Chapter Text
Con movimientos gráciles de su cola, Meng Yao atravesó las profundidades del mar. A medida que crecía, podía cubrir mayor distancia y más rápidamente. Sin embargo, su búsqueda seguía siendo infructuosa.
De regreso en su isla, la hermosa y brillante cola que le permitía nadar, se transformó en pies humanos con solo un pensamiento. Luego, caminó por la arena con frustración y pesar, mirando el vacío a su alrededor. Ahora no tenia a su madre para recibirlo con deliciosa comida, sonrisas y palabras de ánimo.
Mientras su madre estuvo con él, Meng Yao nunca intentó buscar respuestas. Ella había escapado de algo o de alguien, y lo mantuvo protegido con todas sus fuerzas.
Sin embargo, no era lo suficientemente fuerte y, un día, los monstruos de la tierra se lo llevaron. Meng Yao era diferente, y su habilidad era algo demasiado valioso.
Meng Yao siempre quiso saber quién era, y si existían otros como ellos en algún lugar del mundo. Sin embargo, su madre siempre le decía que nada de eso importaba. Lo único que debían hacer era quedarse allí, seguros y felices, lejos del peligro y del mundo que no los comprendería.
Lamentablemente, un día ella entró al mar y nunca regresó. Desapareció inesperadamente y desde entonces él intenta encontrarla.
Sabe que probablemente tiene que dejar la isla, pero su mamá siempre le ordenó que no lo hiciera. Por lo tanto se sentía en conflicto. Estaba tan preocupado por ella.
En el fondo sabía que solo la muerte podría explicar que ella lo abandonara tan repentinamente. Pero, ¿Y si hubiera sido capturada como él? Ella no tenía su habilidad, ¿Qué intercambiaría por su vida?
El anhelo y necesidad de respuestas, saber qué pasó con su mamá, era tan fuerte como su miedo a salir y encontrarse con los monstruos que habitaban el continente.
Su madre lo buscó hasta encontrarlo. Aunque tardó cinco años, ella lo encontró y llevó a un lugar seguro para que aquello no se repitiera. Si volvía a ser capturado nadie se preocuparía, ni lo buscaría. Y eso lo aterraba más que nada.
De regreso a su cabaña, lavó su cuerpo con agua dulce y jabones aromáticos. Secó su cuerpo desnudo, se vistió con túnicas sencillas y se dirigió al mapa que cubría la pared. Tras marcar su último recorrido, notó que solo le quedaban unas pocas rutas.
Después de eso no tendría nada. Debería resignarse a vivir en aquella jaula segura o salir al mundo.
Solo el cansancio pudo acallar las preocupaciones y miedos de su mente, y Meng Yao durmió para descansar su cuerpo y recobrar su energía para planear su siguiente excursión.
Cuando despertó, Meng Yao, subió a la copa más alta del árbol que contenía su cabaña y observó el horizonte en busca de barcos. Al no ver nada bajó y comenzó a preparar su comida.
Su mamá le dijo que de niño solía comer peces crudos cuando entraba al mar, pero la idea ahora le parecía repugnante. Se había acostumbrado a la comida cocida y los deliciosos platillos de su mamá.
Ella le enseñó a cocinar, a recoger agua y juntar comida. La isla donde habitaban era rica en alimentos y frutas por lo que podría vivir para siempre allí si tuviera que hacerlo.
Después de comer, cargó una canasta con botellas de agua potable y se adentro entre la vegetación de la isla para recolectar frutas y semillas, para los siguientes días. Acostumbrados a su presencia los animales inofensivos lo evitaron, y él evitó a los animales peligrosos.
Conocía cada centímetro de esa isla, cada árbol, era su hogar. Pero si no temiera al mundo saldría para conocer qué más existía.
De vez en cuando, veía barcos en el horizonte, aquella vista siempre era aterradora. Mayormente, solo pasaban de largo. Los árboles camuflaban su cabaña, por lo que nadie sabría que allí vivía alguien.
Pero, a veces, los barcos atracaban y personas en botes se acercaban a tierra. Eso era incluso más aterrador. Su mamá dijo que logró despistar a las personas que lo capturaron. Si supieran donde estaba, hacía tiempo hubieran ido a cazarlos.
De todos modos, Meng Yao prefería esconderse. La isla no tenía cosas de valor, por lo que las personas nunca se quedaban por mucho tiempo, a veces solo recogían comida y volvían a su barco.
Al regresar a su cabaña subió nuevamente a revisar el horizonte. Tampoco vio barcos por lo que comenzó a guardar la comida que había recogido.
De pronto, mientras comenzaba a preparar su cena, un llamado interrumpió el silencio.
—¡Hola! ¿Hay alguien ahí? —gritó una voz. Meng Yao se sobresaltó, congelado por el miedo.
Su cabaña, oculta en lo alto de un viejo árbol, estaba camuflada entre las hojas y ramas. ¿Cómo alguien pudo encontrarlo? La voz sonaba cercana, la persona debía estar en alguna de las ramas vecinas.
—¡Hola! —repitió la voz, y solo entonces Meng Yao reaccionó, y trepó al techo de la pequeña cocina, alejándose del sonido. Alcanzó a ver la figura de un hombre vestido con túnicas blancas antes de intentar correr sigilosamente entre las ramas y huir. Sin embargo, una rama lo hizo tropezar y, perdiendo el equilibrio, cayó al vacío.
Por un segundo, pensó que era mejor morir antes que ser capturado de nuevo. Las viejas raíces en el suelo lo matarían al instante. Pero no se estrelló contra ellas. Su caída fue interrumpida por brazos fuertes, y de pronto Meng Yao sintió que flotaba, envuelto en el cálido y firme cuerpo del hombre. Le llevó un segundo procesar lo que sucedía e, inmediatamente, comenzó a forcejear contra los brazos que lo sostenían.
—Espera, no te haré daño. Si te suelto, caerás. —dijo el hombre, sujetándolo con más fuerza.
Meng Yao quedó sin palabras al darse cuenta de que el hombre que lo sostenía realmente estaba flotando. Cuando comenzaron a descender, Meng Yao se aferró a las túnicas que cubrían el pecho del hombre al sentir el vértigo de la caída.
Unos segundos después soltó lentamente a Meng Yao y él notó que el hombre estaba sobre una espada que parecía flotar a varios centímetros del suelo. Luego, bajó de ella, y la espada floto a sus manos, y el hombre la enfundó en su cintura, de la cual también colgaba un adorno de jade y una delicada flauta.
Dirigió su mirada al rostro del hombre y notó que era increíblemente hermoso, con largos cabellos negros que caían por su espalda. Una cinta blanca adornaba su frente, haciéndolo lucir etéreo y masculino.
Por primera vez en su vida, Meng Yao conoció a alguien que, como él, era diferente. Esta persona no era humana, podía volar o hacer que su espada lo hiciera.
—Mi nombre es Lan XiChen, de la secta Lan de Gusu —se presentó solemnemente, haciendo una reverencia.
—¿Qué eres? —preguntó Meng Yao, con el corazón latiendo con fuerza.
El hombre lo miró con curiosidad.
—¿Qué soy?
—Los humanos no vuelan.
El hombre frunció el ceño ligeramente.
—Soy un humano, pero no uno común. Soy un cultivador —al ver la confusión en el rostro de Meng Yao, añadió—: Supongo que podrías considerarme una especie de cazador de criaturas peligrosas que amenazan a la gente común.
—¿Vienes a cazarme? —Meng Yao preguntó con temor.
De nada servía correr; ese hombre podría capturarlo fácilmente, pero aun así comenzó a alejarse lentamente hacia el arroyo cercano. Dentro del agua, nadie podría alcanzarlo. Desde allí, podría nadar al mar en minutos y esconderse en su cueva secreta.
—Claro que no, vine a pedir tu ayuda. Te daré cualquier cosa a cambio. —por su tono casi parecía ofendido por su pregunta, lo que hizo sentir mejor a Meng Yao.
— ¿Sabes lo que soy? — preguntó Meng Yao en un intento de ganar tiempo sin dejar de moverse.
—Dicen que fuiste capturado por un comerciante en el continente. Podías curar a los enfermos. Quería hacerse rico contigo, pero huiste.
Meng Yao se detuvo, sorprendido. Pensó que, dado que nadie había intentado cazarlo seriamente, nadie sabía que estaba allí.
—¿Cómo sabes de mí?
Lan XiChen suspiró y respondió con sinceridad:
—Llegué con mi hermano al continente. Fuimos llamados para limpiar una villa de espíritus malignos. Descubrimos que solo eran espíritus de personas inocentes que sufrieron a manos de ese comerciante. En un intento de evitar su castigo, el comerciante envenenó a mi hermano. Antes de liberar a los espíritus para que descansen en paz, nos contaron sobre ti.
–Eso es imposible, ¿Espíritus?
–Mi hermano es un experto en Inquiri, él puede contactarse con ellos mediante su Guquin. Mi secta se especializa en el cultivo musical. Sabemos que ese hombre te hizo daño, pero él ya fue juzgado y sentenciado a muerte por todo el daño que hizo. Lamentablemente murió sin decirnos qué tipo de veneno usó con mi hermano. Los espíritus dijeron que podrías sanar a las personas con tu voz. Necesito que salves a mi hermano. Llevo semanas buscándote.
Meng Yao procesó la información. El hombre frente a él no parecía hostil ni peligroso, y había una genuina preocupación y urgencia en sus ojos.
—Está bien, pero tienes que traer a tu hermano aquí —respondió finalmente, y el hombre frente a él sonrió con absoluta gratitud.
—Está bien, tendré que traerlo en barco…
—Nadie más puede venir, nadie debe saber sobre mí —lo interrumpió Meng Yao, firme en su decisión.
—Tienes mi palabra —Lan XiChen hizo una reverencia nuevamente, y aunque estaba asustado, Meng Yao le creyó.
—Iré por él ahora. Mi hermano es fuerte, pero no soportará mucho más.
Cuando Lan XiChen se fue rápidamente en su espada, Meng Yao pudo respirar aliviado por un momento, antes de reprenderse por haber invitado a alguien a su isla. ¿Y si volvía con cazadores?
Su madre nunca le habló sobre cultivadores, y él pensó que ella lo sabía todo sobre el mundo. ¿Cuánto más había por descubrir?
Si aquello no resultaba ser una trampa, tal vez podría pedirle a Lan XiChen que lo ayudara a buscar a su madre y a descubrir su origen. Obviamente, él tenía los recursos para hacerlo.
Sabiendo que desde el continente hasta su isla había tres días de distancia, Meng Yao preparó trampas. Debía prepararse para un posible ataque.
Tres días después, Lan XiChen regresó. Meng Yao divisó el barco en el horizonte y, en cuestión de minutos, vio un bote acercándose a una velocidad sorprendente. No había otros barcos o botes a la vista, solo el que ocupaban Lan XiChen y otra figura vestida de manera similar. Ese debía ser su hermano.
Tras revisar nuevamente los alrededores y el cielo, Meng Yao salió de detrás de las rocas y se sumergió en el mar para alcanzar el bote que se aproximaba a la costa.
XiChen miraba fijamente hacia la orilla, deseando poder ir más rápido, mientras canalizaba su energía en el cuerpo de WangJi para combatir el veneno. Esperaba que aquella criatura de la isla realmente cumpliera su promesa y tuviera la capacidad de salvarlo.
A solo unos minutos de la costa, XiChen notó algo moviéndose sigilosamente bajo el agua, cerca de su bote.
De pronto, la criatura emergió a la superficie a poca distancia del bote. XiChen quedó asombrado ante la visión. Él era realmente impresionante, con un rostro suave, ni completamente masculino ni femenino, y cabellos largos y negros que ondeaban sedosamente bajo el agua. Sus ojos brillaban con un verde aguamarina hipnótico.
La preocupación en su primer encuentro había evitado que se concentrara en su belleza, pero ahora, dentro del mar, era deslumbrante.
—Sígueme, los llevaré a un lugar seguro —dijo él antes de girar sin esperar respuesta. Solo entonces XiChen notó por un instante las escamas de su cola. Comenzaban siendo del mismo verde aguamarina de sus ojos pero se degradaban hasta convertirse en un dorado deslumbrante hacia la punta.
XiChen no perdió tiempo y lo siguió. Le preocupó ser llevado a una trampa, pero la situación de su hermano ya era demasiado crítica para dudar. Era tarde para seguir la segunda pista que había obtenido.
Mientras avanzaban, XiChen no podía dejar de admirar la gracia con la que Meng Yao se movía bajo el agua.
La toxina en su cuerpo avanzaba hacia su corazón. Su núcleo y energía espiritual deberían poder contenerlo y expulsarlo, sin embargo, el veneno incluía una maldición que generaba heridas profundas en su espalda que requerían casi toda su energía para sanar. Mientras tanto, la toxina avanzaba hacia su corazón.
XiChen no sabía el alcance de los poderes de la criatura, pero si tan solo pudiera curar sus heridas, el núcleo de Lan WangJi podría expulsar la toxina. Él podía darle energía espiritual pero no era suficiente. Sólo había ayudado a mantenerlo vivo.
La criatura lo llevó muy dentro de una cueva, apenas iluminada.
—Puedes dejarlo en aquella roca —Le dijo señalando una roca enorme en medio del agua.
XiChen bajó del bote y se sorprendió al poder hacer pie. El agua casi llegaba a su cintura, por lo que supuso que la criatura lo llevó allí para no tomar su forma humana. Probablemente tenía más poder defensivo en su forma marina.
Luego, XiChen sacó a su hermano del bote y lo tendió sobre la roca. Su espalda estaba teñida de rojo una vez más.
—El veneno tiene consigo una maldición física. Abre heridas profundas en su espalda. El poder de su núcleo se centra en sanarlas mientras el veneno se dirige a su corazón. –explicó. Obviamente él no sabía nada sobre cultivadores, se veía confundido.
—Puedo curar sus heridas –dijo acercándose a la roca inspeccionando a su hermano.
Lan Zhan llevaba días medio inconsciente por lo que apenas reaccionó durante todo ese proceso.
Entonces, comenzó a cantar. La canción era una melodía antigua que no reconoció, cargada de energía espiritual de curación, por lo que XiChen estaba sorprendido.
Las notas eran suaves al principio, como un murmullo suave de una canción de cuna, pero las notas pronto se elevaron, llenando el aire de poder espiritual que atrajo incluso a su núcleo.
El rostro de su hermano se relajó de inmediato, y con la ayuda de su poder espiritual, XiChen noto que no solo las heridas físicas sanaron en segundos. La toxina apenas podía luchar contra la canción. Cuando esta alcanzó su clímax con una nota larga y sostenida, la energía oscura dentro de su hermano se disipó por completo como si nunca hubiera estado allí.
Su hermano suspiró, y su núcleo tomó el control para recuperar su energía por sí misma.
—¿Funcionó? —preguntó la criatura con el ceño fruncido, mirando a su hermano. XiChen sonrió con incredulidad.
—Claro que sí.
—Pero no despertó.
—Su núcleo necesita recargarse. Estará bien en un tiempo.
—Oh...
La sirena lo miró entonces, expectante y desafiante.
—Hay energía espiritual en ti —dijo de repente, él no sabia sobre cultivación, pero tenia energía espiritual. Probablemente tenia un núcleo también.
Meng Yao no sabía qué significaba eso. ¿Era como ellos?
—¿De dónde eres? ¿Por qué estás solo aquí? —preguntó XiChen, con curiosidad.
—En realidad no lo sé. He vivido en esta isla desde niño y antes de eso, en un pueblo con mi madre. Ella era como yo, pero desapareció hace dos años.
—¿Qué pasó?
—Entró al mar y no regresó.
—Lo siento.
Meng Yao notó la sinceridad del hombre una vez más.
—Dijiste que si salvaba a tu hermano me darías cualquier cosa que pidiera —le recordó con un impulso de valor.
—Cumpliré mi promesa —respondió solemnemente XiChen.
Meng Yao sonrió con alivio.
—Quiero que me ayudes a buscar a mi madre... o a descubrir si hay otros como yo.
XiChen pareció pensarlo por un momento, y justo cuando Meng Yao estaba considerando intentar ahogarlo con el agua a su alrededor, él asintió.
—Está bien. Lo intentaré, lo prometo.
Meng Yao inmediatamente se sintió ansioso, pensando en todo lo que debería preparar antes de poder dejar la isla.
—Lo siento, nunca pregunté tu nombre —dijo XiChen de repente, luciendo culpable.
—Meng Yao —respondió.
XiChen hizo una reverencia frente a él.
—Es un placer conocerte. Realmente estoy muy agradecido por tu ayuda. Toda mi familia y secta están en deuda contigo, Meng Yao.
Meng Yao no sabía realmente a qué se refería, pero por primera vez desde que su madre se fue, se sintió esperanzado y no tan solo, y asustado.
