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La gloria de superar la fase de grupos había llegado y Argentina ya estaba en cuartos de final, es por eso que el cuerpo técnico les concedió a todos los jugadores la noche y día libre antes de viajar al próximo estado donde se jugaría el siguiente partido.
Julián salió del hotel con una sensación rara ante esa victoria, no había sumado minutos pero la alegría de que su selección superara ese partido estaba intacta, claro, como siempre. Pero ahora sus pensamientos solo estaban en que su familia lo esperaba más allá de la concentración y más allá de toda esa locura albiceleste.
Enzo le había enviado un mensaje diciéndole que lo esperaba en el lobby del hotel que estaba hospedado con sus hijos, y Julián no daba más de la ansiedad por reencontrarse con sus tres amores. Si alguien le preguntara al delantero, nunca podía dejar de considerar que cada uno es su serotonina de cada día.
Al bajar del auto que lo trasladó hasta la ubicación, Julián pudo divisar la figura de su pareja mirando por la ventana, inquieto y atento ante su llegada. Todavía tenía puesta la camiseta de la selección argentina con su dorsal número nueve y una gorrita de color oscuro para atrás. Una sonrisa se escapó de los labios de Julián y el calorcito volvió a su pecho alejando cualquier pensamiento negativo que podría haber experimentado en el día, amaba con locura a ese hombre más que nada.
El personal del hotel lo saludó dándole la bienvenida y él fue directo en busca de Enzo, abrazándolo por los hombros y sintiendo la paz de finalmente estar en su lugar seguro, de sentir al amor de su vida entre sus brazos.
—¿Y los nenes? —fue lo primero que dijo Julián apenas se separaron para mirarse a los ojos. Enzo sonrió ante su pregunta.
—Amor, es súper tarde, ya están en el quinto sueño.
Julián asintió con su cabeza dándole la razón y rió bajito, no se había dado cuenta de la hora que era, y fue gracioso porque él era el primero que siempre molestaba a Enzo cuando se pasaban de la hora establecida para que esos gorditos durmieran temprano.
Juntos caminaron en dirección al ascensor, Enzo se encargó de llevarle su bolso donde trajo apenas un par de cosas para pasar la noche y una vez que los números del tablero del ascensor empezaron a subir hasta el piso indicado, su pareja rompió la tensión del momento acercándose para darle finalmente un beso de bienvenida.
—Te extrañé mucho y el lugar que conseguimos en el estadio me hizo tenerte muy lejos.
—Que bobo que sos —respondió Julián con una sonrisa chiquita y lo abrazó fuerte otra vez—. Te extrañaba mucho yo también.
El silencio fue repentino y ambos se mantuvieron así de cerca. Enzo pudo notar el suspiro profundo que dejó salir Julián y él también se sintió a salvó de tenerlo y de que finalmente podían compartir un momento juntos a solas. Ninguno de los dos volvió a decir nada hasta que el ascensor les hizo saber que ya habían llegado.
Salieron tomados de la mano y la suite los recibió a oscuras, y antes de que el cordobés se alejara, Enzo lo tomó del rostro una vez más para besar sus labios en un beso delicado, cargado de amor. Te amo mi nueve, le dijo en un murmullo y Julián simplemente sonrió cerrando los ojos y le respondió que él mucho más.
Enzo lo vio alejarse despacio y en dirección a la cama en la que Olivia y Benjamín yacían dormidos profundamente aún con el conjunto de argentina puesto y sabiendo por obviedad que ambos tenían también su número de dorsal como Enzo, pero esta vez no con la estampa de «Juli» sino con la de «Papá».
Fue en ese momento en el que se dio cuenta que al final del día a veces había un montón de cosas que tenía que pensar y aguantar, pero su familia le daba la fortaleza y amor justo para ser más fuerte y feliz a su lado.
Álvarez se acercó a darles un besito en el cachete a cada uno y cubrirlos con las sábanas porque los dos eran demasiado inquietos y siempre se destapan al dormir —lo mismo que siempre hace su papá Enzo— y se sentó a un costado de la cama con ellos, viéndolos dormir profundamente. Enzo se quedó mirándolo desde el marco de la puerta, con esa sonrisa grande y brillante, embobado hasta la médula.
—Oli hoy se enojó porque no jugaste, dijo que ella te venía a ver a vos nada más para que hagas otro gol.
Julián se sobresaltó un poco al escuchar las palabras de Enzo porque estaba demasiado concentrado en los nenes y lo buscó con su mirada mientras lo vio acercarse a ellos en la cama. Podía imaginar a Olivia enojada con esa carita chinchuda como su papá cuando algo no le gusta.
—Ella siempre me quiere ver jugar, la amo tanto.
—Ya sabés que es tu mayor fan y que nosotros te amamos tanto, mi amor —agregó Enzo cuando llegó a su lugar, parado a un costado de Julián que aún estaba sentado en la cama y sus hijos durmiendo a su lado.
Julián alzó la mirada y le brillaron los ojos al escucharlo decir esas palabras con tanto afecto y lo abrazó de la cintura quedándose un momento así juntos.
La noche iba a ser larga y Enzo ya sabía cuál sería la propuesta del jugador, una de esas noches que la pasarían los cuatro abrazados en la misma cama, dándose mucho amor mutuo para que el día siguiente despertar y saber que se tienen unos a otros apoyándolo al campeón como cada día.
