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Paz.
Eso era lo que Roier sentía cada vez que despertaba y veía a su lado al hombre con el que se había casado. Habían pocas cosas en ese mundo que pudieran tranquilizarlo, normalmente siempre vivía en un estado de completo caos, pasando de completa alegría a inmensa ansiedad. No es que Roier sea un dramático, simplemente sentía cada emoción con pura intensidad.
Si estaba feliz era la persona más sonriente y bendecida del mundo.
Si estaba triste el dolor y el sufrimiento lo hacían sentir la persona más miserable.
Si se enamoraba era la persona más dedicada, leal, amorosa e intensa que pudieras conocer.
Y si odiaba a alguien… Bueno, muchas veces no terminaba bien.
Pero ese no era un problema, no cuando ahora estaba con la persona que amaba, su alma gemela . Pensar que un tiempo atrás no hacía más que pensar en lo cansado que era enamorarse y que todo saliera mal, pero poco después lo conoció a él, el dueño de su corazón, el hombre con el que ahora quería pasar el resto de sus días.
El hombre por el que cruzaría cielo y tierra.
“Guapito, deja de mirarme y vuelve a dormir, aún es temprano” susurró Cellbit mientras sostenía su cintura, aún con los ojos cerrados.
“No te estaba mirando” respondió Roier con una sonrisa leve.
“Puedo sentir tu mirada clavada en mí. ¿No puedes dormir?” finalmente Cellbit abrió los ojos y lo miró algo somnoliento, ambos se habían quedado despiertos hasta tarde esta vez.
Cellbit porque necesitaba organizar varias cosas en su sala de investigación y Roier porque le hizo compañía, después de todo se negaba a dormir si no estaba él. Y bueno, también porque pasó gran parte de la noche viendo a Cellbit dormir, hasta que finalmente sus ojos se cerraron y no volvieron a abrirse hasta ahora.
“No tengo sueño” respondió Roier, acercando su mano para quitarle los mechones de la cara.
“Mhm… Entiendo, entonces déjame ir a preparar el desayuno de una vez” Cellbit bostezó antes de sentarse sobre la cama y estirar los brazos.
“¡No! Vamos a quedarnos otro rato más” dijo el mexicano con tristeza, no quería salir de la cama todavía, aún necesitaba recargar su energía con abrazos suyos.
“Lo siento guapito, tenemos que desayunar ahora porque en poco tiempo tengo que encontrarme con Philza en la Orden, había algo de lo que quería hablar conmigo”
Roier siguió a Cellbit con la mirada, vió como se levantaba de la cama y se cambiaba de camiseta frente a él, completamente tranquilo. Si había algo que no le gustaba tanto a Roier era el hecho de compartir más de lo que debía.
Sus cosas eran suyas. Lo que le pertenecía a él debía quedarse con él. Y, si no mal recordaba, el anillo en su dedo era una prueba de que Cellbit era suyo.
Por supuesto, muchos dirán que es solo un símbolo de unión romántica, o que el matrimonio es un simple contrato disfrazado de rosas.
Para Roier era algo diferente.
Haberse casado significaba una sola cosa:
Sus almas ahora eran una sola, sus vidas dejaban de ser privadas. El corazón de Roier le pertenecía a Cellbit, y el corazón de Cellbit le pertenecía a Roier.
No era nada más que eso. Ya no existía un “Yo” separado. Eran ambos contra el mundo.
Y con más razón, tener que compartir su atención con más personas todo el tiempo le cansaba, lo dejaba de mal humor.
Philza era alguien agradable, Roier se divertía con él y podía admirar su sabiduría en cierta parte, no tenía nada en contra de él, solo que esos últimos días realmente necesitaba estar solo con su marido.
Sin darse cuenta Roier ya estaba siguiendo a Cellbit por las escaleras, aún en pijama y con la mirada de frustración que siempre tenía cuando estas cosas pasaban.
“¿Qué quieres que haga para ti hoy, guapito?” preguntó Cellbit mientras encendía la cafetera.
“Cualquier cosa” su voz ahora era más seria que antes. Creo que era en definitiva demasiado obvio que Roier odiaba cuando las cosas no iban como él quería.
Aún así, el mexicano se sentó encima de la barra de la cocina y empezó a balancear sus piernas mientras esperaba.
“¿Estás molesto, guapito? Lo siento” Cellbit se acercó a él intentando ocultar su sonrisa. Siempre le causó gracia y ternura verlo fruncir el ceño y aún así seguirlo como si fuera un gato.
“No estoy molesto” lo estaba, y mucho.
El rubio no dijo nada, solo tomó su rostro con ambas manos y lo besó en un intento de relajarlo.
Sus labios eran suaves, dulces y encajaban tan bien contra los suyos, tal vez sí estaban hechos el uno para el otro.
“¿Mejor?” preguntó Cellbit en un susurro sobre sus labios, aún sosteniendo su rostro.
“Hmph, vas a necesitar más que un beso”
“Bueno, el día tiene 24 horas así que me sobra tiempo”
Cellbit continuó preparando el desayuno para ambos, al final preparó panqueques para Roier y un café caliente.
Como Cellbit dijo, después de desayunar él tomó todas sus cosas y se fue directo a la Orden, claro que invitó a Roier porque no quería dejarlo en el castillo aburriendose. Al llegar se encontraron a Philza con sus hijos; Chayanne y Tallulah les dieron una sonrisa y todos entraron a la sala de reuniones.
“Entonces, Phil ¿De qué querías hablar?” el brasileño estaba sentado con los brazos cruzados, a su izquierda se encontraba Roier que solo los miraba en silencio.
“Bueno, es una historia realmente interesante ¿Recuerdas los mensajes que ciertos residentes han estado recibiendo?” el hombre empezó a buscar entre su mochila mientras decía eso, Tallulah y Chayanne se quedaron sentados en el suelo conversando entre ellos.
“Sí, las cartas anónimas ¿Tienes alguna pista sobre quién pudo mandarlas?”
“Lamentablemente no, pero tengo una carta con algo muy interesante en ella”
Le entregó en sus manos un sobre negro.
Desde hace unos días misteriosas cartas habían llegado a la puerta de las casas de varios residentes, nadie sabía de dónde provenían o el autor, pero todas llevaban un mismo mensaje.
“Aléjate. Aléjate. Aléjate. Pecador, no mereces vivir en esta isla. Sal de aquí, abandona todo y desaparece.”
Al principio creyeron que era una broma, pero poco después empezó a plantarse el miedo y preocupación entre todos, nadie sabe quién era el responsable y cuál era su objetivo, solo las leían e inmediatamente se las llevaban a Cellbit para que las revisara.
Esa era la razón principal por la que Cellbit estaba teniendo tantos problemas para dormir esos días, todo el tiempo se la pasaba teorizando o intentando descubrir algún mensaje oculto detrás de esos mensajes; pero en realidad, lo que más ocupaba su mente era el hecho de que él no había recibido ninguna carta .
Sin embargo, lo que encontró después de leer esa carta lo dejó con la piel erizada.
“Cellbit, mantente alejado o sufrirás las consecuencias. No confíes en ellos. ”
En tinta roja.
Algo que nunca había pasado en ninguna de las cartas que había visto anteriormente, esa era especial porque era la primera vez que había escrito algo diferente escrito.
Y era un mensaje para él.
“¿Cellbit? ¿Qué pasó?” Roier frunció el ceño al ver su reacción, estaba realmente preocupado.
El mexicano tomó la hoja entre sus manos y leyó con cuidado. Sí, eso parecía ser una amenaza, y a él no le gustaba.
“Esto ya fue demasiado lejos, tenemos que encontrar al responsable” Exclamó Roier con enojo.
“Me encantaría saber quién está escribiendo esto para pedir una explicación pero, bueno… No tenemos nada”
Philza suspiró. Desgraciadamente hace unos días Cellbit comparó la letra con todos los habitantes y ninguna coincidía, entonces podía tratarse de alguien externo ¿Pero quién?
“Lo que más me está inquietando ahora es ¿Por qué te envió la carta a ti si el mensaje iba para mí? ¿Se confundió acaso?” Cellbit se cruzó de brazos y detuvo su mirada en el sobre negro frente a él.
“Porque sabía que Philza te lo mostraría ¿No?” Dijo Roier.
“Opino lo mismo, Cellbit, desde el primer momento te hemos estado dando toda la información que tenemos, significa que esa persona realmente está muy cerca y puede vigilarnos… Me temo que no podemos seguir tomando todo esto a la ligera”
El ojiazul guardó silencio. Actualmente no había ninguna razón para que la Federación les mandara cartas así, además que no era su estilo, ellos siempre eran directos, no se escondían detrás de estos trucos.
Entonces, si la Federación no era la responsable ¿Con qué estaban lidiando ahora?
“¡Hey Phil, Roier y Cellbit! ¡Hola!” todos voltearon a ver hacia la puerta. Foolish había entrado con una sonrisa brillante.
“Oh, hola Foosh ¿Cómo estás?”
“Realmente bien ¿Interrumpo algo?” preguntó mientras se sentaba en su respectivo asiento.
“No, no. Estábamos conversando sobre una nueva carta que llegó, dice lo mismo que todas pero con la única diferencia que ahora tiene un mensaje para Cellbit” explicó Philza.
“Déjame ver” Foolish tomó la carta entre sus manos y la leyó cuidadosamente, su expresión iba cambiando conforme se daba cuenta de la amenaza escrita en el papel “Okay, Cellbit, si fuera tú definitivamente estaría asustado ahora”
“Gracias por el apoyo, Foolish”
“¡Lo siento! Cuando venía aquí no esperaba encontrarme con algo tan turbio como una amenaza. La verdad es que, quería venir a darles las invitaciones formales para mi fiesta de cumpleaños” y entonces el ojiverde sacó varios papeles de su mochila, dándole uno a los tres hombres sentados frente a él.
Roier miró con atención, viendo como la letra era de su hermana menor, Leo.
“¿En serio le pediste a Leo que hiciera las invitaciones por ti?” preguntó él con una sonrisa burlona.
“¡Fue ella la que quiso! Yo ni siquiera pensaba hacer una fiesta pero ella tenía ganas de celebrarlo”
Todos en la sala rieron.
La reunión ya estaba llegando a su fin entonces fue cuestión de unos minutos para que Roier y Cellbit quedaran solos nuevamente. El brasileño estaba acomodando sus cosas, ya estando listo para salir se percató del rostro de su marido.
Roier tenía el ceño fruncido, sus ojos serios no apartaban la vista del sobre negro encima de la mesa.
Cellbit no tenía miedo de la amenaza, por supuesto que le dejaba confuso pero no estaba aterrado; en cambio Roier parecía mucho más preocupado que él. No iba a negarlo, le parecía adorable verlo así, pero tampoco quería que gastara su energía en lo que podía simplemente ser una broma.
Lentamente Cellbit caminó detrás de Roier y le susurró al oído con una sonrisa.
“¿Podrías darme esa atención también, guapito?”
Su cuerpo se tensó y sus mejillas se cubrieron de rojo.
“¡Pendejo! Me asustas” Cellbit se empezó a reír tan pronto escuchó su grito. Roier estaba tan concentrado que no lo había visto.
“Lo siento, docinho , no quería asustarte, pero ahora que por fin me escuchas ¿Quieres regresar al castillo?”
El corazón de Roier se derritió.
Cuando Cellbit era tan cariñoso con él sentía su sangre hirviendo y sus manos sudar. No importaba cuánto tiempo llevaban casados, aún le era difícil asimilar el hecho de que estaba junto a alguien tan amoroso como él.
Simplemente no estaba acostumbrado.
“Vamos, vamos…” respondió Roier, levantándose para salir y tomar algo de aire.
Ambos salieron del lugar y caminaron hasta el castillo, Cellbit en ningún momento le soltó la mano mientras le hablaba sobre su opinión acerca de la carta de hace unos momentos.
Él se encargó de tranquilizarlo un poco, decirle que pase lo que pase todo estaría bien y que probablemente no llegaría a nada, pues confiaba en que solo era un juego sucio de alguna persona.
Roier aún sentía enojo y preocupación por eso, pero decidió calmar su mente y sobre todo creer en Cellbit. Además, si algo pasaba él sería el primero en tomar venganza.
Entonces todo estaba bien.
El resto del día ambos la pasaron en el castillo juntos conversando hasta que sus hijos regresaron de pasar tiempo con sus tíos, ahora los cuatro podrían tener un día tranquilo en familia.
Un par de días pasaron y afortunadamente nada ocurrió, ninguna carta nueva llegó y Cellbit seguía sin estar en peligro.
Roier estaba más tranquilo y Cellbit definitivamente ya dejaba de pensar en ese misterio.
Lo único importante ahora era:
¡La fiesta de Foolish!
La noche tan esperada llegó y todos estaban en el local tan precioso que Foolish había construido semanas atrás para la fiesta. Las luces brillaban, la música sonaba y todos estaban animados para que empezara la diversión.
Por supuesto, debido a que habían varios niños en la fiesta todos se tuvieron que abstenerse de beber mucho alcohol, no es como si eso fuera necesario para divertirse de todas maneras.
Antes de llegar, Roier se detuvo, poniéndose frente a Cellbit y acomodando un poco el cuello de su camisa negra.
“Obrigado, meu anjo ” susurró él antes de darle un pequeño beso en la frente.
“De nada, cariño.”
Una pequeña vocecita los llamó.
“¡Pa! Vamos, vamos, quiero ir con el abuelo y Leo” era Pepito el que estaba jalando cuidadosamente la manga de Roier, dando pequeños saltitos de emoción.
El brasileño sonrió enternecido y se agachó frente al niño para acariciar su cabello.
“Pepito, recuerda las reglas ¿Okay? No vayan a jugar nada muy peligroso, ten cuidado de no hacerte daño y tampoco comas demasiados dulces”
“¡Entendido!” respondió el pequeño, asintiendo la cabeza varias veces.
“Y Richas, cuida a tu hermano ¿Vale?”
“No te preocupes, pai, trataré de devolverlo en una pieza” el mayor de ellos sonrió confiado.
Y solo por eso ambos padres imaginaron que lo más seguro es que alguno se fracture un pie esa noche. Era una tarea imposible el controlar a esos dos, así que solo tenían que aceptarlos.
“Bueno, si se van a romper la cara al menos traten de gritar para que los escuchemos” dijo Roier, tomando la mano de Cellbit para empezar a caminar de nuevo.
Cuando entraron al local pudieron escuchar la música y las risas de los invitados que ya habían llegado y afortunadamente no tuvieron que caminar mucho hasta toparse con Foolish.
“¡Chicos! llegaron”
“Feliz cumpleaños, Foosh” exclamó Cellbit mientras lo abrazaba.
“No puedo creer que finalmente cumpliste cuarenta años, papá, felicidades” dijo Roier con un tono burlón.
“Gracias- Espera, no, no tengo cuarenta años”
Los tres estuvieron conversando un poco después de que Richas y Pepito salieran corriendo a jugar con Leonarda, parecía que estaba siendo una noche relativamente tranquila.
Roier y Cellbit estuvieron juntos todo el tiempo, o mejor dicho, Roier no se despegaba del brazo de Cellbit.
Cuando el ojiazul quería ir a hablar con alguien más, Roier lo acompañaba en silencio, no quería perderlo de vista en ningún momento.
Pero la realidad es que nadie estaba sorprendido por eso.
Si Cellbit estaba cerca entonces lo más probable era que Roier también lo estuviera, pero era normal para todos en la isla.
¿Cómo explicarlo? Roier físicamente se sentía molesto cuando pasaba mucho tiempo lejos de él, se irritaba, su día se arruinaba, pero solo era necesario sentirlo cerca y podía volver a sonreír como si nada.
Y Cellbit lo sabía. Conocía perfectamente la manía que tenía su marido de mantenerse juntos la mayor parte del tiempo, llegando a olvidar lo que el “espacio personal” significaba.
Pero, al igual que siempre, si Roier era feliz entonces él también lo era.
No es como si pudiera negarse a esa cara bonita que tenía.
El castaño se sentía afortunado, viendo el rostro de su marido mientras hablaba de cosas a las que no le estaba prestando atención por concentrarse más en el color fascinante de sus ojos.
Fue por eso que se asustó cuando escuchó una voz ajena llamándolo.
“¡Cellbit!”
Ambos voltearon hacia su derecha. Slime había llegado, sonreía mientras caminaba hacia ellos.
Y, por lo general, Slime era un buen chico, divertido, un poco caótico pero bueno, a Roier le hacía gracia verlo. Solo había un pequeñito problema.
Sentía, o mejor dicho, sabía que tenía una cierta atracción hacia Cellbit.
Su Cellbit.
Podía darse cuenta fácilmente por las miradas que le daba, o como siempre que lo saludaba se acercaba demasiado a su rostro, casi como si quisiera darle un beso en la mejilla.
Lo odiaba.
“OH, Slime, es una sorpresa verte ¿Cómo has estado?” preguntó Cellbit con una sonrisa enorme en su rostro.
Y Roier quería vomitar.
Por supuesto, no importaba lo mucho que Slime sonriera y le hablara como si intentara impresionar a alguien, al final el único que tenía un anillo en su mano era él, anillo que Cellbit le puso.
“He estado bien, gracias por preguntar ¿Y tú? ¿Cómo te ha ido? ¿Sigues investigando los secretos de la isla y cosas así?”
Hasta ese entonces el ojiverde no había mirado a Roier en ningún momento, y eso lo dejó incrédulo.
“He estado bien, sí, y con respecto a las investigaciones… Claro, sigo haciéndolo mientras puedo” Cellbit se rió levemente.
Ugh.
Roier no pudo soportarlo más y se puso delante de Cellbit, sonriéndole a Slime fingiendo inocencia y dulzura.
“¡Slime! ¿Cómo está tu relación con Mariana? La última vez que hablé con él me dijo que estaban viviendo juntos otra vez ¿Es eso cierto? Dime”
El ojiverde se sobresaltó cuando Roier empezó a hablar de la nada, pero aclaró su garganta y le sonrió amablemente.
“Ah, respecto a eso… Dejamos de vivir juntos hace un tiempo ya, no era lo mismo y lo mejor para nosotros era que cada quien siguiera su camino” explicó él, tratando de sonar tranquilo.
Cellbit miró a Slime y después miró la espalda de Roier, sintiéndose un poco extraño.
“Oh, eso es triste” respondió Roier, sin nada de tristeza en su tono, pero entonces se sobresaltó al sentir una mano de Cellbit posarse en su hombro.
“No te preocupes, Slime, estoy seguro que más adelante podrás encontrar a alguien mejor para ti”
Había sinceridad en su tono, pero por supuesto, después de todo se trataba de Cellbit, aquel que apoyaba y demostraba cariño a todos sus amigos.
Los ojos verdes de Slime brillaron cuando lo escuchó decir eso, y un sentimiento cálido recorrió su pecho, después de todo era la primera vez que alguien le decía algo así de amable.
“Gracias, Cellbit… Lo aprecio”
Una vez más, Roier quería vomitar de los celos.
Estaba empezando a sentirse fastidiado por su voz, por lo evidente que era y lo tonto que se veía intentando ser más cercano a su esposo. Algunos dirían que estaba imaginando cosas o que era un paranoico, pero Roier podía verlo bien, podía sentirlo, sabía las intenciones que tenía él al acercarse a su Cellbit de esa manera, lo sabía porque no era la primera vez que sucedía.
Durante todas las veces que se veían Slime no dudaba en acercarse a Cellbit y le decía lo fuerte o guapo que estaba.
Quería callarle la boca.
“Guapito” la voz de su esposo lo sacó de sus pensamientos.
“¿Hm?”
“Voy a ir a ver a los niños un momento, solo para asegurarme de que están bien ¿Okay?”
Roier se dió la vuelta, viendo los ojos azules de Cellbit, viendo su sonrisa leve.
“Oh… okay. Me quedaré aquí un momento, luego voy contigo”
Cellbit sonrió. Se despidió de Slime antes de darse la vuelta y caminar a lo lejos.
Ambos se quedaron en silencio un momento, Slime estaba algo incómodo ahora que estaba solo con Roier y, bueno, no quería seguir ahí.
“Bueno, Roier, fue un placer verte a ti y a Cellbit, espero se la pasen muy bien ¿Si?” el ojiverde sonrió.
“¡El placer fue nuestro! Diviértete también”
Segundos pasaron.
Roier vió como él se alejaba lentamente.
Y entonces empezó a seguirlo en silencio.
Mientras tanto, Cellbit estaba jugando con los niños un rato, distrayéndose por completo y perdiendo la noción del tiempo. Al final, cuando regresó a donde estaban anteriormente se sorprendió al no ver a Roier por ninguna parte. Lo buscó con la mirada, caminó hasta el baño para ver si estaba ahí pero no lo encontró.
Empezó a preocuparse pero tampoco quería hacer un alboroto, así que empezó a mandarle mensajes.
Después de diez minutos Roier le respondió.
Le dijo que se había empezado a sentir muy mal y que había regresado a su casa, lamentando no haber pedido despedirse.
Cellbit suspiró, un poco más tranquilo de saber que solo estaba en casa descansando.
La fiesta continuó, Cellbit estuvo conversando con todos sus amigos y cuidando de los pequeños hasta que la hora de irse a casa llegó.
El brasileño fue hasta su castillo, cargando a Pepito en sus brazos y tomando la mano de Richas mientras caminaba. Llevó a ambos niños a su cuarto y esperó a que se durmieran para finalmente entrar a su propia habitación, esperando ver a su marido recostado en su cama.
Pero no estaba.
La cama estaba vacía y el silencio era un poco aterrador.
Cuando Roier le dijo que estaba en “su casa” imaginó que se refería al castillo, donde vivían juntos, pero probablemente estaba hablando de su propio hogar, el castillo de Bobby.
Un suspiro salió de sus labios, recostandose en la cama un momento mientras cerraba los ojos, estaba cansado, con sueño, hacía mucho tiempo que no salía a una fiesta con todos sus amigos entonces esas horas absorbieron toda su batería social.
Y sin darse cuenta, se quedó dormido.
Cuando los rayos del sol entraron a su habitación y cubrieron su rostro con luz fue que se despertó, confundido. Miró a su lado vacío y eso hizo que todo el sueño abandonara su cuerpo. Recordó lo que pasó la noche anterior así que se levantó listo para preparar el desayuno antes de ir a buscar a su esposo.
Eran las 8 de la mañana, Cellbit le pidió a Richas que cuidara de Pepito mientras él salía un rato.
El día estaba tranquilo, el cielo azul estaba cubierto de nubes y el viento empujaba las hojas de los árboles, Cellbit disfrutó cada paso que daba, pero a la distancia podía ver la casa de Roier, pudo ver a través de las ventanas como las luces estaban apagadas.
Él sintió un mal presentimiento, pero se sorprendió cuando vió la puerta abriéndose lentamente.
Roier salió, tenía la mirada seria y llevaba una sudadera oscura. Normalmente él no lo veía así, parecía como si estuviera pensando en algo importante, como si hubiera pasado alguna cosa que lo preocupara.
“¡Guapito!” Exclamó él, a unos metros de distancia, tratando de llamar su atención.
El castaño se asustó un poco al oír su voz pero al verlo toda su expresión cambió por completo. Le sonreía…
“Gatinho, buenos días”
Cuando Cellbit se acercó lo suficiente, Roier le abrazó con fuerza y le dió un beso rápido en los labios.
El ojiazul pudo sentir su cabello aún húmedo cuando lo abrazó, y el olor a perfume estaba más fuerte de lo habitual, entonces suponía que había terminado de bañarse hace unos momentos.
“¿Te sientes bien?” Preguntó preocupado.
Una risa dulce salió de los labios de Roier.
“Estoy bien, no te preocupes, gatinho, solo necesitaba dormir”
“¿Pero por qué no fuiste al castillo? ¿Por qué dormiste solo?” preguntó Cellbit, rodeando la cintura de Roier con sus brazos, viéndolo con total atención.
El castaño se quedó unos segundos en silencio.
“Solo necesitaba una noche a solas”
Cellbit se quedó viéndolo a los ojos, no sabía cómo explicarlo o si era su imaginación pero había algo raro en ellos.
Conocía a Roier, lo conocía mejor que nadie. Cuando algo lo molestaba, cuando algo lo ponía triste, era muy obvio cuando intentaba ocultar que algo pasaba. Sonreía, bromeaba, fingía que todo estaba en orden pero sus ojos siempre eran lo que más decía de él.
“¿Seguro?”
Roier asintió.
Él decidió no presionarlo por el momento, después de todo confiaba en que si algo malo pasaba, él se lo diría y buscarían una solución juntos.
[...]
Una semana. Había pasado una semana desde eso y ambos continuaron sus vidas como si nada, porque al principio no había nada raro que comentar.
Sus rutinas eran las mismas, cuidaban a sus hijos, pasaban tiempo juntos explorando o en la base de la Orden limpiando y decorando.
Y, podría decirse que estaban bien, o al menos hacían lo mismo de siempre.
Pero para Cellbit era diferente.
Desde hace una semana ha estado viendo más cuidadosamente la actitud de Roier, podría decirse que lo vigilaba, pero tampoco lo seguía a todas partes. Solo era un poco… Curioso.
Después de todo, desde hace una semana que su esposo se levanta en las madrugadas y sale del castillo, para regresar antes de que el sol apareciera.
Roier podría asegurar que Cellbit no se había dado cuenta pero olvidaba que tenía el sueño ligero y que podía escuchar sus pasos perfectamente cuando se iba.
Una semana entera desde que empezó a hacerlo, y una semana desde que fingía que todo estaba perfectamente bien.
Cellbit se sentía demasiado confundido, sobre todo porque Roier en ningún momento le dijo que algo sucedía o si necesitaba hablar, solo se iba y regresaba para recostarse a su lado hasta que el día comenzara para ellos.
Y por un momento Cellbit pensó que lo mejor no era decir nada, pero después de darle mil vueltas al tema en su cabeza, la ansiedad lo estaba matando.
Fue por eso que al anochecer fingió quedarse dormido como siempre, esperando a que él decidiera levantarse nuevamente.
Eran las tres de la mañana cuando sintió como Roier empezaba a levantarse de la cama y se ponía sus tenis para ir a salir.
Normalmente él lo ignoraría, pero en ese momento él se sentó y prendió la luz que tenían en su mesa de noche.
“¿Guapito…?” su voz sonaba seria, y pudo ver cómo el cuerpo de Roier se tensaba.
“¡Ay! Idiota, me asusté” el castaño se dió la vuelta, sonriéndole como si nada.
“¿A dónde vas?” preguntó por fin, viéndolo con atención.
Lentamente el mexicano se acercó a él, sentándose en el borde de la cama para verlo y darle un beso en la mejilla.
“Iré a… Dar un pequeño paseo nocturno, nada más”
Silencio. No le creía nada.
“Iré contigo, es peligroso que salgas solo a estas horas” respondió Cellbit, queriendo levantarse de la cama, pero fue interrumpido cuando Roier puso una de sus manos en su mejilla.
“¡No te preocupes! Estaré bien, sabes que yo no necesito que me cuiden” su voz tranquila lo hizo dudar un poco sobre su juicio, se preguntó si realmente todo estaba en su imaginación.
Y Roier se dió cuenta de eso.
“Gatinho, estaré aquí en poco tiempo, tú no te preocupes y vuelve a dormir ¿Si?” el tono de su voz se hizo más suave, como si estuviera intentando convencerlo de forma cariñosa para que no hiciera más preguntas.
Cosa que definitivamente funcionó.
“Está bien… Pero ten cuidado, y no tardes mucho”
Escuchar eso hizo que el corazón de Roier se acelerara un poco y sus mejillas se pusieran levemente rojas.
“No lo haré, tranquilo mi amor”
Cellbit le dedicó una sonrisa más tranquila.
Después de unos minutos, Roier se fue, y el ojiazul se quedó solo con sus pensamientos.
Miró al techo en total silencio, debatiendo entre varias opiniones en su interior.
Por una parte sentía que Roier le estaba ocultando algo, pero por otra… No quería dudar de su esposo.
Era Roier, el amor de su vida, la persona en la que más confiaba. Cualquier cosa que estuviera pasando definitivamente había una razón, y confiaba en que Roier nunca haría nada para lastimarlo a él o para ponerse en peligro.
Sí, Cellbit confiaba en él más que en sí mismo.
Cualquier cosa que Roier dijera no podía ser más que la verdad absoluta, entonces no había razón para cuestionarse nada.
Con eso en mente, el brasileño cerró los ojos e intentó dormir de verdad.
Las horas pasaron, el sol salió, y Roier no volvió a dormir esa vez.
Cellbit estaba tomando su café tranquilamente, concentrándose en los documentos que tenía en la mesa.
Hasta que un sonido llamó su atención.
Miró a su alrededor, no había nada. Pepito y Richas se habían ido porque Leo los había invitado a salir a jugar, entonces estaba él solo esa vez en el castillo con todos sus sentidos alerta.
Se levantó de su asiento y caminó lentamente hacia la sala principal, viendo como un sobre negro estaba tirado sobre al alfombra roja.
“¿Qué…?” su piel se erizó.
Rápidamente caminó para recogerla, examinando todo el sobre desde afuera.
Era la primera vez en días que volvía a tener noticias de esas cartas, y sobre todo era la primera vez que él recibía una.
Con mucho cuidado la abrió, el papel delicado dentro del sobre parecía estar algo manchado con lo que parecía ser tinta roja.
Cellbit esperaba leer algo interesante, un texto en código para resolver, pero se sorprendió mucho con el contenido.
Eran coordenadas.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y por un momento se sintió observado.
Con rapidez volvió a meter la carta al sobre y fue hasta su sala oculta, necesitaba prepararse un poco antes de ir hacia esas coordenadas.
Mientras empezaba a ordenar su mochila para salir le mandó un mensaje a Roier, quería avisarle a dónde iría y lo que pasó, pero no recibió una respuesta.
“Si no le aviso que iré a esas coordenadas después se molestará conmigo” pensó mientras miraba el teléfono.
Pasaron unos minutos, y después de pensarlo mucho él decidió salir a buscar a Roier, al menos para avisarle que tenía noticias sobre el caso de las cartas anónimas.
Fue hasta su castillo nuevamente, gritó su nombre un par de veces antes de entrar a la torre. Al llegar a la cima se acercó hacia el pequeño barandal y miró hacia abajo, esperando localizarlo de esa forma.
Nada. No lo vió en ninguna parte.
Cellbit suspiró y se dió la vuelta, pero entonces algo llamó su atención. Al fondo de la habitación había un cofre abierto, entonces él se acercó para ver.
Tenía algunas herramientas, hojas de papel, unos juguetes de Bobby y, lo que más lo dejó sorprendido, sobres de papel.
“¿Por qué tiene esto él?” preguntó en un susurro.
Estaba confundido. Después de rebuscar sobre todo el cofre, él guardó todo y lo cerró, no podía perder más tiempo ahí.
Sin importarle más nada, empezó a caminar hacia las coordenadas que tenía en la carta. Fue un largo camino, y mientras más se acercaba más lejos se sentía de casa.
Al parecer las coordenadas lo llevaron a un bosque, uno muy profundo, pero después de 20 minutos de caminata pudo llegar.
Frente a él, una casa abandonada en medio del bosque marcaba el final de su camino, había llegado por fin.
Con mucho cuidado él llamó a la puerta, y al no ser respondido la abrió por sí mismo.
El interior estaba sucio, el polvo en todas partes le causaba cosquillas en la nariz, la luz apenas entraba.
No tenía idea de quién era esa casa y mucho menos hace cuánto tiempo que estaba abandonada, entonces su primer instinto fue revisar todo el primer piso mientras tomaba fotos.
Había terminado de revisar completamente y estaba listo para subir las escaleras hasta que un sonido llamó su atención.
Era un llanto.
Cellbit empezó a caminar para buscar de dónde venía, hasta que se terminó encontrando con una puerta secreta que lo llevaba a un sótano. Sacó la linterna de su mochila y con mucho cuidado bajó las escaleras, viendo como el lugar estaba muchísimo más sucio que arriba.
Lo primero que vió al bajar era una imagen que nunca se borraría de su memoria.
“¿Slime…? ¿Qué haces…?” no pudo terminar su frase.
El ojiverde empezó a gritar.
Slime estaba amarrado a una silla en medio del sótano, su rostro estaba cansado, paranoico, aterrado, su ropa estaba sucia y podía ver ciertos moretones en sus brazos.
“¡Slime! Tranquilo, estoy aquí, voy a liberarte ¿Okay?” Cellbit se asustó, acercándose con cuidado para empezar a desatar las cuerdas.
“¡No! ¡No, aléjate! ¡Aléjate de mí, Cellbit!” su voz ronca gritaba, estaba desesperado.
El brasileño dió unos pasos atrás, demasiado asustado y confuso.
“¿Qué pasa? ¿Por qué no me dejas ayudarte?” El estado en el que se veía era deplorable, no podía imaginar cuánto tiempo había pasado ahí secuestrado.
“¡Vete de aquí! Rápido, vete, vete, vete” las lágrimas empezaron a salir de sus ojos, todo su cuerpo empezaba a temblar mientras intentaba alejarse de Cellbit.
“Pero no puedo dejarte aquí. Slime, rápido ¿Quién te hizo esto? ¿Cómo es que acabaste aquí?”
Él intentó mantener su distancia para no asustarlo, cambió su tono de voz a uno más suave para intentar tranquilizar un poco sus nervios.
“Aléjate, aléjate, por favor…”
El llanto hizo eco en el sótano, haciéndolo sentir un pequeño temblor en las manos.
Nunca se había encontrado en una situación así, mucho menos con un amigo suyo. Sabía que debía liberarlo pero no entendía por qué él gritaba desesperado para que no lo hiciera.
“Slime, tranquilo… Estoy aquí para ayudarte, entonces dime por favor todo lo que sucedió”
“Creo que él ya fue suficientemente claro, Cellbit”
Esa voz llamó su atención.
Rápidamente miró a las escaleras, su cuerpo se tensó por completo, sus labios temblaron.
“Te dijo que te alejes, entonces recomiendo que lo hagas”
“¿Roier…?” susurró.
Roier estaba apoyándose en el barandal de las escaleras, sonriendo tranquilamente, viendo la escena como si nada.
“Roier ¿Qué haces aquí…? Te estuve buscando y no te encontré, cómo es que…” los ojos de Cellbit bajaron, viendo como en la mano Roier llevaba un cuchillo.
“Dejaré que lo descubras por tu cuenta, después de todo mi querido esposo es increíble en los enigmas ¿No es así?” Sonrió dulcemente, causándole un poco de miedo.
Cellbit miró de reojo a Slime, y pudo ver como el terror en su rostro aumentaba con la presencia de Roier en la habitación.
Respiró profundamente, debía pensar muy bien las palabras que diría antes de hacer algo que pudiera salir mal.
“Tú… Tú me mandaste estas coordenadas ¿Cierto?” preguntó, caminando un poco hacia él.
“¡Bingo! ¿Y qué más?” el brillo en sus ojos marrones aumentó.
“Secuestraste a Slime” su corazón se detuvo.
Por un momento nada de eso tenía sentido, Roier nunca había hecho algo de ese calibre, nunca fue agresivo, nunca…
Estaba mintiéndose a sí mismo.
Por supuesto que lo sabía, era demasiado obvio.
Cómo iba a negar que al ver los ojos de su marido muchas veces solo encontraba oscuridad.
“Pareces muy sorprendido, gatinho… Creí que eras más inteligente” el castaño lentamente empezó a caminar hacia él, deteniéndose a unos cuántos centímetros de distancia.
“¿Por qué lo hiciste?”
Era la única pregunta que pasaba por su cabeza, lo único que necesitaba saber para darle sentido a toda esa situación.
“Dios mío, Cellbit, estás viendo frente a ti la respuesta”
Su tono indiferente lo golpeó de sorpresa, Roier nunca le hablaba de esa manera, tan descarada e inhumana.
“¡ Lo hice porque te amo ! Tontito” Roier abrió sus brazos como si estuviera ansioso a recibir un abrazo, pero Cellbit no se movió ni un centímetro.
Se quedó en silencio.
Miró su expresión, sus mejillas rojas y como su respiración estaba agitada.
Definitivamente nunca había visto a su esposo de esa manera.
Al no recibir respuesta Roier chasqueó la lengua con molestia, caminando hasta Slime para pararse detrás suya.
“Sigues sin entender nada, así no es divertido”
“¡Entonces explícame! Roier ¿Por qué rayos hiciste todo esto?” Cellbit alzó la voz, mirando al castaño con el ceño fruncido, un poco molesto por la poca seriedad con la que se estaba tomando todo esa situación.
Roier no se movió, en cambio, sintió su corazón doler fuertemente y su mirada se entristeció.
“¿Por qué me gritas? ¿Por qué me miras de esa manera? ¿No se supone que me amas…?”
Viéndolo así parecía como si realmente estuviera triste por la forma en la que le habló, y eso lo hizo sentir culpable.
“Disculpa, guapito… Pero por favor, por favor te lo pido, dime qué está pasando aquí” el ojiazul tomó una respiración profunda, viéndolo con más tranquilidad.
Roier miró por un segundo las manos de Slime amarradas detrás de la silla, temblaba con miedo como siempre que bajaba a verlo.
“Okay, Cellbit, supongo que tendré que contarte todo” un suspiro cansado salió de sus labios antes de empezar a jugar con el cuchillo en sus manos.
Cellbit asintió, esperando.
“Nuestro querido amigo aquí, Slime, ha estado tentando su suerte desde hace mucho tiempo, así que tuve que tomar la más sensata decisión de traerlo aquí, a su hogar temporal” mientras dijo eso, Roier puso una de sus manos encima del hombro de Slime, quien parecía estar a punto de desmayarse por el terror. “Por supuesto, no podía dejarlo solo a su suerte, entonces desde hace una semana le he dado pequeñas visitas, hemos conversado un poco acerca de su comportamiento ¿Verdad, Slime?”
El ojiverde no respondió.
“Heh… Sí, a eso me refería. Verás, tal vez tú eres un poco malo para estas cosas, pero no te preocupes, te amo por eso, pero era muy obvio que este chico de aquí tenía otras intenciones siempre que hablaba contigo, parecía hasta patético, entonces yo, tu esposo, me haré cargo de eso”
Roier se paró a un lado de Slime, viéndolo temblar con una sonrisa leve.
“Y, amor mío, envié esa carta específicamente para que tú” hizo una pausa para apuntar a Cellbit con el cuchillo en su mano “Pudieras despedirte de él, para siempre ”
La respiración de Cellbit se detuvo, tratando de procesar todo lo que acababa de escuchar, sentía que todo estaba yendo demasiado rápido y que se estaba saliendo de control.
“¿Opiniones, gatinho? ¿O prefieres pasar a la acción?”
“¡Espera! Déjame ver si entendí… La razón por la que ahora Slime parece aterrado de estar cerca de mí es porque todas las veces que salías en medio de la noche era para venir aquí y torturarlo ¿Es eso lo que tratas de decirme?”
Roier sonrió, divirtiéndose un poco por la situación.
“Palabras más, palabras menos, la respuesta es sí, justamente eso, cariño”
Cellbit sintió como su cabeza empezaba a dolerle un poco, era demasiado por procesar en tan poco tiempo pero no podía distraerse de lo verdadero que importaba.
Debía evitar que Roier matara a Slime.
“Roier”
“No me digas así” exigió el castaño.
“... Guapito, dime una cosa más, ¿Esto qué relación tiene con las cartas anónimas que han estado apareciendo desde hace semanas? ¿Por qué usaste el mismo formato para las coordenadas? ¿Estabas intentando imitarlas?”
“¿Imitando? Oh, gatinho, yo envié todas esas cartas ”
Fue eso lo que hizo que todo a su alrededor se detuviera. Rápidamente Cellbit empezó a repetir todo lo sucedido en las últimas semanas desde que aparecieron las cartas, en ese momento todo parecía ir perfectamente bien entre Roier y él, lo que no le daba ninguna razón para hacer algo como eso ¿Entonces por qué?
Cellbit estuvo días y noches investigando esas cartas anónimas, y muchas veces Roier lo acompañaba ¿Acaso solo se estaba riendo en su cara?
“¿Por qué…? No entiendo” susurró, perdiendo su mirada en el papel en su mano, viendo la letra roja con cuidado.
Incluso cuando comparó la letra de todos en la isla, en ningún momento vió que la de Roier se parecía a la de las cartas.
“Cellbit, en ningún momento comparaste mi letra ”
Esa frase hizo eco en su cabeza.
Tenía razón, porque en ningún momento sospechó de Roier.
“Sé que puede ser sorprendente ahora pero son los beneficios de estar casado con el gran y querido detective de la isla. Nunca me pusiste a prueba porque nunca estuve entre los sospechosos, y sabes que eso fue tan dulce de tu parte”
Cellbit alzó la mirada, viendo la sonrisa en su rostro, parecía disfrutar demasiado esa escena.
“¿Cuál era el propósito de todo esto?” preguntó en un murmuro.
“Desgraciadamente no hay un propósito muy profundo en todo el tema de las cartas, al inicio eran solo para mantenerte entretenido y verte emocionado intentando resolver un puzzle sin pies ni cabeza, mi plan era detenerlo en algún punto y dejarlo como si nada pasara pero, bueno… Creo que tenemos un buen final ahora gracias a nuestro amigo Slime”
Los nervios regresaron a su cuerpo cuando escuchó lo último. Ver a Slime en ese estado lo deprimía, sobre todo porque sabía que no se lo merecía. No importaba lo mucho que amara a Roier y cuánto quisiera vivir una vida a su lado, no podía permitir que se manchara las manos de sangre así de la nada.
“Guapito, sabes que esto es una locura ¿Cierto? Hacerle daño a Slime solo por celos es… Demasiado, demasiado riesgoso y estoy seguro que realmente no quieres hacerlo”
Cellbit dejó caer la carta en sus manos y en cambio dió unos pasos al frente para acercarse a Roier y encontrar el momento perfecto para quitarle el cuchillo.
“¿Por celos? ¡No es solo por eso! Lo dices así porque nunca te diste cuenta que él coqueteaba contigo ¡Frente a mí, tu esposo!” Roier frunció el ceño.
“Perdón, perdón, no quise que sonara así…” el ojiazul acercó lentamente sus manos hacia los hombros de Roier, viendo como bajaba el cuchillo a un lado “Guapito, sabes que no importa quién se acerque a mí, eres el único al que amo, y mi amor es solo para ti ¿Lo olvidaste?”
Roier lo miró en silencio, estaba dudando un poco de sus palabras.
“Por favor, guapito, me empiezo a sentir un poco ofendido ahora, creí que te lo había dejado muy claro cuando me casé contigo”
Lentamente acercó su rostro, bajando su tono y susurrando con una sonrisa leve.
“Te amo a ti, Roier, solo a ti…”
“¿Lo prometes…?” los labios del castaño temblaron, y su mirada se cristalizó un poco, quería llorar.
“Por supuesto, lo prometo con mi vida”
“No me vas a dejar, nunca, ¿Cierto?” el brasileño aprovechó ese momento para rodearlo con sus brazos, abrazándolo con mucho cuidado.
“Claro que no te dejaré ¿Por qué lo haría?”
“Porque soy molesto, soy irritable, y hay muchas personas mejor que yo” El castaño sintió las lágrimas recorrer sus mejillas mientras apoyaba su frente en el pecho de Cellbit.
“¿Quién te dijo eso? Es lo más estúpido que he escuchado”
Entonces, como si hubiera pasado mucho tiempo desde que ambos se abrazaron, Roier correspondió al abrazo con fuerza, cuidando no lastimarlo con el cuchillo en su mano.
“He tenido pesadillas… sueños en donde me abandonas, donde dices que no me amas y te vas con los niños, dejándome solo…” dijo Roier entre sollozos.
Y, Dios, Cellbit sabía que Roier no estaba bien de la cabeza, pero escucharlo llorar partía su corazón en pedazos.
Quería besarlo. Besar sus lágrimas.
Lentamente el ojiazul se separó, llevando sus manos hacia su rostro y sosteniéndolo con cuidado, como si estuviera hecho de porcelana y no quisiera romperlo.
“Guapito… Estoy aquí, sigo aquí, y te amo. Sé que te preocupa estar solo otra vez, pero eso jamás pasará, es una promesa”
Roier se quedó en silencio, viendo como él le sonreía dulcemente.
Estaba avergonzado de sí mismo, de todo lo que él era.
Roier siempre fue demasiado inseguro de sí, demasiado ansioso y con miedo a la soledad. Era fácil ocultarlo cuando hacía y actuaba como la gente quería que lo hiciera; un chico agradable en el que todos podían confiar.
Por supuesto, sonreírles a todos no borraba el odio y la oscuridad que había en su corazón.
Desde que se casó con Cellbit hizo lo posible para reprimir los impulsos posesivos y la necesidad de controlarlo para tenerlo siempre a su lado, pero cuando las pesadillas son más grandes y el miedo de que alguien más pudiera llevárselo era casi imposible controlarse.
Estaba triste, estaba adolorido, no quería estar solo, no quería…
“Lo siento…” murmuró, bajando la mirada.
“Está bien, guapito, todo estará bien” la forma dulce en la que Cellbit lo trataba aún en su momento más bajo definitivamente lo hizo sentir amado después de mucho tiempo.
Ambos se quedaron silencio unos segundos mientras el ojiazul limpiaba las lágrimas de su rostro y le daba pequeños besos en la mejilla. Hasta que finalmente Cellbit se separó y lo miró con un poco más de seriedad ahora.
“Guapito, necesito pedirte que, por favor, liberes a Slime y no le hagas nada… ¿Okay?”
Roier dudó, pero entonces asintió con la cabeza y se dirigió a Slime, viéndolo con frialdad.
“Supongo que ya aprendiste la lección… Tienes suerte” susurró.
Entonces, con mucho cuidado empezó a cortar la cuerda que amarraba sus pies. Mientras tanto Cellbit sintió que el dolor en su cabeza aumentaba, después de todo estaba lidiando con muchas emociones en ese momento, y por supuesto, le preocupaba mucho el estado en el que Roier se encontraba.
No podía fingir que nada había pasado, sabía perfectamente que eso pasaría en algún otro momento y debía estar preparado para eso.
“Cellbit” Roier lo llamó.
Y él se giró a verlo, pero su cuerpo tembló cuando vió como tenía el cuchillo cerca del cuello de Slime.
“¿Qué? Roier, no lo hagas-”
“Tranquilo, tonto, no voy a matarlo” él lo interrumpió, parecía estar demasiado tranquilo a diferencia de segundos atrás “Solo quería asegurarme de algo”
“¿Qué es..?”
Roier respiró profundamente antes de mirarlo, totalmente serio.
“Dejaré ir a Slime, será libre… Pero a cambio tú, los niños y yo nos iremos lejos de aquí”
Cellbit lo miró, incrédulo.
“No quiero ver a nadie más, no quiero lidiar con las preguntas de los demás y mucho menos dar explicaciones, entonces nos iremos lejos de todos, viviremos una vida tranquila ¿No es eso lo que siempre pediste?” el castaño forzó una sonrisa.
Eso era una estupidez.
…
“Sí. No tengo un problema con eso”
La respuesta de Cellbit hizo que el corazón de Roier volviera a latir con fuerza, la sangre en sus venas hervía y su estómago sintió un revoloteo.
Estaba tan feliz.
“Oh gatinho, seremos tan felices juntos”
[...]
Habían pasado exactamente dos meses desde lo ocurrido, Richas y Pepito no supieron reaccionar cuando de la nada sus padres los llevaron a casa y les exigieron que guardaran sus cosas en sus mochilas y después se los llevaran a un “viaje” espontáneo.
Pero nunca regresaron.
Recibieron llamadas, mensajes, pero ninguno respondió.
Su nuevo hogar estaba escondido, su rutina era más tranquila a diferencia de sus anteriores vidas. Roier se sentía más tranquilo, disfrutaba cada día como si fuera un sueño.
Y Cellbit, bueno… Él amaba ver la sonrisa de su esposo.
Al inicio dudaba un poco de su decisión, pero después de pensarlo tal vez eso era lo mejor para todos.
Si Roier era feliz,
Él era feliz.
Y eso era lo único que importaba.
