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Sabía que eso siempre sería platónico, porque él era el de las malas decisiones, el indeciso, el que no podía elegir ni un buen esposo ni un hombre del que pudiera enamorarse.
Mitchell Pritchett era una persona horrible por enamorarse del marido de su hermana.
¿Pero quién podría culparlo? Phil Dunphy era el mejor hombre de todos, incluso mejor que él mismo. Sin miedo, sin prejuicios ni esa malicia que tanto caracterizaba a los Pritchett; sin contar con lo divertido, romántico, buen esposo y compañero que era.
Cuando vio a Phil sintió que se había conformado con el primer hombre que lo ayudó sin abandonarlo... Pero cualquier hombre sin alguna de las cualidades de Phil se sentiría como conformarse. Ese era el problema, no importa si otro fuera más sexy, más maduro, más inteligente... O su esposo. Phil siempre tendría algo que hacía que no le quitara la vista de encima, así estaría en un bar con un montón de atléticos hombres jóvenes y solteros; ninguno de ellos lo haría distraer la vista de Phil haciendo un absurdo truco de magia o teniendo ideas para inventos irreverentes.
No.
No le haría eso a Claire, no otra vez, no podía romper su relación que le ha costado tanto mantener y fortalecer por algo tan absurdo como un enamoramiento... De años.
Además, Mitchell amaba a su familia, a Cameron y Lily pero Phil... Le gustaba pensar que era el hermano que nunca tuvo aunque fuera abismal la diferencia de su forma de quererlo a como quería a Claire, en la cual confiaba y quería, protegería a su hermana si surgiera la necesidad pero Phil... Phil era el hombre que cualquiera querría. Adorable pero protector, con el atractivo clásico, no el sensual exagerado que eventualmente perdía su gracia, era el doméstico que podrías ver toda tu vida sin cansarte pero con el cuál no existía la rutina. Por supuesto eso es algo que cualquiera querría, aunque no debería hacerlo, por lo que el abogado tomaría lo poco que la vida le ofrecía (que era mucho más de lo que esperaba tener) y viviría dejando escapar un par de suspiros que tenían nombre, en silencio, sin que el dueño de estos supiera lo que ocurría con él.
Al menos ese era el plan hasta que fueron a esa cabaña con su padre y Cam y no era el único que se encontraba en este tipo de disyuntivas.
Phil Dunphy era feliz.
A sus 50 años era un hombre realizado, con un trabajo que le gustaba, una esposa hermosa, fuerte e inteligente que adoraba con su vida e hijos tan extraños que no podían ser más que la perfecta combinación de él y Claire. A eso le sumaba su sueño, Gloria, Manny, los niños, y Mitch... Sobretodo Mitch.
Era curioso que, justo a esta edad, el agente de bienes raíces estuviera tan cerca de su cuñado ya que, siempre había querido a Mitch, tan pequeño e indefenso aunque exudara sarcasmo y seguridad en ocasiones pero con los años él lo había visto también frágil. . . , tragándose sus miedos e inseguridades, inspirado por él, no tratandolo como un idiota, siendo una persona cada día más ejemplar que aprende de sus errores.
Phil se diría a sí mismo una y otra vez que Mitch era como su hermano pero se vio obligado a abrir los ojos a lo que sería una relación antinatural si seguía insistiendo con esa idea, casi contra su voluntad. Comenzó (o al menos obtuvo fuerza) cuando irían a ver "Star Wars: La fuerza Contraataca", con Mitchell contándole sobre ese bar gay en un pueblo pequeño, sin miedo a abrirse a él e invitándolo a conocer el lugar. Obviamente, Phil quería conocer una parte de ese pasado que tanto ocultó alguna vez al abogado y se sintió halagado de ser el receptor de esa confianza.
Al llegar ahí, no parecía diferente a cualquier bar, bebidas, deportes, hombres tocándose para celebrar cualquier cosa... Pero a la vez sí se sentía distinto, Mitch estaba en su ambiente, al menos lo que era su ambiente de joven ya que ahora el mundo era su entorno. Todo era tan relajado y bueno hasta que reconoció a su archirival ahí, fingiendo ser gay...
"Soy un hombre completamente gay".
Bueno, quizás no estaba fingiendo y eso le molestó aún más a Dunphy. Porque lo dijo tan fácil, tan fuerte y sin titubear mientras miraba a Mitchell que Phil se sintió tentado a tomar al pelirrojo y esconderlo detrás de él para que no pudiera seguir mirándolo.
Justo esa había sido la gota que derramó el vaso.
Todo había sido culpa de "ese tipo", Gil Thorpe, que se comía a Mitchell con la mirada, que usaba sus rastreras artimañas de "gay confundido y recién salido del clóset" para envolver al abogado que era sensible y lo creía perdido, incapaz... de permitir que alguien sufriera lo que él sufrió.
Si Phil lo hubiera conocido en esa época, si hubieran sido tan cercanos como lo eran ahora... lo hubieran protegido.
El mago porrista y el pelirrojo gay introvertido...
Hubiera sido divertido.
También hubieran sido molestados pero al menos estarían juntos; él no hubiera dejado que lo hicieran sentir así, entonces Mitchell no se conformaría con alguien que no lo merecía.
Y no tenía nada contra Cameron... Sólo no podían ser cercanos, no se sentía natural como con Jay o Gloria, incluso Manny, quizás tenían personalidades menos compatibles que nada tenía que ver con que él agente de bienes raíces creyera que Tucket podría esforzarse por ser un mejor esposo, que no hiciera sentir mal a Mitchell todo el tiempo.
Eso lo regresaba a este momento, en el que cada segundo ahí empeoraba. Un ejemplo de ello era el hombre barbudo del bar, cerca de Phil, poniendo los ojos en el pelirrojo, lo cual le parecía evidente a Phil; Mitchell era el atractivo, el lindo, el que destilaba el aura de bondad mientras sonreía a pesar de todos los hombres que estaban ahí, era el brillante foco al que te sentirías atraído; por lo que Dunphy aclaró, de forma contundente, que ese hombre iba con él, nadie debía ni siquiera mirarlo de esa forma. Claro que el desconocido tampoco sintió interés en Torphe y, nuevamente, Phil no podía culparlo.
Dunphy se fue de ahí con dolor, herido por la situación, por el reemplazo y la pérdida de un gran día con su persona favorita. Por eso, cuando su cuñado fue a buscarlo en la motocicleta del desconocido, que parecía brillar de emoción por la escena de reconciliación entre ellos, su corazón no pudo más que ceder, Mitchell lo había visto y regresó a él.
Fue un día maravilloso.
Aunque era claro que no era sólo Gil; Sucedió cuando fueron a la convención juntos, cuando fueron a ver una película que no vieron pero de igual forma se divirtieron porque fueron absurdos juntos, drogándose como adolescentes y Mitchell le daba la razón frente a los demás, ocurría cada vez que algunos de los dos Se descuidaba y podían estar juntos.
La ocasión de acompañar a Jay a encontrar la famosa águila calva, sacó sentimientos inesperados al borde, con todo el caos de estar a la intemperie y un posible oso, todos estaban más receptivos y sensibles.
—Qué lindos colores en la hoguera... Rojo, verde, amarillo...
—¡Cielos, ya oí!
Estaban lado a lado, con una prudente distancia, y el pelirrojo miró a Phil, un momento exasperado, pero sin estar realmente molesto con él, solo nervioso por la situación, hasta que tuvo que escuchar sobre aquello que le aterraba.
Incluso en el silencio lo miraba, preocupado y admirado, queriendo hablar para sacar a Phil de cualquier lugar oscuro al que pudiera ir, aliviado al ver que lo había logrado, al menos por un instante.
Cam habló sobre "el oso de nuestras mentes" y su esposo pasó su mano por su brazo, en un rápido desliz, sin sentirse cómodo con hacer algo más para consolarlo pero mirando a Phil mientras hablaba, celebrando sus palabras con su propia bebida. Su padre incluso celebró la valentía de sus acompañantes, era obvio, siempre parecía valorar más a Cameron que a su propio hijo.
Fue el turno de Mitch de hablar sobre su propio miedo, y aunque Cam lo dijo con ese ligero tono de burla, se animó a hablarlo porque Phil estaba más cerca y parecía genuinamente preocupado. Parecería una tontería lo que diría pero no tenía miedo a ser juzgado, no por él.
—Creo que mi "oso" es el miedo a morir joven... —Continúo explicándose, tratando de no pensar demasiado en lo que decía. —Ok, todos asumieron que es cierto que moriré a los 46.
—Ya hicimos las paces con ello y tú deberías. — Mientras hablaba con esa voz grave y calma, comprensiva y cariñosa, el brazo de Phil se deslizó hasta alcanzarlo, apretando ligeramente en caricias reconfortantes, quería que supiera que estaba con él, que vivir por momentos juntos es lo que debía hacer que no tuviera miedo, sólo podía mirarlo a él, intentando ignorar que el esposo del pelirrojo estaba justo a un lado pero en cuanto Cameron habló, retiró rápidamente su mano, rompiendo la magia del contacto, interrumpiendo ese momento cercano e íntimo.
Esa relación era tanto un "oso" como el elefante en la habitación pero Phil era mago, sabía desaparecer cosas inmensas y Mitchell era abogado que estuvo prácticamente dos décadas en el closet, sabía mentir hasta a sí mismo.
—¿Qué hay de Phil?
—Eh... Eh... Me escribió te quiero esta mañana. —Por un segundo, se sintió descubierto en algo que quizás no debería decir pero, como siempre, Tucket no prestó mucha atención a esa parte de, porqué su esposo hacía aquello.
"Me escribió está mañana que me quería". Esas palabras tenían sentido en ese momento pero el resto no sabía que sólo se lo decía a él, todos los días, entre líneas, en mensajes, antes de dormir... No tenían porqué saberlo, el resto no lo entendería.
Fue una noche gratificante, todos se sintieron liberados y unidos.
Avanzada la madrugada, sin poder dormir después de una pesadilla, Mitch fue a buscar a Phil, quería verlo, saber que estaba bien, asegurarse de que sería lo último que vería su pasaba cualquier cosa pero no lo encontró en su habitación.
Phil estaba fuera, miraba las pocas estrellas de la noche oscura, sonriendo de repente como si hubiera escuchado el amigable saludo de un amigo y no a Mitchell deslizándose con sigilo detrás de él.
—No pensé que estarías en un lugar así, solo, mucho menos después de lo que nos confesaste hoy.
El mayor no dijo nada, parecía por fin cómodo con sus pensamientos, por lo que él más bajo se sentía avergonzado por interrumpir ese momento íntimo de reflexión de su cuñado. Estaba a punto de entrar de nuevo en silencio, finciendo que no estaba ahí haciendo el ridículo cuando la mano de Phil se movió a él para detenerlo, delatando lo mucho que se había acercado a él.
—Quédate en el silencio conmigo, Mitch. —El mencionado retuvo el aire, sintiendo el calor quemar en dónde sus manos se unían, cerrando la distancia hasta colocarse junto a él.
Mitchell sintió que debía decir lo que sentía, lo que quería decir en cada "Te quiero" cuando iba dirigido a Phil y se puso frente a él, intentando parecer valiente.
—Phil, quiero... —El mencionado volvió a su acompañante, sabiendo lo que ocurriría.
Ambos estaban tan asustados, las palabras se atoraron en la garganta del pelirrojo que tanto le ha costado hablar de lo que siente pero Phil entendió, él siempre entendía y sólo lo atrajo a su pecho porque ya sabía lo que quería decir. La verdad de ambos.
—Dime qué no estoy haciendo nada malo. —La voz ahogada del abogado, fue una caricia que fue correspondida con las manos del contrario, pasando sus manos dulcemente por su espalda.
—No estamos haciendo nada malo pero queremos hacerlo. Se separaron un poco para que Phil pudiera mirarlo, ambas miradas iban de los ojos a la boca del contrario que se escondió en el cuello del contrario para que no pudiera verlo, sintiendo el ardor del roce de su aliento.
—Eso nos hace casi malas personas. —La ansiedad podría cubrir al pelirrojo pero, fuera del nerviosismo en sus palmas sudadas, y el ardor en cada centímetro que tocaban, incluido su rostro, era todo lo que percibía. Parecía que no había mucho más que sentir cuando Dunphy lo miraba tan directamente o, como esta vez, lo apretaba contra si casi con desesperación.
Realmente no estaban haciendo nada pero se sentía como si lo hicieran, porque lo sentían, porque lo deseaban y sus ojos lo gritaban a cada segundo con palabras que nunca recibirían el auxilio que pedían.
Como ese día que se drogaron por primera vez, juntos y cómplices, él sacaba lo absurdo y dulce del pelirrojo.
Si el mundo se detuviera dos segundos y no importara qué tan mal está lo que ellos quisieran hacer, todo podría estar en su lugar estando juntos pero Mitchell sabía que, si el mundo se detenía, todo colapsaría y, por eso no se lo preguntaba a Phil, porque él era tan optimista que, seguramente, le diría que nada pasaría por detener el mundo dos segundos; aunque eso era justamente lo que quería escuchar.
¿Si besara a Phil se engañaría? ¿Podría borrar lo que tantos años se ha ido acumulando? ¿La culpa y el desagrado en la cara de su cuñado serán tanto como para dejar de sentir? Mil ideas parecidas volaban en la mente de Mitchell, ahogado en la cercanía. Y, como respondiendo a ellas, un suave beso fue depositado en la pálida piel congelada de su frente.
Para Phil ese beso fue como un millón de llamas en su piel, que nada se comparaban con el beso accidental del chico del gimnasio, en una cita que Dunphy tardó en identificarse hasta que lo besaron. Fue mil veces mejor, incluso que muchos apasionados besos de su juventud, no se sintió como un simple beso fraternal, al tener a Mitchell temblando, cerrando los ojos para guardar la sensación en su memoria, presionando su pecho y dejando los labios entreabiertos como si pidieran la continuación del beso. Parecía cruel dejarlo así pero no tenía otra alternativa.
Desprenderse de él fue de las cosas más difíciles que había hecho en su vida.
Mitchell no haría nada más, no sé atrevería por Claire, por los niños de ambos, por los que venían en camino, porque no quería tener otra razón para decepcionar a su padre y terminar dos felices matrimonios. No sería esa persona.
El amor a su familia, también detendría a Phil porque era cariñoso y correcto, y no haría nada para arruinar la imagen que su familia tenía de él. Pero podría conservar ese momento y fingir que, en algún universo lejano, esa fue su vida.
Sólo quedó el brillo de lágrimas en ojos azules que no se derramarían a la ligera luz de una luna oculta, queriendo decir tanto pero sin emitir sonido, porque así Mitchell quería Pritchett, en silencio, con la mirada, con la atención, huyendo porque sentía demasiado y, era esa forma de ser él, que Phil quería proteger.
Sí, siempre sería platónico pero se sintió bien... Casi se sintió como ser amado con plenitud.
Quizás algún día se pueda encontrar antes de tener a alguien a quién lastimar con quererse tanto.
