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Relationships:
Characters:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-06-13
Words:
1,826
Chapters:
1/1
Kudos:
5
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1
Hits:
90

After Midnight

Summary:

Me gustas más después de la media noche.

Notes:

Inspirado en la canción "After Midnight" de WayV.

Work Text:

Revisó por enésima vez en la noche su muñeca izquierda, ignorando el brillante anillo, con la esperanza de que el tiempo haya pasado más rápido y terminar con esa jodida cena de una vez. No lograba entender la necesidad de sus padres por anunciar su reciente compromiso a un montón de ancianos con problemas respiratorios y de alcoholismo a los que les importaba una mierda su vida personal, y solo asistían para conservar la relaciones financieras con sus padres.

Estaba a punto de revisar otra vez su reloj, hasta que una mano lo detuvo.

—Si sigues haciendo eso todos pensarán que tengo un hijo con párkinson, detente— escuchó el tintineo del brazalete, pero ni siquiera se molestó en ver a su madre. Su perfume se colaba en sus fosas nasales como un veneno, mareándolo de inmediato, mientras su delicada mano seguía apretando con brusquedad su delgada muñeca. —Ahora levántate y ve a hablar con Jaemin, desde el anuncio no has cruzado palabra con él. No hagas que esto parezca una farsa—

—¿No lo es?— preguntó con voz neutra y volteando a verla finalmente.

—Habla con él— dijo, soltándole para después darse la vuelta y entablar una conversación con la pareja de inversionistas que estaban a punto de irse, agradeciendo su presencia con una sonrisa perfecta que enamoraría a cualquiera.

Ignorando eso, buscó entre todas las personas del recinto al primogénito de los Na. Mientras se acercaba no pudo evitar sentir pena por el chico. Es decir, él en verdad creyó las palabras de la madre de Renjun diciéndole que su hijo se moría por él pero que era demasiado tímido para confesarlo, así que le aconsejó pedirle matrimonio de una vez.

Jaemin en un inicio se negó de manera rotunda, pues si bien tenía sentimientos profundos desde hace bastante tiempo hacia el único hijo de los Huang, aquello le parecía una locura. Terminó convenciéndolo, como la excelente mujer de negocios que era, argumentando que el tiempo que tardarían en organizar todo podían tomarlo como un noviazgo.

Cuando llegó junto a él tocó su hombro sutilmente para llamar su atención. El más alto se giró y sonrió al ver el lindo rostro de su prometido, con su brazo derecho tomándolo por la cintura para atraerlo más hacia él, mientras en el izquierdo sostenía una copa con vino tinto.

—Hey, me ignoraste justo después de que te entregué el anillo— dijo, aunque su voz no parecía en absoluto molesta, al contrario, le dio una brillante sonrisa y sonaba divertido, como si hubiera sido una broma. Ojalá, pensó mientras le daba una pequeña sonrisa.

—Perdón si eso te molestó.—

—No te preocupes, entiendo que fue algo inesperado para ti, está bien que hayas querido estar a solas, aunque si me hubieras dicho desde hace tiempo que también te gustaba esto habría sido mejor.—

El fuerte olor a Fougére lo mareó una vez más y la voz de su madre le robó la palabra.

—Jaemin, ¿qué te parece si se van con Renjun a nuestra casa? La cena ya terminó, y no creo que quieran escuchar aburridas pláticas de negocios. Pueden ver películas juntos e incluso puedes pasar la noche ahí, nosotros llegaremos bastante tarde, así que no se preocupen si interrumpimos algo— les dijo guiñando un ojo. El mayor se sonrojó un poco por lo dicho, mientras que el más bajo sintió su estómago revolverse por el asco que le provocó.

—Le agradezco la invitación, señora Huang, pero mañana a primera hora debo salir del país, aunque con gusto puedo llevar a Injunnie a su hogar— si antes su estómago se revolvió por el asco, ahora sentía un nudo por la ira que le provocó el apodo. Prefirió no decir nada por temor a que después no pudiera cerrar la boca, y solo asintió.

Finalmente salieron del ostentoso recinto hacia el estacionamiento en busca del deportivo blanco que poseía Na. Se montaron y mientras se dirigían a la zona de Hannam, Renjun no apartaba la vista de la hora que marcaba la pantalla del tablero y Jaemin podía notarlo.

11:37 p.m.
No iba tan tarde.

—¿Qué pasa? Desde que partimos no dejas de ver la hora–

—Falta poco para la medianoche— escuchó cómo el otro se rió, y volteó extrañado. No recordaba haber dicho un chiste.

—¿Acaso tienes que llegar antes de las doce a tu casa, o si no el hechizo se romperá y dejarás de ser un príncipe? Asegúrate al menos de dejar un zapato, así puedo volver a encontrarte— sonrió de nuevo, y a Renjun esa sonrisa comenzaba a hartarlo.

—No, solo que si duermo después de esa hora me salen ojeras— se sorprendió por lo horrible de esa excusa, pero lo dejó pasar cuando el otro susurró un "lo siento".

El resto del camino pudo sentir la mano del otro acariciar su mano izquierda, y cuando se topaba con el anillo, lo frotaba como si quisiera sacarle más brillo al enrome diamante incrustado en él.

Cuando vio de cerca la entrada de su condominio, no pudo evitar ver, de nuevo, la hora que marcaba el tablero.

12:13 a.m.

Mierda, el camino no había sido tan largo y aún así sentía que se ahogaba. Iba a abrir la puerta para largarse de una vez, hasta que fue abierta por el mayor.

—Debes acostumbrarte a que yo lo haga, Injun.

—No gracias, aún tengo brazos para hacerlo por mí mismo— le contestó amargamente porque ya no soportaba al tipo. Tenía que irse porque el tiempo se le estaba acabando. — que tengas una linda noche, descansa— caminó a un lado de Na dispuesto a pasarlo, si no fuera porque tomó su brazo con fuerza, girándolo y pegándolo a su pecho.

—Veo que sigues sin superar la sorpresa, permíteme dejarte en claro que esto ya no es un sueño— sintió una mano detrás de su nuca empujando su cabeza, provocando que sus labios chocaran con los contrarios. Sus manos en lugar de apartarlo, como le hubiera gustado, se posaron en los hombros del alto. Será más fácil si le hago creer que me gusta, pensó y se dejó llevar, por mucho que eso le estuviera provocando un ardor en el pecho. Lo soltó y susurró un 'tú también descansa' cerca de sus labios. Se montó nuevamente en el automóvil y le dio una última mirada guiñando un ojo, para después echar a andar el motor.

Renjun solo vio y le dio una pequeña sonrisa, que se desvaneció en cuanto el auto abandonó su campo de visión. Rápidamente le dio la vuelta al edifico, llegando a la zona boscosa que poseía su área residencial. Lo recorrió por un tiempo hasta que lo vio. Estaba posado contra un árbol, y en sus ojos solo veía odio.

—¿Quién mierda era él?— dejó caer la pregunta ni bien tuvo al otro frente a él.

—Jeno, tranquilo—

—Contesta, quién era y porqué dejaste que te comiera la boca— su voz se había vuelto más grave de lo que ya era, y el pequeño tatuaje debajo de su ojo derecho tampoco ayudaba a que su semblante se viera menos intimidante.

—M-mira, él no importa, ¿sí? Solo vámonos, suficiente jodido tuve el día como para que tú me jodas también.—

No escuchó respuesta, pero sí el crujir de algunas ramas y la respiración del otro cerca suyo.

—Por lo general te gusta que te joda.—

Ahora fue él quien no respondió nada, así que Jeno tomó con brusquedad su nuca, jalándole y devorando sus labios. Al contrario que con Na, enredó sus brazos en el cuello del otro y deseó que nunca se separa. Finalmente lo hicieron, tomando rumbo a la parte trasera de la zona hasta encontrar la motocicleta del mayor. Se montaron y mientras se dirigían al otro barrio, Renjun se preguntaba si Jeno había notado su anillo, aunque posiblemente no, pues ya le hubiera hecho mil y un preguntas sobre eso.

Llegaron al barrio del mayor, que era todo lo contrario a su mundo: la iluminación dependía de unos simples faroles repartidos a lo largo de la calle y que ni siquiera funcionan bien, las casas prácticamente pegadas y callejones completamente a oscuras.

El camino a la casa de Jeno lo tenía grabado, después de tanto tiempo eso fue inevitable, aunque estaba casi seguro que solo podría guiarse en la oscuridad de la noche.

Ni bien puso un pie en la casa, el mayor lo arrastró hasta su habitación y dio un portazo, dejándolo sin escapatoria, y tampoco era como que Renjun se quisiera ir pronto.

—¿Me dirás ahora quién era ese imbécil y por qué dejaste que te besara?—

—Jaemin, Na— antes de que el mayor hablara de nuevo, él simplemente levantó su mano dejando ver la joya que adornada su dedo angular.

—Renjun, ¿qué mierda significa esto? ¿Por qué no me habías dicho?— sorprendentemente para el menor, la voz del otro no sonaba enojada como en un principio, sino ahora era más como ¿decepción? Quizás.

—Yo tampoco supe hasta hoy. Todo lo planeó la bruja. Seguramente las acciones bajaron y yo era su último recurso para que subieran. Y dejé que me besara para que me dejara ir— escuchó como el otro reía ligeramente, no entendía porqué hoy a todos les parecían muy graciosas sus palabras.

—Así que dejas que te bese para que te deje ir, ¿después que será? ¿Que te toque? ¿Que se la chupes? ¿O dejarás que te—

—Jeno, cállate— no iba a decirlo en voz alta, pero el que Jeno llegara a esas conclusiones de cierta forma lo hacían sentir mal, que creyera que fuera tan fácil.

—¿Qué? ¿No quieres aceptar la realidad? Se van a casar, y no creo que él espere mantenerse en abstinencia todo lo que duren— se acercó a él y tomó su barbilla, obligándolo a levantar su mirada y verlo directo a los ojos. Jeno tampoco lo diría nunca en voz alta, pero el simple hecho de pensar que alguien más iba a tocar a su Renjun, hacía que su sangre hirviera.— estoy seguro que no tendrá ni puta idea de cómo hacértelo. Jamás te hará sentir como yo lo hago—

—Entonces demuéstralo. Jódeme tanto que cada que folle con él solo pueda recordar tu nombre— no supo de dónde sacó la valentía de hablar así. Asumió que todo el estrés cumulado del día había desencadenado ese actuar.

No tuvo mucho tiempo para pensarlo porque inmediatamente sintió las manos del otro rasgando su ropa. No se quedó atrás e hizo lo mismo con el otro, y cuando ambos estaban con el último pedazo de prenda que los cubría de la desnudez, Renjun arrancó el anillo de su dedo importándole una mierda si se rompía o no, en su cabeza solo había lugar para Lee Jeno y nada más.

A partir de ahí, las paredes de esa habitación y la poca luz de Luna que entraba por la ventana, fueron testigos de su entrega a sus más profundos deseos.