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Te hubieras ido antes.
Estaba mal, debía de ser una equivocación. Lo que había escuchado debía estar mal, porque era estúpido tan solo pensarlo. Desde su perspectiva, estaba seguro que él jamás lo hubiera dejado al último para que se enterara de esa forma tan cruel y desdeñosa. Como si no importara.
No creo que merezca que mi corazón tires a la basura…
Sentía su respiración agitarse mientras conducía, tenía que llegar, lo más pronto posible y saber de primera mano si aquello era cierto. Había una bola de emociones en su pecho, casi sentía ganas de llorar, aunque no sabía si de desesperación o enojo. Porque esa fue su primera reacción, enojarse, sentir que se le calentaba la sangre cuando escuchó todos aquellos comentarios.
Rumores.
Al principio solo habían sido eso, rumores mal intencionados. Rumores que él nunca quiso clarificar. Rumores de los cuales le dijo que no debía preocuparse.
Y ahora ahí estaban. Él con el corazón en la garganta y aquel a punto de irse.
Empiezo a pensar que esto del amor es solo una fantasía…
No podía ser de esa manera.
Quería explicaciones.
Cuando aparcó el auto en la cochera de la casa, bajó rápidamente, sin prestarle atención a cerrar o si llevaba las llaves del auto. Solo bajó, casi corriendo.
—¡Checo! —Le llamó desde la planta baja, pero no recibió respuesta, simplemente hubo silencio que le abrumó más. Puso sus manos en su cara y trató de no seguir alterándose, su rostro estaba rojo, parte por enojo y parte por tristeza. Solo quería respuestas.
Tomó algo de aire antes de subir por las escaleras hacia la segunda planta de la casa. —¡Checo! —Volvió a llamarle, el nombrado se asomó por la puerta de la habitación, sonriendo muy contento, hablando con alguien por teléfono, así que solo agitó su mano a modo de saludo, pero no le prestó demasiada atención al rubio que estaba que se lo llevaba el diablo. De haber sido así, habría dejado su llamada.
Le siguió, fue tras de él. Quería que dejara esa llamada, que lo mirara y le explicara.
Dime por qué diablos me obligaste a amarte y luego te alejaste…
—No, no. Es un gusto hablar contigo, nos estaremos viendo pronto, así que no te olvides traerme una de esas botellas, definitivamente quiero probarlo. —Su voz era tan risueña, tan amable. Esas eran una de las cosas que amaba de él, que lo habían atraído a él, la manera cálida en la que actuaba con todos. Esa razón era por la cual todo mundo le veía y él los odiaba por verlos.
Quería saber con quién estaba hablando, con quién iba a verse pronto.
—Adiós, Lewis. Nos estamos viendo. —Se despidió de la llamada, aunque aquello hizo peor las cosas para Max, porque los rumores le estaban revolviendo el estómago, y aquello los confirmaba o al menos confirmaba su miedo. ¿Por qué demonios estaba hablando con aquel? ¿Por qué iba a verlo pronto? ¿Qué ofertas había recibido sin que él se enterase hasta ahora?
No podía dejarlo, no para irse con Lewis, ¿cierto?
Caminó por la habitación, como león enjaulado. Fue entonces que Sergio notó la inquietud que abrumaba a Max, sobre todo cuando este le miró con ojos llorosos y expresión de enojo. Ya sabía que se trataba de uno de esos momentos en los que lo rebasaban sus emociones y aunque no quería perder el control de estas, no podía esconderlas.
—Amor, ¿qué te pasa? —Fue de inmediato hacia él, para abrazarlo, pero Max se alejó unos pasos, cruzándose de brazos porque no quería que lo abrazara, quería que le explicara.
Te hubieras ido antes, así yo no tendría estas ganas de rogarte…
—Max, ¿qué sucede? —La voz de Checo fue más seria cuando notó que algo estaba sucediendo, algo que era serio y delicado.
—¿Vas a dejarme? —Soltó el rubio, la voz ronca y molesta. —¿Por qué no me lo dijiste antes? Pensé… yo pensé… —Max bajó sus brazos, pero cubrió su rostro con una mano y trató de tranquilizarse. Nunca antes se había sentido de esa manera, la forma en la que el amor que le tenía a ese hombre le afectaba era abrumadora. Sacudía su mundo por completo.
—¿De qué estás hablando? —Sergio estaba confundido por completo por aquella pregunta acusatoria, así que sin más fue hacia Max y le abrazó, aunque el otro se rehusaba al contacto, cedió, poco a poco, hasta que el mayor pudo llevarlo a la cama donde lo obligó a recostarse para que se calmara.
Max estaba llorando, o eso parecía, porque tenía ligeros espasmos, pero nada de sollozos, solo sorbía su nariz de vez en cuando. Sergio no quiso presionarlo, sabía que no era bueno presionar a Max a hablar de las cosas que sentía, que eventualmente se calmaría y se lo diría, porque ya habían avanzado en eso, ya eran capaces de hablar de sus sentimientos sin que las cosas se volvieran una discusión o terminara con Max perdiendo la paciencia porque no sabía cómo expresarse en realidad.
Me subes hasta al cielo y luego caigo al suelo, porque tu te vas cuando más te quería…
Tardó para que Max eventualmente se calmara, pero cuando lo hizo, se separó del mayor y se levantó de la cama, volviendo a su rutina de león enjaulado. Sergio se sentó en el borde de la cama y miró a Max hasta que este le enfrentó de nuevo.
—¿Ya me vas a decir qué pasa? —Le insistió, porque su silencio ya lo estaba poniendo de nervios a él también.
—¿Cuándo pensabas decirme que me ibas a dejar? —Preguntó, molesto. Estaba triste y confundido, así que ese era él, sintiéndose como esas primeras veces en las que peleaban por todo.
—¿Quién chingados…? —Rectificó el idioma. —¿Quién te dijo esa tontería, Max? ¿De dónde sacaste eso?
—¡Lo escuché! Y por con quien te acabo de escuchar hablar, parece que es cierto.
—Max…
—¡No! ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Cuándo ibas a decirme que te ibas a cambiar de escudería? ¿Por qué me estás dejando?
Checo se levantó de la cama y sujetó a Max de su rostro para que le mirara.
—Max, mírame… ¿quién te dijo eso? ¿Quién te ha dicho que me voy a cambiar de escudería?
Max le miró a regañadientes, esa mirada azul se volvía fría como el hielo cuando estaba herido y Sergio suspiró al verlo de esa forma.
–Si no hablas conmigo y me dices bien las cosas vamos a volver a lo mismo, ¿ya me dices de dónde escuchaste eso?
Le soltó y se cruzó de brazos, esperando respuestas por parte de Max, porque seguía sin entender de dónde sacaba esas conclusiones tan adelantadas.
Me suena tan ilógico que ahora digas que no fue tu culpa…
—No importa dónde lo escuché… no vas a renovar tu contrato, ¿cierto? Y no me lo habías dicho, me estás dejando. —Su tono estaba plagado de tristeza y la manera en la que se recargó en la pared, mirando al suelo, como niño chiquito regañado, le hizo sentir un dolor casi físico de verlo de esa manera.
—Max… aun si no renovara el contrato, el hecho de que reciba ofertas y cambie de escudería, no significa que vaya a dejarte. Y también te recuerdo que renovar o no, no es mi decisión entera, si el equipo no me renueva será decisión de ellos y no mía. —Sergio explicó de forma calmada y sencilla, pero Max todavía no le miraba, solo miraba sus pies, así que el mayor tuvo que acercarse y tomarle del rostro nuevamente, haciendo que le mirara.
—Es lo mismo… no puedes cambiarte, no puedes dejarme, no quiero que me dejes y que te vayas con cualquiera… No puedes hacerme esto. Le exigiré a Horner que te renueve o yo estoy fuera. —Dijo desesperado.
—Ambos sabemos que no puedes hacer eso, amor mío. Sólo cálmate… Sólo estaríamos en equipos diferentes.
—No, eso está mal, ¡no lo entiendes! No quiero que me dejes. —Max se abrazó de Sergio con mucha fuerza, pero al otro no le importó, solo comenzó a consolarlo y a darle contención porque nunca antes le había visto de esa forma, tan afectado por algo como eso.
—Si me cambio de escudería, ¿entonces vas a terminar conmigo? —Le preguntó casi en broma, porque estaba también preocupado por la situación, pero dejar la F1 o cambiar de equipo no significaba que terminaría con Max, no iba a dejarlo solo por eso, su relación iba más allá de ser solo del mismo equipo.
—No… pero pensé…. Que no nos veríamos más… tendría que competir contra ti… serías el compañero de alguien más… y eventualmente me ibas a dejar.
Sergio sabía que Max tenía problemas de abandono, lo habían hablado en terapia, eran cosas que le costaba superar, como el hecho de que sintiera que solo se merecía el amor si se lo ganaba haciendo algo y si no ganaba, no merecía eso, solo soledad, la cual detestaba.
—Max… —Le sonrió un poco, acariciándole las mejillas rojas. —Escúchame bien, ¿sí? Ponme atención bien. Yo no voy a dejarte. No importa qué haga o a donde vaya. Seguiré amándote, queriéndote, vas a seguir siendo mi leoncito, mi campeón, mi todo. Así que quítate esas ideas de la cabeza, ¿quieres? ¿Qué tal si nadie me contrata eh? Todavía voy a seguir contigo, estoy seguro que me van a dar el título de WAG o como sea que les digan ahora. —Se rio un poco, sintiéndose idiota por usar ese término.
—Solo no quiero que me dejes…
—No lo voy a hacer, Emilian. Ya basta. Deja esas tonterías, ¿quieres? —Le dijo serio, porque sabía que a Max le costaba aceptar las cosas tan a la ligera a diferencia de él. Max necesitaba pruebas reales, necesitaba ver para creer y Sergio solo necesitaba sentirlo. Le dio un beso en los labios y lo llevó al sofá de la terraza para sentarse ahí con él y sosegarlo hasta que se sintiera mejor. Lo único que Max necesitaba era el constante recordatorio de que todo estaba bien, de que estarían bien, que ninguno de esos miedos que tenía sobre el abandono existían. No importaba lo que le deparaba en el futuro, él estaría ahí con Max aun si ya no tenía un asiento en la F1, aun si recibía ofertas de otras escuderías. Porque así era el amor que le tenía, incondicional.
No existe amor perfecto…
Una semana después mientras Max estaba terminando de entrenar, miró Instagram y ahí fue donde se enteró que Checo había sido renovado por dos años más y un peso que había estado en sus hombros se levantaba.
Así era lo correcto y perfecto. Él y Checo juntos, en Red Bull, en el único equipo en el que debían estar, juntos. Había sido una exageración lo que sintió y pensó, pero no era exageración cuando pensó en irse con Checo si es que Red Bull no lo renovaba. Por lo que la amenaza que le hizo a Horner sobre dejar el equipo junto a Sergio surtió efectos. Ahora todo estaba perfecto nuevamente. Ya podía seguir con su vida sin problemas. Él no iba a apuñalar a nadie con un tenedor como su padre, pero en definitiva dejaría en claro las cosas. No quería a nadie más.
