Actions

Work Header

me gusta soñar, me gustas tú

Summary:

A Gekko le gusta Iso.

Notes:

El título del fic procede de una canción llamada "Me gustas tú" de Manu Chao, algo que opino que sin duda escucharía Gekko.

Pa ti, Judith, espero que lo disfrutes mucho <3

Work Text:

A Gekko le gustaba tener rutinas. No era bueno manteniéndolas, no durante mucho tiempo, pero sí el justo como para no acabar aburriéndose. Le ayudaba a adaptarse a los cambios, a mantener sus pensamientos mañaneros en orden. En los últimos tiempos (las últimas tres semanas) había adquirido un poco del ánimo mañanero de Cypher, ambos conversaban sentados en la isla de la cocina con un té humeante frente a ellos y las noticias puestas en la pequeña televisión como una banda sonora monótona y constante. Era agradable estar con el hombre, era ingenioso con su elección de conversación, mordaz con sus palabras y absolutamente divertido. A veces, se les unían Sage y Omen, otras, muy pocas veces, aparecía una Jett malhumorada que había dormido poco y que a duras penas murmuraba un saludo —generalmente, acababa por servirse una tila y volvía en silencio a su habitación. 

Aquella mañana, mientras Wigman jugueteaba a su lado con unas ramitas que Omen había podado de su bonsái, y Cypher le explicaba la diferencia entre desertización y desertificación, apareció Iso. Fue una novedad en su rutina, por lo que Gekko le saludó con una sonrisa de boca abierta y un movimiento con la cabeza discreto para no interrumpir al mayor que, al estar de espaldas a la puerta, todavía no lo había visto. 

—... y por eso, es tan importante conocer la diferencia, ¿sabes? Aunque desde que apareció la radianita el cambio climático ha quedado un poco de lado… ¿Tendrán las otras tierras los mismos problemas climáticos? Puede… Oh, buenos días, Iso, ¿tan temprano y ya despierto? 

Iso estuvo unos segundos callado, sin responder. No le devolvió el saludo. En cuanto tuvo una taza en su mano y fue hacia la nevera, respondió: —Anoche me dormí temprano. 

—Sueles tener problemas para dormir. —No fue una pregunta. Iso se limitó a asentir—. Te diría algún truquillo, pero llevo cuarenta años vivo y 25 de ellos con insomnio. 

—A mí me funciona leer —apuntó Gekko, aunque nadie le hubiera preguntado. 

—Tu duermes como un lirón, chaval, no vale. 

Gekko se rio, porque era verdad. Su mente y cuerpos hiperactivos llegaban al ocaso generalmente cansados, y si por algún motivo no podía conciliar el sueño, leía un poco y caía redondo con facilidad. 

—Tal vez solo tengas que acostumbrarte a tu nueva habitación, aclimatarse y todo eso, como los gatos —apostó Cypher, que se llevó la taza a sus labios descubiertos por la máscara—. Tal vez Brim pueda conseguirte alguna cosa… 

—No es necesario —interrumpió Iso, no les había mirado en ningún momento, y aunque Gekko empezaba a acostumbrarse, el nerviosismo de ser ignorado era un poco molesto. Sus habitaciones compartían pared, y Gekko había escuchado los gritos algunas veces; Iso tenía pesadillas recurrentes, por eso dormía poco, y por eso solía despertarse algo más tarde que el resto una vez cogía el sueño. Pero no era algo que pudiera decir, ¿verdad? Por eso se mantuvo callado, acariciando a Wigman entre sus orejas mientras el bichito arrancaba las hojas puntiagudas de las ramas una a una—. Nos vemos en el entrenamiento. 

Iso se alejó, no sin antes coger un paquete de galletas que se llevó con su café. Gekko le observó irse, la silueta de su espalda, la curva de su cuello y el nacimiento de su pelo negro, en la nuca. El cosquilleo en su barriga no era solo el nerviosismo por ser ignorado, Gekko lo sabía. Le gustaba lo que veía, desde su altura privilegiada hasta los dedos largos y anchos con los que sujetaba las pistolas, que no temblaban, que no titubeaban bajo ninguna presión. 

Después del éxito en su misión en Yakarta, que había ayudado a Iso a liberarse de sus raíces como asesino a sueldo y que le había convertido en un agente en activo del Protocolo, en todas sus funciones, de forma permanente, Gekko le había dado rienda suelta a esos sentimientos; Iso estaba destinado a quedarse, ¿qué más daba si se fijaba demasiado en sus brazos? ¿O en sus ojos? ¿O en la forma en la que sus labios se suavizaban cuando Wigman le saludaba? No es que fuera a ir a ningún lado. 

—Jiji, se te va a caer la baba, compañero. 

Gekko enrojeció inmediatamente ante el comentario de Cypher. 

—¿Qué dices? —respondió el joven, alarmado ante la idea de que Iso hubiera podido escucharles desde el final del pasillo. De repente, le dio un gran sorbo a su té, sediento. 

—Vamos, Gekko, no insultes mi inteligencia, que he estado casado, muchacho, no una no, sino dos veces. Sé identificar esa mirada cuando la veo. 

Gekko, muy dignamente, miró hacia otro lado, su labio inferior abultado en un puchero de indignación fingida. 

—Qué vas a saber tú, si estás casado con un tío que va todo el día enmascarado. 

—Pues precisamente —Gekko le vio sonreír antes de aplanar los labios—. Sólo te diré una cosa, chaval, ten cuidado. No creo que Iso sea mal chico, pero está jodido, y a veces la gente jodida hiere sin querer, ¿eh? 

Gekko miró hacia el pasillo vacío, hacia el umbral que acababa de cruzar sin siquiera echarle un vistazo. ¿Y quién no estaba jodido en aquel lugar? Aunque sabía que Cypher era sabio en muchas cosas, no se tomó muy en serio aquellas palabras. 

—Bueno, tampoco es que tenga la oportunidad de hacerte caso, ¿sabes? Ni siquiera me mira. 

Cypher se encogió de hombros.

—Pfff, de peores líneas de salida he visto iniciarse el cariño, mocoso. 



***



Algunos días después, Wigman lo despertó con suavidad. Confundido, miró el reloj sobre su mesita antes de identificar el ruido en el fondo de su mente. Eran las cuatro de la mañana. Sin embargo, el ruido no estaba en su cabeza, estaba en la habitación de al lado, y los golpes errantes contra su pared le dieron una idea de lo que estaba pasando allí. Los gemidos de dolor se intensificaron cuando se plantó frente a la puerta de Iso. Era la última del pasillo, Gekko debía ser el único capaz de escucharlo. 

Un ruido lastimero salió de Wigman cuando Gekko le miró, inseguro. Probó, con una mano tambaleante, si la puerta estaba abierta. No lo estaba. Wigman volvió a lloriquear, preocupado. Normalmente, las pesadillas acababan pronto, pero aquella, de alguna forma, era distinta. Sin saber muy bien qué hacer, Gekko volvió a su habitación, y tumbado cara a la pared, la golpeó con los nudillos suavemente. 

Pum, pum, pum. 

—Iso — pum, pum, pum —. ¿Me escuchas, Iso? Es solo una pesadilla. 

Entonces, esperó. No hubo más golpes de brazos y piernas huyendo de pesadillas contra la pared. Ni murmullos. Luego, cuando Gekko empezaba a quedarse dormido de nuevo, pegado contra el frío yeso de la pared, lo escuchó. 

Pum, pum, pum. 

 

***

 

Gekko soñó con su madre. Con los desayunos en la mesa de la cocina, el tintineo de los fluorescentes recién encendidos, la vibración de la electricidad de los electrodomésticos, el olor a nevera del brick de leche. Sus besos en la coronilla. Su olor a suavizante de ropa. 

Despertó, todavía amorrado a la pared. Ese hecho fue lo único que le devolvió a la memoria lo que había ocurrido tan solo algunas horas antes. No había sido un sueño. Pero el recuerdo de su madre sí lo había sido. Se desperezó con una especie de revoltijo extraño de sensaciones en el estómago. Se vistió, alimentó a Mosh, a Dizzy y a Trash con mimos y se echó a Wigman al hombro. A diferencia de este último, el resto preferían la tranquilidad de su habitación la mayoría del tiempo. 

Abrió la puerta todavía bostezando, y sin quererlo, se chocó contra algo al salir. Retrocedió como si se hubiera topado con una colchoneta, solo que no era una colchoneta, no, era Iso, que lo atrapó del cuello de su jersey en un rápido reflejo. 

Gekko soltó un “uoh” confundido mientras asimilaba lo que acababa de pasar. Primero miró la mano que arrugaba su jersey un poco más abajo de su barbilla, luego siguió lentamente el puño cerrado hacia arriba: los guantes, la manga, el hombro, hasta llegar a un par de ojos que se retiraron de su cara en cuanto hicieron contacto con los suyos. La mano le soltó a la vez, sin darle tiempo real a procesar la información, por lo que acabó por chocar la espalda contra la pared del pasillo igualmente. 

—Buau, lo siento, no te he visto… Qué coincidencia, ¿eh? Jajaja… Lo siento. 

—¿Estás bien? 

Gekko tardó un poco más de lo que le hubiera gustado en procesar las palabras de Iso. 

—¿Eh? Ah, sí, sí. ¿Tú? 

—Uhm. —Asintió. 

Y, entonces, se marchó. No fue hasta que Wigman tiró del dobladillo de sus pantalones que Gekko también empezó a caminar, todavía con la sensación de las pulsaciones de su corazón en las raíces de su cabello. 

 

***

 

Volvió a suceder. Una noche, y otra, y otra. Y entonces Gekko golpeaba la pared. 

Pum, pum, pum. Y le hablaba, tan pegado en la pared que podía sentir la humedad de su aliento condensándose sobre la pintura. No sabía si Iso lo escuchaba, pero él seguía haciéndolo. A Gekko le gustaba el sabor de la esperanza, 

Pum, pum, pum. Y las pesadillas terminaban. 



***

En los entrenamientos, Iso era cada vez un poco más hablador. Sage le generaba confianza, y no tenía problema en elogiar a sus compañeros cuando lo requería; tampoco se cortaba en el caso opuesto. 

Aunque no fuera con él, Gekko se alegraba de escucharlo hablar. 

Cuánto más hablaba, menos pesadillas solía tener.

 

***

 

—Nunca le he visto sonreír. 

Gekko levantó la mirada de sus uñas. Se llevó el dedo a la boca, mordisqueando las pieles que previamente se había estado levantando alrededor de cutícula. Le escoció, pero siguió estirando. 

—¿Uh? ¿Quién?

Raze no apartó la mirada de sus maquinaciones. Tenía un destornillador pequeño en la mano mientras desmontaba uno de sus bots. Gekko solo estaba ahí haciéndole compañía, esperando a que el resto regresara de una misión de reconocimiento (nada demasiado complicado). 

—Iso —respondió entonces Harbor, que también estaba en su compañía mientras leía una revista sobre senderismo que le había cogido prestada a Brimstone—. Te refieres a Iso, ¿verdad?

—Yep. 

—Ya… —murmuró Gekko. El sabor de la sangre llegó a sus labios y decidió que ya era momento de parar. Se sopló la herida y metió las manos entre sus muslos, en un vago intento de detener la ansiedad de seguir mordiendo—. Supongo que no es lo suyo. 

—Sonreír es de todo el mundo —Harbor dejó la revista a un lado. Se cruzó de piernas, de brazos, y miró a Gekko con una ceja alzada—. Otra cosa es que algunos sientan que no es lo que merecen, como… No sé, a veces yo también siento que no merezco nada de lo que tengo. Pff, lo sé, es ridículo, pero a veces esta cabecita nuestra es toda una dramas. Aunque tampoco digo que ese sea el motivo de Iso, tal vez solo sea un sieso. 

—Ahora que lo pienso —intervino Raze, dejando de lado el destornillador para coger el sandwich de pollo que le había hecho Gekko (sabía que sino no comería nada, embelesada en sus cosas)—, sí le vi sonreír una vez, pero fue a uno de tus bichitos, a Wigman, creo. —Le dio un mordisco a la comida, torció la cabeza, saboreando, tragó duro, le dio otro mordisco—. Heh, tenía una sonrisa bonita. 

—Es que es guapo —apuntó Harbor. Sus ojos, por algún motivo, se dirigieron a Gekko, como si esperara una reacción. No obtuvo más que una tensión descarada en los hombros—. Guapo y con esa mirada melancólica, como si hubiera visto arder el mundo varias veces por su culpa… Si fuera una mujer, sin duda sería mi tipo. 

          Raze rodó los ojos, riéndose por lo bajo. 

—Pues… Yo creo que no es… eso —balbuceó Gekko—. Yo creo que… O sea, sí, es serio y reservado y supongo que debe tener su propios demonios, como todos, pero realmente… —Apretó sus piernas juntas, luchando por tener las manos apretujadas con fuerza en medio—. Realmente creo que mantiene la distancia porque… teme… ya sabéis, teme que le tengamos miedo, que desconfiemos de él. Es como lo que me pasó a mí cuando llegó Deadlock, mantuve la distancia para que pudiera aclimatarse a mi presencia… y a la de mis chicos. 

Hubo un silencio. Luego Harbor soltó un soplido. Raze le dio una palmada en el hombro, que llevó su cuerpo hacia delante, sin esperárselo. 

—Buau, buau… Sí, ya veo, Gekko, a ti también te parece guapo… sí. 

 

***

 

Iso llegó herido de la misión. También Omen y Chamber. Gekko no lo supo hasta la mañana siguiente, cuando la ausencia de Cypher en la cocina le perturbó lo bastante como para no escuchar los pasos de Iso detrás de él.

Se giró, con el ceño fruncido. Abrió la boca para preguntar tranquilamente sobre la ausencia de Cypher, todavía ignorante de todo, pero entonces sus ojos se detuvieron en el vendaje que cubría la ceja de Iso y sus pensamientos se detuvieron abruptamente. 

—¡¿Qué te ha pasado?! —Se acercó a Iso por inercia, para inspeccionarlo de cerca. Iso se quedó quieto, dejando que Gekko pulular a su alrededor—.  ¿Fue en la misión?

—Sí, fue… 

—¡¿Está Cypher bien?! ¿El resto? ¿¡Tú!? —Le interrumpió. Gekko fue a echarse a andar hacia la salida, pero Iso lo detuvo, agarrando su codo sin ejercer demasiada presión—. ¿Por qué nadie me despertó? 

—Llegamos tarde —dijo Iso, dio un paso hacia Gekko después de soltarlo, alzando las manos en un intento claro de calmarlo—. Todos estamos bien, sólo magullados. Iban mejor armados de lo que pensábamos, eso es todo. Por eso he venido, porque sabía que Cypher querría descansar y te asustarías. 

Gekko fue a rechistar, pero las palabras murieron en su boca. En su lugar, sus ojos fueron a la gasa teñida de rojo que tenía Iso sobre la ceja, también en los cortes esparcidos por toda su cara. 

—Cypher y Chamber solo recibieron algunos moratones por la caída, Omen… Bueno, le alcanzó una bala, pero nada que Skye no pudiera manejar. Créeme, puedes estar tranquilo. Y yo… rompí una ventana con mi cuerpo, eso nos salvó —explicó Iso, consciente de los ojos de Gekko sobre sus heridas—. Sobreviviré.

Gekko asintió, rodeando el cuerpo del más alto para tomar asiento en uno de los taburetes. Iso le siguió con la mirada, pero se quedó en su sitio. Bajo su atenta mirada, Gekko se tapó los ojos y suspiró con pesar. Daba igual el tiempo que llevara allí, jamás podría acostumbrarse a la ansiedad que le provocan las misiones ajenas a él; preocuparse por sus compañeros de la forma en la que lo hacía iba a acabar pasándole factura, lo sabía. 

—Gracias… Gracias, por venir y contármelo —murmuró, todavía con la cara cubierta por sus manos—. Pero deberías descansar, ¿no? 

—No lo creo —se limitó a contestar—. No dormiría, aunque lo intentara.  

Gekko suspiró, se lo quedó mirando, ahí de pie como un pasmarote. Entendió a lo que se refería sin añadir más, y el conocimiento de aquella complicidad entre ellos encendió una llama caliente en su vientre. 

—Pues anda, ven, te cambiaré esas curas. 



***

 

Iso siseó casi inaudiblemente cuando la gasa con el antiséptico rozó el corte profundo de su ceja. No era muy grande, pero sí lo suficiente honda como para necesitar un par de puntos. Aún estaba hinchada, pero tenía un color saludable. 

Gekko, sentado junto a Iso, sopló suavemente para calmar el escozor. Olía al gel de baño genérico que había en las duchas del gimnasio, y bajo ese olor, había un matiz denso, como a harina, a pan crudo. Iso miraba al frente, dejándose hacer por las manos acostumbradas de Gekko; había curado tanto a otras personas como a él mismo infinidad de veces. 

Deslizó con cuidado la cinta sobre la gasa, apretando solo un poco sobre la sien de Iso. Una vez terminó, salió del eje de gravedad del otro y se recostó contra la silla, suspirando. 

—Ale, ya está —sonrió, a pesar de que el repentino susto todavía no había pasado. A veces dudaba de sus capacidades dentro del Protocolo, y el temblor en su respiración era un indicio de ello, sabía que hasta que no viera con sus propios ojos a Omen y a Cypher no se quedaría tranquilo. Por dios, incluso ver la insufrible cara de memo de Chamber calmaría sus ánimos.  

Se hizo el silencio, y en ese silencio, Iso le miró. Gekko no recordaba un momento en el que hubieran estado solos antes, tampoco uno en el que Iso le hubiera mirado durante tanto rato. En la comodidad de la calma, Iso entreabrió los labios. Los cerró, los volvió a abrir, suspiró, bajó la mirada, y con los ojos fijos en sus manos, susurró: —Me llamo Li Zhao Yu. Nací en Chongqing. No recuerdo nada bueno de mi infancia, ni de mi vida, en realidad. No tengo nada que ofrecerte, pero gracias por ayudarme siempre sin esperar nada a cambio, Gekko. 

El más bajo aguantó la respiración, sus ojos incapaces de apartarse del rubor que había cubierto las mejillas de Iso, un tono rosado que le llegaba hasta las orejas. 

—Me llamo Mateo Armendáriz de la Fuente, puedes llamarme solo Mateo —comenzó. Iso le miró de reojo, todavía demasiado avergonzado para encararlo (a pesar de que la distancia entre ellos era realmente escasa)—. Nací en Los Ángeles, y puedo compartir contigo los buenos recuerdos de mi infancia, si quieres. Incluso puedo presentarte a mi madre. Te gusta comer, y a ella le encanta cocinar, te querrá más que a mí en un abrir y cerrar de ojos. Y sí tienes mucho que ofrecer; ya lo haces, en realidad. Confíamos en ti, Is.. Li Zhao. No importa de donde vengas, ¿vale? Lo importante es a dónde vamos. Es hora de que aprendas a soñar, ¿no crees? 

Cuando Gekko le sonrió, el rubor de las mejillas de Iso se intensificó incontrolablemente. El pelinegro se removió, incapaz de decidir qué hacer, y antes de que pudiera pensar con claridad lo que hacía, tenía los dedos de una mano sobre la nuca de Gekko. 

Se miraron, con los ojos muy abiertos, y cuando Iso los acercó, Gekko cerró los ojos. Ambos estaban ardiendo. Se fundieron en un abrazo inesperado. Sin titubear, Gekko alzó los brazos, rodeando el pecho de Iso con fuerza, sujetando su espalda como si le fuera la vida en ello. 

—No recuerdo el rostro de la última persona que me abrazó —murmuró Iso. 

—¿Quién era?


—Mi madre. 

Iso apretó el agarre, y Gekko se movió en su silla, desesperado por expandir su tacto hacia las partes que más dolían; para sanarlas, para cuidarlas, para mimarlas. 

—Ahora sí. 

—¿Uhm? 

—Ahora sí vas a recordar el rostro de la última persona a la que abrazaste —Iso asintió, y como no se movió, Gekko tampoco lo hizo. Después de unos segundos, continuó: —Li Zhao, ¿me das permiso para… estar cerca de ti cuando tengas pesadillas?

Y cuando Iso asintió, rozando con su nariz la suave piel de su cuello, Gekko estuvo a punto de ponerse a llorar. 

 

***

 

—¿Me puedes explicar por qué Iso no te quita la mirada de encima? —Reyna, hablándole en español, le acorraló junto a las mancuernas en el rincón más alejado del gimnasio. El resto estaban ocupados con sus propios asuntos, ignorando su conversación; todos, excepto Iso, que disimuladamente envió una miradita curiosa hacia ellos—. ¿Ves? Ay, aquí hay algo que no me has contado. 

Gekko se cruzó de brazos, fingiendo no darse cuenta. No había pasado nada. No, al menos, en el sentido estricto de la palabra. Desde aquel día, hacía ya una semana, Iso no había tenido pesadillas, pero sí le había hecho compañía por las mañanas junto a Cypher. Habían estado hablando un poco más, pero… No, en términos de pasar no había pasado nada. 

Aparte de lo del abrazo, claro. 

—Nada, no sucedió nada. Solo hablamos, se abrió un poco a mí la otra vez, después de la misión —explicó—. En realidad… tiene mucho que decir, ¿te lo puedes creer? Le gusta la música y… —calló, consciente de cómo las cejas de Reyna se alzaban más y más con cada palabra—. En fin, solo estaba cohibido, al principio. No significa nada, realmente. 

Reyna, con su característica mirada penetrante, lo escaneó en busca de deshonestidad. Luego, balanceando sus caderas hacia el otro lado, cambió el peso de una pierna a otra. 

—Fingiré que te creo —empezó a retroceder, dispuesta a irse, pero antes, añadió: —Pero ese chico quiere comerte enterito, señorito. 

Y en ese momento, si hubiera sido posible morirse de vergüenza, Gekko lo hubiera hecho, sin duda alguna. 

 

***

 

Si Gekko hubiera estado en su casa, en otra ciudad, en otra realidad, tal vez se hubiera podido tomar aquello como una cita. Es decir, Iso estaba con la espalda apoyada en el cabezal de su cama, con las piernas encogidas contra su pecho y la cabeza apoyada en sus rodillas, escuchando con atención las canciones que Gekko le recomendaba. 

Sin embargo, estaban dónde estaban, recién duchados tras una práctica particularmente dura con sus compañeros. Estaban técnicamente en un lugar al que habían ido a trabajar, no a ligar. Por su cabeza volaron los recuerdos de todos los cotilleos que sabía de sus compañeros, y una voz insistente en su mente le recordó que eso no era una excusa inútil para calmar su corazón… Algunos de sus compañeros estaban literalmente casados, por el amor de Dios. 

—¿Te gusta? —graznó, algo más alto de lo normal, intentando apartar esos pensamientos de su cabeza. Iso lo miró con un solo movimiento de ojos, aún encorvado sobre su cuerpo. 

A pesar de estar encogido, ocupaba gran parte de la cama. Sus piernas eran largas, anchas, y él, en general, grande. Toda aquella grandeza no pegaba con el carácter que Gekko había estado vislumbrado últimamente; tranquilo, suave, incluso tierno, un chico al que le gustaba comer con sus compañeros, escuchar música, tatarearla. Los hobbies de Iso se alejaban del todo de su carácter en el campo de batalla. 

—Es… animada —respondió Iso. Movió su cabeza, alejándose de sus rodillas y apoyándola contra el cabezal—. Me gusta la música que escuchas. Se parece a ti.  

Gekko tragó saliva. 

—¿Gracias? —se rió nerviosamente bajo la mirada del otro chico, tranquila e impasible. ¿Era su impresión o la habitación de repente era rematadamente pequeña?—. Sé que no es lo que sueles escuchar… 

—Está bien, no lo digo por decir —siguió, interrumpiendolo, y entonces bajó las rodillas, cruzando sus piernas, inclinándose hacia delante: —Realmente me gusta. 

Está hablando de la música, Gekko. La música, la música, LA MÚSICA. 

—Te haré una playlist —murmuró como acto reflejo. Iso sonrió, volviéndose a tirar hacia atrás. 

—Genial. 

 

***

 

Deadlock le pegó un codazo en la mandíbula. Iso retrocedió, tambaleándose un par de pasos antes de estabilizarse. Phoenix soltó un soplido bajo, observando la pelea con emoción. Gekko tenía el corazón encogido, a pesar de que había sido idea de Iso. Todo había empezado a raíz de un comentario burlón de Yoru: “A Iso le quitas un arma y… ¡puf! Desaparece su poder”. Ahora, este lo observaba con una sonrisa prepotente recostado contra el hombro de Jett, la cual parecía igual de preocupada que Gekko. 

Iso no se había ofendido ante el comentario. Era absolutamente cierto; su combate cuerpo a cuerpo era lento y estático, sabía aguantar los golpes, pero no darlos con facilidad. Y, entonces, Deadlock se había ofrecido a ayudarlo con ello: le propuso una pelea antes, tan solo para hacerse una idea de su nivel.

Llevaban solo cinco minutos de pelea, y a Iso ya le sangraba una de las cejas. Gekko tampoco era bueno en el combate cuerpo a cuerpo, pero jamás se hubiera sometido a esa tortura para remediarlo (solo hacía falta ver los brazos de Deadlock para darse cuenta de la fuerza que poseían sus extremidades ). 

—¿Qué demonios estáis haciendo? 

Todos se giraron horrorizados ante la voz de Viper. El único que siguió impasible fue Yoru, para variar. 

—Le estoy enseñando a pelear —dijo Deadlock. 

—Le estás dando una paliza —apuntó la pelinegra, de brazos cruzados—, hay una pequeña diferencia ahí. Y tú —miró a Iso—, ¿por qué te dejas? ¿Eres masoquista? 

—Aprendo mejor a lo bestia —se limitó a decir, y todos se quedaron en silencio porque, bueno, sabían que hablaba en serio. 

Viper rodó los ojos, cansada. 

—No me sirves de nada herido. Iso, ve con Sage a que te cure esa herida. Gekko, asegúrate de que vaya. Yoru, como vuelvas a fomentar esta clase de actividades, te quedas sin misiones durante una temporada, ¿entendido? Venga, largo todo el mundo, se acabó el show. 

El grupo se disolvió. Jett se acercó rápidamente a Iso antes de irse. Gekko no escuchó lo que le dijo, pero Iso asintió, encogiéndose de hombros. Y fue él el que caminó hacia Gekko, cojeando ligeramente, esperando a que, como había dicho Viper, le llevara con Sage. 

—¿Necesitas apoyo, bigboy ? —Gekko intentó bromear a medio camino, observando con el ceño fruncido la cojera del otro. 

Iso asintió, pasando un brazo alrededor de sus hombros. Gekko hizo lo propio, y afianzó su agarre alrededor de la espalda media de Iso. 

—Sabes que puedes ignorar a Yoru, ¿no? —Murmuró Gekko sin reproche, solo como una obviedad—. Es así con todo el mundo, especialmente con los que le gustan, es su forma de… estudiarlos, supongo. A mí también me lo hizo, fue… 

—¿Le gustas a Yoru? —Inquirió Iso, interrumpiendo a Gekko inesperadamente. 

Gekko alzó la cabeza, mirándolo. Sus ojos se encontraron. Y se sonrojaron. Apretaron el agarre el uno sobre el otro mientras apartaban la mirada. 

—No en ese sentido —tartamudeó, rojo como una cereza—. Creo. No sé, Yoru… es… bueno, no le he preguntado, aunque estoy bastante seguro de que con Jett… O con Phoenix…. Pero a mí no me gusta, en ese sentido. Es mi compañero, confío en él. Pero no me gusta.

Con la perorata, ya habían llegado a la puerta del despacho de Sage. Iso se apartó de Gekko, tocando la puerta con un par de golpecitos rítmicos. Cuando se oyó un adelante, se giró hacia Gekko. Elevó la comisura de sus labios. 

—Me alegro. 

No fue hasta un par de horas después que el más bajo cayó en algo.

Iso había sonreído. 

 

***

 

Aquella noche, cuando Wigman lo despertó, no fue por una pesadilla de Iso. Gekko tardó un poco en procesar los suaves golpes en la puerta de su habitación. Se levantó, todavía confuso. Detrás de la puerta estaba Iso, con los brazos relajados a cada lado de su cuerpo y la mirada baja. Gekko parpadeó, tieso como una barra de acero, antes de acabar de abrir la puerta y hacerse a un lado. 

Iso, sin mediar palabra, tomó la oferta. Entró, mirando discretamente a su alrededor. Ya habían estado en la habitación de Gekko, pero tal vez la oscuridad de la noche le brindaba otra perspectiva. Llevaba unos pantalones cortos sueltos y una camisa gigante (una que incluso a Iso le llegaba por los muslos). 

—Siento despertarte.

Iso le miró por encima del hombro en cuanto cerró la puerta. Después de pensarlo brevemente, echó el pestillo lentamente. Sus bichitos estaban todavía dormidos en sus acuarios, excepto Wigman, que se acercó a toda velocidad a Iso y le rodeó una de las piernas, abrazándolo. Solo entonces desviaron su mirada, fijándose ambos en el acaparador de atención adorable. Iso se agachó, posando una mano sobre la cabecita de Wigman. 

—Estoy bien, estoy bien, chaval. 

—¿Has tenido una pesadilla? 

Iso negó: —Insomnio. 

Eran las seis y media de la mañana. Iso había esperado a una hora menos tempestuosa para despertar a Gekko, que generalmente estaba en pie a las siete, pero aún así se había desesperado un poco, atreviéndose a tocar su puerta cuando sabía que no estaría despierto. Esa sensación extraña, tibia, densa, se expandió de nuevo por el sistema nervioso de Gekko como un torrente incontrolable. No le importaba que Iso le hubiera despertado, lo que le importaba era que fuera consciente de que podía pedirle ayuda, que podía confiar en él (y que, aún así, hubira tenido el estúpido acto de bondad de no despertarlo antes). 

—Podrías haber venido antes, si eso te hubiera ayudado a dormir. 

—No quiero molestarte. 

Gekko se acercó, agachándose frente a él. Wigman le miró, comentándole en su idioma único que Iso parecía estar bien. Él le acarició la cabeza, al igual que había hecho Iso; sus dedos se rozaron entre las caricias. 

—Tú nunca molestas, Li Zhao. 

Aquello tomó por sorpresa a Iso, que entreabrió los labios. Agachó la cabeza, pero no lo suficiente rápido como para que Gekko no pudiera ver el rubor en sus mejillas. El corazón de Gekko iba a explotar y a llevárselo todo por delante. Eso era un hecho. No era posible ver cómo aquel bonito hombre había pasado de la estoica frialdad a la dulzura sentida, tranquila, pacífica. Iso era un chico amable, que amaba la comida, y la música, y que tarareaba las canciones que más le gustaban incluso en las misiones. Le prestaba atención a todos sus compañeros, y tenía un miedo atroz a defraudarlos. Era un hombre que no recordaba su infancia y que tenía pesadillas recurrentes, pero que siempre tenía tiempo para jugar con Wigman, para hablar con Cypher o para pulular alrededor de Omen, en un vago intento de remediar lo que había estado a punto de hacer, como si Omen no lo hubiera perdonado ya. 

—Me gustas. 

Ahí estaba, su corazón explotando. 

Las palabras salieron de sus labios sin tener ninguna oportunidad de detenerlas. Ambos se miraron, sus ojos agrandándose, sus mejillas coloreándose; se irguieron, abandonando a Wigman, que miró entre ellos confundido. 

—¡No sé por qué he dicho eso! JAJA —Gekko gritó, tal vez demasiado alto para su gusto. Él retrocedió e Iso dio un paso adelante. Fue incapaz de racionalizar su expresión—. Olvídalo si quieres, ¿vale? No quiero incomodarte, no quiero… 

Se calló cuando las manos de Iso estuvieron sobre sus hombros. 

—Gekko, para. 

Iso sonaba serio, pero tenía una especie de sonrisa en la cara. Gekko estaba demasiado avergonzado como para admirar aquella expresión. Sin embargo, cuando una de las manos del pelinegro ascendió hasta su mejilla, acunándola con mimo, las neuronas de Gekko volvieron a hacer sinapsis. Fue hiperconsciente de aquel contacto, de la calidez de la mano de Iso, del pulgar que acarició su pómulo dulcemente. 

—Tú… Tú también me gustas. 

—¿Yo? 

—Sí. 

—¿Te gusto? 

—Sí, eso he dicho. 

—... 

—... 

—¿De verdad? 

—¿Puedo besarte? 

—Sí. Sí, claro que sí. 

El beso llegó al principio como un fantasma. Estaba sucediendo, de verdad, estaba sucediendo. Diablos, todos tenían razón. Reyna, Cypher, incluso Harbor. A medida que sus manos ascendían por la espalda de Iso, Gekko soltó una risita. 

—¿Qué hace tanta gracia? —susurró Iso sobre sus labios. Un escalofrío recorrió su espalda, y Gekko se acercó un poco más, acariciando con la punta de su nariz la mejilla de Iso. 

—Probablemente hayamos metido a Yoru en una deuda. No confiaba en que habláramos de esto en un futuro próximo. 

Iso se echó a reír, como si supiera de qué apuesta estaba hablando Gekko. Luego, volvió a buscar los labios del otro, dejando de nuevo un beso casto pero largo. 

—Me alegro de que haya perdido, pero… Me gustaría que no pensaras en otras personas mientras nos besamos, ¿qué opinas de eso? 

Gekko sonrió, enroscando sus brazos alrededor de los hombros de Iso, atrayéndolo a un abrazo tan fuerte que por un momento perdió el equilibrio. Se enganchó en aquel contacto como si fuera su salvavidas, todavía flipando, todavía corroído por la extraña sensación de que aquello fuera un sueño. Pero Iso estaba ahí, era real, y le gustaba. Le encantaba tanto como soñar. 

Sin embargo, la realidad era mucho mejor. 

 

***



A unos cuantos metros de distancia, Yoru notó una perturbación en el espacio tiempo. Se levantó, tenso, tirando al suelo a un pobre Phoenix que hasta entonces había estado tumbado sobre él. 

—Ay. 

Contra la pared, Jett se revolvió también, abriendo un solo ojos para observar a Yoru, de pie en el cuarto, en la penumbra. 

—¿Qué diablos pasa? 

Yoru escuchó. Prestó atención. Era una perturbación extraña. Y, entonces, lo supo. Oh no, OH NO . Tanto dinero… OH. NO. Se giró. Miró a Jett. Bajó la mirada. Miró a Phoenix, que se había vuelto a quedar dormido en el suelo. 

Se llevó una mano a la frente. 

—Mierda. Estoy arruinado.