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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-07-02
Words:
2,356
Chapters:
1/1
Kudos:
4
Hits:
55

Madre

Summary:

Madre estuvo desde el inicio y en el final.

Deseo estar con ella.

Este tormento me perseguirá… en mis memorias y en mis sueños.

Work Text:

Un olor ya conocido la había despertado, así que salió de su escondite siguiendo la fuente de aquel aroma hasta toparse con una figura conocida por lo que se acercó por detrás encontrando el origen de su distracción. Y con una ligera sonrisa logro captar la atención de aquella figura quien giro con una cara llena de fastidio, aunque sabía por dentro se encontraba feliz por su presencia.

— ¡Vamola! Finalmente te dignas a aparecer—sonaba molesta y aliviada—. Maldita niña… Ya te he dicho que no te alejes…

— No lo hice mamá.

— ¡No me llames así! ¡Llámame señora Banga! —frunció el ceño— Solo llama a las demás es hora de cenar.

No oculto su expresión de disgusto más no se opuso hacia se encamino a una dirección donde encontraría al resto, y justo ahí en las orillas del rio dos mujeres parecían reírse con total serenidad hasta notar su presencia y no dudaron en llamarla.

— ¡Vamola! Pequeña niña ¿Dónde te habías metido?

— Si no fuera por nosotras estoy segura que Banga hubiera salido a buscarte.

Ya estando lo suficientemente cerca tomo asiento en una de las rocas para ver que aquellas mujeres estaban lavando lo que a simple vista parecían ser trapos rotos, sin embargo, era lo poco que tenían para vestir. Su ánimo parecía volverse algo lúgubre, el recordar porque se encontraban en esta posición era por aquellos invasores que los despojaban de su hogar.

— Pensar que nos veríamos reducidos a esto… Esto es horrible.

— Aja…

No es bueno ocultando sus expresiones, por lo que es comprensible que intenten calmar sus pensamientos.

— Oh Vamola estoy segura que si estuviéramos en otros tiempos estarías disfrutando tu juventud en vez de estar escapando de la muerte en cada segundo.

— Nuestras familias estarían vivas…

— No es bueno seguir soñando con algo que no volverá, Toma.

— Maldición.

Hace tiempo que había olvidado el rostro de su madre, pero aun podía sentir el tacto cálido que le brindo en aquellos momentos felices incluso en su último momento, ahora no podía siquiera pensar en ella sin recordar su cuerpo cubierto de sangre junto los gritos a su alrededor. Aquella cuchilla que atravesó el cuerpo de madre no es algo fácil de olvidar, el cuerpo que estaba cubriendo el suyo tratando de protegerla durante la persecución había funcionado. Lo poco que vivió junto a su familia parecía haber sido un agradable sueño y en ocasiones no podía evitar sentir la rabia por todo lo que se le fue arrebatado en un pestañear, era injusto.

— Lo único bueno es que pude conocerlas.

Sus sonrisa que demostraba inocencia dejo sin palabras a amabas mujeres que parecían algo sorprendidas por su respuesta, pero eso duro mucho tiempo ya que poco a poco empezaron a reírse de una forma amena que lograba calmar aquellos inquietos sentimientos.

— Sin duda nuestra Vamola es una buena niña.

— Conocerte ha sido uno de los placeres de esta pobre anciana, excepto por ti Aja.

— Maldita vieja como si no tuviera otra opción de estar contigo.

Las peleas de estas dos eran divertidas de ver para la joven chica, asi parecían adoptar la imagen de una familia.

— ¡Es verdad! Madre nos espera para comer.

— Y aquí estamos perdiendo el tiempo, de seguro esa vieja ya se ha de haber atragantado con todo.

— Con los años parece que adopto el papel de madre, gracias a Vamola.

Las tres sin perder más tiempo se levantaron y volvieron al refugio donde las espera una mujer malhumorada lanzando maldiciones por su tardanza. Y una nueva pelea comenzaba para la cena, una muy disfrutable.

El sol ya se había ocultado para cuando terminaron la cena, Vamola quien disfrutaba estos pequeños momentos en que todos los problemas que las atormentaban parecían desvanecerse en la nada, la hacía sentirse en familia. Si lo intentaba un poco más era probable que “Madre” dejara de alejarla y mostrara mejor sus sentimientos sobre ella. Entendía perfectamente que debido a las circunstancias había cerrado su corazón para no ser lastimado, sin embargo, ella misma también sentía dolor por no saber en claro si madre no la veía como su hija. Después de perder a su madre, ella fue quien la rescato y no la dejo atrás como las demás, la única que tuvo piedad por su situación y fue quien le enseño a vivir.

— ¡Vamola! ¡Reacciona niña!

El grito de madre fue tan claro que la saco de sus pensamientos, asi que dirigió su mirada a ella quien parecía fastidiada.

— Te he llamado varias veces mocosa, deberías dejar de vivir en sueños y estar atenta a tu alrededor, porque no pienso salvar tu trasero si pasa algo.

Como siempre sus palabras suenan duras.

— Error, estoy segura que lo harías.

— Maldita mocosa, como te atreves a sumirlo asi de fácil.

— Porque lo harás madre, tú eres responsable de mí.

La discusión termino de forma pacífica pese a las maldiciones por parte madre junto con las risas de Toma y Aja, quienes parecían mirar divertida la escena. Ya dispuestas a dormir se encaminaron a su escondite que estaba debajo de la tierra, sin embargo un sonido abrupto se escuchó a los alrededores. Los pies de Vamola parecían haberse congelado al igual que su corazón mientras que el rostro de las demás parecía cambiar a uno blanco, ahora solo las recorría un intenso temor por sus nuevos invitados no deseados. No fue hasta que Toma dio un paso atrás llamando la atención de las demás que empezaron a dar pasos cortos e ir al agujero y ocultarse, ahí tomarían sus armas.

El ruido de aquella “cosa” parecía acercarse, se podían sentir las vibraciones de cada paso que daba aumentaba la ansiedad de las presentes de tener su arma, para su suerte Vamola quien llego primero al agujero con cuidado saco un arma para dejarlo sobre el suelo. Justo cuando Aja quien fue la primera en tomarla se preparó al escuchar los pasos más cerca, y en un momento a otro los árboles que las cubrían fueron destruidos de un golpe revelando su posición al enemigo. Escombros volaban a su alrededor junto con la vista de cuatro bestias frente a ellas.

— ¡Escóndanse!

Grito Toma quien apunto su arma a uno de ellos y sin dudarlo jalo del gatillo, mientras que Vamola quien salió del agujero cargando las armas y lanzarlas a las demás quienes no dudaron en empezar a disparar.

— ¡Vamola entre nosotras!

Obedientemente acato las ordenes, mientras que a su vez se adentraban a los arboles esperan perderlos de vista. En su trayecto no podían evitar golpearse con algunas ramas de arbustos o pequeños árboles, lo que dificultaba su velocidad de escapar. Aja cayó al suelo cuando su pie se atoro en una rama que emergía del suelo, las demás se detuvieron mirando con miedo al escuchar cómo se quejaba.

— Maldita sea… mi tobillo…

—¡Levántate!

Hablo Toma quien la apoyo en levantarse.

— Soy una carga… déjenme. Lo único que puede hacer este saco de huesos es hacer una distracción.

— ¡No! ¡Podemos lograrlo las cuatro!

— ¡Silencio Vamola! Demonios no hay tiempo… —frustrada, Banga tomo la mano de Vamola para jalarla y seguir corriendo.

— ¡Aja! ¡No podemos dejarlas!

Chillo la joven chica quien daba una mirada a Aja quien le sonreía. En cambio recibió un “No” rotundo por parte de su madre. Sin embargo, Toma alzo su mano en forma de adiós era como si decidiera quedarse atrás lo cual hizo que los gritos de Vamola quedaran secos al entender que ambas estaban sacrificando su vida para dar tiempo.

— ¡Banga! ¡Cuida de Vamola!

— ¡Estaremos bien!

Una sonrisa feroz era lo que ambas expresaban en sus rostros, pero su mirada era de temor.

Y asi fue corrieron por un largo tiempo hasta que hubo un punto en que dejaron de escuchar los pasos y de ver las figuras de ambas señoras, pero aun asi siguieron con el temor de que fuera una trampa hasta que su madre la soltó para caer al suelo con su respiración agitada. Vamola intentaba calmar su respiración mientras observaba su alrededor.

— Madre, tenemos que regresas… Toma y Aja…

— Mocosa, no me llames así. Además no podemos volver.

— Pero…

— ¡No! ¿¡Acaso quieres que los sacrificios de esas idiotas sea en vano!?

Las crueles palabras perforaban sus oídos para darse cuenta de una dura realidad, por lo que, no pudo evitar que sus ojos se cristalizaran y comenzara a sollozar.

— Sigamos.

— ¿No te duele?

— ¿Eh?

— Acaban de morir Aja y Toma, y no muestras siquiera tristeza o furia… es como no te importara.

Banga quien hasta ese momento le había dado la espalda, se dio la vuelta dejando ver su expresión de siempre tan dura y sin expresión. Lo cual hizo que Vamola enfureciera.

— ¿¡Es que no te importan!?

Un golpe resonó en el lugar, y el dolor que parecía quemar en la mejilla de Vamola era vivido. La chica se llevó su mano al lugar donde fue golpeado aun sollozando.

— ¡Me duele! ¡Hablas como si fuera yo el monstruo de esta situación! —grito con furia, pero era dirigida a la joven chica—. ¡Tambien deseo volver por ellas! Sin embargo, estas tú Vamola.

— ¿Eh?

— No puedo perder también a ti Vamola, no tú…

— Madre…

— Mi pequeña niña, todo este tiempo he lamentado este maldito destino. Tú eres quien menos debería ver los estragos de esta invasión… no sabes cuánto deseo que estés viviendo una diferente vida.

Lo que siempre había deseado era conocer los pensamientos de madre, de la persona que había salvado su vida. Su enojo disminuyo, pero el sentimiento de tristeza persistió ya que las palabras de madre la arrullaban como si fuera una canción de cuna.

— Desde que llegaste a mi vida, has devuelto los colores que había perdido cuando me quitaron a mi familia. Sin ti, mi mundo se destruiría y no tendría una razón de vivir.

— Mamá…

Sin ocultar sus sentimientos el rostro de Vamola al igual que el de Banga corrían lágrimas por sus rostros, al notar que su madre se acercaba la chica pensó que deseaba un abrazo por lo que hizo lo mismo. Sin embargo, la chica fue empujada al suelo de forma abrupta cosa que la desoriento y cuando alzo la mirada se dio cuenta de que su madre quien seguía de pie, pero su estómago esta perforado por lo que parecía ser una extremidad afiliada. Alzando su vista logro entender mejor lo que estaba pasando una figura alta y esbelta como si se tratara de un muerto, había logrado atravesar a Banga con sus propias manos.

— E-Esto… no… mamá…

Intento extender su mano temblorosa hacia su madre quien respiraba con dificultad, la imagen delante de ella era impresionante quitándole el aliento. Un hilo de sangre aparecía en el rostro de Banga, su piel se estaba tornando pálida, sus ojos estaban muy abiertos y el agujero de gran tamaño en su estómago había dejado el suelo adornado de color carmesí. Con gran valor tomo la mano de su madre la cual parecía perder el calor poco a poco, en voz baja comenzó a llamar por ella esperando por una respuesta. Sin embargo, lo último que vio de ella fue una ligera sonrisa con un tono dulce diciendo su nombre. Y de un momento a otro el cuerpo de ella fue arrojado a un lado como si fuera algo desechable, presenciando de mejor lado a aquella figura notando mejor su altura.

Con terror dio dos pasos atrás a duras penas, su cuerpo no cedía ante sus deseos pero si al miedo mientras que el intruso parecía haberse quedado inmóvil. En un rápido movimiento se dio la vuelta intentando volver a los árboles, sin embargo un dolor en su pecho un dolor punzante apareció causando que se detuviera. Una mano había atravesado su pecho teniendo en su puño su corazón. Al parecer aquella figura podía estirar algunas partes de su cuerpo, que absurdo.

Todo se volvió oscuro.

Abrió sus ojos de golpe para tomar una gran bocanada de aire, llevando de forma inmediata su mano a su corazón. Podía sentir la falta de aire e incluso el sudor correr por su rostro, su corazón latía con fuerza sintiendo un gran miedo de su alrededor. Tomo algunos minutos para que pudiera tranquilizarse de aquel sueño horrible, su mirada paseo a los alrededores una y otra vez para asegurarse donde se encontraba y eso la hizo sentir un alivio.

Ya una vez tranquila Vamola se levantó para verificar y calmar su inquieto corazón, todo fue un maldito sueño que se volvió pesadilla. Había emociones mezcladas odio, ira, tristeza y soledad las cuales no podía definir cuál era la que mayor gobernaba dentro de sí misma. Sus manos aun temblaban, por lo que decidió salir a tomar aire, con pasos sigilosos deambulo por los pasillos  evitando hacer ruido, no deseaba preocupar a los demás.

Al abrir la puerta pudo sentir el aire fresco de la noche tranquila entre más caminaba mejor pudo deslumbrar las estrellas brillando, aquel sueño parecía estar desvaneciéndose de su mente al estar en un lugar más tranquilo. Pero no la imagen de madre.

¿Ella estará bien?

¿Seguirá con vida?

¿Toma y Aja lograron escapar?

¿Por qué estaba sola?

Lagrimas empezaron a correr por su rostro, no le gustaba estar sola sin madre. Su vida no fue perfecta, pero amaba más que nada estar a lado de Toma y Aja, ver las peleas constantes de ambas.

Y por encima de todo ver el rostro de madre.

La tristeza no parecía detenerse, y menos cuando sintió un par de brazos rodearla. Asustada alzo la mirada hasta toparse con una sonrisa reconfortante, Momo parece ser quien se dio cuenta de su ausencia tan tarde.

— Deja salir todo por hoy, yo estaré aquí así que no me ire.

Solo esas palabras bastaron para que correspondiera el abrazo y dejar compartir su soledad con alguien más.

Aun anhelaba estar con madre, quien era todo para ella. Sin embargo, aun recordaba sus últimos deseos y al final estaba cumpliendo con ello, después de tanto mal había encontrado un lugar donde disfrutaba pasar el tiempo. Era tan familiar, y eso hacia olvidar lo malo.

Por eso vivirá al máximo como a madre le hubiera gustado.