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Sucedía desde hace tanto tiempo que ya no encontraba motivos para sentirse triste. Este temor, esa fogarata hambrienta y aterradora, se consumiría con el tiempo, de ella quedarían cenizas, de sus secretos solo quedarían dolores que nadie más que él sentiría; del resto jamás se sabría nada, solo debía guardarse en silencio... sólo debía guardarse en silencio...
Kyojuro había aprendido con el tiempo a admirar desde lejos aquello que no podía poseer. Se había vuelto una costumbre, observar con cariño a respetuosa distancia, aunque sus dedos ardieran por alcanzar a su objetivo, el sedoso cabello plateado escondido bajo un enredo de vendas insípidas en comparación. Era algo que simplemente no podía evadir, ese escozor en la punta de los dedos al observarlo, respetuosamente, desde que descubrió lo que sucedía con él, consigo mismo, en su interior. Ya no podía ignorarlo; sus sentimientos se habían convertido en un humo tan denso que le dificultaba respirar, y el espiral de sus garras amenazaba con destrozar su voluntad de hierro por mantener el secreto y obligarlo a gritar a voces lo que llevaba ya dos años ocultando, o al menos intentando ocultar.
Uzui Tengen no sólo era su compañero en armas, era su mejor amigo. La persona en la que confiaba con su vida después del Maestro Ubuyashiki, su confidente, su soporte. Se habían hecho tan cercanos como podían ser, sus personalidades demasiado afinadas la una con la otra como para resistir el insistente tironeo del destino por juntarlos. Kyojuro, aunque conflictuado y confundido, sabía que era innegable la inmensa afinidad que compartían.
Su amistad había sido inmediata y natural, fluyendo con una simplicidad que no dejaba lugar a dudas, a nadie que los viera, de que serían inseparables desde el minuto cero; Uzui era amante de la extravagancia, de lo auténtico y lo exótico, y Rengoku vibraba en una sintonía que encajaba a la perfección con la melodía de su vida. Según el Pilar del Sonido, la apariencia de Kyojuro, radiante y exuberante, combinada hasta el hartazgo con su personalidad alegre, cálida y amistosa, le impedían alejarse de él. Lo consideraba un ser intrigante, aunque Rengoku llevaba sus emociones sin disimulo de ninguna clase; se lo había dicho en más de una ocasión, logrando sofocarlo hasta el bochorno con sus palabras, inocentemente desatando esa confusión que hoy antagonizaba con su amistad. Desde el primer instante, la voz en barítono de Tengen había hecho eco en el corazón del joven Pilar de las Llamas, encendiendo una llamarada tan brillante como el mismo sol dentro de su alma, y se había acomodado en su pecho para ya no salir. Kyojuro lo llevaba consigo a sus batallas, creyendo inocentemente que aquel sentimiento no era otra cosa que admiración, y fue justamente esto último, que se repetiría por los siguientes meses, lo que lo llevaría a descubrir lo que comenzaba a sospechar.
Pronto, se dio cuenta de que también Uzui se quedaba en sus pensamientos al llegar a casa, y también tarde por la noche, en la obscuridad de su habitación cuando su padre y su hermano dormían, cuando creía que nadie podría oírlo reír sólo recordando las tonterías que compartían, o el murmullo de su corazón, acelerado y feliz de tener a quien adorar. Había hecho todo lo posible por convencerse de que no era lo que parecía, que sólo estaba fascinado con la agilidad y la voluntad del Pilar del Sonido, y no con sus ojos fucsias, o con su voz melodiosa, o sus manos callosas cuando ocasionalmente se deslizaban por su cabello, acomodando un mechón suelto detrás de su oreja.
Kyojuro estaba perdida y desesperadamente enamorado. El sentimiento lo había golpeado desprevenido con tanta fuerza que habría podido gritar al descubrirlo, de espanto, de enfado, de tristeza... Lo descubrió una tarde luego de una de las reuniones bimestrales, cuando se encontró tan embelesado escuchando la risa del Pilar del Sonido que no logró procesar ni una palabra de lo que Mitsuri, su brillante tsuguko ahora orgullosamente un miembro del grupo de Pilares, había estado comentándole durante buena parte de una hora; se disculpó profusamente, excusándose con el cansancio para no tener que explicarle lo que realmente había sucedido, antes de desaparecer hecho un halo de dorado y carmesí hacia sus aposentos dentro de la mansión del Maestro Ubuyashiki.
Su corazón se había desbocado en el acto, amenazando con detenerse en cualquier momento a tan acelerado paso. Sus manos sudaban, temblaba y sentía el rostro y el pecho ardiendo, y con una mano vacilante donde el músculo intentaba salirse de su prisión de carne y hueso, suspiró hondamente, cayendo en la repentina epifanía que lo liberaría para luego volver a encarcelar su alma. Su padre se lo había dicho, antes de que su madre enfermara, cómo sentía el amor fluyendo a través de sus venas, cómo su cuerpo se sentía como si hubiera encarnado al sol, cómo no podía imaginar una vida sin Ruka, cómo parecía que el mundo entero se detenía cuando estaban juntos. Recobrando cada palabra de su padre guardada en su memoria, las piezas comenzaron a encajar dentro de su mente, formando la imagen completa en su imaginación; la sonrisa altanera y seductora de Uzui, acompañada por su mirada desafiante y fogosa, lo fulguraron desde dentro, haciendo que por primera vez en su vida dedicara un momento a pensar que quizás, tal vez, lo que sus padres sintieron el uno por el otro era lo que él sentía por su mejor amigo.
Aquella tarde lloró desconsoladamente durante horas, como no lo hacía desde la muerte de su madre, ahogando los sentimientos en lágrimas uno por uno con la esperanza de que Uzui se encontrara ya lejos, lo suficiente como para no oír su corazón al romperse. Tras haberse deshecho de su carga, ya avergonzado de sí mismo y su debilidad, llegó a la conclusión de que Uzui jamás sentiría lo mismo por él, y debía aceptarlo y olvidar, con la frente en alto y el corazón endurecido, cuán profundamente sentía por él.
Desde ese momento, había comenzado a distanciarse. Poco a poco, dejó de frecuentar la mansión donde vivía su compañero, se acabaron las tardes de charlas interminables cuando se encontraban ocasionalmente, lejos quedaron las caricias coquetas de Uzui en sus mejillas; no eran sino recuerdos ahora, como puñaladas enardecidas, atesorados en su pecho como su único y más precioso secreto. Rengoku extrañaba ese toque afectuoso todos los días, sin embargo, dentro suyo, estaba seguro que debía permanecer enterrado en silencio.
O tan enterrado como le fuera posible mantenerlo... Uzui no era nada sino un charlatán nato, su ascendencia shinobi no le permitía ser otra cosa cuando debía disponerse a conseguir respuestas. Desde el repentino distanciamiento de su mejor amigo, había dedicado cada segundo que este le ignoraba en recopilar cualquier información que pudiera arrebatarles a sus compañeros Pilares. Cualquier cosa, un cambio de horarios, planes inesperados, lugares que visitara hoy que no hubiese visitado antes, lo que fuera. Uzui no podría reconocer, debido a su orgullo, la verdadera razón detrás de esa voluntad férrea por desenvolver el evidente secreto que Rengoku intentaba esconder de él: La frustración. Había estado ansioso por charlar, risueño e impaciente por encontrar a Kyojuro en el engawa de su mansión esperando por él con la promesa de una tarde completa de risas y anécdotas hasta el anochecer, ansioso por escuchar su vibrante voz y la dulzura de su risa, estaba ansioso por mirar directamente en esos ojos de miel, sus manos temblaban por acercarse con la excusa de recoger su cabello. Había estado esperando todo el tiempo de aquella primera semana, con el corazón en la mano y las mejillas sonrosadas, y con aún más fuerza la semana siguiente. Pronto se dio cuenta de que Kyojuro lo había desterrado de su día a día, sin aviso y sin mirar atrás, y la repentina retirada de Kyojuro de su vida había sido tan dolorosa como fue para el rubio tener que alejarse forzosamente. Mientras Kyojuro consideraba que su sufrimiento era unilateral y por lo tanto la mejor opción para ambos, Uzui contempló cientos de posibilidades dentro de su mente, de todo lo que podía haber hecho para alejarlo, de todo lo que habría dicho que pudiera haberlo puesto incómodo, navegó entre recuerdos buscando el momento en el que hubiera podido errar tan fuerte con él, que Kyojuro se hubiera visto en la obligación de alejarse, pero nada encajaba con esa tan estruendosa ausencia a la cual lo condenaba ahora. Uzui no se rendiría, ni se daría por vencido hasta conseguir tan siquiera entender los motivos. La más mínima claridad le serviría para confrontarlo y solucionarlo, o dejarlo ir con dolor, aunque fuera justificado. Claro que, muy a pesar de la resolución y la voluntad de Kyojuro, aquello que revelaría sus secretos no tomaría mucho tiempo en aparecer.
Pasaron dos años antes de que, en una charla fugaz con Mitsuri antes de tener que retirarse a su Mansión, alguien le diera una pista de dónde se hallaba la respuesta. Se hallaban en pleno apogeo de las frustraciones de Uzui, debajo de uno de los tantos árboles que rodeaban la cede de los cazadores, donde se reunían los Pilares. El Pilar de la Serpiente, que pese a observarlos ir y venir hablando desde su cómodo lugar en las ramas de un árbol cercano, no pudo evitar interesarse en su conversación, contribuyó con una pizca de información que Uzui no tardaría en utilizar.
“— Siento interrumpir ahora, Uzui, pero lo que describes es tan... terriblemente simple de ver que creo que la Señorita Kanroji sólo tantea el asunto para no ofenderte.” La susodicha se limitó a ocultar su bochorno en una pequeña risilla, pero permitió a Iguro Obanai continuar. “ — No puedo creer que Rengoku haya creído que sería discreto, y menos aún que no lo hayas notado después de dos años, cuando fuiste tú quien me dio las pautas para seguir este camino en su momento. En verdad, Uzui, ¿No crees que te estás volviendo algo viejo?”
Kyojuro, quien casualmente se hallaba cruzando el camino hacia la Mansión del Maestro en busca de algunos pergaminos precisos para su próxima misión, se detuvo un momento al observar a lo lejos al extraño grupo que se había formado bajo uno de los cerezos del lugar. Sabía que posiblemente al menos Uzui ya habría escuchado sus pasos acercándose, y la serpiente que acompañaba a Iguro se había percatado de su presencia tanteando el aire, cosa que se hizo evidente cuando esta levantó brevemente su cabeza de donde se hallaba acurrucada, saludándolo a su manera. De nada le serviría ocultarse, estaba a plena vista del grupo y su cabello y atuendo siempre sobresalían sin importar cuánto intentara disimular; de todos modos, aún tenía algunas opciones: podía acelerar el paso e intentar perderlos... pero aquello supondría ofender no sólo a Uzui, sino a su querida exalumna y a su hermano de crianza, y antes preferiría confesar que tener que lidiar con la vergüenza de haber intentado evitar a sus personas de mayor confianza. Eso, a su vez, se resolvería en un pequeño cambio de planes y por lo tanto su segunda opción: sino era acelerar... Quizás podría caminar algo más lento, puede incluso que llegara a robar sólo una mirada más hacia los labios rosados pálidos de Uzui al hablar, para tener algo suyo con lo que fantasear esa noche, ya que el tiempo había desecho los recuerdos, y el destino no le permitiría probarlos en carne propia. Suspiró profundamente, dándose un momento para imaginar cómo se sentirían esos labios sobre los suyos y respirar, calmándose, antes de continuar. A medida que Kyojuro se acercaba, ignorante de ser el motivo principal de aquella extraña reunión, Uzui había puesto su propia interrogativa, honestamente cansado de no saber qué diablos estaba sucediendo con su mejor amigo, y frustrado de tener que fingir que no le dolía para conseguir respuestas de las únicas dos personas que lo conocían mejor que él mismo.
“ — Estás insultándome, Iguro. Debo ser apenas dos años mayor que tú; pero ya que estoy tan senil, hazme un gran favor y explícame. Oh, ilumíname, porque no tengo idea de qué rayos estás hablando.”
Viendo acercarse la posibilidad de una confrontación, Mitsuri no tardó en interponerse disimuladamente entre ambos, y agregar:
“— Sucede que... siendo que usted tiene tantas esposas, creí que serían obvias las señales... Sé que el amor puede ser confuso, y disfrazarse de odio en muchas ocasiones, pero... mi Maestro, Rengoku... es un libro abierto, Señor Uzui... Es obvio, ¿No cree? Jamás ha tenido secreto alguno con usted, y repentinamente se aleja sin dejar rastro, durante años... Yo creo...” Mientras Tengen escuchaba a Mitsuri con atención, captó los pasos de Kyojuro cruzando cerca, y volteó en aquella dirección, interrumpiendo momentáneamente la conversación en favor de verlo ir, porque sabía que intentar detenerlo acabaría en excusas, y que eso podría doler más incluso que lo que Mitsuri le haría saber. Al cruzar miradas con Kyojuro por una fracción de segundo, sintió su corazón estrujarse en lo que levantaba lentamente su mano, saludando a su querido amigo quien se alejaba con apenas el fantasma de una sonrisa curvando sus labios, y las palabras de su exalumna y compañera sirviendo de despedida. “—Yo creo... que mi Maestro está muy enamorado de usted...”
Y por mucho que le doliera, había quedado más que claro ahora... ¿Cómo pudo no haberlo notado antes? Kyojuro estaba enamorado de él, las señales eran tan claras y él había estado atorado creyendo que habría cometido un error, permitiendo a Kyojuro alejarse por respeto durante años cuando lo que ambos deseaban era reunirse y pasar cuanto tiempo juntos como les fuera posible... Fascinante y ardiente pilar de las Llamas, el ejemplo de la honestidad y la fraternidad dentro del grupo de Pilares, la persona más amable, carismática y cariñosa que hubiera conocido después de sus bellísimas esposas, ¿Tan tímido en el amor que no podría siquiera pensar en dejarse amar?, Kyojuro Rengoku, enamorado de alguien como él, alguien como Tengen, quien no veía nada sino la belleza y la extravagancia en cada cosa, quien constantemente le recordaba el aprecio que le tenía, el cariño que sentía por él... Pero, siendo así entonces, ¿Por qué aislarlo de su vida de esa manera? ¿Por qué alejarse sin mirar atrás ni una sola vez?, ¿Era acaso tan doloroso amar a alguien como Uzui para Kyojuro?
“—Kanroji, tú... ¿Crees que haya podido lastimarlo?” La sola idea le hacía añicos la esperanza que aún quedaba latiendo en su corazón. Aunque ya no estuviera a la vista, podía escucharlo, a Kyojuro, su calmo latido escondido entre los murmullos ajenos, y se aferró a ese sonido como si su propia vida dependiera de ello; como si soltarlo significara soltar a Kyojuro para jamás volver a verlo. Por algún motivo, aquello lo hirió más que la extensa ausencia de su mejor amigo en su vida. Nuevamente, las palabras de la joven Mitsuri serían las que lo sacaran de su pensamiento, y le dieran una segunda clave, una perspectiva un poco más esperanzadora, sino algo peligrosa.
“— No, Señor Uzui... Yo creo que lo que lo detiene es el temor... si usted logra acabar con ese miedo, como el día que se conocieron, quizás aún halle algo de nuestro Rengoku que pueda recuperar. Aunque su corazón es un libro abierto, está guardado con recelo. Y no hay peor obstáculo para su propia felicidad que el miedo.” Mitsuri se dio una pequeña pausa para tomar la mano de Obanai en su deducción, sintiendo en carne propia el miedo del que hablaba, al pensar que pudiera haber perdido la oportunidad de volver a conocer a su amado por estar esperando señales divinas en vez de sincerarse y confesar. La mirada en los ojos miel y cian de Obanai hablaban de un sentimiento correspondido en silencio; sólo colocarse en los zapatos de su compañero y su Maestro hacían a su corazón llorar por ellos. Con la determinación y las palabras justas en la punta de la lengua, la joven Pilar del Amor dictó su sentencia en una especie de adivinanza, hecha para incentivar la acción en su camarada, con la esperanza de encender la llama en su corazón. “— Es curioso, ¿No cree?, como aun siendo que el amor desciende de las llamas, éstas se niegan a dejar que las consuma...”
Ambos se despidieron de Tengen en silencio cuando este se dio la vuelta en dirección a su hogar. Sus manos entrelazaron los dedos, y ambos rogaron en la intimidad de sus pensamientos; uno, por la claridad de razonamiento de Uzui, para que no cometiera el error de creer que sería rechazado, posponiendo su propia felicidad en favor de algo incierto. La otra, por el ardiente corazón de su Maestro, para que su necedad no lograra interponerse en su camino a la felicidad, y su complejo de héroe cediera el paso a sus necesidades. Ninguno de ellos sabía que habían logrado mover las piezas del destino a favor de sus amigos y compañeros, como sucedió con ellos tiempo antes. Ese mismo destino estaba en camino hacia su culminación.
Los meses siguientes, para Kyojuro, serían una tortura. Era como si algo dentro de Tengen hubiera despertado de repente y se hubiera puesto como único objetivo pinchar a su pobre corazón, haciéndole arder las mejillas de vergüenza y humillación a cada ocasión en que se encontraran. Ya no le servían las excusas, los pretextos sólo encontraban la impenetrable determinación de Uzui por acercarse, y aquello sólo lograba alarmarlo más. En su repentino pánico, intentó lo posible por evadirlo, dentro y fuera de la mansión del Maestro Ubuyashiki, durante sus misiones cada vez más extensas a propósito, incluso en sus patrullas y recesos, sin mantenerlo a raya ni por un instante. Por mucho que su voluntad hubiera sido de fierro hasta ese momento, sentía que se le estaban acabando las ideas, y sabía, dentro suyo, que su determinación por mantener el secreto y alejarse comenzaba a flaquear. Debía hacer algo drástico y pronto, porque su corazón no soportaría el inminente rechazo, y porque aquel amor que sentía estaba creciendo a pasos agigantados con cada día que Uzui derribaba otra barrera, amenazando con hacer estallar su pecho para escapar y acabar con su larga amistad.
Inconscientemente, mientras se hallaba en otra misión en la cual Uzui había logrado escabullirse, llevó una mano donde su desbocado corazón. Nuevamente, el calor característico del bochorno le abrasaba las mejillas, puesto que Uzui no se limitó a encontrarlo y seguirlo, sino a fingir que Kyojuro no estaba evitándolo y, por lo tanto, que nada extraño sucedía para que fuera así. Aquello, a su vez, implicaba que no pareciera sentir culpa de echar sus brazos (Sus fuertes, pesados, inmensos brazos) sobre sus hombros o, en este caso, alrededor de su cintura, acabando con la poca ilusión de distancia que Kyojuro había podido convencerse de que necesitaba.
Carraspeando un poco, intentó alejarse de manera disimulada, y aunque otras veces el truco le hubiera funcionado, pudo sentir antes de que cualquier cosa sucediera que al menos esta vez, esa reacción que él acostumbraba sería muy diferente. En un segundo, sus pies se habían desprendido del suelo y ni aún la repentina ansiedad de hallarse acogido entre los brazos con los que fantaseaba regularmente, logró sacarlo de su estupor lo suficiente como para preguntar qué sucedía. No hizo falta, de todos modos, puesto que Uzui se dispuso a responder sin que hubiera pregunta.
“— Tú y yo debemos hablar. No podremos llegar a eso si no te obligo a quedarte quieto, porque, aunque suene extraño viniendo de ti, y en especial de TI, huirías si te doy la oportunidad.”
“— Uzui- Pero ¿De qué hablas?” Ante la no muy disimulada insinuación de Tengen tratándolo como un cobarde, Kyojuro sintió encender su interior, indignado y ofuscado. Nadie, por aprecio que le tuviera, sería excusado por tratarlo como a un niño, ni siquiera Tengen. Con una mano aferrándose en busca de equilibrio sobre los hombros del mayor y la otra empujando sobre su pecho, comenzó a forcejear intentando bajarse. “— ¡Bájame, estamos-!”
“— En una misión falsa. No, Kyojuro, no nos enviaron en una misión de reconocimiento. Como sabes, el cuerpo de cazadores de demonios nos necesita en nuestro máximo potencial, y aunque tú creas que no nos afecta, el hecho de que hayas intentado evitarme te distrajo y afectó tu rendimiento, y mi maldita determinación por seguirte el rastro también acabó por afectarme a mí... Kyojuro...” Con un largo suspiro que descolocó por completo la determinación de Kyojuro por bajar, Tengen se detuvo en su lugar, aun con el menor en sus brazos. Kyojuro pudo sentir en su propia piel el cambio en el aire alrededor de ambos, como repentinamente el silencio se había tornado demasiado pesado, como comenzaba a sofocarlo la necesidad de hablar, de calmar el aparente dolor que sentía el Pilar del Sonido. Cuando sintió el impulso de preguntar nuevamente lo que sucedía, Tengen lo sorprendió al adelantarse a ello, atacando la interrogante como a su peor enemigo con una precisión que atravesó el aire y sus pensamientos, helada como el acero de sus espadas. “— ¿Por qué te alejas? ¿Acaso te hice daño? ¿Qué fue lo que hice, tan terrible como para que ya ni siquiera me dirijas la palabra?”
“— N-No... No, Tengen, lo siento-” Las palabras se agolparon en su garganta. La duda fue tajante y voraz, había cortado a través de sus muros como lo haría con el agua en cuestión de apenas un segundo. Súbitamente, el temor, la ansiedad, la frustración que había acumulado durante dos años en su interior por cariño y respeto, formaron la tormenta perfecta dentro suyo; ya no existían motivos para intentar negarlo, Tengen había descubierto su único plan para huir de la realidad y estaba exigiendo, con justa razón, una respuesta. Aun estando aterrado, y temblando en brazos de su compañero como un niño pequeño, decidió que ya no valdría la pena seguir ocultando la verdad... era momento de despedirse de la amistad más duradera y bella que hubiera tenido en su vida. “— Jamás he querido lastimarte... lo lamento, no podía acercarme más... No hiciste nada para herirme, lo juro, nada de lo que he hecho es por tu culpa. Soy un tonto, un cobarde, tienes razón, ¿Podrás perdonarme?”
“— ¿Perdonarte por algo de lo que no estoy enterado? Kyojuro, con un demonio, sé honesto conmigo. Somos amigos, hemos sido amigos durante años; me gustaría creer que si tienes algo que decirme lo harás sin muchos rodeos y sin embargo aquí estamos. Mira dónde tuve que traerte para que te sintieras lo suficientemente atrapado como para considerar decirme qué diablos está pasando. ¿No crees que es injusto? ¿No te parece que merezco una mejor respuesta?” El fucsia en los ojos de Tengen había obscurecido con cada palabra, tornándose un magenta eléctrico y peligroso. Transmitía sin notarlo todo el dolor que habría preferido no tener que atravesar solo, contagiando a Kyojuro, quien sintió cada una de sus palabras. En carne propia, la traición de la que hablaban los ojos de su mejor amigo se sentía como una quemadura viva y sangrante y, sin embargo, no podía lograr deshacerse del temor. Aun con todo sobre la mesa y su propia determinación, no podía derrotar la ansiedad, que le impedía confesar a su amigo lo que realmente le sucedía. Pasó saliva, su garganta demasiado seca, el pánico que empezaba a hacerle presa de sus garras. Mientras los segundos pasaban con una pesadez que sólo lo aterraba, en lugar de su confesión, dijo:
“— Tengen, lo siento, no puedo decírtelo, no puedo arriesgarme-”
“— ¿Arriesgarte a qué, Kyojuro?” Otra vez, filosa e impredecible, Tengen colocó una interrogante frente a sus excusas, notoriamente cansado de fingir que podía esperar un poco más. “— Sigues hablando como si tuviera alguna idea de lo que te pasa, ¿Es que no te das cuenta de que no lo sé? ¿No ves que quiero ayudarte, recuperarte?” Con cada nueva palabra al hilo, Kyojuro sentía más y más la necesidad no sólo de calmarlo, sino de acabar con todo, de liberarlos a ambos. La situación comenzaba a escaparse de sus manos, la frustración se escabullía de su control ante cada nuevo golpe a su orgullo. “— Si no quieres tener nada más que ver conmigo, dímelo ahora mismo, y me iré sin decir una sola palabra y ya jamás tendrás que preocuparte. Anda. Dímelo, Kyojuro.”
Aquello finalmente puso un golpe determinante a sus temores, transformando la vergüenza en una ira contenida. La presión y la angustia reprimida durante años se desataron en un instante de revelación que no había sentido una sola vez en su vida. Tengen parecía sentirlo también, pero no sería el mismo si no colocaba frente a él un desafío igual; donde el Pilar de las Llamas alzaba una muralla, el Pilar del Sonido provocaba una explosión en arrogante rebeldía. Kyojuro no le permitiría continuar en su intento de acorralarlo y acusarlo. Él también estaba cansado y herido, harto de sus propias emociones interponiéndose en su vida.
“— ¿Podrías al menos bajarme? Me estás poniendo más nervioso de lo necesario y detesto tener que enfadarme contigo.” La necedad de Tengen en bajarlo se unieron a su debilidad para con él, aplacando ligeramente y durante un instante su ira. El Pilar del Sonido debió haber intentado comprender su insistencia, mas no supo sino atinar a hacer lo que hacía mejor, burlar cuán obviamente estaba irritando a Kyojuro. En lugar de la esperada resolución, solo recibió la descarga de una furia inédita en su mejor amigo, una de la cual vio apariciones fugaces, una de la cual jamás había sido el objetivo. Hasta ahora. “— ¡Bájame!, ¡No soy un niño!, ¡Y tranquilízate de una vez! Mi padre será un borracho empedernido y amargado, pero ni aun él se atrevió jamás a hablarme así. Bájame, Tengen. ¡Ahora!”
“— Bien.” Aun estando comprensiblemente enfadado, Tengen lo dejó bajar con una delicadeza que hablaba por sí misma. Sus manos tardaron en desprenderse de él al colocarlo en el suelo, y en medio de la niebla provocada por la ira en sus sentimientos, Kyojuro aún pudo sentir una chispa de placer inocente al ser tratado con cariño en plena discusión. En realidad, el Pilar de las Llamas era más respetado de lo que creía, y aquello sólo lo enfurecía más. Con los brazos cruzados en un claro gesto de irritación, Tengen dio su ultimátum. “— Ahora habla. Sin rodeos, Kyojuro, no quiero excusas. Lo que sea que tengas que decirme tiene que salir de ti sin filtro y sin mentiras. Estoy cansado de esto, e imagino que tú también... por favor, si aún te interesa lo que queda de nuestra amistad, solo dilo...”
“— Si quieres la verdad, aquí la tienes: Te amo. Te amo como jamás he amado a nadie más y no sé cómo lidiar con esto.” Kyojuro se detuvo, sosteniendo la respiración luego de haber dejado caer la última de las murallas. Sus manos temblaban, sus labios se habían quedado paralizados y un peso enorme, que no creyó podía haber estado cargando consigo todo ese tiempo, se desprendió de él. Sorprendido de la libertad que sentía ahora, tras haber confesado, no creía estar en el mismo cuerpo; la sensación era increíble. Frente a él, la imagen de su compañero con los ojos abiertos, los labios entrecerrados, y aparentemente sin palabras, estaba haciéndole dudar si debía seguir; sin embargo, era tanta la satisfacción de ser finalmente libre, que aún si pudiera luchar contra esos sentimientos, ya no quería hacerlo, era demasiado tarde para detenerlo. Su interior se regocijó y, en un respiro de distracción, todas sus frustraciones se agolparon en la punta de su lengua, escapando de él como animales en estampida, aplastando todo su temor, toda su vergüenza a su paso.
“— Eres un grandísimo idiota, el más insoportable fanfarrón que haya conocido. No sabes lo que significa el espacio personal. No te interesa participar de la decencia pública y te burlas de la gente que cree que eso te molesta. Eres arrogante, y necio, y orgulloso, y no sé por qué diablos me gustas lo suficiente como para no poder sacarte de mi cabeza siquiera por un instante. Y sin embargo no puedo evitarlo.” Cada palabra hacía brotar en su interior una euforia sin precedentes en su interior, Kyojuro podía sentirla haciendo estragos, como un tren de carga arrasando sobre las vías, su corazón galopaba en adrenalina, a tal grado que sonreía como un loco, su voz alzándose para silenciar el golpeteo intenso de su corazón.
“— ¡Conseguiste volverme loco, en ambos sentidos!; ¡No puedo creer que de alguna manera y con todo en contra, hayas logrado mover el suelo bajo mis pies tanto como para hacerme caer en tus brazos!, ¡¿Estás feliz ahora, Tengen?!, ¡¿Quieres oírlo mejor?!, ¡Sí, estoy terrible, estúpida y locamente enamorado de ti! ¡Gracias! por hacer que incluso eso se vea como lo peor que pudo sucederme haciéndome decirlo así. ¿Por qué tenías que hacerme enojar? ¿Por qué necesitabas hacerme confesar cuando sólo vas a irte ahora? ¿Es tan divertido para ti romperme el corazón?”
Todo se detuvo un momento, preciosos segundos se sucedían en silencio, el sonido de sus respiraciones casi hacía eco en el silencio del bosque donde se hallaban. Agitado, libre, y enloquecido, Kyojuro finalmente sucumbió a las lágrimas. Contrario a lo que creía, más que tristeza, sentía un vacío tan grande que su mueca estaba atorada entre el dolor y la rabia. Se retiró al silencio durante tanto tiempo que su cuerpo entero se sentía ligero, comparado con el dolor que debía contener por respeto hacia su amigo, a quien ahora y tras semejante hilo de verdades reprimidas, sentía que acababa de perder. Lágrimas eran lo único que le quedaba, y se escapaban de él sin reparo, aunque su expresión fuera la de una ira despiadada. No podía soportarlo, ni el silencio ni la vergüenza que sentía ahora traerían esas palabras nuevamente dentro suyo. Tengen ya lo había oído y en cualquier momento haría su marcha de retirada definitiva, alejándose para siempre de él. ¿Por qué esperar?, ¿Por qué perpetuar su vergüenza y su sufrimiento cuando ya todo estaba hecho?, Con una mano sobre su corazón y la otra extendida frente a él, se dispuso a acabar con todo de una vez, dar el golpe final a su orgullo y enterrarlo allí mismo, donde nadie jamás se enteraría de lo sucedido entre ambos.
“— Adelante, vete. No tienes que decirme nada, no tienes que hacerme sentir mejor. Sólo vete, ya lo tienes...mi corazón es tuyo, sólo déjame lamentar que se haya aferrado a ti por un momento y luego sólo... déjame, ¿Está bien?” Dispuesto a irse de allí perdiendo a su amigo y al amor que apenas acababa de conocer un mismo día, el Pilar de las Llamas volteó al bosque y comenzó a caminar, en silencio y sin lágrimas para dar. Sólo había dado unos cuantos pasos en lo que creía era la dirección a su hogar, y aun así, sentía como si hubiera dejado al Pilar del Sonido kilómetros detrás de él. Estaba perdido en sus pensamientos, zumbando de rabia y humillación; tanto, de hecho, que no pudo oír los pasos detrás de él. Apretaba los puños bajo la sombra protectora de su haori, queriendo que sus sentimientos se ahogaran ahora que en lugar de un secreto ya no había nada. Tan ensimismado, tan frustrado y cansado se encontraba, que no notó la figura de Tengen frente a él sino hasta que dio de lleno con ella. Sin fuerzas para pelear con él, Kyojuro intentó rodearlo, sin éxito. Su extenso suspiro tuvo como objetivo lograr que la necedad de Tengen cediera y este se apartara de su camino; sin embargo, éste aún se mantenía firme en su lugar. Kyojuro frunció el ceño y se cruzó de brazos, mirándolo a los ojos sin temor alguno que pudiera detenerlo.
“— ¿Qué más quieres de mí, Tengen?, ¿También quieres que me arrodille y te ruegue que no te vayas? ¿Es eso? Porque de ser así, creo que ya dejé mi orgullo y decencia allá atrás, quizás debiste pisarlas en el camino sin darte cuenta. Déjame ir.”
“— No, yo no lo creo.” Kyojuro, en todos los años que había compartido con el Pilar del Sonido, se había acostumbrado a sus juegos infantiles, y a su manera desafiante de ser. Su naturaleza juguetona había sido uno nada más, en la larga lista de sus motivos para quererlo tanto. Sería un tonto, uno muy molesto y algo más que arrogante, pero era también un tonto demasiado adorable... y Kyojuro estaba un tanto vulnerable como para callar ese comentario en sus pensamientos. ¿Qué sentido tendría negarlo ahora? Debería acostumbrarse a ese nuevo ritmo, ese orden extraño en el que se hallaban sus sentimientos, ahora que se hallaban libres de cadenas. Antes de asumir que Tengen sólo quería verlo llorar un poco más, por cruel que pudiera parecerle, decidió que le daría otro intento, tanteando sus verdaderas intenciones al tratar de pasar rodeándolo nuevamente. Una vez más, Tengen interpuso su inmensa figura en su camino. Este podría ser un muro difícil de derribar, y Rengoku estaba cansado de ello.
“— Que me dejes ir, Tengen; por favor, déjame pasar.” Esperando que la pena llegara a atravesar el cráneo de su querido —perdido— amigo, usó un tono diferente, una súplica por piedad disfrazada de petición y nada más. De nada le sirvió. Tengen se había dispuesto a adoptar el papel de objeto inamovible, aparentemente, y Kyojuro estaba comenzando a perder la paciencia. Nada parecía hacerle recapacitar, ni siquiera la empatía más básica, la necesaria para dejarlo ir.
“— No. Si yo digo que no te vas, es porque puedes seguir caminando hasta el hartazgo y no vas a perderme. Estaré justo allí cuando te canses de fingir que no quieres que me quede.”
“— ¿En serio crees que voy a detenerte? Puedes seguirme todo el camino si se te antoja, Tengen, con un-” Se detuvo, sólo porque prefería no insultar al aire y porque sintió su cuerpo y su voluntad ceder nuevamente. Estaba cansado, y sin ánimos para lidiar con el aburrimiento del mayor. Por poco que fuera lo que aún sobraba de amor propio en su interior, quería conservarlo. Ya le había entregado su corazón al Pilar del Sonido, podría entretenerlo otro día... hoy, simplemente, no le quedaban energías. “ — ¿Sabes qué? ¡Puedes quedarte en mi casa! Es más, si quieres puedes vivir allí a partir de hoy, ya que no parece que entiendas lo que significa la dignidad para mí. No me molestará y a mi padre le agradas, creo, si es que aún te recuerda... Como sea, no lograrás quitarme lo poco que me queda de respeto por mí mismo haciendo que te ruegue. Puedes quedarte aquí o seguirme, no me interesa.”
Esto, aparentemente, había sido un golpe bajo. El aire alrededor de ambos se tornó algo más ligero, a pesar del claro desacuerdo; esto era territorio familiar para ambos, estas pequeñas discrepancias y desacuerdos eran la base de su duradera amistad, Tengen estaba acostumbrado a este lado más vulnerable de su compañero, y sabía que el cansancio hablaba por él en más de una ocasión.
El Pilar de las Llamas comenzó a caminar nuevamente, complacido de notar que esta vez su... antiguo amigo... había decidido seguirle el paso en lugar de detenerlo. El mensaje había sido claro, entonces. A pesar del enredo en el que creía estarse metiendo, estaba agradecido de saber que ahora, finalmente estaba de camino a casa y no a una misión falsa. Debería hablarle al Maestro de esto, cuando llegaran; informarle que su “misión” había sido exitosa, y se tomaría algunos días para descansar; supo que sería la mejor opción cuando por una vez no se oyó a su mismo reclamar en su mente, exigiéndose el trabajo antes que su propia vida. Si el objetivo del Maestro Ubuyashiki era deshacerse de las distracciones que afectaban el mejor rendimiento de sus Pilares, había logrado su cometido... para Kyojuro, sólo restaba descansar.
Eso, claro, sólo si Tengen, quien se hallaba caminando a su lado como si nada hubiera sucedido, le permitía llegar a su casa sin más preámbulos. Había estado en perfecto silencio desde que recomenzaron el camino y, a juzgar por el aspecto de tristeza en su apuesto rostro, Kyojuro podría jurar que aún quedaba mucho que quería decir, demasiadas cosas de las cuales hablar.
“— ¿Es eso lo que quieres creer?” El rubio estuvo a punto de preguntar a qué se refería; si a su insistencia en que su padre lo recibiría sin dudas ni problemas, o al hecho de que su rechazo era definitivo e irresoluble. Sin pensarlo demasiado, el joven Pilar de las Llamas optó por su primera opción, queriendo ahorrarse el dolor que aun sentía clavado en su pecho para cuando llegara a su hogar y pudiera llorar cuan amargamente se le antojara. Cómo deseaba descansar...
“— Haz lo que quieras, Tengen.” A su propio oído, se notaba cansado... irritado... incluso melancólico. Por un instante, se preguntó si Tengen notaba esos ligeros, aunque presentes, cambios en su voz. Se permitió fantasear con que a su antiguo amigo le importaba lo suficiente no herirlo como para ser más sutil con sus palabras al notarlo. La sola pequeña idea de que quizás era querido, así fuera en menor manera, por la persona a quien más anhelaba en este mundo, le estrujó el corazón. Nuevas lágrimas se formaron bajo sus pestañas, pero no les permitiría caer. Hizo la mirada a cualquier lugar menos hacia el Pilar del Sonido, antes de continuar, maldiciendo internamente el temblor en su voz. “— No es que no me importe... es que estoy cansado, Tengen... Y no tengo fuerzas, ni ánimos de hablar de esto contigo ahora. Si quieres burlarte de mí, adelante, pero hazlo cuando llegue a mi casa y tenga alguna manera de ignorarte; mi padre estará feliz de hacerte compañía con eso... Este ha sido un día muy largo...”
“— Entonces, por favor, permíteme ayudarte.” Rengoku, en realidad, jamás sabría por qué no esperó algo parecido a ser tomado en brazos cuando recibió aquella respuesta, a sabiendas de lo dependiente de contacto físico que su compañero podía ser. Dos años habían claramente sido demasiado, en realidad demasiado tiempo sin contacto entre ambos... y quizás, sólo un poco, esta vez el rubio estaba de acuerdo. Cuando por segunda vez sintió su peso redistribuirse, intentó protestar en silencio, negándose a ser carga fácil. Pero no contaba con la realidad que ignoraba, y es que Tengen había estado atento a cada cambio, a cada latido desordenado de su corazón desde que dejó caer esa bomba entre ambos. Kyojuro estaba... ligeramente consciente, de que Tengen estaba siendo considerado con él, a pesar de lo sucedido en estos años y más recientemente, hace apenas algunos minutos. El albino sabía que su compañero, su más querido amigo, estaba dejando de luchar poco a poco y, aunque le resultara triste verlo herido y desamparado –y todavía más sabiendo que era su culpa-, sabía muy bien que era su momento ideal para actuar. Kyojuro no lo sabía, pero Tengen estaba más que dispuesto a hacerlo cambiar de opinión sobre sí mismo y sus sentimientos; más que feliz de hacerle ver que había mucho más que sólo esperanza como prospecto.
“— Creí que había sido claro cuando dije que quería caminar, Tengen... ¿Cuál es tu obsesión con cargar a tus compañeros? ¿Es alguna especie de compensación por algo?” Kyojuro estaba demasiado cansado como para filtrar sus palabras, y estaba muy consciente de que lo dicho había dado en un punto débil. Algo de lo cual Tengen siempre se reía... salvo que, en esas ocasiones, él jamás había sido víctima. Lamentablemente, ahora no había nadie que pudiera detener el ataque del arsenal secreto de Kyojuro, quien era la persona más dulce, amable, gentil y amigable que pudiera conocer... hasta que se hallaba demasiado agotado para funcionar. En cierta forma, al Pilar del Sonido le causaba ternura encontrarlo tan gruñón entre sus brazos, refunfuñando, aunque estaban haciendo camino hacia su casa con mayor rapidez ahora que era él quien llevaba el paso. Esto lo distrajo, pero no lo suficiente para ignorar la clara indirecta lanzada contra su hombría.
“— Oye, vigila tu tono . Una palabra más y serás un saco de patatas.”
“— Estás alucinando si crees que te tengo miedo. Deja de hablar; quiero ver que lo intentes , ¿O acaso eres tú quien tiene miedo, Tengen?.” Tengen creyó que quizás el rubio tenía razón, y estaba alucinando de alguna manera extraña, porque lo que oyó se parecía demasiado a una burla... una muy coqueta , ¿Acaso le fallaba su talentoso oído?, o peor aún, ¿Sería que tanta distancia le había nublado la razón? Eso que veía curvando los labios de Kyojuro en una tentadora sonrisa, después de tanto tiempo privado de verla, se parecía muchísimo a la sorna jocosa con la que habitualmente lo atacaba. Tengen podía sentirlo, el cambio, la facilidad con la que sus antiguas costumbres regresaban; esa afinidad característica que adoraba con su vida seguía presente a pesar de que habían pasado dos años hasta volver a experimentarla. Cada vez más eufórico, feliz de estar nuevamente en territorio conocido entre ambos, el mayor decidió seguirle el juego. "— Hmm, interesante. No suponía que con tantas bellas esposas te acobardarías por algo así." Su rubio compañero claramente se hallaba en otro plano, demasiado cansado, y aún más que físicamente exhausto como para darse alguna idea de lo que decía. Sus barreras caían una por una, dejando una pequeña rendija para que Tengen fuera deshaciendo esa vergüenza que el menor parecía sentir a su alrededor. Quizás no le tomaría tanto tiempo lograr que comprendiera cuánto, realmente, Tengen correspondía sus sentimientos. Juguetón como se sentía, el Pilar del Sonido hizo buen uso de su palabra y dio su golpe de gracia, sacando a Kyojuro de su estupor por un momento.
“— Date por advertido, Kyojuro. Te lo dije.” Sin siquiera dejarlo parpadear, el mayor lo había echado sobre su hombro izquierdo tal como había prometido, dándole además una prometedora palmada a su retaguardia sin aviso y con mucho gusto. Esto último era sólo su costumbre, pero Kyojuro no lo sabía, y vaya si no le divertía que así fuera. El pequeño grito de indignación que escapó de su compañero era más que recompensa suficiente por sus amables servicios.
“ — ¡H-Hey! ¡No hablaba en serio, ya bájame!” Aunque intentara patalear y arremeter contra él, Uzui sabía que el Pilar de las Llamas estaba dando lo último de sus fuerzas y, tal como presentía, pronto acabaron los pequeños berrinches y se acabaron los golpes en su espalda. Sólo entonces lo tomó nuevamente entre sus brazos, posicionando a Kyojuro de modo que pudiera sostenerse de sus hombros cómodamente.
No duraría mucho más despierto, sin embargo, cualquier ilusión de control que Uzui pudiera ofrecerle en esos momentos era bienvenida; lo necesitaba tan tranquilo como le fuera posible que estuviera, y si para eso debía llevarlo dormido, entonces haría todo cuanto pudiera para mantenerlo así.
Más pronto de lo que esperaba, el rubio se había dejado vencer por el sueño, su rostro en paz como el Pilar del Sonido no lo veía desde hace años; Tengen grabó ese rostro en su memoria, comprometido a no olvidarlo en caso de que su amigo decidiera cerrar definitivamente con su vínculo. Sabía que esa era una posibilidad, Kyojuro podía ser muchas cosas, pero jamás traicionaría sus principios... y Tengen estaba aterrado de pensar en invertir sus papeles, y ser él quien fuera rechazado; aunque siendo honesto, también estaba al tanto de una realidad irrefutable: Rengoku había asumido, erróneamente, que no era correspondido y, por lo tanto, ignoraba que el caso era el contrario. Habría tiempo para eso, se aseguraría de que así fuera, sin embargo... por el momento dedicaría sus oídos a perseguir el ritmo del latido tranquilo del corazón que le habían ofrecido hacía apenas algunas horas, el que pertenecía a su amigo... a su amado... y vaya, si aquello no sonaba perfectamente.
Al cabo de algunas horas más, rozando el amanecer, finalmente había puesto el primer paso sobre territorio de la familia Rengoku. Estaba agotado, sus brazos pedían a gritos un descanso adecuado tras haber cargado a su amado en ellos todo el viaje. Dio una larga mirada al rostro durmiente del menor, observando cómo su pecho subía y bajaba rítmicamente con su respiración, y optó por no despertarlo; preferiría que descansara en su cama sin interrupciones por ahora. Estaba, además, muy agradecido con cualquier deidad que los hubiera cuidado durante el viaje; no había tenido una caminata tan tranquila en todo su tiempo como cazador, aunque asumió que quizás se debía a la cercanía de su camino con el hogar de un expilar del Cuerpo de Cazadores de demonios. Fuera como fuese, haber llegado a salvo ameritaba como mínimo una ofrenda en el santuario del hogar de los Rengoku, y se pondría manos a la obra tan pronto como pudiera descansar algunas horas.
Ante él, el engawa de la mansión se extendía por casi toda la superficie de la cuadra, ocupando la vista en un magnífico despliegue de árboles y jardines que quizás habían visto mejores días. Kyojuro había mencionado en anteriores ocasiones como eran su hermano, y una mujer algo anciana que servía a su familia desde antes que cualquiera de ellos naciera, los únicos que se ocupaban de mantener los jardines y realizar los quehaceres; su padre generalmente estaba demasiado ebrio para funcionar correctamente, y él era quien debía trabajar para proveer sobre el sueldo que aún se pagaba al cabeza de la familia. Tengen no podía evitar sentir, además de un profundo y confundido respeto, el destello del desprecio en su corazón al pensar en cuánto debían haber sufrido Kyojuro y su hermano a manos de su padre, tras la muerte de su madre. Alzó la vista sobre el tejado del hogar Rengoku, agradeciendo en silencio a la mujer que en su memoria era sólo un nombre sin rostro, pero para su amado había sido la más grande influencia positiva en su vida.
Al acercarse un poco más, la figura que había visto barriendo los pétalos del suelo ya impecable se hizo mucho más clara; una melena dorada con puntas carmesí idéntica a la de Kyojuro se mecía a merced de la brisa, sostenida en una coleta alta que fácilmente pudo haber confundido con una llamarada. El albino podía jurar que de no ser porque había aspectos distintos que apenas se notaban entre ambos, y su diferencia de edad era demasiado alta, Kyojuro y su hermano menor habrían podido parecer gemelos para el resto del mundo.
El silencio que se sentía en aquella mansión era tan poco característico de su amado, que simplemente no lograba comprender por qué Kyojuro era como se mostraba ante el mundo viniendo de un lugar como este. El adolescente frente a él, que aún no había notado su presencia, parecía que iba a desmayarse si tan sólo el viento lo soplara desprevenido; nada tenía que ver con el físico, sino con la actitud del muchacho, empequeñecido de temor en un intento de pasar desapercibido. El Pilar del Sonido tuvo el tacto suficiente de carraspear en lugar de simplemente acercarse, pudiendo oír el ritmo perdido en los latidos del muchacho y confirmando que, de haberse acercado, pudo haberlo matado de un infarto. Tengen sintió un pinchazo de pena por él.
“— Buenos días, lamento haberte asustado; soy-” A Tengen apenas le dio tiempo para hablar antes de tener al muchacho lanzándose en carrera hacia él, dejando atrás la escoba y con la más desgarradora expresión de temor en su rostro. Él pudo no haber sentido igual respecto de su propio hermano –el último después de sí mismo-, pero debía reconocer que, si alguien entrase a su casa con alguna de sus esposas en el mismo estado, habría reaccionado parecido.
“— S-Sé quién es usted, Señor Uzui, es un gusto conocerlo en persona, pero, ¿Mi hermano se encuentra bien? Por favor, dígame que se encuentra bien-” La desesperación del muchacho era contagiosa y podía sentirla en la vibración entrecortada de sus palabras, llegando a sus oídos como súplicas y haciéndole sentir ese temor en cada parte que sentía el calor de Kyojuro sobre su piel. El albino en verdad no quería asustar al miembro menor de la familia Rengoku, pero tampoco quería extender esto más de lo necesario y ambos, tanto él mismo como Kyojuro, necesitaban descansar apropiadamente cuanto antes.
“— Él está bien- Kyojuro está bien, sólo... ha tenido un día muy largo y yo también. No está herido, si eso es lo que te preocupa, pero expresó querer venir directamente a su casa en lugar de regresar a la cede... Espero no sea molestia.” Habría podido jurar que el suspiro que oyó de parte del hermano menor le había quitado algunos kilos de sobre los pequeños hombros. Tembló visiblemente durante unos segundos antes de negar con la cabeza, intentando sonreír amablemente, a pesar de que ver a su hermano siendo cargado hasta su casa le había dejado pálido del pánico. Si Tengen había sentido algo de admiración, jamás lo diría.
“— Para nada... por favor, adelante, mi padre está durmiendo del otro lado del terreno, así que no debe preocuparse por él. ¿Se encuentra usted herido? ¿Precisa que le ayude?”
“— Eres muy amable, pero no, me encuentro perfectamente. Sólo guíame por favor, donde pueda dejar a Kyojuro descansar... y, claro, si no es molestia, donde yo también pueda descansar. He estado caminando con él en brazos toda la noche.”
El menor se colocó nuevamente frente a él para indicar el camino, caminando en silencio a través de la mansión mientras jugaba con sus dedos en un gesto adorable, aunque claramente fuera fruto de sus nervios. Uzui comenzaba a ceder al sueño, se había percatado de que en realidad le estaba costando distinguir si lo que oía era parte de un sueño o estaba ocurriendo en verdad, su cuerpo paseaba en automático detrás del hijo menor de la familia Rengoku, y apenas se había percatado de que ya no oía sus pasos cuando se detuvo a escasos centímetros de él. Fue un milagro que no tropezara ni chocara con- ¿Senjuro, era? - al acercarse a la puerta detrás de la cual se hallaba la habitación de Kyojuro. Mientras el menor deslizaba el shoji para permitirles pasar, el Pilar del Sonido intentaba sostener a Kyojuro por un momento más, esperando que no le tomara mucho tiempo armar un futón cómodo donde descansar.
“— Señor Uzui, disculpe mi atrevimiento... pero, si mi hermano no está herido, ¿Por qué decidió cargarlo en sus brazos todo el camino?” Dijo Senjuro, tomando por sorpresa al albino en su pregunta inocente. Supuso que no le correspondía tratar de darle explicaciones, puesto que no eran familiares... ¿Aún? ¿Quizás? Pero por ahora supuso que su interrogante podría ser a raíz de una curiosidad en un ámbito que estaba por muy poco comenzando a comprender. Se imaginó por un instante ocupando el rol de Kyojuro como hermano mayor, explicándole cómo el amor lograba que uno hiciera cantidad de cosas, siquiera por una mirada de parte de quien se ama. La imagen fue por partes iguales adorable y vergonzosa, por lo cual, optó por lo más rápido y sencillo que se le pudo haber ocurrido, intentando ocultar el rubor sobre sus pálidas mejillas en el cabello de Kyojuro, quien le abrazaba dormido y le dificultaba aún más mantenerse tranquilo.
“— Es... complicado de explicar, pequeño. Dejémoslo en que Kyojuro estaba demasiado cansado y acabó por quedarse dormido, dejaré que él te explique todo cuando despierte.”
Sin decir nada más, Senjuro se ocupó de preparar ambos futones, satisfecho con la respuesta y habiendo descifrado sin problemas la obvia intención de esquivar el tema por parte del compañero de su hermano. Sin pensar en nada salvo la mutua compañía que sabía les haría falta a los cazadores una vez hubieran descansado algunas horas, terminó con su labor en silencio. Por su parte, el Pilar del sonido, aun siendo de naturaleza coqueta y seductora, el prospecto de dormir, así fuera apenas separados, junto a su amado, le había erizado la piel de tal manera que estaba deseando que el pequeño no lo notara; había esquivado con bastante gracia las explicaciones... innecesarias... hasta ahora, y estaba muy feliz de continuar sin tener que darlas.
Al retirarse Senjuro, y quedarse a solas con el Pilar de las Llamas dormido plácidamente en sus brazos, no tuvo más dudas que pudieran opacar lo que hacía algún tiempo venía presintiendo en su pecho, aquello que temía Kyojuro sin darse cuenta de que a él también le sucedía; era verdad, su corazón ya le pertenecía a mucha gente, tres esposas eran un testimonio real de que le sobraba amor para ofrecer, sólo que jamás pudo haber esperado que todo ese cariño que aún tenía para dar fuera a caer en manos de su compañero, a quien estaba dejando delicadamente sobre su cama.
El latido de Kyojuro era un arrullo constante y relajante. No se había despertado ni por un segundo mientras era arropado y acariciado en sus mejillas con cariño. El mayor se habría preocupado por aquello, de no ser porque estaba seguro de que el contrario se habría percatado y despertado en caso de hallarse en peligro. Tengen acercó su cama a la de Kyojuro, dejando sólo una rendija entre ambas, y extendió una mano hacia la figura durmiente de su amado, susurrando sinsentidos dulces y sinceros como si el Pilar de las Llamas se hallara despierto, como si sus ojos de miel y rubí estuvieran observándolo, cargados de amor ante sus palabras, y no cerrados en un profundo sueño. Cuando finalmente no pudo continuar despierto, lo último que oyó fue su propia voz susurrando el “te amo” que habría querido decirle a Kyojuro, si éste se lo hubiera permitido más temprano.
