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Hogwarts, Gran Comedor - Año 1996
La luz de las velas flotaba sobre las mesas del Gran Comedor, creando un ambiente cálido y acogedor. Los estudiantes de Hogwarts disfrutaban de su cena de fin de semana, charlando animadamente entre ellos. Entre ellos se encontraba Harriet Potter, una joven de cabello azabache y ojos verdes esmeralda, que observaba el bullicio con una mezcla de curiosidad y desdén.
Harriet, conocida como Harry por la mayoría, era la famosa Chica Que Vivió, la heroína que había derrotado al Señor Oscuro Voldemort a la tierna edad de un año. Sin embargo, detrás de su fama y poder, se escondía una joven que anhelaba una vida normal, lejos de las expectativas y las miradas indiscretas.
En ese momento, una voz suave la sacó de sus pensamientos.
"Harriet," susurró Blaise Zabini, un chico de cabello negro azabache y ojos color avellana, inclinándose hacia ella. "Me gustaría invitarte a bailar."
Harriet lo miró sorprendida. Blaise era un Slytherin, conocido por su arrogancia y su desdén hacia los Gryffindors. No era alguien con quien ella esperaba tener una conexión.
"No lo sé, Blaise," respondió con cautela. "No soy muy buena bailarina."
"No te preocupes," Blaise sonrió con encanto. "Yo te guiaré. Además, será una buena oportunidad para escapar del bullicio del Gran Comedor."
Harriet dudó por un momento, pero luego asintió. Al final, decidió que un poco de baile no le haría daño.
Se levantaron de la mesa y se dirigieron a la pista de baile, donde la música ya había comenzado. Blaise la tomó en sus brazos y la guió con suavidad a través de los pasos, moviéndose con una gracia inesperada. Harriet se sorprendió al descubrir que disfrutaba del baile. Blaise era un buen bailarín y la hacía sentir segura y cómoda.
Mientras bailaban, Harriet no pudo evitar observar a Blaise. No era la primera vez que lo notaba. Tenía una belleza exótica, una mezcla de rasgos italianos y griegos que lo hacían destacar entre los demás estudiantes. Sus ojos avellana brillaban con inteligencia y astucia, y una sonrisa traviesa siempre parecía jugar en sus labios.
"Eres una bailarina natural," le dijo Blaise al oído, su voz ronca y sensual.
Harriet se sonrojó. "No lo sé," respondió tímidamente.
—Sí lo eres —insistió Blaise—. "Y eres hermosa."
Las palabras de Blaise la tomaron por sorpresa. Nadie le había dicho algo así antes. Siempre había sido vista como la heroína, la Chica Que Vivió, pero nunca como una chica normal, atractiva para un chico.
"Gracias," murmuró, sin saber qué más decir.
Continuaron bailando en silencio, disfrutando de la compañía del otro. Por primera vez en mucho tiempo, Harriet se sintió como si pudiera ser ella misma, sin la presión de las expectativas y la fama.
De repente, la música cambió a un ritmo más lento y romántico. Blaise la miró a los ojos, una mirada profunda y penetrante que la dejó sin aliento.
"¿Puedo besarte?", preguntó en voz baja.
Harriet no pudo negarse. Sus labios se encontraron en un beso suave y tímido, lleno de emoción y deseo. El beso fue breve, pero dejó un fuego ardiendo en el interior de Harriet.
"No sabía que eras tan buena para los bailes de máscaras," le dijo Blaise con una sonrisa pícara.
Harriet sonrió también. "Yo tampoco lo sabía," respondió.
En ese momento, la música terminó y la gente comenzó a dispersarse. Harriet y Blaise se miraron a los ojos, una conexión silenciosa pasando entre ellos. Sabían que este era solo el comienzo de algo especial.
