando que el icor de sus palabras lo paralizaran en suave afecto—. Angel está en una relación formal con nuestro querido Husker. Tú, mejor que nadie, sabes lo enamorado que él está. Es adorable y la base de su lealtad hacia nosotros. Por ende, no creo que debamos hablar con Angel de nada. Menos aún por algo tan simple como lo que está ocurriendo. —Ella lanzó una mirada al otro lado del salón—. Y, dado que ahora Angel controla la industria pornográfica, ¿no te parece normal que Vox finalmente actúe de manera profesional y trabaje con su nuevo socio? Ya era excesivo cómo parecía resentir a Angel por el favor que le hizo.
Alastor mantuvo su rostro bajo control, aunque sabía que Rosie notó cómo su nariz se movió ligeramente cuando inhaló profundamente. Las sombras alrededor de ellos desaparecieron por un segundo, pero fue todo lo que la mujer necesitó para mirarlo con absoluto deleite. Alastor la amaba, pero francamente, en momentos como este, sentía que Rosie estaba allí para torturarlo.
—¿El favor que Angel le hizo? —preguntó lentamente.
—El favor que Angel nos hizo a todos. —Rosie aclaró—. Pensé que estarías feliz de no tener que compartir la atención de Vox. —Ella entrecerró los ojos, afilando su sonrisa con mayor deleite.
—¿Me estás acusando de celos por las relaciones románticas de una caja estrambótica de colores artificiales? —Alastor levantó sus cejas genuinamente sorprendido.
—Oh, no, por supuesto que no. —Rosie arrugó su pequeña nariz ligeramente—. Lo que te molestaba era el egoísmo de Valentino en querer acaparar a tu rival. Pero principalmente, lo que realmente te hacía sacudir esta ciudad hasta los cimientos, es que muchas veces las acciones de Valentino caían más en las de un enemigo o rival, que en las de un amante. Y esa área es tuya. Tú puedes compartir pero no toleras réplicas. —Ella sonrió con el orgullo de quien sabía que estaba en lo correcto—. De hecho, creí que la razón por la que aprobaste tan rápidamente el entregar a Husk fue porque Angel allanó el camino y eliminó un estorbo. Debes admitir, eliminar a Valentino fue la mejor ofrenda que pudieron darle al Demonio de la Radio.
Fue como un disparo en la cabeza, justo en la parte posterior de sus astas, quemándose en un incendio masivo. El sonido de la estática subió como una ola peligrosa por su pecho, y su instinto le exigió el pago reglamentario de muerte y sangre para apaciguar a la bestia. Pero cuando sus ojos se enfocaron, no encontró peligro o una presa, sino otro horror infernal mucho más grande que el monstruo que ocupaba sus instintos. Rosie lo miró como otros mirarían a una pequeña muestra de emociones no reguladas y no como si Alastor estuviera a segundos de hacer algo. Porque, al final del día, ¿no era lo mismo entre ellos? Rosie guardó su abanico y dejó caer su mirada, justo a tiempo para escuchar a Lucifer concluir la reunión y liberarlos de sus obligaciones por el resto del día.
Inmediatamente, como un cachorro sin dueño, Angel se acercó a ellos, quejándose como un niño y dejando que Rosie lo envolviera entre sus palabras y guía para que dependiera más de ella en ese mundo de Overlords. Él hubiese protestado ante la idea de que después de tantas décadas Rosie quisiera abrir su asociación a alguien más, especialmente alguien como Angel, pero después de compartir tanto tiempo en el hotel, Alastor tuvo que admitir que encontraba la compañía del arácnido bastante entretenida y, a veces, tolerable.
Tal vez tendría que sentarlo con ellos en la siguiente reunión y de esa manera evitarse algunos inconvenientes.
—Me alegra que Vox esté trabajando contigo, —dijo Rosie mientras extendía su mano y Angel la ayudaba a levantarse—. Ya estaba lamentando que el deslumbrante Demonio de la TV no fuera profesional.
—Oh, sí, tan profesional, —giró los ojos Angel, pero no soltó a la mujer ni desapareció su sonrisa sardónica—. Tuve que oírlo quejarse de Alastor toda la reunión, como en los viejos tiempos. Así que felicidades, Sonrisas.
—No sé de qué estás hablando, mi querido ángel, —enmarcó una ceja Alastor—. ¿Por qué recibo felicitaciones por la obsesión de esa caja de colores?
Y para su frustración, no fue solo Rosie, sino Angel, quienes se rieron discretamente y se encogieron de hombros. Francamente, él sentía que su amistad con esta poderosa mujer era su propia forma de atormentarse.
—No seas duro con él, querido. Nuestro Alastor no comprende las emociones a un nivel tan mundano. Él prefiere todo crudo y duro, —dijo Rosie mientras tomaba el brazo de Alastor y los guiaba hacia la salida.
—Uh, kinky, —bromeó Angel moviendo sus cejas de forma juguetona.
Alastor prefirió no responder. Al menos el incendio en su cabeza había desaparecido y las ideas se estaban organizando en su mente en un descenso de risas y comentarios a la ligera. Tal vez las cosas estaban volviendo a caer en su lugar.
—Querido, ¿deseas ir con nosotros?, —preguntó Rosie deteniéndose cuando su coche apareció frente a ellos y miró a Angel—. Noté que no trajiste tu auto a la reunión.
—¿Sabes qué? Sí, me vendría bien, —respondió Angel—. Husk está trabajando en la Colonia y quería ir a visitarlo.
Alastor respiró hondo y abrió la puerta del carruaje, asistiendo a Rosie para que subiera y ofreciendo la misma cortesía a Angel, aunque sus ojos se desviaron a su alrededor y hacia los otros transportes del resto de Overlords.
—Alastor, amor mío, Angel no es una dama, —atrajo su atención Rosie al carruaje y él notó que había guiado al demonio para que se sentara junto a ella—. Hoy no eres mi única escolta ¿recuerdas?
—Esto es lo que ocurre cuando me dices que soy femenino todo el tiempo, —se burló Angel mientras se sentaba frente a Rosie—. Lamento decirte que este cuerpo es muy masculino y más importante aún, me identifico como uno.
Alastor rodó los ojos, decidiendo que no valía la pena explicarle al otro demonio que un caballero nunca muestra su trasero a una dama, menos aún en el apretado espacio de un coche, mientras cambiaba de asientos. En su lugar, subió al carruaje y se sentó junto a Angel. Sacó su micrófono y golpeó el costado del carruaje dos veces, haciendo que este comenzara a moverse. Antes de partir, sus ojos capturaron a Vox discutiendo con Velvette, o mejor dicho, a la joven gritando incoherencias mientras Vox se alejaba sin mirarla.
Días después, la frecuencia volvió. La onda eléctrica se enredó con su propia transmisión y pulso en su interior tres veces, como siempre, alargando su visita innecesariamente. Después de eso, escuchó el silbido desentonado de Vox, o lo que asumió que debía ser el Overlord, siguiendo el ritmo de una canción que repetía su ritmo tres veces para el final caer. Al parecer, era algún tipo de broma tecnológica, como el timbre que Vox se había autoproclamado tener cuando lo llamaba. Solo entonces Alastor pudo oír la voz del Overlord recorrer su mente, tal vez sus circuitos, porque algo de eso debía tener para que Vox pudiera conectarse con él con tanta facilidad.
El mensaje fue simple. Un lugar, una hora y la risa grave y ridícula de Vox.
En los confines de su mente, él se sintió satisfecho de que las cosas volvieran a su lugar. Después de la muerte de Valentino, esa ciudad había vivido demasiada calma y se estaba acostumbrando al ritmo aburrido de la cotidianidad. Todos necesitaban recordar quiénes realmente dictaban el tono, el ritmo y la melodía de sus vidas.
Cuando llegó el día, Alastor salió del hotel con una canción en su caminar y sonrió divertido al ver la derrota de Husk caer sobre sus agotados hombros cuando se dio cuenta de lo que iba a suceder esa noche.
—Espero que hayan elegido un lugar muy lejos de mi casino favorito, Al.
Él solo se rio entre dientes, deleitándose por el enojo que brilló en los ojos de su viejo compañero de batalla.
—Te recomiendo mantenerte en tu puesto, Husker, y asegúrate de que Niffty no se escape del hotel. Entre su entusiasta curiosidad y su necesidad de orden, lo que podría encontrar agotaría su espíritu. —Alastor sostuvo la puerta y se despidió teatralmente, lo que fue acompañado por una maldición en dos, no, tres idiomas diferentes por parte de Husk.
Esa noche iba bien.
Alastor disfrutó su paseo hacia el lugar de encuentro. En el camino, podía escuchar los televisores sintonizando un viejo tango que Vox afirmaba que era su canción cuando se enfrentaban. No era armonioso ni romántico, pero tenía su encanto. Las imperfecciones del disco de vinilo eran recogidas por la aguja de la tornamesa, lo que le daba un toque único. Alastor debía admitir que el ritmo era impredecible, como debía ser esa ciudad. Las radios también tocaban ese violento tango, acompañado por la estática, y el ritmo de «La Yumba» que años atrás Osvaldo Pugliese había compuesto recreando el día de un trabajador bajo el sol intenso de su patria.
Era una prueba de que en muchas ocasiones no había una verdadera razón para pelear con Vox. No se trataba de territorios, de los cuales Alastor carecía de interés por monopolizar o expandirse, porque Vox jamás podría tomar la radio. Simplemente era uno de sus idiomas en los que él mejor se comunicaba, y ¿qué mejor manera de celebrar el final de un duelo que con un poco de dolor? Alastor entró al parque, sabiendo que los demonios que estaban en el sector habían comenzado a huir ante las primeras notas de ese tango demoledor.
—¿Me extrañaste, viejo? —Vox se levantó del borde de la pileta, y una enorme sonrisa ocupó casi toda su pantalla—. Yo he estado contando las horas.
Alastor rodó los ojos con desdén mientras las sombras se desplegaban a su alrededor y tomaban forma. Pero algo le hizo detenerse: ¿estaba cayendo en una trampa absurda por parte de Vox? ¿Por qué su frecuencia parecía tan débil?
—Vamos a acabar con esto de una vez, —gruñó acortando la distancia entre ambos, permitiéndose ver con más claridad los ojos de su rival. Sí, ahí estaba, sin la ayuda de televisores u otros aparatos, la pura frecuencia de Vox apenas era un latido débil—. Qué patético eres, —añadió con tono cínico ¿en serio él creía que Alastor iba a caer en una trampa tan estúpida?
—Oh, tú y tus comentarios, como los he echado de menos, —replicó Vox, lanzando su cabeza hacia atrás y riendo con crueldad—. ¿Es eso lo que quieres oír? Que por lo menos uno de los dos pueda admitirlo.
Alastor sintió como se le erizaba el vello de todo su cuerpo y saltó hacia atrás justo a tiempo para esquivar un rayo que cayó en el lugar donde había estado de pie.
Bastardo.
—¿Te distraje?, —Vox preguntó con ironía.
Alastor dejó caer a un costado su cabeza ante la ridiculez de esa declaración. Luego, chasqueando los dedos, haciendo que dos de las sombras se hundieran en el suelo y serpentearan hacia Vox, pero éste sólo tuvo que apuntar hacia el suelo y dos rayos cayeron en el centro de ellas deteniéndolas en el acto.
—Si quieres que acorte la distancia entre nosotros, no necesitas enviar a tus amigos para que me arrastren, —se burló el otro demonio, dando un paso en su dirección y quedando completamente expuesto para él—. Sabes que siempre acudo a ti.
Eso era lo que molestaba tanto a Alastor de Vox, lo que hacía que volvieran a ese desagradable ritmo entre ellos. Como el estúpido tango que el otro Overlord persistía en hacer sonar por el sistema de parlantes distribuido en el parque. Los violines dejaron de asechar y las cuerdas se rasgaron con burla para corear las acciones de Vox. La total falta de respeto y sentido común que parecía habitar en el cuerpo de su rival, como si no le importaran los rumores y atrocidades que Alastor podría fácilmente derramar sobre lo que quedaba de su alma.
Como si él se creyese inmune.
Chasqueando los dedos, Alastor hizo que las sombras se dispersaran, apagando cada uno de los postes de luz en el parque y cubriendo el lugar en oscuridad. Desapareció en la misma penumbra, riéndose durante el segundo o dos en los que Vox pareció desorientado, y su pantalla fue el único faro de luz allí.
—Puedo ver tus ojos, viejo, —dijo el otro demonio, ubicándolo fácilmente y haciendo ese molesto contacto visual que parecía ser una necesidad para él—. Por lo menos yo no oculto que me gusta verte. ¿Estabas celoso de que me sentara con Angel en la última reunión? Para alguien que le gusta hablar tanto, siempre me evades.
—Tu narcisismo es patético, —gruñó Alastor con desdén.
Dejó ir a su sombra personal y su réplica no tardó en envolverse en torno a Vox, pero la electricidad pura iluminó el parque. Curioso. Normalmente, Vox no reaccionaba tan rápido, permitiendo que ese juego se desarrollase hasta llegar a las calles y los edificios comenzaran a caer para ser la percusión de su pequeña danza. Pero los ojos de su rival se clavaron en él y su mano lo señaló. Él apenas tuvo tiempo de esquivar el siguiente rayo y su chaqueta sufrió las consecuencias. Cuando Alastor intentó ubicar a su rival este había desaparecido. No, él sintió su presencia a su lado, este se había movido con la misma velocidad de sus poderes. Ahora Vox estaba cerca, sus garras en su cintura, obligándolo a dar un paso adelante.
El rostro de Vox era un reflector sobre su cara. Peor, un farol cegándolo.
—¿Es narcisismo cuando solo digo la verdad?
Como respuesta, Alastor aprovechó la cercanía y apretó el cuello de su rival sintiendo cada músculo y cable debajo de su agarre, arrojándolo a la pileta en un glorioso sonido de destrucción y líquido derramándose. Pero esto no era suficiente, Alastor necesitaban más. Una de sus sombras se arrastró hasta arrancar un árbol de raíz y lo arrojó a la pileta, pero Vox se movió como un rayo y apareció a su lado, apoyando su mano sobre su pecho y descargando electricidad por su cuerpo haciendo que el impacto lo lanzase contra el árbol más cercano.
En su pecho, los circuitos o engranajes ardieron, partes simbólicas y reales que desintonizaron múltiples estaciones de radio, y la estática distorsionó la realidad a su alrededor. El monstruo, la máquina y el demonio sincronizados después de tanto tiempo. Una risa escapó de su pecho cuando la mano de Vox tomó su muñeca y lo obligó a levantarse, solo para que sus sombras se enredaran en los tobillos de Vox y lo arrastraran al suelo, inmovilizándolo.
En esa oscuridad, el único reflector venía desde abajo, en el molesto rostro de Vox, y Alastor sintió que su instinto tomaba el control. Su presa estaba inmovilizada y viva. El latido de su corazón era una sinfonía similar al martillo sobre el cemento. Tan fuerte. Y él quería elevar el tempo de esa melodía. No solo eso, Alastor necesitaba reclamar su victoria con algo carente de palabras.
—Joder... ¿Tan rápido? —La voz de Vox sonó sorprendida, algo asustada pero entretenida.
Como siempre, sin sentido.
Más palabras, tal vez su nombre. La bestia en su cuerpo no entendía idiomas ni la sorpresa en esa voz. ¿Era siquiera una voz? No importaba. El hambre siguió la luz del faro, su cuerpo derribó a la presa y sus garras apartaron la ropa que se interponía entre él y los músculos, tendones y la fibra. La bestia quería morder algo que prestara lucha. Después, podría devorar partes más suaves y órganos. Pero la primera mordida debía ser sin gracia ni elegancia. Debía ser una batalla. Así que la bestia abrió sus fauces y mordió el espacio entre el firme hombro y el tenso cuello. A lo lejos, algo gritó. La presa. Pero él jadeó ante el calor que se derramó en su boca. Sus ojos rodaron hacia atrás para alejarse de la luz y habitar en ese momento.
Eso era su presa: algo vivo y eléctrico, alimentando no solo su hambre sino cada circuito y reviviendo cada fisura. Sus garras se apretaron más en las extremidades superiores de su objetivo, y aun con sus ojos cerrados, pudo sentir la luz parpadear. El faro que atraía monstruos e insectos perdiendo momentáneamente su fuerza, y Alastor, desde el fondo del monstruo, ascendió para tomar el control y rio con la boca llena, teniendo que masticar su preciado alimento. Era ambrosía y soma, dulce y narcótico, tan vital como el agua y el vino. Ningún otro demonio tenía un sabor comparable al de Vox, tal vez porque no existía otro demonio como ellos.
Alastor abrió sus ojos y se quitó un guante. Su sonrisa se hizo más afilada mientras Vox intentaba atacarlo, pero sus sombras lo detuvieron fácilmente. Él pasó los dedos por su mentón, recogiendo las gotas de sangre, llevándolas a su boca. No se podía desperdiciar nada. Era una verdadera lástima que la camisa de Vox estuviese cubierta con una mancha turquesa de sangre. Pero por lo menos Alastor tenía una parte del otro Overlord quemando su interior.
—Siempre estás a un paso de hacer esto sexy y lo conviertes en algo grotesco, —dijo Vox con esa risa resignada y llena de deleite que parecía reservar solo para esos momentos.
—Y sigues hablando tonterías, —respondió Alastor rodando los ojos.
—Tal vez… No es como si hiciera esto con alguien más.
Y jamás lo haría.
Una chispa eléctrica fue todo el aviso que tuvo Alastor antes de que Vox se liberara y lo empujara al suelo. Los relámpagos liberaron al otro Overlord de las sombras y lo tuvo sobre él, con la mano en su cuello. Sus garras abrieron los botones de su camisa y arruinaron su corbata, todo para que la mano de Vox tocara su piel. Alastor materializó su micrófono y lo golpeó con fuerza, destruyendo su perfecta apariencia. Pero Vox solo rio y osó lamer la herida, hiriéndose lo suficiente como para que una gota de sangre colgara de su lengua antes de desaparecer en su boca. Alastor gruñó, controlando los deseos del monstruo en él y negándose a caer en tan obvia trampa.
Si Vox pensaba que era un adicto sin control como Angel, estaba olvidando con quién estaba peleando.
Las garras del otro Overlord encontraron su pulso. No era la primera vez que Alastor se sorprendía de saber que esto era lo más cercano que permitiría a otro demonio estar cerca de él. Tocarlo. Aun así, sabía a dónde llevaría esa ruta y no era a un terreno que él despreciase. Era otra razón por las cuales era el Demonio de la TV su rival y no otro. Vox entendía. Hasta cierto punto era como él, pero completamente diferente. En ese momento, la cercanía de Vox era todo lo que necesitaba para sentirse vivo más allá del tormento, para sentir que todavía podía experimentar algo parecido a la compañía. Por eso estaba bien que lo tocase y bromease, porque era solo eso.
—Por lo menos, admite que extrañabas esto, —susurró Vox entre risas.
La electricidad quemó su garganta y su pecho. Cada nervio y parte de su cuerpo parecía arder en llamas durante uno o dos segundos para luego extraerlo como un pulso. Vox absorbió su energía, aquella electricidad que recorría su cuerpo como en cualquier otro ser. La misma electricidad que viajaba por sus nervios, alcanzando cada neurona o movía cada músculo. Pero también era la energía que alimentaba cada circuito y movía frecuencias en él. La parte más literal y menos mágica que lo conformaba al Demonio de la Radio.
—Preferiría hacerte gritar, pero aceptaré esto como consuelo, —susurró Vox en su oído.
Fue esa voz trasformada en una corriente eléctrica que recorrió su cuero cabelludo y bajó por la espalda de Alastor la que separó sus labios para dejar atrás el lenguaje universal del Infierno que hacía que todos ellos se entendiesen y él rememorase unas cuantas palabras en francés criollo de su amada Luisiana.
En un instante, todo lo que era él fluyó hacia el hombre sobre su cuerpo, alimentándolo y convirtiéndolo en una fuente de pura luz. Un farol brillante que alejaba la oscuridad trayendo un artificial día a su campo de batalla.
Pero repentinamente la música del perpetuo tango se detuvo, y toda la oscuridad volvió.
Vox cayó sobre él como una muñeca de trapo. Peor aún, su frecuencia casi desapareció. Alastor lo empujó lejos de su cuerpo y lo vio caer como un juguete sin cuerda ni batería.
La oscuridad desapareció y el cielo volvió al escenario. Cada árbol, banca y camino se hicieron fácilmente visibles a los ojos de cualquier desafortunado que aún estuviese cerca.
Él tocó el cuello de Vox, aunque ya sabía la respuesta, porque cuando se trataba de ellos, el pulso y la frecuencia iban de la mano. La pantalla de Vox titiló por unos segundos y el rostro de su rival se proyectó distorsionado y latente.
—Pensé que despertaría y te sentiría devorándome. —La risa de Vox sonó rota y sin energía.
—No me gustan las presas que no pelean. —Alastor frunció el ceño—. ¿A dónde?
—¿Qué?
—¿A dónde debo llevarte para que no parezca que peleo con un vagabundo del parque? —Él repitió entre dientes.
La pantalla se apagó y Alastor estuvo pensando cómo explicarle a Husk por qué la ciudad seguía en pie y necesitaba que revisara a Vox.
«Angel» resonó en su frecuencia.
Bien, eso iba a ser interesante. Alastor levantó del suelo a su rival, algo que probablemente era la segunda vez que hacía desde que lo conocía, y la primera vez no había sido él quien originó las heridas. Alastor se sumergió en la oscuridad y rastreó a Angel usando el mismo truco que Rosie utilizaba, conectándose a la conexión que compartía con el otro Overlord para rastrearlo en esa maldita ciudad. Sonrió burlonamente ante la buena fortuna que los hizo aparecer frente al departamento de la araña.
—Sonrisas… —exclamó Angel al verlos.
—Mi estimado ángel. —Él saludó, equilibrando a Vox contra su cuerpo en ese egoísta instinto donde Alastor se consideraba el único con el verdadero poder para mirar a Vox en sus momentos más patéticos.
Pero Angel no parecía interesado en eso. Curiosamente, ni siquiera parecía sorprendido de encontrarlos ahí. Solo estaba molesto, tal vez por la hora y el hecho de que Angel estaba apenas llegando del trabajo.
—Él insistió.
—Y tú tan caballeroso accediste.
Y cuanto antes Angel negara su mano solícita, más rápido él podría burlarse de Vox por confiar en la buena voluntad de alguien que obviamente no era su aliado o socio.
Pero en lugar de actuar con lógica y sentido común de no ayudar a quien fue la pareja del demonio que asesinó, Angel avanzó hasta su departamento y los dejó entrar.
—Oh… ¿En serio…? —Alastor luchó por mantener su sonrisa, pero no ocultó su sorpresa—. No esperaba esto.
—¡Tú lo trajiste! —Angel gritó exasperado y siguió quejándose, pero no cerró la puerta ni se negó a ayudarlos—. Tuve un día agotador, cuatro de mis mejores prostitutos están incapacitados por la última guerra de pandillas, tuve que mover algunos favores y… ¿Qué quieres de mí, Sonrisas?
Tanta innecesaria información soltada sobre él. Pero esa era la verdadera pregunta, y curiosamente, él desconocía la respuesta. Pero sabía por qué encontraba todo eso tan extraño, mucho más que el simple hecho de estar cargando en brazos a Vox.
—Pensé que te negarías a ayudarlo.
Alastor no había reparó en el detestable departamento moderno y de estilo contemporáneo que Angel ahora usaba con todo el dinero que había obtenido de los negocios que una vez fueron de Valentino. En su lugar, él se dirigió hacia el sofá más grande, junto a un enorme ventanal, y depositó a Vox allí. El lugar olía a Angel y ligeramente a Husk. Él supuso que eso era lo que hacía un lugar como ese un hogar compartido o una relación más sólida.
Era extraño ver a Vox ahí, vulnerable y obsoleto.
—Vox es mi socio, —respondió Angel con un tono protector y genuino que molesto a Alastor.
Tal vez era porque Angel y Husk eran una pareja exclusiva, lo que tendría sentido si no fuera por el hecho de que Angel estaba protegiendo a Vox. Pero cuando la araña volvió con un kit mucho más pequeño pero visiblemente de trabajo, como el que Husker solía cargar cuando reparaba las cosas en el hotel, Alastor se preguntó si ese sentido de protección era porque Vox también había sufrido heridas de Valentino y por alguna razón Angel había estado allí para repararlo.
Así que siguió la conversación en automático. Un viejo truco perfeccionado en el Infierno de sus tiempos como radio locutor y era obligado a entrevistar a la gente más aburrida por órdenes de los dueños de la estación. Alastor no estaba interesado en las explicaciones de Angel, su deseo de molestarlo era más una fuerza de costumbre que un sincero deseo por respuestas. En cambio, estaba descubriendo nuevos aspectos de ellos dos, como que Vox confiaba en Angel Dust para reparaciones y que Angel simplemente lo hacía.
Por supuesto, Vox podría regenerarse solo, pero Alastor había imaginado retenerlo en su habitación para que se regenerara antes de obtener las respuestas que deseaba por la lamentable ejecución durante su encuentro. Después de todo Vox podía ser muchas cosas, pero jamás lo había dejado insatisfecho cuando peleaban.
Pero ahí estaba Angel, cuidando a Vox como si fuera su responsabilidad.
—Pero ¿qué ocurrió? La herida es relativamente pequeña. —preguntó Angel mientras Alastor se movía detrás del sillón para tener una mejor vista del trabajo de Angel.
—Lo mismo me pregunto yo. Supongo que sin su asociación con Valentino él se encuentra más débil, —respondió Alastor.
Ellos habían estado en esa danza durante décadas, mucho antes de que Valentino apareciera en el Infierno, y Alastor jamás creyó que Vox perdería poder o dependería de otros. Se suponía que era uno de los Overlords más poderosos y el único que podía enfrentarlo. ¿Acaso se había relajado en su relación con Valentino? ¿O el duelo seguía perturbándolo?
—Pero él aún tiene a Velvette… —dijo Angel frunciendo el ceño mientras terminaba lo que sea que estuviera haciendo con la pantalla de Vox y el resultado fue luz—. Saludos guapo, no podemos seguir encontrándonos así.
Angel era un maestro de la seducción, pero era obvio que esa familiaridad y ligereza era genuina. Al parecer, Vox tenía una vida más allá de los Vees y eso era extraño para Alastor. Por alguna razón se sentía extraño el saber que su rival podía tener otras conexiones más íntimas que él había desconocido de su existencia. Pero mientras observaba a Vox y Angel interactuar, una pequeña idea se formó en su mente. Sería una buena lección para la imprudente araña que ahora era un Overlord y un buen motivo de comparación para la potencial alianza que Rosie insistía en tener.
—Para el récord, Angel Dust, esto es una terrible idea, —advirtió Alastor, colocando su mano en el pecho de Vox para mantenerlo sentado en el sillón y evitar que acortase la distancia con el otro demonio.
—Entonces no debiste traerlo aquí, —respondió Angel, rodando los ojos—. ¿Y puedo saber cómo el gran y poderoso Overlord Vox fue derribado tan fácilmente?
Esa era una pregunta legítima. Alastor miró al demonio herido y levantó una ceja, pero Vox apartó su mano con fastidio, como si no quisiera que Angel lo viera en una situación tan vulnerable.
—Ayer rompí mi asociación con Velvette. Debí dejar que mi energía se balanceara antes de nuestro encuentro, —explicó Vox, sonriendo—. Pero extrañaba nuestros pequeños bailes, viejo.
Absurdo. Una alianza formal entre Overlords era una forma de compartir energía y volverse más poderoso. Terminar algo así podía drenar a cualquiera, peor aún si tomaba en cuenta que Vox ya había sufrido la pérdida de Valentino.
—Eres ridículo, —gruñó Alastor, frunciendo el ceño por su error—. Tu necesidad de apresurar las cosas arruinó algo que fácilmente hubiese echo temblar a esta ciudad por años ante el simple recuerdo de lo que pudimos hacer. —Se enderezó y le lanzó una mirada a Angel—. Pero dado que esta despierto y fastidiando nuestros oídos con su voz puede irse ¿no?
Tal vez lo lanzaría a las ruinas de la ciudad para darle una lección. Alastor se sintió inspirado. Ahora que no necesitaban a Angel, él podría sacudir un poco de sentido común en esa caja de colores.
Pero Angel negó con la cabeza.
—Este es mi hogar, tú lo trajiste aquí y ahora él va a descansar.
Alastor forzó una sonrisa despreocupada en su rostro para no invadir el espacio personal de Angel. Entendía de dónde venía su actitud, pero ese no era el momento ni el lugar para actuar con determinación. Especialmente porque Alastor no tenía intención de pasar la noche allí.
Vox acarició el cabello de Angel con esa misma familiaridad, como si se conocieran desde siempre y ese contacto fuera algo constante entre ellos.
—Pensé que salías con Husk, no con Alastor… ¿O estás celoso por mí, chiquito?, —bromeó Vox con malicia, mirándolo como si supiera la respuesta.
Afortunadamente, la pantalla recién reparada de Vox falló por un momento, evitando que Angel escuchara más de esas palabras absurdas.
Tal vez eso le enseñaría a hablar con más sentido común.
—Eres detestable. Y una contaminación auditiva para este lugar, —respondió Alastor, claramente disgustado.
—Y aun así te llevaste un buen pedazo de mí en esa mordida, —recordó l otro Overlord con una risa grave e íntima que nadie más debería haber escuchado—. Así que no debo ser tan detestable para ti.
Pero ahora lo decía en presencia de Angel, como si formaran parte de una nueva realidad que Alastor no había aceptado cambiar.
—Pude devorarte cuando caíste inconsciente, —advirtió Alastor, sintiendo la bestia en su interior deseando tomar el control, pero no era el momento adecuado.
No.
Tenía que arreglar las cosas.
Traer otra bestia y llevarse a su presa. Eso sería una buena lección para Angel, porque ahora tenía que preocuparse de otras cosas y otros monstruos en lugar del Overlord en su sillón.
—Promesas, promesas, simples promesas, —respondió Vox con esa misma sonrisa desagradable que había iniciado todo décadas atrás.
—Por favor, no en frente de mí, —pidió Angel, mirándolos como si entendiera lo que estaba pasando allí—. No soy fan de rivales a amados ¿Saben? —Obviamente estaba muy lejos de comprender lo que realmente sucedía.
—¡Ja! Esa es una buena broma, mi estimado ángel, —dijo Alastor, lanzando sus hombros hacia atrás y poniendo en movimiento su plan, empujando más la paciencia de su anfitrión con cualquier comentario a la ligera que pudiera exasperar a la araña y hacer que mantuviera su atención en él.
Pero para su sorpresa, Angel parecía determinado en su rol protector.
Así que Alastor simplemente procedió con su momento lúdico y planes para el resto del día.
—Te lo advierto, mi dulce ángel, esto es una mala idea, —dijo Alastor haciendo una reverencia y desapareciendo en las sombras, dejando que su voz se mantuviera unos segundos más en ese lugar—. Pero si no deseas tomar mi consejo…
—Te ves mejor de lo que esperaba, —lo saludó Husk sin impresionarse de que repentinamente él estuviera ocupando uno de los taburetes en el bar del hotel.
La nariz felina de Husk se arrugó ligeramente, seguramente oliendo el aroma a quemadura y electricidad que lo envolvía. Era una lástima que no hubiera estado en contacto directo con Angel, solo para ver qué reacción tendría Husk. Pero era hora de despertar a otra bestia, una que respondía mejor a sus comandos.
—Fue lamentable, la verdad, —dijo Alastor mientras tomaba el vaso de whisky que apareció en la mesa y lo meció ligeramente—. Oficialmente los Vees ya no existen.
—¿Así que Vox terminó su asociación con Velvette?, —preguntó Husk levantando sus cejas—. Debió estar en una lamentable condición ¿y aun así se reunió contigo? Hablando de imprudencias.
—Exactamente, fue una batalla rápida y poco satisfactoria donde mi triunfo no fue placentero. Vox me pidió que lo llevara con Angel, —dijo Alastor sosteniendo su sonrisa cuando las orejas de Husk se alertaron y su instinto de protección reaccionando a su llamado—. Tuve que dejarlo allí... A pesar de que ya estaba en condiciones que yo lo tomase, —habló lentamente, viendo a Husk saltar sobre la barra, sus alas abriéndose en toda su gloria—. Angel insistió.
Husk gruñó y le lanzó una mirada.
—Ese niño... ¿En qué estado se encontraba Vox?
—Estaba débil, pero recuperándose, —respondió Alastor mientras tamborileaba sus dedos sobre el cristal del vaso al ritmo de un tambor de guerra—. Le advertí, pero ya sabes cómo son algunos...
Husk salió del hotel y Alastor rio entre dientes. No había nada más fascinante que los instintos a los que Lucifer los había atado a todos ellos. Husk podía ser pragmático y distante, pero años de protegerlo y cuidarlo después de las batallas que tenía con Vox habían hecho estragos en su instinto de protección. El aroma a sangre mezclada con la esencia de Vox y la suya era una combinación natural de peligro para Husk, una declaración de pura destrucción. Y ponerle la idea de que Angel estaba involucrado era como darle una orden a un perro bien entrenado.
Alastor terminó su vaso y se dirigió a su habitación. El día estaba comenzando y pronto el hotel estaría lleno de actividad, pero ese día Alastor ya había planeado liberarse de sus responsabilidades en el lugar. Así que caminó más despacio y canturreó una melodía, sin importarle que era ese tono que usaba Vox como tono en la frecuencia. Cuando entró en su habitación privada, sus sentidos se relajaron.
Este se había convertido en su santuario y, ¿en este momento?
Alastor chasqueó los dedos y tuvo la cortesía de dejar caer a Vox sobre su cama en lugar del suelo.
—¿Estamos en el hotel?, —preguntó Vox mientras se sentaba sin lucir impresionado por el cambio de escenario o ser técnicamente secuestrado, pero la electricidad danzó sobre sus dedos, débil como su frecuencia, pero un claro signo de amenaza.
—Relájate, no planeo pelear. Es un acto de buena fe con Angel, —se encogió de hombros y se acercó a la cama—. No quisiera que Husker malinterpretara las cosas.
Vox frunció el ceño.
—…cuando dijiste que era una mala idea, no pensé que te referías a que el novio de Angel era celoso.
—Y no lo es, Husker cree que está yendo a salvar a Angel de un peligroso Overlord, —se rio Alastor y se inclinó sobre Vox—. Lo cual es ridículo. Ni siquiera puedes mantener tu energía.
—Oh, te preocupas por mí, eso es adorable, —se burló Vox y ni siquiera se detuvo cuando el micrófono de Alastor lo empujó hacia la cama—. Eres ridículo, ¿sabes? Pudiste decirme que no querías que fuésemos con Angel. Pero como siempre, debiste ser extra dramático.
—No es la palabra que usaría, —Alastor se encogió de hombros, desapareció su micrófono y se quitó la chaqueta quemada—. Y para el registro, fue la muestra de tu más notable estupidez, de la cual tienes abundante, el asistir a una batalla en tan lamentables condiciones.
Era absurdo, por eso odiaba pensar en las implicaciones de ese pequeño baile. Alastor se enfadaba cada vez que pensaba en cómo siempre acudía a cada encuentro con Vox, aunque por dentro lo disfrutaba. A pesar de que se quejaba, no podía negar que iría. Por eso, Alastor encontraba imperdonable que Vox hubiera tardado tanto tiempo en buscarlo. La respuesta a eso nunca tendría sentido y Alastor no quería especular en ello.
—También te extrañaba, —dijo Vox al sentarse y apoyar su tobillo sobre su otra rodilla mientras lo miraba casualmente entretenido.
Y esa era otra cosa. Vox era un experto en hablar sin cuestionarse nada de lo que decía. Vivía a la altura de su nombre y era la voz que lo confesaba todo.
Alastor decidió arremangarse su camisa y estirar su chaleco para eliminar cualquier arruga. Él empujó el tobillo elevado de Vox y se colocó entre sus piernas. Desde su encuentro, Alastor no había prestado atención a su apariencia y eso era imperdonable. Pero el espectáculo debía continuar y él ya había tomado su decisión. Abrió otro botón de su camisa justo sobre su chaleco, encontrando divertido el modo en que Vox pareció congelarse por un gesto tan simple.
—¿Alastor…? —Vox preguntó.
—No he decidido si mereces esto, —respondió Alastor sonriendo con crueldad.
—Joder, ten un poco de compasión en todo ese arsénico. Casi muero por verte, —exageró Vox con sus gestos teatreros.
—Sigues siendo ridículo, —dijo Alastor mientras tomaba la mano de Vox y la colocaba sobre su pecho. En su corazón. Encima de la caja de circuitos. En contacto al origen de su frecuencia. El centro de su esencia.
Él no sabía explicarlo, pero siempre era ahí donde las cuerdas se estiraban, el fuego iniciaba y sus intenciones surgían cuando se trataba de Vox. Era lo que lo hacía el Demonio de la Radio. Su frecuencia encontró la de Vox y se conectó a la débil señal que solo se estaba sosteniendo de pretensiones y arrogancia. Vox lo miró, en un innecesario y ridículo momento de confirmación, cuando ambos sabían que siempre habían tomado del otro sin pedir.
Alastor cerró los ojos mientras sentía que su energía, lo que lo conectaba con las estaciones de radio y lo convertía en el mejor rival del Infierno, era consumida por Vox, quien lo agarraba por la cintura. Aunque sus garras se clavaron en la ropa de Alastor, este no se movió, sabiendo que no era una muestra de acercamiento, sino de contención. Era la embriaguez de la letargia, pero no detuvo a Vox, dejándolo consumir algo que estaría de vuelta mañana, pero que en ese momento era una garantía de que el Demonio de la TV recuperaría en segundos lo que tardaría días. La frecuencia de Vox volvió a su ritmo normal. Por fin, la fuerza de esta volvió a ser la misma que hacía de Vox el único que valía la pena.
El otro Overlord lo soltó, inclinó su cabeza y Alastor observó la peculiaridad de esa superficie delgada que era la cabeza del demonio. Mientras Alastor detenía el tiempo, Vox cambiaba y la falta de consistencia parecía ser un insulto hacia Alastor. Pero el terreno conocido lo hacía su rival más interesante.
—Eres el único con quien vale la pena competir, —dijo Vox con una sonrisa sardónica, aunque Alastor sabía que su pasión era real—. ¿Debería agradecerte? —El demonio levantó la mirada—. Aun cuando sé que la próxima vez intentaras matarme.
—Que intente destruirte o no es algo completamente irrelevante para este momento. —Alastor chasqueó sus dedos y señaló su cama—. Además, esto no fue un acto de caridad y el precio a pagar es saciar mi hambre.
—Las palabras con las que siempre sueño y aun así significan algo diferente… —Vox rio, aferrando el agarre en su cadera.
—Recuéstate antes de que decida despedazarte sin posibilidad de que seas reconocido. —Alastor ordenó, frunciendo el ceño.
—¿Sabes? Tal vez es la embriaguez de tu poder corriendo por mi cuerpo ¿Pero te han dicho que tu voz podría comandar hasta al rey del Infierno? —El otro demonio borró parcialmente su sonrisa, pero lo miró con seriedad—. Como órdenes, Alastor.
Y se recostó sin apartar su mirada ni mostrar miedo ante su destino entre esas paredes. En realidad, parecía que Vox no encontraba preocupante el carecer de escapatoria.
—Cada vez que abres la boca, una mentira te sigue. —Alastor le recordó.
—Solo porque no quieres creerme.
Él solo lo miró, porque creer implicaría demasiadas cosas que realmente no tenían sentido. En su lugar, sintió la energía que su alimento emanaba, preguntándose dónde podría saciar primero su hambre ¿Qué parte de su cuerpo sería aquella que desgarraría para volver suya?
—¿Vas a tomar algo o debo cortar un pedazo y darte de comer en la boca? —preguntó Vox con sarcasmo.
Era un sacrificio voluntario, pero no por eso menos ruidoso. Nunca lo sería.
Alastor se acercó, deseando marcarlo más y no ir al mismo lugar que había devorado antes. Pero el hambre tomó el control fácilmente, porque Vox era terreno conocido y su dormitorio era el lugar perfecto. Con Vox abriendo su camisa y mostrando su piel de obsidiana, Alastor supo que la bestia, el demonio y él estaban satisfechos al fin. Todo encajaba a la perfección. El monstruo se lanzó sobre su presa, y ésta se dejó atrapar con las manos juntas y sobre su peculiar cabeza. El olor a ozono y a electricidad antes de la tormenta llenó su territorio y su boca se abrió, salivando, hasta que se cerró en la firme piel. Su presa maldijo, pero de forma suave. La sangre llenó su boca, su cuerpo se presionó hasta atrapar a su sacrificio, y tuvo que usar más fuerza porque la superficie era muy suave y necesitaba tener control de su alimento. Otra maldición, en otro idioma y fue un jadeo contra su sensible oreja que se agitó ante el estímulo. Algo, quizá una pierna, se enganchó detrás de su pantorrilla, pero eso sólo significaba que su presa estaba enredada en él y que el cálido sabor que se derramaba en su boca y se derretía entre sus dientes no iba a desaparecer.
Era su sacrificio, llenando sus sentidos y derramándose de cada uno de ellos allí, en el altar de su alcoba.
Alastor se separó y lamió los ríos de sangre celeste en la piel oscura. Debajo de él, la frecuencia de Vox era tan rápida como el corazón de un colibrí. Y tal vez él estaba persiguiendo ese mismo tempo o simplemente se habían sincronizado.
—¿Satisfecho? —susurró el otro Overlord sin mirarlo—. Porque si vas a tomar más, tendrás que morder en otros lugares o me arrancarás un brazo.
—Nunca, —confesó Alastor. El hambre jamás desaparecía del todo—. Pero podría tomar tus muslos, sólo para que sigas temiendo que te arrancaré una extremidad.
Vox rio roncamente, tan ebrio como él, seguramente por la energía absorbida y entregada.
—Siempre un romántico, Alastor.
—Insensato, —se separó él—. Debería lanzarte fuera para que me dejes en paz.
—Dejarte... parece una idea ridícula, —chasqueó Vox su lengua y se estiró cómodamente en la cama—. Tu vida sería aburrida sin mí, viejo.
Tal vez, pero eso no le daba el derecho de decírselo.
—Osadas palabras para alguien que tiene su cuello a una corta distancia de mis dientes, —advirtió Alastor.
—¿Siempre intentas sonar seductor cuando me amenazas, o es sólo mi mente sucia interpretando tu peligro como algo más?, —Vox movió su boca de forma juguetona, una sonrisa que se hondeaba de un lado a otro de la pantalla sólo para fastidiarlo.
—Definitivamente es tu cerebro lleno de polvo, —decidió Alastor, sin mostrar su interés en la forma en que su rival cicatrizaba rápidamente, mucho más rápido que en otras ocasiones.
—Pero estabas celoso o posesivo en el departamento de Angel, —Vox estiró su mano y tuvo la osadía de tocar su oreja, el espacio que había entre ésta y sus astas. La sorpresa fue mayor para Alastor al encontrarse disfrutando de la sensación, cuando jamás permitía a alguien acercarse tanto. Pero ¿no palidecía esa caricia en comparación a todo lo que habían hecho y solían hacer en cada encuentro? Tal vez por eso no era tan malo o descabellado que su cuerpo no repudiase el contacto de Vox.
—Debo admitir que eres bueno en esto, —cedió Alastor, y las garras pasaron a su otra oreja, erizando su piel.
No tenía sentido que se encontrase encontrando agradable algo que definitivamente debía ser denigrante. Pero la bestia en él parecía satisfecha de ser reconocida más allá de su apetito.
—Me doy cuenta de que no es el momento para señalarlo, pero acabas de admitir que soy bueno en algo, —bromeó Vox y lo sostuvo antes de que escapara—. Prometo callarme si te recuestas y no me envías lejos. Me vendría bien descansar y regularme. —Lo miró agotado—. Y sin tocarnos. Eso incluye mordidas. Mi cuerpo esta zumbando por la regeneración.
Alastor hubiese luchado ante la perspectiva de compartir su cama. Pero era curioso que fuese Vox quien pusiera las reglas de distancia. Y una vez más, era exactamente por eso que era este Overlord y no otro demonio el que había devorado en la privacidad de su habitación. Él pensó en luchar contra eso, en no dejarse envolver por el aroma de Vox que impregnaba su cama y su piel, pero ¿para qué luchar contra lo inevitable? Así que, con un suspiro resignado, se recostó a su lado y cerró los ojos, ignorando la mirada del faro que lo acechaba desde el cuerpo a su lado.
Tal vez el hambre no desapareció pero la bestia que usaba el cuerpo del Demonio de la Radio se sintió satisfecha al reconocer la frecuencia de Vox enredarse con la suya con la misma creciente fuerza de las últimas décadas. Aunque odiase admitirlo, ellos estaban sintonizados y no existía un paralelismo común comparable a lo absurda de su dinámica.
Y ahí llegó esa ridícula canción que Vox solía silbar en el espacio que sus energías se encontraban. El ritmo en tres tiempos, porque siempre debía haber un tres cuando se trataba de Vox. Pero esta vez Alastor pudo oír toda la canción o por lo menos ese silbido ridículo ¿Cómo había acabado todo así? ¿Se debía a la falta de Valentino, a la ausencia de Vox o a los eventos de ese día en particular?
La risa de Vox llenó su habitación, personal y secreta, como las manchas de sangre donde él estaba recostado. Alastor se forzó a abrir los ojos y ese fue su error. Farolas cegando al ciervo. La luz delatando al monstruo. Vox estaba mirándolo como si fuese normal estar en su cama.
Por otro lado ¿no había actuado igual en el sofá de Angel?
¿Era eso normal entre demonios que realmente no tenían, como decía Rosie, posesividad en lo suyo sin importar qué era?
—¿Qué tal si dejamos de fingir que esto no está pasando? —propuso Vox con una sonrisa ladina, siempre tan imprudente e iluminando cada cosa que debía habitar mejor en la oscuridad de su mente—. Tú no me amas y yo te adoro. Tú eres un posesivo bastardo y yo vivo para alimentar tu locura.
—Según tú ¿qué está pasando y estamos fingiendo que no es así? —Alastor preguntó solo cuando el otro demonio dejó de mirarlo y en su lugar la luz en su rostro iluminó el techo de la habitación.
—No te preocupes, —dijo Vox, adivinando sus pensamientos—. Estoy bien con esto.
—Eso no responde mi pregunta. —Él se apoyó sobre su codo para mirarlo.
—Sé que esto es complicado, pero no me importa. —Vox movió su mano en el aire como si estuviese explicando algo trivial a una audiencia invisible sobre ellos—. Lo que hay es una relación. No romántica, no realmente. No sexual, no realmente. Lo que digo es que no deberías luchar tanto por ocultarlo.
—¿Y ser tan bombástico como tú? —Alastor se burló—. Lo que hay es una rivalidad.
Su rivalidad, la única que realmente tenía sentido en ese lugar. El resto eran daños colaterales y pestes que estorbaban. Pero eso la gente no entendía. Por eso Angel había actuado tan protector con Vox, como si Alastor realmente fuese a eliminar lo único que era constantemente entretenido en su condena. Pero la idea de que otros espiraran aquello que era suyo era insufrible.
—Una rivalidad con interés. —Vox tuvo que aclarar, poner su reflector atrás de las bambalinas y delatar que no había magia en la escena, solo una serie de intricadas cuerdas.
—Veo tu punto. —Alastor cerró sus ojos, esperando que eso fuese necesario para que Vox dejase de merodear más allá de lo necesario—. Lo tomaré en cuenta.
Después de todo, el otro Overlord tenía en claro qué ocurría y no había rango para interpretaciones equivocadas. Alastor suspiró y se enterró en la almohada para terminar esa conversación.
No sabía qué pasaría después de aquello y eso, en un mundo de rivalidades y traiciones, era algo agridulce pero era la belleza del sin sentido.
