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“Lord Ferdinand, Aub ha muerto” El ave blanca que acaba de atravesar la ventana de la mansión que le dio su padre y donde vivía desde hace un tiempo se detuvo sobre su escritorio repitió sin piedad tres veces el mensaje.
El joven lord se quedo congelado frente a su escritorio, los únicos pensamientos que le venían a la cabeza fueron los recuerdos del viaje que hizo con su padre hace una semana, recuerdos felices quizás los únicos buenos recuerdos que tendría en este ducado en su vida, no podía creer que el hombre con el que pesco, cazo y recolecto ingredientes raros con tanta energía hubiera muerto solo una semana después.
“No, no es posible, debe ser una mentira…” la negación ante el hecho fue lo primero que sintió, antes de darse cuenta estaba volando en su bestia alta a gran velocidad hacia el castillo. Cuando aterrizo corrió hacia el ala del castillo donde vivía su padre repartió el mana a todo su cuerpo para poder ir mas rápido, llego en cuestión de minutos al cuarto de Aub.
“Ferdinand…” gimió Sylvester, su hermano se encontraba arrodillado al pie de la cama, las lágrimas recorrían su rostro sin descanso, en sus manos temblorosas aferraba lo que parecían ser unas cartas mientras que a sus pies se encontraba un cofre lleno de piedras de color blanco opaco.
Sin detenerse camino rodeando la cama, lo que vio le hizo flaquear las piernas y caer al piso ante la imagen que se presentaba ante él.
“Tu padre te dejo esto” La voz rota de su tío Bonifatius atravesó los gemidos que escapan de su boca sin darse cuenta. Alzo los ojos nublados por las lágrimas que salían sin su permiso y la enfoco en la carta que su tío le ofrecía. “léela ahora” ordeno el hombre.
Con manos temblorosas abrió la carta y comenzó a leer.
A mi querido hijo, Ferdinand:
Te escribo esta carta para contarte y explicarte varias cosas, ahora mismo estas junto a mi dormido, planifique este viaje de campamento por el ducado como premio por haber sido otra vez el mejor de todos tus cursos, cuando te propuse el viaje tus ojos brillaron tanto como la primera vez que te vi, pensé que podría ver tu rostro tranquilo y pacifico al menos mientras dormías por eso pero me equivoque, no has dejado de dar vueltas y gemir de manera angustiosa, probablemente soñando con todas las cosas malas que te han pasado aquí… me gustaría decirte tantas cosas pero en lugar de eso, déjame relatarte una historia, esto sucedió hace muchos años, no sé si recuerdas, pero esta historia es de cuando nos conocimos.
La primera vez que te vi, tendrías unos cuatro o cinco años, venias en compañía de una joven de ojos dorados y cabello azul oscuro que brillaba como si tuviera estrellas enredadas, recuerdo haberme admirado por su belleza casi etérea, tan parecida a Mestionora que no habría dudado si me hubiera dicho que ella era la diosa, mas ahora, diez años después, apenas logro recordar algo, como si algo o alguien hubiera difuminado su rostro de mi memoria, mas el niño que la acompañaba era un recuerdo claro, incluso a pesar de los años.
Recuerdo como tú, tan inocente de los horrores que te esperaban, me miraste con tus brillantes ojos dorados, un leve rastro de temor se asomaba de vez en cuando, aunque desaparecía rápidamente cuando mirabas a la mujer, que te aferraba la mano con fuerza. Recuerdo a la joven agacharse frente a ti, quien se volvería mi hijo por orden de los dioses, sus palabras fueron claras y concisas.
“Ferdinand, te presento a Lord Adelbert, el será tu padre.”
Tu abriste tu boca como intentado decir algo y luego la cerraste de inmediato, no dijiste nada, sin embargo, no fue necesario, por que tus ojos se humedecieron al comprender que ese era el momento de despedirte de ella.
“Prometo que nos volveremos a ver, no importa lo que suceda en el futuro, nuestros destino se cruzaran de una manera u otra”
Tu solo asentiste, la confianza y resolución brillo en tus ojos húmedos.
“Adelbert, esta es una misión que los dioses te otorgan, adopta a este niño y edúcalo de manera adecuada, tu deber es protegerlo” me dijo la joven, mirándome con firmeza, el maná de ella me aplasto levemente cuando hablo.
“Se hará como ordenes mensajera de los dioses” respondí e hice una reverencia.
“Se fuerte Ferdinand, nunca te rindas”
Fue lo ultimo que dijo la mujer antes de desaparecer.
Mi pensamiento desde que te tuve Ferdinand fue el cumplir con la misión otorgada, mas ahora ya viejo y enfermo me di cuenta de que había fallado, no solo a los dioses, si no que, a ti, mi hijo, quien siempre se esforzó en silencio para ser el mejor. Para hacerme sentir orgulloso.
Pero lamento reconocer esto, lamento haber sido tan débil, ya que en el mismo momento en el que puse un pie en mi ducado y te declare a ti, Ferdinand, mi hijo, pude ver como los ojos verdes de mi esposa se clavaron con doloroso odio tanto en mí como en ti, pude sentir como te estremecía de temor a junto a mí, como tú pequeña mano se aferró con fuerza a la mía. Lamentablemente mi pensamiento racional desapareció, el dolor por haberle fallado a mi esposa, por no poder decirle la verdad, me supero, no te pido que me entiendas ni que me perdones, solo quiero que sepas que yo amaba a esa mujer y el amor a veces puede volverte idiota hasta el punto de hacer oídos sordos a los gritos de ayuda de mis ayudantes ante la tortura que ella hacia contigo admito aquí y ahora que durante años fui un testigo silencioso de los envenenamientos e intentos de asesinato que sufriste por culpa de ella, fui consciente de como te maltrataba y humillada por lo que ella decía era “educación” fui testigo de cómo la alegría e inocencia que tenías cuando llegaste a mi para ser protegido desaparecía de tus ojos arrastrado por el dolor y la humillación de la que fuiste víctima, llego el punto en el que ya no sonreías con sinceridad, tus brillantes sonrisa aparecían en tus momentos con más dolor y humillación, y a pesar de que lo sabía seguí ignorándolo, el pensamiento con el que siempre me excusaba era que si me acercaba a ti, Verónica más intentaría dañarte.
Que tonto, débil e iluso fui, no era mas que un cobarde que se retorcía de miedo ante su mujer, yo el poderoso Archiduque de su ducado, temblaba como un niño ante la mujer que debería subordinarse a mí, ignore a mis consejeros, incluso ignore a mi propio hermano, lastime a mis hijos, dañe a mi gente y a mi ducado. Solo ahora puedo darme cuenta de esto… o seria mejor decir, solo ahora soy lo suficientemente valiente para reconocerlo.
Han sido estos recuerdos y pensamientos lo que me hicieron tomar esta decisión, espero que todos puedan perdonarme, aunque no es algo que exija, sé que no merezco el perdón de nadie, especialmente de ti Ferdinand, por mi culpa sufriste tanto dolor que ni siquiera puedo imaginar, y aun sabiendo esto, debo pedirte algo, por favor se el Aub de este ducado, Sylvester no tiene la fuerza ni la motivación necesaria para destruir las raíces de maldad que mi esposa dejo, has de este ducado un lugar mejor, no repitas mis errores, cuando te decidas por una pareja que sea alguien digno y bueno no un veneno. Lamento dejarte con estas responsabilidades, pero solo en ti puedo confiar. Se fuerte hijo mío, yo remediré los pecados de mi esposa con la muerte espero algún día puedan comprender esta decisión.
Por favor, protege el ducado y a tu hermano.
PD: el viaje que hicimos fue de los momentos mas felices de mi vida, te amo hijo mío, lamento haberlo dicho tan tarde eres mi orgullo, nunca lo olvides.
Se despide tu padre arrepentido.
Termino de leer la carta después de varias pausas y sollozos, alzo la cabeza para mirar la cama, sobre esta yacía su padre y Verónica, ambos muertos, en la mano de cada uno había una copa a medio beber.
“Según lo que sabemos y por la carta que me dejo mi hermano Adalbert, se enveneno junto a Verónica, las piedras blancas dentro de la caja eran piedras de nombre, en su mayoría fueron conseguidas mediante amenazas de Verónica a su facción, también dejo una lista de cada sirviente leal y obligado de esa mujer… Ferdinand, tu padre declaro como ultimo voluntad que tu seas el sucesor de Aub, hasta que cumplas la mayoría de edad, actuare como aun de relevo, pero deberás comenzar a llenar la fundación lo mas pronto posible como preparación a tu ascenso…” Bonifatius que no había dejado de hablar se detuvo de repente. Respiro profundo y añadió, “lamento esto, mi hermano como siempre volvió a cometer un error en sus acciones, pero créanme cuando les digo, el los amaba a su manera… y esta fue su forma de demostrarlo” termino de decir antes de salir y dejar a los dos jóvenes solos.
“Sylvester el archiduque…” comenzó Ferdinand antes de ser interrumpido.
“Él hablo conmigo hace unos días, por primera vez me pregunto sobre mis sueños y lo que quería ser, le dije que prefería ser caballero comandante antes que ser archiduque, estuve a favor cuando dijo que haría que tú le sucediera, jamás pensé que sería de esta forma, pero Ferdinand” Sylvester se puso de pie antes de caer de rodillas frente a Ferdinand quien aún estaba sentado en piso. “juro aquí y ahora lealtad al futuro Aub y pido perdón en nombre de mi madre por todo el daño que esta te causo”
“… Gracias mi futuro caballero comandante, vamos a dejar todo en el pasado” Dijo después de un momento y ponerse de pie.
Si bien todo fue repentino y el cuerpo de su padre aun no se enfriaba, decidió ponerse de pie y cumplir con la última petición de su padre, proteger el ducado y a su hermano.
….
Cinco años después, frente a todos los nobles se paro sobre el escenario el nuevo Aub, los nobles presentes se arrodillaron y juraron lealtad al nuevo Archiduque.
“Nobles de Ehrenfest, este ducado ha sobrevivido con esfuerzo al daño de la diosa del caos, es momento de ponernos de pie, y avanzar hacia un futuro, para eso necesito su ayuda y esfuerzo, para que juntos caminemos hacia un futuro mejor, que Ehrenfest sea un lugar donde todos podamos brillar”
Todos los nobles presentes alzaron su schtappe brillando en alegría, frente a ellos el nuevo Aub y su esposa se alzaban orgullos y con confianza, la esperanza de un ducado mejor brillo en el corazón de todos.
Sobre el escenario la joven de pelo azul y ojos dorados susurro al oído de su esposo.
“Serás un grandioso Aub”
El solo pudo sonreír.
Lo seria por él, por su gente, y por su familia.
