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La primera vez que lo vio, fue en la Sala de mecánicos, entre grasa y olor a gasolina. Lo miro directo a los ojos, a primera vista parecía como cualquier señor de la guerra, con una armadura, una coraza de cuero y grasa, así como la que ella se forjó aquí.
El también la mirá, ó eso creyó haber visto. Su rostro, muy diferente de lo que se imagino, sobretodo cuando había escuchado casi todos los cuentos de los War boys y mecánicos contaban frente al fuego en las noches frías. En esos relatos donde el Pretoriano Jack era su salvador.
Tenía el ceño fruncido, quizá lo imagino, le sostuvo la mirada un momento más, hasta que Rictus llamo su atención y se perdió entre el camión de guerra.
Se giro, lista para seguir con sus deberes del lugar. Pero escucho el rugido de la máquina y se giro instantáneamente y entonces supo, que había llegado el momento.
Al menos había algo que quería creer, de todos esos cuentos que cuentan los War Boys, aquellos donde "El Pretoriano Jack es el mejor, siempre va y viene con los recursos" y esperaba que así fuera, para por fin largarse de aquí y cumplir con la promesa que le hizo a mamá, hace tantos años, "no mires atrás, solo busca el camino a casa". Y ella lo haría.
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No lo hizo, todos los planes que tenía en su mente se quedaron en la carretera, destruidos bajo las llantas de los autos, motocicletas y cuerpos humanos que pasaron por encima de ellos.
Lo miro de reojo, ahora más cerca que la primera vez y bueno, quizá se equivocó un poco, no era un ceño fruncido, en realidad era un cicatriz en el labio, sus ojos eran ciertamente penetrantes de un color azul que le recordaba vagamente a su hogar, como los riachuelos, por lo cristalinos que eran.
Aún así, lo demás seguía siendo lo que vió antes, un señor de la guerra con cicatrices bien marcadas y una mirada aguda en la carretera.
Le había ofrecido "ayuda" ella sabia que la ayuda no era gratis en este yermo infértil, aquí todo tiene un precio, y ella lo sabía muy bien.
—Me llamó Jack.—le dijo, vaciló, porfavor como si no supiera su nombre.
¿No se da cuenta lo famoso que es? Ó simplemente es modesto.
—¿Como te llamas?. —preguntó.
Pero ella no contestó, no lo haría, su voz era preciada, un tesoro y aunque ya se había revelado su sexo, aún así no lo haría, no le daría nada a estos hombres crueles y despiadados, ya les dió mucho, no les daría más de lo que ya le quitaron. Así que su voz, su nombre, su semilla escondida en su cabello y su mapa de estrellas solo eran de ella.
—Entonces, ¿como te llamó?. —pregunto después al ver su negativa implacable. —Muy bien, entonces te diré, idiota.
De repente ya no lo estaba mirando de reojo, lo miro fijamente con las cejas juntas, claramente molesta.
—Furiosa,—oh su nombre, parece algo perdido en el páramo como el lugar al que quiere llegar.
—Furiosa.—el repite.
Y entonces algo se mueve en ella, esta es la primera vez que oye su nombre en los labios de alguien más. La última vez que lo escuchó fue de la boca de mamá, y es amargó el recuerdo, porque fue lo último que grito en el momento de su muerte, sus últimas palabras. Y después de eso el maldito de Dementus le quitó su nombre y a su amada madre.
—Muy bien Furiosa, quédate cerca, pronto llegaremos a la ciudadela e Inmortan Joe...
Ella siguió mirándolo, pero cuando escuchó ese nombre todo de ella se tensó y no escuchó las demás palabras que seguían saliendo de su boca. Ella sabía claramente lo que pasaría con Inmortan Joe. Las mujeres son un recurso muy valioso para el, incluso se quedaría sin gasolina ó balas, antes que perder a una mujer con vida plena, una a la cual a toda costa querrá dejar embarazada, por ese retorcido deseo suyo de tener un hijo sano y perfecto en todo sentido.
Así que apretó fuertemente el arma que el le había dado, esperando el momento para clavarselo donde fuera, ella tenía una promesa que cumplir. Y no se quedaría en esa maldita bóveda como una criadora de bebés.
—Descansa.—escuchó su voz en la bruma de sus miedos, volvió a mirarlo y encontró una mirada suave, ella tenía que salir de aquí. No podría dormir o descansar.
Pero aún así sintió una pesadez entre toda esa muerte y miedo. Y cerró los ojos vagamente.
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El Inmortan la vio con esa mirada, una que recuerda muy bien, porque ya la había visto antes, la última vez que estuvo aquí, bajo su radar.
El pretoriano hablo maravillas de ella, que era una guerrera feroz, una asesina audaz y un gran mecánico.
—Es una flacucha descarnada. —dijo.—aunque debería quedarmela.
Ella se tensó, ¿donde estaba ese cuchillo? Ella se defendería antes de intentar ser profanada por ese viejo asqueroso. Pero recordó la promesa de mamá y no podía morir sin regresar a casa, ella vería el modo, el modo de escapar ya lo había hecho antes.
—Le aseguró que le servirá más en la carretera, ella salvó los recursos, sus recursos. —hizo incapie en eso.
El Inmortan lo miro, ambos intercambiaron miradas, volvió la mirada a ella.
—Bien.
Y algo en ella se alivio.
—Traigan al mecánico orgánico y si el determina que es una vida infértil se queda contigo, y si no, se queda aquí.
De nuevo el miedo, ella sangraba aveces, mamá le dijo que eso significaba que uno dejaba de ser niña para dar paso a ser una mujer. Una cosa maravillosa que solo le pasaba a las mujeres, el sangrado era sagrado entre las muchas madres, símbolo de fertilidad de Nueva vida.
—Mí pequeña Furiosa, —recordó.—Es un suceso maravilloso, un signo de las muchas madres.
—¿Duele?. —recordó haberle preguntado.
Ella negó.
—¿Y si no me llega nunca?.
Mamá acarició suavemente su cabello, peinandolo con sus dedos.
—En realidad que sangres no quiere decir que seas más mujer, en realidad serás una mujer fuerte, una gran guerrera protectora. Tienes esa chispa implacable, y serás una digna mujer, una de las muchas madres aún si no nunca llega la sangre.
—Te amo mamá.
Recordó sus abrazos, su piel contra la suya.
Oh como extrañaba a mamá.
Si el mecánico orgánico decía lo que ella ya sabía, tendría que pasar sus días bajo el manto del Inmortan Joe. Sería más difícil escapar, ya no es una niña pequeña que puede escabullirse por ahí. Pero ella tenía esa chispa.
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Le dolía la nuca, donde le habían hecho la marca, otra marca más en su cuerpo, una marca que ahora le dice que ya no es libre, no desde que llegó a este yermo miserable, donde ya le habían quitado todo rastro de lo que alguna vez fue, y ahora pasaría a ser propiedad del Inmortan, y ella no era una cosa. Pero al menos no era la marca de una criadora, de una reproductora.
—Va a sanar, —escucho la voz del Pretoriano detrás.
Tomó el cuchillo de entre sus manos para encararlo. Lo sabía, el querría cobrarse por las cosas, así es la vida aquí. La salvó de un tirano, para el mismo.
Levanto sus manos en son de paz y la siguió mirando.
Respire profundo sabía que este momento llegaría, que querría cobrar la deuda que ya le debía, pero era más lista, primero lo mata y después intenta de todo para mantenerse oculta.
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En realidad le asombra que le trajera un plato con raciones de comida, estaba demasiado hambrienta, ¿cuanto hace que había tenido en frente un cuenco de comida?, tan fresca como la de su viejo hogar.
Aún así y con toda el hambre que tenía desde hace años en su estómago, negó.
El se acercó a sentarse cerca de donde ella estuvo reposando, aun tenía el cuchillo en sus manos, el tomo lo que parecían pequeñas rebanadas de una manzana y se la hecho a la boca. No podía mentirse que ella también quería, se mordió la mejilla y notó como el levantaba la comisura de sus labios, ¿acaso se burlaba de su hambre? Maldito smeg.
—Deberías dejar de ser tan desconfiada y comenzar a creer en mis palabras. No te haré daño. —dijo esto último tan firme que sintió que el cuenco de comida temblo en la mesa.
Asintió, el volvió a ofrecer y se tragó su orgullo y lo que había dicho antes, que no seguiría tomando más favores del pretoriano, pero mirala aquí, tomando algunas cosas de ese cuenco.
Primero una rodaja de esto y luego dos y luego tres y después lo miro, ofreciendole también, el tomó una más y le dijo que se comiera el resto, ella dudo demasiada, ¿buena voluntad de este señor de la guerra?. Pero el sabor de esas frutas la llamó y se perdió en el sabor. Quizá no sabían cómo deberían saber, al menos no como las recordaba, como aquellas frutas y verduras que carecían en su huerto, el de su casa, el de su hogar.
Sintió que se avecinaban lágrimas, pero se las trago al igual que esa manzana con un extraño sabor.
—Gracias.—le dijo, —gracias por todo.
Ya la había salvado lo suficiente como para decirle gracias.
Sabía que de alguna manera había sobornado al mecánico orgánico, sabía que sangraba, no regularmente por la falta de alimentación, pero aveces aparecía la sangre. Aún que lo que más miedo le dió realmente fue que el la reconociera, revisó su boca, sus brazos entre su negativa le tocó los pecho, no podía sentirse más tocada y humillada, pero pasaron dos cosas.
Una, no lo reconoció y dos, le dijo que no había signos de ser una vida completamente llena y por eso no era viable para tener hijos sanos.
El maldito la miro de arriba a abajo negó y asintió hacia Jack.
El la tomó del brazo y asintió hacia el orgánico, lo sabía otro favor más.
—Bien marcada. —les grito cuándo se hiban, maravilloso otra maldita cicatriz en este yermo.
Y el dolor en la nuca aún seguía.
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Después de que la terminaron de medio vendar con unas gasas un poco más sucias que sus ropas andrajosas, en su cuello y en su tobillo, porque al parecer al Pretoriano no se le escapaba nada, hizo que el orgánico le revisara el tobillo y con su tono sarcasrico el determinó que viviría, un poco de ungüento y una venda igual de andrajosa que la de su cuello. Recordó como en casa, mamá le ponía un ungüento a base de plantas del jardín, un poco de miel para una rozadura.
Pensó que si solo aquel día, el día que decidió ir más lejos en busca de duraznos con Valkiria, que lo más trágico que pudo haberle pasado hubiera sido una caída del árbol y un ungüento en la rodilla, un regaño y un abrazo hubiera sido glorioso.
Solo son recuerdos en la arena de este yermo.
El orgánico término con ella.
—No estoy muy seguro de que sangre, pero aún así, si la quieres para tí, ten cuidado porque el podría lanzarte de la torre más alta si resulta embarazada. Y bueno ella. —Mirándola mientras se pasaba la lengua por su sucia boca. —Se verá bastante bonita con sus telas pristinas allá arriba con las demás.
El asintió y ella se asqueo, lo sabía, el pretoriano Jack había sobornado al orgánico. Ahora si que usaría si el quisiera tomarla.
Salieron de la sala de curaciones. No quizo preguntar cuanto a costado todo esto, y tampoco cual sería el pago.
Quería creer en hombres buenos aquí, pero la ciudadela era una ciudad de trueque, no puedes dar todo sin querer algo a cambio, agua, comida, favores, aquí todo tiene precio.
—¿Donde duermes?. —la saco de idilio de pensamientos.
Levanto una mano en dirección a la sala de mecánicos.
Entonces camino en esa dirección y por unos instantes ahí parada, pensando que cosa tenía pensada y que cosa haría, su razón regresó y corrió tras el, pero el era rápido.
Se plantó en la sala de mecánicos y ella detrás de él.
—Bien, ¿cual es tu petate?. —Esta vez, su voz era gruesa, fuerte, autoritaria y ahí estaba ese señor de la guerra el Pretoriano Jack.
Señalo. —Aquel.—en un susurro casi inaudible, pero audible para el. El siguió donde indicó su dedo, camino hacia la pila de sabanas donde ella dormía.
La mayoría de los hombres con los que dormía aquí, mecánicos, pulgares negros, y algunos war boys miraron la escena, la miraron a ella con asombró.
Los rumores gotearon como agua sobre rocas y ya la mayoría sabía de las hazañas de una extraña mujer en el camión de guerra que mató a los buitres, ayudó al Pretoriano Jack y salvó los recursos. Pero quizá lo que más les sorprendió, fue que el chico que vivió entre ellos por años era una mujer disfrazada de chico y fueran tan tontos para no darse cuenta de ello.
Y aún así no dijeron palabra alguna ni siquiera cuando el Pretoriano tomó sus cosas y se las hecho al hombro.
Pero pronto las miradas eran para el, y más cuando notaron que se llevaba sus cosas en sus hombros.
Parecía un juego de poder, era más que claro que ahora ella era propiedad de Jack, y parecía que lo entendían muy bien. Los miro con su mirada fija, de un azul intenso y basto, con ese ceño fruncido e implacable, que solo se encuentra en el poder de un hombre.
Y ya todos sabían que ella era de el. No hubo objeciones por parte de ellos, se dio la vuelta la miro y creyó vagamente ver un atisbo de una sonrisa ó estaba alucinando por el dolor en la nuca o el cansancio del día.
Mientras se alejaba del lugar donde había estado durmiendo los últimos años y no es que fuera un lugar especial, aquí todo es tierra y rocas, podía sentir que otra vez la arrancaban de un lugar, pero quizá esta vez sería mejor, pensó.
"¡Una mujer!" "Dormiamos con una mujer"
Alcanzó a oír mientras se alejaba.
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Subieron como dos pisos más, hasta que llegaron a otra Sala, donde duermen o dormían los choferes de su comboy que ahora parecía en la furia de la carretera.
Aquí casi no se escuchan las bombas de agua.
El lugar estaba vacío, solo por algunos war boys que ya medio dormían y otros como sus ex compañeros mecánicos optaron por no hablar.
—Aquí.—señalo un lugar y puso sus cosas justo a lado de las que parecían las suyas.
Su montón de cobijas que ella llamaba cama quedaron hacia la pared.
El sería una especie de muro protector al parecer.
Acomodó sus pocas pertenencias y con un rápido toque, acomodo la semilla en su cabeza, ella se sentó mirando a la pared acomodando algunas otras cosas más femeninas.
El se estaba quitando la chaqueta y las botas y se acomodaba para dormir, ella hizo lo mismo, aun traía el viejo overol, se lo quito hasta la cintura, no quería estar tan expuesta.
Se cubrió con la sabana hasta la cabeza, solo sus ojos y cabello sobresalían de ese nido improvisado.
—Descansa, mañana tenemos mucho que hacer.
Escuchó su voz, lo miro rápidamente y tenía los ojos cerrados. Ella se sentó y el lo notó y la imitó. Ojos cerrados pero oídos agudos, pensó. Smeg listo.
—Gracias por lo de hoy, aunque
aún tengo mis dudas sobre ti, Pretoriano.
—Jack, solo Jack. —la interrumpió.
Siguió. —Jack, por lo de la carretera, por sobornar al orgánico.
—No te preocupes por eso, se como llegarle al precio, —¿sonrió? Aún estaba tratando de descifrar a este hombre.
—Aunque te advierto que no haremos. —se sonrojo ante lo que tenía que declarar, pero supongo que por la tenua luz de la noche siguió.—Lo que el orgánico dijo.
Jack palidecio ante eso. Se aclaró la garganta.
—Por supuesto que no lo haremos.
—Entonces espero que cumplas tu parte del trato. —lo miro fijamente, pero no veía esa cosa que veía en los demás hombres de la ciudadela, quería ver ese rastro de maldad y sadismo, pero no, no podía verlo en el, quizá la luz, quizá estaba cansada y sus sentidos le fallaban. Le creyó.
—Veo en ti un salvajismo que se desborda Furiosa, creo que si te ayudó a dominar eso, serás implacable, en todos los aspectos.
Recordó aquellas palabras de mamá, aquellas que le decía, sobre ser una mujer valiente e implacable.
El continuó.
—Pero tendrás que ayudarme en eso, tienes que poner de tú parte, primero la confianza. —sus palabras serenas y tranquilas, no como regaño, no como amenaza. —Y después todo lo demás fluira como agua en el río.
Que sabía el sobre los ríos, sobre los mantos de agua. Se acordó de su hogar, del hogar de las muchas madres, del lugar verde y sonrió para si misma, lo haría, ella podría porfin regresar a su amado hogar y cumplir con la promesa de mamá, sintió que la semilla ardía en su cabeza, dejó de mirar sus sueños y poso su miraba de nuevo en el.
Asintió.
—Y también a hablar que aún no aprendo a leerte.
Ella también tenía que aprender a leerlo.
—Esta bien.—le costaba hablar era cierto, tantos años en silencio como un mecánico mudó.
—Entonces descansa.—se acostó cerrando los ojos otra vez. —hoy fue un día duro. Buenas noches Furiosa.
Había perdido la noción de cuando fue la última vez que alguien le dijo buenas noches.
"buenas noches Jack" le dijo en el bordo de sus sueños mientras caía en un sueño profundo, pero se sentía segura alado de este hombre, que no era como la mayoría de hombres que a visto pasar frente a ella.
Es amable en palabras y acciones, quizá su primera impresión estaba equivocada, de todos modos solo llevaba un día de conocerlo y ya había hecho más actos buenos que, bueno para ser sincera, este el primer acto bueno que alguien hace por ella aquí. Ayudar sin pedir algo a cambio, solo quiere que hable un poco más. Y ella aún duda sobre eso.
Aun así apretó el cuchillo contra su pecho, todavía había peligros en la ciudadela y tenía que estar preparada para lo que le depare el día de mañana, al menos tiene a Jack que suspira a su lado.
