Chapter Text
—Incluso antes de conocerte, aunque fuera un poco, ya me gustabas, sin contar el beneficio.
Poder decir esas palabras se sintió como un alivio, hablar de sus sentimientos era bueno de vez en cuando; aun así, Gen no se sentía capaz de mirar a Senku a los ojos, así que mantuvo su vista en el cielo y continuó hablando.
—Estoy seguro de que es lo mismo para todos en la aldea. —A pesar de lo bien que se sentía poder hablar sobre sus sentimientos, sabía que no debía ser completamente claro con ellos; por eso mismo no tuvo más opción que intentar camuflarlos entre más palabras—. Supongo que probablemente dirías que es un pensamiento asqueroso.
Senku se mantenía en silencio, analizando cada palabra dicha por el mentalista, una sonrisa sincera se formó en su rostro.
—Sí, qué asco.
—¿Verdad? —Gen continuó mirando el cielo, se sentía satisfecho con todo lo realizado.
Kohaku y los demás que se encontraban presentes guardaron silencio. Era cierto lo que había dicho Gen, a todos les gustaba Senku como persona, pero por un momento habían creído que el mentalista se refería a otro tipo de gustar. Prefirieron quedarse con la duda, temían incomodar a Gen, los más cercanos sabían lo que opinaba Senku sobre las relaciones amorosas.
Llegó la noche y la celebración acabó, cada integrante de la aldea regresó a su respectivo hogar.
—¿A Gen le gusta Senku? —preguntó Suika, quien caminaba a solas con Kohaku.
—Tal parece, es difícil saber en qué está pensando ese hombre murciélago.
—¿Eso significa que es un amor no correspondido? —Kohaku soltó una risa y miró con seguridad a Suika.
—Para nada, es solo cuestión de tiempo para que Senku deje de ser tan estricto con sus sentimientos, hoy Gen dio el primer paso.
Y aquel primer paso de Gen había provocado que la mente de Senku se llenara de nuevos pensamientos a los que no quería darle atención. La guerra contra Tsukasa se aproximaba, y si todo salía bien, su siguiente objetivo sería continuar con la despetrificación de todo el mundo. A pesar de todo, las palabras de Gen se repitieron sin permiso una y otra vez por su cabeza.
Al día siguiente continuó la preparación para el teléfono celular, Kaseki y Chrome se dedicaron a crear un equipo de calentamiento, mientras que Senku se encargaría de volver pasta el tungsteno recientemente adquirido.
—Ya que eres alguien de la era moderna de seguro sabes más de ciencia que alguien de la aldea —comentó Senku, agarrando a Gen desde la espalda y arrastrándolo con él.
—¿Tú crees?
Dentro del laboratorio, Senku comenzó a explicarle a Gen lo que harían, a pesar de que intentó hacerlo lo más simple posible, el mentalista solo terminó entendiendo algo relacionado con la miel. Senku se frustró un poco por no ser entendido, pero no era como si alguien más que Chrome pudiera entender sus desvaríos científicos, incluso a él a veces se le complicaba. Aun así, Gen intentó ayudar lo más posible a Senku, le agradaba poder estar a su lado.
Para Gen, el solo escuchar las explicaciones científicas de Senku y verlo crear cosas era suficiente para él, porque sabía que no podía anhelar más. Senku era claro con no estar interesado en el romance, y si alguna vez llegaba a cambiar de opinión, no había razón para que Gen tuviera siquiera una oportunidad.
Senku estaba el 99% enfocado en la creación del teléfono, mientras que el restante 1% estaba en pensar sobre los sentimientos románticos hacia Gen que estaban naciendo en él. No quería que ese 1% aumentara, de hecho, que existiera ya era una desventaja; pero no tenía muchas opciones cuando él mismo quería mantener a Gen a su lado y cada vez que lo miraba sentía su corazón acelerarse.
Los siguientes días pasaron con toda la gente trabajando duro para la creación del teléfono celular. El tener su mente ocupada en la ciencia ayudaba a Senku para no pensar en el amor, pero al solo distraerse un segundo Gen volvía a ocupar sus pensamientos.
En cuanto a Gen, él podía ayudar y pensar en Senku a la vez, ya estaba acostumbrado, sabía muy bien cómo controlar sus sentimientos. A pesar de eso, el tener que hacer 800 baterías de manganeso no ayudaba mucho a su mente. Tenía la ayuda y compañía de Ruri, pero mientras sus manos trabajaban, su cabeza volaba hacia el día en que había entregado el observatorio a Senku y se había medio confesado.
—¿No has vuelto a hablar sobre tus sentimientos con Senku? —preguntó Ruri, como si le hubiera leído la mente.
—¿Eh? —Todas sus habilidades como mentalista fallaron de repente.
—Ese día, en el cumpleaños de Senku, tú te confesaste, ¿no?
Gen miró en silencio hacia la sacerdotisa de la aldea, Ruri le transmitía una sensación de paz y confianza que no podía ignorar, además de que su apariencia le recordaba a la difunta cantante Lillian Weinberg, lo que provocaba en él un sentimiento de más cercanía.
—Pensé que hablar sobre lo que sentía me haría sentir mejor, pero últimamente no dejo de pensar que tal vez no debí mencionar nada.
—¿Por qué lo piensas?
—Creo que no ha sido suficiente con decirle a Senku-chan sobre mis sentimientos.
—¿Te hubiera gustado una respuesta?
—Sí.
Gen pegó su vista en las baterías de manganeso, podía sentir su mente aclararse, siempre creyó sentirse satisfecho pero en realidad quería convencerse de eso para no pedir más. Él quería una respuesta de Senku, no importaba si era un rechazo, aquella vez ni siquiera había sido claro con su confesión.
—Deberías hablar con Senku —comentó Ruri.
—No creo que sea el momento —contestó Gen—. Tal vez después de la gue…
Ni siquiera sabía si podrían triunfar en la guerra contra Tsukasa, aun así, no quería molestar a Senku con temas que no eran relacionados a eso.
Mientras el tiempo pasaba, menos era posible poder hablar con Senku sobre sus sentimientos. La creación de los teléfonos celulares terminó, de los cuales gracias a sus altavoces se enteraron de la existencia de una cápsula del tiempo que guardaba la voz de Byakuya y una canción de Lillian.
Escuchar la voz melodiosa de Lillian fue reconfortante, Gen tuvo que aguantar las ganas de llorar. Si así se sentía por ella con la cual no tenía ni una relación familiar, ya se imaginaba todos los sentimientos entremezclados que debía estar sintiendo Senku. No sabía cómo ayudar a Senku con lo que estaba sintiendo, pero ahora más que nunca estaba decidido a luchar por la civilización que tanto él quería proteger.
Gen no negaría que le sentó mal usar a Lillian de forma tan inmoral, pero quería creer que ella hubiera estado de acuerdo. Senku había apoyado completamente su idea y estaba dispuesto a irse al infierno con él, no pudo evitar sentirlo como un compromiso de estar juntos para siempre.
—Ten mucho cuidado mañana. —La voz de Senku sonó muy seria, Gen lo miró con sorpresa.
Se encontraban a solas en el observatorio, Senku le estaba enseñando código morse a Gen, cuando de repente aquellas palabras salieron de su boca.
—Todo estará bien —respondió Gen, con una sonrisa.
Era el entorno perfecto para hablar sobre sus sentimientos, para dejar de sentirse frustrado por no tener una respuesta de lo que pensaba Senku, pero Gen sabía que no era el momento, por más que estuvieran solos y en privacidad. Sabía que sería rechazado, pero quería una respuesta. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no notó el momento en que Senku le acarició su mejilla derecha y lo miró a los ojos.
—Gen…
—¿Senku-chan?
El nombrado se dio cuenta de lo que hacía y se sobresaltó, corriendo su mano de la mejilla de Gen y agarrando su mechón de cabello blanco.
—Tu pelo es muy bonito —comentó, con el rostro muy sonrojado. Gen solo lo miró con mucha confusión—. Me gusta más así que cuando te lo teñías todo de negro.
—¿Te gusta? —Su rostro también se sonrojó.
—El blanco resalta tu belleza.
—¿Crees que soy bello?
Senku quería meterse bajo tierra, cada palabra que mencionaba empeoraba la situación de la que no estaba pudiendo escapar.
—Pues sí…
Una pequeña sonrisa cerrada se formó en el rostro de Gen, a la vez que su corazón latía con fuerza. Senku admiró ese gesto en silencio, con la cara completamente roja.
—Siempre me dijeron que mi cabello era raro, así que lo tuve que teñir —confesó—. Eres la segunda persona que me ha dicho que mi cabello natural es bonito.
—¿Quién fue la primera?
—Lillian Weinberg.
Senku lo miró con sorpresa, no se esperaba que Gen hubiera conocido a la famosa cantante.
—Solo hablé con ella una vez, de niño fui a Estados Unidos para entrenarme como mago y tuve la oportunidad de encontrarme con ella. —Un poco de nostalgia se reflejó en su mirada—. Aunque nadie me creyó.
Con Senku sentía la confianza de poder ser él mismo, por lo que por primera vez no ocultó sus emociones, dejando ver en su rostro una expresión de tristeza. Los recuerdos de aquel encuentro vinieron a la mente de Gen, los cuales dolían más al pensar en lo que estaba por hacer al día siguiente.
Se encontraba en Estados Unidos, decepcionado de lo que era el mundo del espectáculo, aun así quería seguir creciendo como mago y mentalista. Su cabello blanco llamaba la atención de todos los que lo miraban, al ser algo diferente y que destacaba, las personas insensibles solían dar comentarios desagradables. Gen no quería sentirse acomplejado por su aspecto, pero que su cabello fuera tema de conversación se volvía molesto, y eso que no sabían sobre la condición de sus órganos internos.
Se encontraba en una reunión con personas pertenecientes al mundo del espectáculo, donde se sentía un poco incómodo pero podía fingir que no, manteniendo sin problemas conversaciones con todos.
«Me estoy agotando», pensó entre medio del gentío.
De repente, su representante lo acercó a un hombre mayor que parecía ser de un alto cargo y los presentó. Todo marchó bien y Gen pudo mantener su imagen de chico amable e interesante.
—Es un buen chico, pero su cabello es muy raro —comentó el hombre mayor—. Tiene que teñirlo.
—Sí, lo hará —contestó el representante de Gen.
El joven mago se sintió un poco frustrado pero no dijo nada. Al terminar la conversación, decidió alejarse de todos con la excusa de ir a tomar aire.
Gen subió hasta la azotea del edificio, donde se acercó a la orilla para mirar la ciudad estadounidense. Botó un suspiro, necesitaba mentalizarse para seguir soportando la noche.
—De todas formas ya pensaba en teñirlo —susurró.
Se mantuvo allí, en silencio y con una mirada triste, extrañaba muchísimo su país natal.
—¡No, no lo hagas! —gritó una voz femenina en inglés.
Gen volteó con confusión y lo siguiente que vio fue el suelo.
—¡Aún eres muy joven! La vida te dará nuevas oportunidades, así que no tomes esa decisión.
—¿Me estás hablando a mí? —preguntó Gen en inglés.
—¿A quién más? Tú ibas a lanzarte.
—¿Eh?
La sorpresa de Gen creció más en el momento que miró hacia la mujer que lo había tomado de los hombros para empujarlo al suelo, no existía persona que no la conociera, era Lillian Weinberg, la cantante más popular de los últimos tiempos.
—No iba a lanzarme —aclaró Gen.
—¿Eh?
—Lamento confundirla, señorita Lillian. De igual manera, le agradezco su preocupación.
La nombrada lo miró con confusión, el niño se veía muy triste, estaba segura de que él estaba a punto de atentar contra su vida.
—Aun así, no olvides lo que te dije, la vida siempre te dará nuevas oportunidades para salir del agujero negro en el que te encuentras.
Gen la miró con sorpresa, no sabía que necesitaba escuchar esas palabras. Lillian ofreció su mano para levantarlo del suelo, la cual él aceptó con un poco de timidez y se levantó. No se esperaba que la mujer fuera tan amable y le hablara como si nada cuando ella era toda una celebridad.
—Gracias… —dijo en voz baja, Lillian solo lo miró con ternura.
—¿Qué hacías aquí?
—Intentaba mirar las estrellas.
Lillian miró hacia el cielo, la contaminación lumínica no permitía ver ninguna estrella.
—Pero las luces de la ciudad igual son hermosas —continuó Gen.
—Es cierto, pero sería genial poder ver también las estrellas —contestó Lillian.
—Sí…
Los dos se quedaron mirando el cielo sin decir nada más, hasta que Lillian rompió el silencio soltando un suspiro.
—De verdad me asustaste —murmuró—, me alegra que estés bien…
—Gen, me llamo Gen Asagiri —completó.
—Un gusto, Gen, yo soy Lillian Weinberg. —El nombrado sonrió con ternura.
—Lo sé, usted tiene una voz muy bonita.
—Gracias —sonrió—. ¿Tú también cantas?
—Me dedico a la magia.
Lillian lo miró con emoción, Gen soltó una risita y sacó un mazo de cartas que tenía guardado bajo la manga, le mostró un truco de magia que la sorprendió e hizo aplaudir con entusiasmo.
—¡Eres genial, Gen!
El nombrado no supo qué decir, sus mejillas se sonrojaron un poco, sonrojo que aumentó en el momento que Lillian tomó su mechón de cabello blanco.
—¡Tu cabello es muy bonito!
—Mi representante dijo que tendré que teñirlo.
—Qué idiota, qué desperdicio de imagen, aunque seguirás viéndote lindo de todas formas.
Gen solo pudo sonreír, ser halagado por ella se sentía muy bien.
—Bueno, Gen, no sé si creerte si de verdad no intentabas tirarte del edificio.
—Le juro que no.
—¿Está bien que le crea a un mago? —Una sonrisa se formó en su rostro—. Pero de todos modos te diré que no te rindas, puedo ver en ti a alguien que llegará muy alto.
El joven mago no sabía si la cantante decía esas palabras como intento desesperado de convencerlo de no continuar con su supuesto intento de suicidio, pero quiso tomarlas como genuinas.
—Si algún día necesitas mi ayuda puedes contar conmigo —continuó Lillian.
—Se lo agradezco muchísimo.
—¿Puedes hacer otro truco?
—Solo si canta alguna canción.
—Está bien, pero tendrás que cantar conmigo.
—¿Eh?
Gen aceptó, compartir ese tiempo con Lillian se convirtió en uno de sus más preciados recuerdos. Cuando llegó el momento de separarse regresó con una sonrisa donde su representante.
—Hablé con Lillian Weinberg —contó, emocionado.
—Sí, y yo hablé con Michael Jackson.
—Lo digo de verdad.
—¿Por qué Lillian Weinberg estaría aquí?
Al darse cuenta de que no le creería, decidió no hablar más del tema. Con el paso del tiempo Gen terminó su entrenamiento en Estados Unidos y regresó a Japón.
Estaba seguro que para Lillian solo había sido un encuentro cualquiera que olvidaría con el tiempo, pero para él sería un recuerdo que llevaría consigo siempre, aquella diva había alegrado su noche, incluso si algún día de verdad la idea de acabar con su propia vida pasaba por su mente, haría todo lo posible para no olvidar sus palabras para no rendirse.
Nunca más volvió a encontrarse con Lillian; saber que ni en el nuevo mundo de piedra volvería a verla le entristecía, pero estaba agradecido con el padre de Senku por haber grabado una última canción de ella.
Gen terminó de contarle su recuerdo a Senku, el cual se había mantenido en silencio en todo momento.
—Debió llevarse muy bien con Byakuya.
—Lo más probable —contestó con una sonrisa.
Con solo haber escuchado la voz de Byakuya en la grabación había deducido su personalidad. Recordando la forma de ser de Lillian, podía suponer que si aquellos dos se hubieran encontrado presentes harían una buena dupla consintiendo y molestando a Senku.
Tras esa conversación, la relación entre ambos comenzó a sentirse más íntima. No era común que Gen hablara sobre su pasado, así que Senku apreció mucho aquella noche.
Al día siguiente, Gen junto a Chrome y Magma partieron hacia el imperio de Tsukasa para instalar el teléfono celular que ayudaría en la guerra. Luego de una serie de eventos para deshacerse de Homura, pudieron llegar a salvo, aunque el peligro continuaba.
La cantidad de estatuas reunidas por Tsukasa para armar su ejército era aterradora; aunque lo más inteligente hubiera sido destruirlas, el solo saber que eran personas con familias que de seguro se encontraban vivas, hizo que Gen no fuera capaz de permitir tal acto. Su familia ya había estado destruida desde antes de la petrificación, no se consideraba fuerte como para presenciar que otras familias tampoco pudieran estar unidas.
A pesar de las complicaciones cumplieron con su misión de dejar el celular en la tumba falsa de Senku; lamentablemente, se vieron atrapados para poder escapar, no tenían forma de engañar al buen oído de Ukyo.
En la aldea Ishigami, Senku y Taiju volvían a hablar después de tanto tiempo, fue un reencuentro emotivo que alegró mucho al joven científico, hasta que se enteró de que tal vez Gen y los demás se encontraban en peligro. El corazón de Senku latió ansioso, obviamente le preocupaba que el plan no pudiera seguir su curso, pero el solo pensar que algo malo le podía haber pasado a Gen puso su mente en blanco y comenzó a ser invadido por el terror.
Kohaku y Suika también estaban muy preocupadas, pero tenían total confianza de que Gen volvería ileso; Senku también confiaba en él, pero sus sentimientos por él lo hacían pensar cosas ilógicas, por eso mismo pensaba que el amor era una molestia, pero ya no había duda de que realmente era amor lo que sentía por Gen.
Su corazón se llenó de alivio en cuanto lo vio llegar, se le veía muy cansado, Suika le entregó agua de inmediato. A pesar de su agotamiento, Gen venía listo para seguir con el plan de engañar al imperio de Tsukasa. A Senku le gustaba tanto que Gen siempre hacía lo que había que hacer.
Se prepararon para recibir la llamada, mientras que Gen se mantenía en silencio, concentrándose para no fallar en su imitación.
«Pasaron más de tres mil años, pero al fin te pediré tu ayuda, Lillian-chan, cuento contigo», pensó con seguridad.
Tuvieron la mala suerte de que la primera persona en convencer fuera una gran fan de Lillian; Gen se aguantó las ganas de llorar en el momento que Nikki fue consciente de que jamás volverían a ver y escuchar a Lillian, que ahora solo les quedaba una única canción, la cual sería protegida por la ciencia de Senku. Gracias a esa canción pudieron ganar una poderosa aliada que los ayudaría a seguir con su plan.
—Muchas gracias, Lillian-chan —susurró Gen, después de que la llamada con Nikki terminara.
La noche llegó y a pesar de lo cansado que se sentía Gen no podía conciliar el sueño. Se encontraba en el observatorio, sentado al lado de Senku que trabajaba en uno de sus artículos científicos.
—Senku-chan —llamó Gen—. ¿De verdad ya no se puede recuperar la música de Lillian-chan?
—¿No entiendes lo que significa que pasen más de 3 mil años, mentalista?
—Sí, pero, ¿incluso los almacenamientos digitales como “la nube” se destruyeron?
—Al no haber nadie que les diera mantenimiento terminaron cayendo.
Gen bajó la cabeza, comprendiendo finalmente que ni la ciencia podía traer de regreso algo que en el pasado era intangible.
—La música de Lillian no está perdida —comentó Senku—. Con la despetrificación aparecerán más fans como Nikki, personas que recordarán completamente cada nota musical, incluso habrá más imitadores que podrían traer su voz de vuelta.
—Es solo ella la que no volverá.
Senku guardó silencio, agachando su cabeza, un pensamiento cruzó su cabeza y soltó un suspiro.
—Mientras no los olvidemos y exista la ciencia, la posibilidad de volver a verlos nunca será cero.
Gen lo miró con sorpresa, aquellas palabras eran muy positivas hasta para Senku, pero la intención de que fueran dichas para animarlo lo hizo sonreír.
—Me gusta la ciencia —confesó Gen.
Senku lo miró detenidamente, Gen cerró los ojos y después los abrió con seguridad, enfocándolos en el joven científico.
—Y también me gustas tú, Senku-chan.
El nombrado mantuvo la mirada de Gen, con un poco de sorpresa esparciéndose por su rostro.
—Me gustas mucho, Senku-chan. Sé que el amor no está en tus planes, pero quería que lo supieras.
—Gen…
—Seguiré siendo tu útil mentalista, pero necesito que me rechaces como corresponde, solo así podré controlar estos sentimientos.
Gen luchaba internamente en no ponerse a llorar, sus sentimientos se estaban desbordando y todo lo que había aprendido de psicología estaba fallando para poder controlarlos. Mientras esperaba el rechazo de Senku ocurrió lo más inesperado, un pequeño roce chocó contra sus labios; Gen abrió sus ojos con sorpresa, tratando de descifrar si lo que había sentido había sido real.
—No me mires así, deberías saber que jamás he dado un beso —reclamó Senku.
—¿Senku-chan?
—También me gustas, Gen. —Su rostro se puso muy rojo—. El amor es irracional en este mundo de piedra, pero aun así es lo único que siento por ti, hazte responsable.
—Senku-chan… —Gen no pudo evitar saltar hacia él para abrazarlo, el cual se aguantó las ganas de esquivarlo y aceptó dejarse llevar por sus sentimientos.
Se abrazaron con fuerza, mientras que Gen luchaba por controlar las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos. Había estado tan dispuesto a aceptar el rechazo de Senku que ser correspondido lo tomaba por completa sorpresa.
—Te amo, Senku-chan.
—También te amo, Gen.
Senku acercó sus labios a los de Gen, no tenía experiencia en dar besos, pero no tardaría en aprender. Aquella noche al fin pudieron expresar sus sentimientos, encontrándose con la dicha de ser correspondidos. Compartieron un montón de besos que Senku contó, hasta que pudieron conciliar el sueño y dormirse.
Los días pasaron, el trabajo duro continuó junto a la idea de crear un motor para poder rescatar a Chrome del imperio de Tsukasa. Senku y Gen decidieron mantener en secreto su nueva relación hasta que la guerra terminara, dependiendo de lo que sucedería después decidirían lo que harían, por ahora se dedicaban a prepararse para la guerra, trabajando juntos.
Con la ayuda de Nikki mejoró su imitación de Lillian y comenzó a aumentar su cantidad de aliados para acabar con Tsukasa. Chrome logró escapar por sí mismo para el alivio de todos, haciendo sentir orgulloso a Senku.
Engañar el oído de Ukyo no fue posible, pero al menos el trato de que nadie muriera ayudó a tenerlo como aliado. Gen se sentía frustrado por perder, pero a la vez aliviado de que Ukyo fuera una buena persona.
Fue así como la batalla final inició, la cual terminó con la victoria del reino científico. Gen se contuvo las ganas de correr a abrazar a Senku en el momento que Mirai fue despetrificada y se reunió con su hermano Tsukasa.
Ver a los hermanos juntos era conmovedor, lamentablemente no pudieron mantenerse así por mucho tiempo, Hyoga hirió a muerte a Tsukasa, a la vez que Homura destruyó la cueva milagrosa. Gen sintió su corazón detenerse en el momento que Senku cayó al río junto a Tsukasa y Hyoga, por primera vez lamentó no tener las habilidades para pertenecer al equipo de batalla; se sintió agradecido de que al final Senku y Tsukasa vencieran a Hyoga, por lo que esa vez sí corrió hacia su amado y lo atrapó entre sus brazos.
—Senku-chan, Senku-chan, ¿estás bien? —Gen contenía las ganas de ponerse a llorar, el nombrado solo soltó una risita.
—Las baterías de manganeso que hiciste me ayudaron mucho, estoy bien.
—Senku-chan…
Kohaku los miró con una sonrisa, dándose cuenta del secreto que esos dos compartían; después se acercó a ayudar al herido Tsukasa, llevándolo hasta una cueva donde pudieran tratarlo.
Tras congelar a Tsukasa para así en el futuro poder petrificarlo y revivirlo, un nuevo objetivo nació en Senku, el cual se combinaba bien con su meta inicial que era salvar a toda la humanidad. Fue así como la construcción de un barco inició sus nuevos planes.
—¿No crees que Asagiri Gen es muy cercano a Ishigami Senku? —susurró una mujer del imperio de Tsukasa a otra.
—¿Será seguro que Asagiri esté tan cerca de él?
—Créanme que lo mejor que le pudo pasar al reino científico es tenerlo de aliado —comentó Ukyo, quien había escuchado su conversación. Las dos mujeres se sobresaltaron y pidieron disculpas por hablar de otros a sus espaldas, aunque volvieron a repetir su desconfianza en el mentalista —. Sé que el que Gen imitara a Lillian les provoca ahora inseguridad, pero recuerden que gracias a eso nadie murió, fue un mal menor que Gen tuvo la valentía de afrontar.
Las dos mujeres le dieron la razón a Ukyo, aquel cambio de perspectiva provocó que otras personas que se sentían incómodas cerca de Gen dejaran de estarlo. De ese modo, con la ayuda de su mentalismo, Gen pudo seguir manipulándolos para que siguieran los planes de Senku.
La primavera había comenzado hacía poco y al fin el frío disminuía. Llegó el primer día de abril, el cual hacía sentir un poco raro a Gen, nadie sabía que era su cumpleaños, que no supieran no le importaba, pero quería hacer algo especial en ese día, ya que también se cumplía un año más de la despetrificación de Senku.
—¿Dónde está ese mago farsante? —preguntó Senku, mientras chequeaba unos planos del barco junto a algunos de sus aliados.
—Lo vi reuniendo flores cerca del bosque —respondió Suika, quien se trasladaba por todo el sitio a través de su máscara de sandía, buscando a quién ayudar.
En cuanto se desocupó un poco de su trabajo, Senku se fue en busca de Gen, tenía una idea de dónde podría estar, ya que sabía qué día era.
Cerca de la destruida cueva milagrosa, aún se mantenía con vida el árbol que tenía tallada la fecha en la que Senku se había despetrificado. Gen acarició el tallado y después se sentó bajo el árbol para disfrutar del momento a solas y en silencio.
—¿Qué haces aquí holgazaneando, mentalista? —La voz de Senku lo liberó de su paz momentánea.
—Estoy celebrando —respondió Gen, con una voz tranquila.
—¿Celebrando?
—¿Cómo supiste que estaba aquí? —Senku se sonrojó un poco y miró hacia la fecha tallada en el árbol.
—¿Qué más ocurrió este día para que sea tan especial para ti?
—Tu despetrificación.
—No puede ser lo único. —Una pequeña sonrisa se formó en el rostro de Gen.
—Es mi cumpleaños.
Senku lo miró con mucha sorpresa, comenzando a sentirse culpable de jamás haberle preguntado la fecha y tener que enterarse en el mismo día.
—¿Por qué no lo dijiste antes? —reclamó.
—Un hombre no anda por ahí contando su cumpleaños. —El científico soltó un suspiro con frustración por ser atacado por palabras que él mismo usó en el pasado.
—Feliz cumpleaños, Gen.
—Gracias, Senku-chan —contestó con una bella sonrisa.
Senku se sentó al lado de Gen, con mucho nerviosismo atrapó su mano y la mantuvo agarrada, a la vez que sus mejillas se teñían de rojo.
—¿Qué quieres?
—¿Qué quiero?
—De regalo de cumpleaños.
—Soy feliz con solo poder pasar tiempo contigo.
—Hablo en serio.
—Si quieres… —Comenzó a sacar unos trozos de papel desde sus mangas—. Puedes ayudarme a perfeccionar esto.
—¿Cartas?
—Son mi herramienta de trabajo.
Gen llevaba una gran parte avanzada en la creación de un mazo de cartas, por lo que no les llevó mucho tiempo terminar entre los dos.
—No puede ser solo esto tu regalo de cumpleaños —comentó Senku.
El mentalista se acercó hacia él para darle un beso en los labios.
—Créeme que poder estar así contigo es suficiente para mí.
—Pero…
—Solo quiero estar contigo.
Senku atrapó a Gen entre sus brazos para volver a besarlo. Comenzaba a atardecer, la luz poco a poco desaparecía del lugar, lo que ayudaba a que los besos se intensificaran y que dieran un paso más allá en su relación. Eran inexpertos y no tenían elementos que pudieran ayudarlos a hacer mejor su acto, cualquier persona podría venir y descubrirlos, aun así, Senku y Gen hicieron el amor por primera vez.
Que Senku lo tomara con tanto amor y pasión, poder reafirmar su relación y entregarse al hombre que amaba fue el mejor regalo de cumpleaños para Gen. Tenían pendiente anunciarle a los demás sobre su noviazgo, pero a ninguno le apresuraba, querían seguir disfrutando de su amor a escondidas, sabían que los demás los llenarían de preguntas en cuanto se enteraran.
Los días de trabajo continuaron, su amor por la ciencia y por Gen sabían coexistir, por lo que Senku podía seguir con la realización de sus planes, lo cual Gen apoyaba por completo. No había nada que a Gen le alegrara más que además de ser su amante, también ser su mayor aliado y mano derecha.
