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The city the deities forgot

Summary:

Los puntos suspensivos, como en las historias, siempre daban paso a algo más, y allí, en esa ciudad olvidada por toda deidad, algo más ocurrió.

Work Text:

⠀Maktub era una ciudad que unía y separaba personas de las maneras más peculiares, donde los vivos dejaban de estarlo y los que debían estar muertos volvían a la vida. Una ciudad llena de personas con heridas abiertas como libros con páginas sin llenar. Los puntos suspensivos, como en las historias, siempre daban paso a algo más, y allí, en esa ciudad olvidada por toda deidad, algo más ocurrió.

⠀Un presagio. Una mirada. Entendimiento.

⠀Fueron semanas desde la última vez que vio su rostro. Desde ese atardecer en el que sintió aquello que construyeron juntos deslizarse entre sus dedos cual arena del desierto, él no se permitió pensar.

⠀Tras un lustro de sentirse hueco había encontrado un hogar. ¿Acaso se equivocó en ubicar su hogar en una persona?, no se atrevía a elaborar ese pensamiento.

⠀Él fue su hogar, e incluso ahora, tras seguir sin haber hablado con el otro, por la razón que fuese, seguía considerándolo así. Sin embargo, ese hogar momentáneamente no le podía abrir las puertas, pues sus habitaciones estaban llenas con telarañas y fantasmas que escaparon de los armarios.

⠀La gente que sabía de ellos dos había tratado de poner una buena palabra en nombre del mayor, pero él no se los permitió. Recibir noticias de terceros nunca era buena idea, la experiencia se lo comprobaba. Lo que sea que esté ocurriendo, prefería escucharlo de su boca.

⠀¿Qué cambios significaba para los dos el que un fantasma volviese a la vida?, ¿Qué cambiaría entre ellos ahora que aquella apareció?

⠀Su rutina diaria se había reducido en dormir en una fría habitación, levantarse con el cuerpo temblando, ir a trabajar y volver de nuevo sintiendo el hielo escaldar su alma. Con cada día que pasaba ello tomaba un pequeño pedazo de sí.

⠀Aquella tarde, la única diferencia en su rutina fue ese restaurante. Se había detenido al otro lado de la calle mirando la fachada por varios minutos antes de decidirse a entrar. El lugar se hallaba concurrido, más no lo suficiente como para que él no pudiera pedir /esa/ mesa, y así lo hizo.

⠀Con todos los recuerdos que aquel lugar evocaba, cenó sin perder la compostura y pidió una botella de vino que apenas tocó. Cuando miró por la ventana a través de las pesadas cortinas, solo blanco le devolvió la mirada. La nieve se volvía más y más espesa.

⠀Aquella situación no ayudaba ni a su cuerpo ni a sus recuerdos. Su cuerpo traidor no le dejaba olvidar como tras el implante, durante años no pudo sentir calor, no hasta que conoció sus brazos, su cuerpo.

⠀Un murmullo constante lo hizo dejar el plato a medio terminar. "Es una vista triste", oyó comentar a un hombre ya entrado en edad. En otra mesa se escuchó a una mujer cuya voz se adivinaba más joven, "Es claro que le han roto el corazón".

⠀Quién diga que a los rusos no les gustaba murmurar... Pensó con sorna al mirar a aquellos comensales de reojo. Allí había variedad de personas, una mujer embarazada con su pareja, un par de ancianos revisando la carta, otra joven pareja siendo amonestada por uno de los meseros al tratar de encender un cigarrillo... Y ahí estaba él, un extraño que hacía ya cierto tiempo había formalizado en esa misma mesa su relación con el hombre que amaba.

⠀Tal vez eran creaciones suyas esas ideas en su mente, tal vez se daba falsas esperanzas, pero estar allí lo sentía como una señal de que ese sentimiento entre los dos no se había roto. Confiaba en que él se lo haría saber.

⠀Cierto, ella pudo ser su esposa, puede seguirlo siendo por la ley, pero ella también había sido declarado muerta por esa misma ley.

⠀Sin embargo, esa información no contaba en su mente pues él fue quien curó el herido corazón de su viudo. Él fue quien le mostró el camino para volver a amar. Él fue a quién amó, a quién ama ahora. No importaba cuántos fantasmas aparezcan para llenar su casa con cuentos de terror, ellos prevalecerían.

⠀Esa no era la primera vez que pensaba cierto accionar para que aquel proceso fuera más veloz, sería muy sencillo devolverle a la mujer su anterior estado. No haría daño demasiado notable, sería simplemente entrar a una habitación con vida y al salir dejarla desprovista de ella. ¿Qué daño habría en matar a alguien ya muerto?

⠀Pero no podía hacerlo, no hasta que él le explicase, hasta que le dijese qué harían. Hasta que él con sus propias palabras se parase frente suyo y le dijera si podían avanzar de la mano, o en caso contrario, dejar lo que tenían y a él congelados en el tiempo viviendo en una ilusión tras una pared de cristal.

⠀Él confiaba en que su persona un día volvería a él, y Taeyang lo estaría esperando justo allí donde él le entregó las llaves de su casa y con ellas, la llave figurativa que abría cada recoveco que lo conformaba a él.

⠀Entonces, en esa fría noche de Maktub, algo ocurrió. En la ciudad que unía y separaba personas de las maneras más peculiares, donde los vivos dejaban de estarlo y los que debían estar muertos volvían a la vida, allí, en ese lugar donde los puntos suspensivos, como en las historias que siempre daban paso a algo más, él volvió.

⠀⠀"La comida no se desperdicia", escuchó una profunda y grave voz resonar sobre su cabeza.

⠀Sonrió inconsciente en respuesta, su cuerpo reaccionaba siempre ante aquel sonido antes de que su mente lo hiciese.

⠀Una pesada capa de piel cubrió sus hombros junto a unas fuertes manos que los cubrieron y el calor empezó a recorrerlo. Cuando su mente reconoció sus alrededores y con ello a esa persona que no había dignado a sus ojos con su presencia en semanas, él ya se había sentado al otro lado de la mesa y despedido al mesero.

⠀⠀"Sajang", llamó él como en una plegaria, su boca en automático moviéndose, nombrando aquel honorario que ellos dos llenaron de un significado muy diferente. Amo, pareja, hogar, verdad, amor, lealtad.

⠀⠀"Hola cachorrito, te vez casi azul", devolvió él, extendiendo la mano por sobre la mesa, igual que hace tiempo y tomando la suya. Calidez, una sensación de hogar, de felicidad, esa sensación espantó al frío de a poco.

⠀⠀"Sajang", volvió a decir y apretó su mano en un puño desesperado. Él sonrió, una de sus raras sonrisas pero que hizo florecer en su pecho aquel sentimiento que llevaba tanto tiempo ya creciendo.

⠀Se hizo el silencio por un momento y entonces hablaron.

⠀Tal vez la ciudad de la que toda deidad se había olvidado siempre tuvo un guardián en alguna parte. Tal vez no toda esperanza estaba perdida.

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