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Ha estas alturas ya no recordaba cuando se había convertido en un hábito, fue algo tan gradual que cuando se dio cuenta ya era incapaz de evitarlo. Había algo en ese cabello rebelde como el solo e indeciso entre ser ondas o risos, que al revolotear de un lado al otro como retándolo a tocarlos cada que ella caminaba delante de él, dándole la espalda.
Aún recordaba la razón por la que se había visto tentado, todo debido a una charla que ella y otras compañeras de clase había tenido sobre su cabello; generalmente hubiera ignorado todo el asunto pero el escándalo que habían generado por el tema fue tal que terminó creando una curiosidad en él. Obviamente había intentado olvidar todo lo relacionado al asunto y continuar con sus cosas pero la curiosidad solo iba a más; el verla juguetear con su cabello como si lo tentara o el que caminara delante de él, de forma tal que esos risos y ondas se movieran como llamándolo.
Si alguien había creído que Katsuki Bakugou jamás había tenido ningún reto que le fuera imposible se hubiera equivocado enormemente porque el intentar no tener entre sus dedos esos cabellos lo estaba carcomiendo por dentro, hasta que finalmente cayó derrotado a ese extraño sentimiento al cual era incapaz de darle un nombre. Pero el hecho de que fuera derrotado por este no significaba que lo aceptaría abiertamente, al contrario, él se preparó para lograr su objetivo para acallar ese sentimiento en su interior de forma de que nadie más que él supiera que lo había hecho. Fue así que un día en que ella se hallaba caminando sola por uno de los pasillos del instituto, sumergida en la música que escuchaba mientras se perdía en sus "meditaciones", como insistía llamarlo; él se acerco sigilosamente por detrás a una distancia que consideró adecuada para luego extender su mano hacia uno de esos risos que había saltado como si le diera paso libre a tocarlo y así lo hizo.
Se deslizo entre sus dedos como si fuera seda, haciendo que una extraña sensación recorriera su cuerpo al tiempo que varias preguntas, que se habían ido generando conforme luchaba contra ese sentimiento, eran al fin respondidas. El tocarlo una vez no le era suficiente pero antes de volver a intentarlo se aseguro de que ella no se hubiera percatado de lo que había hecho; ella se hallaba completamente metida en su "meditación" por lo que Bakugou se dispuso a intentarlo de nuevo.
Con el pasar del tiempo se volvió un hábito, una adicción, el tocar esos risos cada que la encontraba sola y distraída, fueron pocas las veces en las que ella se percataba y aún así jamás había volteado a ver la causa; a Bakugou le pareció extraño este hecho y llego a suponer que ella ya sabía que él era la causa, pero luego de que una de sus tantas conversaciones les llevara de pasada por el tema descubrió que no volteaba debido a una creencia que no lograba comprender por parte de ella, en todo caso eso le sacaba una preocupación y le permitía el continuar con esa adicción sin preocuparse de que ella le descubriera. Para su ultimo año de secundaria Bakugou había perdido todo miedo de que ella le descubriera e incluso había llegado a tocar su cabello teniendo gente alrededor como si no fuera la gran cosa; pero ese era el ultimo año en que podría disfrutar de esa adicción, una vez se graduaran cada uno iría a distintas academias y existía la posibilidad de no volverse a ver.
Bakugou prefirió dejar de pensar en esas cosas y centrarse en su objetivo de ingresar a la Academia UA, su sueño de convertirse en un Pro Hero era mucho más importantes que ese adictivo hábito; cuando llegara el momento de separarse sabría como superar esa adicción, contra eso no pensaba perder esta vez.
