Actions

Work Header

One Shots | Johan x Jace

Summary:

¡Bienvenidos a mi fanfic de Johan x Jace del webtoon Lookism! Este proyecto es una serie de one shots o historias cortas donde exploraré diversas temáticas con esta pareja, desde romance hasta angst y todo lo que se pueda imaginar.

También pueden aparecer otras parejas.

Chapter 1: Cuando te conocí

Chapter Text

Johan había resultado muy herido tras la pelea con su propio equipo God Dog y después con Gun.

Ambas manos resultaron lastimadas, su abdomen estaba con múltiples moretones, y su nariz aún sangraba, además que su rostro también estaba con múltiples golpes. Pero no le importaba sus heridas, ya que lo que más le dolía es haber perdido la oportunidad de ayudar a su madre, no le importaba en lo más mínimo haber perdido su equipo, pero no podía negar que le había afectado ver a Zack ahí, su amigo de la infancia, lo vio con lástima y eso fue lo que más había odiado de esa noche.

Se sentía derrotado mientras cojeaba por las calles oscuras. ¿A dónde podría ir ahora? Tenía un pequeño cuarto alquilado en mal estado, donde lo esperaban sus dos pequeños amigos peludos. Al menos tenía a alguien a quien le importaba. Estaba seguro de que en cuanto entrara al cuarto, los abrazaría fuerte mientras lloraría con impotencia por toda esta situación de mierda.

Iba pensando distraído y no se fijó en un pequeño bache en la acera, lo que hizo que tropezara y cayera. Sin fuerzas, se quedó ahí mismo, sin importarle que el suelo estuviera frío y que la lluvia cayera sobre él.

—Qué mierda de vida... —pensó Johan, cansado, aún tirado en el suelo.

—Oye, ¿estás bien? —preguntó alguien, cubriendo la cabeza de Johan de la lluvia con su paraguas.

El castaño, fastidiado, levantó la cabeza y se sorprendió al ver aquel uniforme naranja. Ese rostro se le hacía conocido.

—¿Quién eres? —preguntó desconfiado.

El pelinegro se sorprendió al ver que el tipo que estaba tirado en el piso era nada más y nada menos que el líder de God Dog.

—E-eres Johan Seong...

—...¡! —Entonces, con la poca fuerza que tenía, Johan comenzó a levantarse y apartó el paraguas de su cabeza— Por ese traje naranja, diría que eres un miembro de los Nudillos Ardientes, ¿cierto? Te vi al lado de tu líder — frunció el ceño.

—Sí, soy su mano derecha, Jace Park.

—¿Acaso has venido a pelear? — dijo agotado, mientras se posicionaba para volver a combatir.

—¿Q-qué? ¡No! —exclama alarmado el pelinegro— Solo estaba caminando de regreso a mi casa, después de despedirme de Vasco —respondió— Además, estás herido, ¿Cómo vas a pelear en estas condiciones?

Johan se quedó callado mientras aún lo fulminaba con la mirada.

—...puedo hacerlo sin problemas.

La situación era un poco peligrosa para Jace. Sabía que el chico que tenía delante suyo era un auténtico monstruo a pesar de estar gravemente herido. Quería salir de esta situación, ignorar al tipo y marcharse del lugar, pero sabía que su consciencia no lo dejaría en paz si dejaba al castaño malherido en medio de la calle, en plena lluvia. Además, aún recordaba lo que Vasco le había dicho cuando Johan comenzó a pelear con su propio equipo:

"Jace... ¿Qué debo hacer? Sé que no debería pensar esto. Sé que todos son tipos malos. Pero el tipo malo que veo frente a mí... me da mucha pena."

Jace suspiró, nervioso ante aquellas palabras. Sabía que Vasco también apoyaría la decisión que estaba a punto de tomar.

—M—mi casa está cerca de aquí. Si quieres, puedo tratar tus heridas —ofreció.

—No quiero —respondió Johan con desdén— Además, ¿por qué me ayudarías? Si hace menos de una hora íbamos a enfrentarnos.

—Ya lo sé, nuestros equipos iban a enfrentarse, pero eso no quiere decir que estaremos peleando todo el tiempo.

Johan lo miró desconfiado. Sabía que en su casa no tenía medicinas porque normalmente no resultaba tan herido como ahora. Además, prefería guardar ese dinero para otras cosas más importantes.

—Vete —dijo mientras miraba hacia otro lado.

Jace frunció el ceño, determinado.

—No puedo dejarte así —insistió

El castaño gruñe, su tono de molestia.

—No necesito tu ayuda. Puedo cuidarme solo.

—Escucha, Johan —dijo Jace, su voz más calmada pero firme— No tiene sentido que te empeñes en esto. Estás herido y no puedes seguir así. No estoy aquí para pelear ni para aprovecharme de tu situación. Solo déjame ayudarte.

Johan lo miró de reojo.

—¿Y por qué debería confiar en ti? —espetó, sus ojos fríos y desafiantes— No tengo motivos para creer en tus buenas intenciones.

Jace se quedó en silencio por un momento, comprendiendo la desconfianza del otro.

—No te estoy pidiendo que confíes en mí —admitió Jace— Pero al menos déjame ayudarte esta vez. Nadie debería pasar por esto solo, ni siquiera tú.

Johan apretó los dientes, debatiéndose entre su orgullo y la necesidad urgente de atender sus heridas. Ya no le quedaba la energía suficiente para llegar hasta su cuarto alquilado, que aún estaba lejos. Finalmente, soltó un suspiro exasperado.

—Maldición...de acuerdo —murmuró, su tono lleno de resignación— Pero si haces algún movimiento sospechoso, no dudaré en acabar contigo.

Jace asintió, entendiendo que eso era lo más cercano a un "sí" que obtendría. Con cuidado, ayudó a Johan y lo guio hacia su casa. Durante el trayecto, Johan se mantuvo en silencio, su postura rígida y distante, aunque aceptando la ayuda del pelinegro.

Al llegar al pequeño apartamento, Jace ayudó a Johan a entrar y lo condujo directamente a la habitación.

—Siéntate aquí —dijo Jace, señalando la cama— Voy a buscar el botiquín.

Johan se sentó en la cama, su expresión desconfiada y vacilante. Jace se apresuró a buscar el botiquín y regresó rápidamente. Se arrodilló frente a Johan y comenzó a inspeccionar las heridas. Cuando intentó levantar la camisa de Johan para examinar los moretones en su abdomen, Johan sujetó con fuerza su muñeca, provocando que Jace suelte un leve quejido de dolor.

—¿Qué crees que estás haciendo? —espetó, su voz gélida.

Jace no retrocedió, manteniendo su mirada firme a pesar del dolor.

—Necesito quitarte la camisa para tratar tus heridas —respondió — Ya te he dicho que no te voy a hacer daño.

Johan lo observó por un momento, su desconfianza aún evidente. Pero, al ver la sinceridad en los ojos de Jace, finalmente aflojó su agarre, permitiéndole continuar.

Jace levantó la camisa con cuidado, revelando los moretones, cortes y la sangre seca que cubrían el torso de Johan. Trabajó en silencio, limpiando y vendando las heridas con delicadeza, consciente de cada gesto de dolor del contrario.

—¿Por qué haces esto? —preguntó Johan después de un rato, su tono aún frío pero con un leve matiz de curiosidad.

Jace hizo una pausa, mirándolo a los ojos.

—Porque...todos merecen ayuda en algún momento —respondió con sinceridad— Y porque creo que, a pesar de todo, no creo que seas una mala persona, pienso que tendrás tus motivos para haber actuado así.

Johan no respondió, su mirada fija en un punto distante. Aunque su expresión no cambió, en su interior, una pequeña chispa de duda y confusión se encendió. ¿Por qué este chico se preocupaba tanto? ¿Qué ganaba ayudándolo?

Entonces volvió a mirar el rostro del chico que aún seguía atendiendo sus heridas. No quería reconocerlo, pero un sentimiento cálido se instaló en su corazón. Era un sentimiento acogedor, algo que no había sentido en mucho tiempo.

—Tienes una forma extraña de pensar —murmuró finalmente, su tono todavía estoico.

Jace sonrió ligeramente, sin apartar la vista de las heridas que estaba tratando.

—Tal vez, pero es lo que creo. Y si puedo ayudar a alguien, lo haré. Incluso si esa persona es alguien con quien iba a pelear hace poco. Aunque debo admitir que Vasco también influyó en mi forma de pensar.

Johan dejó escapar un leve suspiro, intentando no mostrar cuánto le afectaban esas palabras. Había construido muros altos y gruesos alrededor de su corazón, pero las acciones y palabras de Jace estaban comenzando a hacer pequeñas grietas en ellos.

—No estoy acostumbrado a esto —admitió, su voz casi inaudible— A recibir ayuda sin esperar nada a cambio.

—Lo entiendo —respondió Jace, terminando de vendar la última herida—. Pero no te preocupes, no quiero nada... aunque pensándolo bien, hay algo que quiero... La próxima vez, no seas tan brusco con nosotros cuando nos enfrentemos —mostró una pequeña sonrisa vacilante.

Johan lo observó en silencio, procesando sus palabras. Había pasado tanto tiempo creyendo que estaba mejor solo, convenciéndose de que la soledad era su única opción. Pero ahora, aquí estaba ese chico extraño, demostrándole que no todas las personas son malas.

—Gracias —dijo Johan finalmente, su voz baja y seria.

Jace levantó la vista, sorprendido por la palabra que no esperaba escuchar.

—De nada —respondió con una sonrisa genuina— Me alegra poder ayudarte.

Johan asintió ligeramente, sintiendo un peso levantarse de sus hombros, aunque fuera solo un poco. Tal vez no estaba listo para derribar todos sus muros, pero por primera vez en mucho tiempo, se permitió la posibilidad de confiar en alguien.

Jace se levantó, guardando el botiquín.

—Puedes descansar esta noche aquí. Si necesitas algo, estaré en la sala —dijo, dándole un último vistazo a Johan antes de salir de la habitación.

—Espera —dijo el castaño, deteniéndolo.

Jace se giró, su expresión curiosa y paciente.

—¿Sí?

—¿Tú...entonces no me odias? —preguntó

Jace frunció el ceño, reflexionando por un momento. Volvió a acercarse y esta vez se sentó en el borde de la cama a lado de Johan.

—Odiarte...no, no te odio —respondió finalmente— Para odiar a alguien, primero tendría que entender completamente si sus motivos y acciones son malas. Pero lo que veo en ti, Johan, es más complicado que simple odio.

Johan frunció el ceño, sus ojos escudriñando a Jace en busca de cualquier signo de burla o mentira. No encontró ninguno.

—¿Qué quieres decir? —preguntó, su tono con escepticismo.

—Es lo que te dije anteriormente —continuó Jace, su voz tranquila — todos tenemos nuestras razones para actuar como lo hacemos. No te conozco bien, pero puedo ver que llevas un gran peso sobre tus hombros. No creo que seas una mala persona, solo alguien que ha tenido que luchar demasiado solo.

Johan desvió la mirada, incómodo con la honestidad de Jace. No estaba acostumbrado a que alguien que recién acaba de conocer intentara comprenderlo.

—No necesito tu lástima —murmuró, su voz gélida.

—No es lástima —respondió Jace, su tono firme— Es empatía. Y aunque no te conozca bien, creo que todos merecemos una oportunidad para ser entendidos. Incluso tú.

Johan permaneció en silencio, procesando las palabras de Jace. Su desconfianza no desaparecía, pero algo en la sinceridad y lógica de Jace le hacía difícil rechazar completamente sus palabras.

—Es difícil confiar en alguien —admitió Johan finalmente, su voz apenas un susurro — No sabes cuando una persona te puede apuñalar por la espalda, ya viste hoy con mi ex—equipo.

Jace asintió, comprendiendo la lucha interna de Johan.

—Lo entiendo —dijo Jace, su tono suave pero firme— La traición es algo que puede dejarte cicatrices profundas. Es normal que te sientas así.

Johan lo miró de reojo.

—¿Y tú? —preguntó de repente— ¿Nunca has sido traicionado?

Jace bajó la mirada por un momento, recordando sus propias heridas.

—Todos hemos pasado por algo así en algún momento —respondió con honestidad— Pero creo que esas experiencias también nos enseñan algo importante sobre nosotros mismos y sobre los demás.

Johan soltó un suspiro, su expresión aún fría pero menos defensiva.

—¿Y qué te enseñaron a ti? —preguntó, genuinamente curioso.

Jace lo miró directamente a los ojos, su mirada tranquila y serena.

—Me enseñaron que no todos son iguales —dijo— Que, aunque algunas personas puedan traicionarte, también hay quienes valen la pena. Y esas personas, Johan, son las que hacen que valga la pena abrirse de nuevo. Por ejemplo, aún tienes un amigo buscándote afuera. Sé que no es asunto mío, pero...tal vez podrías hablar con él y explicarle tus verdaderos motivos. Tan pronto como Gun se fue, desapareciste sin darle la oportunidad de hablar contigo.

Johan se quedó en silencio, sus pensamientos un torbellino. No quería admitirlo, pero algo en las palabras de Jace resonaba profundamente en él.

—No sé si pueda hacer eso —dijo honestamente— Pero...lo pensaré

Jace esbozó una pequeña sonrisa, asintiendo.

—Es un comienzo. Y está bien si lleva tiempo. Todos tenemos nuestro propio ritmo.

Jace sonrió nuevamente, sintiendo que había dado un pequeño paso hacia la confianza del líder de God Dog.

—Descansa, Johan. Mañana es un nuevo día, y quién sabe, puede que las cosas empiecen a mejorar.

Johan asintió de nuevo, cerrando los ojos mientras se recostaba en la cama. Sentía el peso del cansancio acumulado en su cuerpo después de la batalla, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que al fin podría descansar bien.

...

Al día siguiente, Jace se despertó un poco tarde, tal vez por el cansancio, y se dirigió a la habitación donde había dejado a Johan. Tocó la puerta suavemente.

—Johan, ¿estás despierto?

No recibió respuesta, así que, después de unos segundos de duda, decidió abrir la puerta. Para su sorpresa, la habitación estaba vacía. Johan no estaba por ningún lado. Jace frunció el ceño, preocupado. Sus ojos recorrieron la habitación y se detuvieron en la cama, donde encontró un papel doblado. Lo recogió con cuidado y lo abrió. Era un mensaje de Johan.


Jace, Gracias por tu ayuda. No estoy acostumbrado a depender de nadie, pero aprecio lo que hiciste por mí.

- Johan

P.D.: Es mi número de teléfono por si alguna vez necesitaras mi ayuda, te debo una : [55-555-55]


Jace miró el mensaje por unos momentos, un sentimiento cálido se instaló en su pecho. Aunque Johan se había ido, esto era un gran paso y, más importante aún, había dejado una puerta abierta para el futuro.

Jace guardó el papel con cuidado, sabiendo que este pequeño gesto era significativo.

Con una sonrisa decidida, salió de la habitación, sintiendo que el día tenía un poco más de luz.

¿Y quién sabe? Tal vez se puedan reunir más pronto de lo esperado.