Work Text:
Tiempo, normalmente las relaciones estables requerían mucho de este, pero tiempo era algo que ellos no podían permitirse constantemente, no cuando ambos tenían sus propias metas, sus propias ambiciones, trabajos complicados que mantener. Aun así, incluso si lo que podían invertirle al otro era poco, era suficiente, estaban bien con eso, así lo quería creer.
No necesitaban tanto de momentos cursis o palabras rositas, ellos entendían lo que funcionaba y lo que no, como un acuerdo silencioso ¿Podían extrañarse? Por supuesto que sí y quizás era ese anhelo lo que hacía mas emocionante sus encuentros, donde primero iban los besos y las caricias, las charlas podían esperar.
A Crocodile realmente le gustaba casi todo de ella. Físicamente era hermosa, nunca le acomplejó en lo más mínimo que fuese más alta, tampoco le importaba la ausencia de uno de sus ojos -resultado de una horrible infancia-, su único ojo marrón resultaba hipnótico y miraba todo con una superioridad que le encantaba; tenía curvas de ensueño, así como un trasero pronunciado que le gustaba tocar y apretar sin pudor alguno, incluso sus grandes manos no parecían suficientes para abarcarlo todo.
Dofie era lista, era una gran negociante, lo suficiente como para tener a tipos peligrosos comiendo de su mano como si nada. No era idiota, incluso si a veces le parecía que sí, sabía hasta que punto podía jugar y arriesgarse, no perdería la cabeza de un modo absurdo tampoco. Era una gran líder y podía ser muy estratégica con sus planes a largo plazo, también cuidaba muy bien su imagen ¿Quién podría creer que la bonita dueña de una gran agencia de modelaje con aspecto de rubia tonta de película americana era en realidad el tan temido Joker? En el bajo mundo era de las personas más peligrosas.
Bajo esa capa superficial de petulancia y carisma, había una persona sádica también, cruel, déspota y narcisista. También una que se preocupaba por el bien de los suyos, dispuesta a acabar con quien quiera que se metiera con su adorada familia. Y, más allá de eso, estaba aquella parte demasiado emocional, que sucumbía muchas veces a los sentimentalismos o a su ira acumulada, de nuevo, producto de mas traumas infantiles no sanados.
Quizás su única queja al respecto era su obsesión casi infantil por el color rosa y todo lo que pudiera ser de dicho color. A veces pensaba que toda su inteligencia se apagaba cuando algo bonito y de tal color estaba ante su mirada. Como fuese, podía tolerarlo, tampoco iba a desquiciarle, seguramente había cosas que a ella no le gustaba de él y estaban bien así.
Todas esas capas de ella eran lo que le habían hecho sentirse atraído, porque no era tan banal como para solo haberse fijado en su físico y que fuera un de los siete señores del bajo mundo tampoco le era impresión suficiente para llamar su atención. Era toda esa combinación lo que llegó a hacerla interesante a sus ojos eventualmente, de algún modo se complementaba bien con él y eso era suficiente.
Por eso algo tan estúpido como el tiempo no iba a ser razón alguna para que lo tenían acabara.
—Te ves muy pensativo —su bonita voz le sacó de su trance. Ella le miraba fijamente desde su lado de la cama, las sábanas color vino tinto apenas cubrían lo suficiente—¿Mucho trabajo? ¿Algún problema en tus casinos?
—No, no pensaba en trabajo —respondió, subiendo su mano a su rostro para acomodar ese mechón de pelo rubio que siempre caía hacia adelante—, no pensaba nada importante tampoco.
—Te gusta hacerte el enigmático —ella sonrió ampliamente, él rodó sus ojos mientras se sentaba—, te extrañé, entre el trabajo en la agencia y lo demás, pensé que no tendríamos tiempo para vernos este mes.
—Sí, lo sé, también estuve muy ocupado con el nuevo casino —comentó mientras tomaba uno de los puros de la mesita de noche y lo encendía—¿Cómo van tus negocios con Kaido?
—Van bien, pero ya sabes cómo es de pesado lidiar con alguien que está ebrio el ochenta por ciento del tiempo —se encogió de hombros, haciendo una mueca de disgusto con solo pensarlo—, pero cambiando de tema, tengo algo para ti.
Dofie se levantó de la cama y Crocodile siguió su desnudo cuerpo moviéndose por la habitación. Ella se detuvo en donde se encontraba su bolso y sacó algo que no pudo distinguir hasta que ella volvió para tomar asiento junto a él.
—Es para ti —sonrió con orgullo al darle el regalo.
—¿Un obsequio? No fue mi cumpleaños.
—Ya lo sé, tonto —ella se rió—. Ya, ábrelo.
Crocodile decidió hacerle caso luego de exhalar un poco de humo. Tras abrir la cajita, se encontró un reloj de bolsillo, tenía un acabado hermoso en colores plateados y manecillas negras, perfecto para combinarlo con cada uno de sus trajes. Era irónico haber estado pensando el tiempo y recibir de obsequio un reloj.
—¿Por qué? —cuestionó volviendo su atención a ella.
—¿Por qué no?
—Dofie…
—Quería darte algo lindo —se encogió de hombros con naturalidad—, no pasamos mucho tiempo juntos así que pensé que un regalo sería una forma de compensarlo un poco.
—No me molesta realmente, pero te lo agradezco mucho.
—Que frío eres —hizo un puchero—, si lo digo es porque quisiera que pasáramos más tiempo juntos.
—Es algo difícil con nuestros estilos de vida.
Ella no parecía muy contenta con su respuesta. No era lo suyo ser una persona muy afectuosa o romántica, pero genuinamente apreciaba su gesto. Sí, el tiempo era algo complejo y también era relativo, cada quien lo percibía de forma distinta. Si lo pensaba mejor, el tiempo era a veces todo lo que tenían y en el mundo en que se movían, este podía reducirse a nada si daban un mal paso.
—Deberíamos cenar juntos el viernes —propuso, notando algo de sorpresa en su mirada—, todos los viernes.
La rubia sonrió y no dudo en lanzarse sobre él, quitándole el puro de la boca para besar sus labios, disfrutando aquel sabor a nicotina de su boca, de su lengua. Crocodile le correspondió con total gusto.
…
Tiempo, normalmente las relaciones estables requerían mucho de este, pero tiempo era algo que ellos no podían permitirse constantemente. Aún así, se las arreglaron para extraer más de este de sus obligaciones y que pudieran compartirlo en momentos de más calma.
Como cada viernes, Crocodile terminó de alistarse y guardó el reloj en el bolsillo de su chaleco, listo para su cena con la líder de la primogénita de los Donquixote. Debía confesar que había encontrado gusto en ello, en no solo verse en una habitación, en tener más conversaciones banales. Revisó la caja con el regalo que había conseguido para ella, sonriendo ligeramente antes de cerrarla y llevarla consigo a su auto.
—Se ve muy contento hoy —le comentó Daz Bones, su chofer y guardaespaldas, mirándole por el retrovisor.
—Es una noche importante —respondió, apagando su puro en el cenicero dentro del auto.
—Todos los viernes lo son.
Ignoró el comentario burlón de su empleado, pero tenía razón, se habían vuelto días importantes para él, para su relación con Dofie, y si las cosas marchaban como esperaba, lo serían todos.
FIN
