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Little Insecurity ⌇ Spruan

Summary:

"─¿Y qué simbolizan los tulipanes rojos? ─dice levantando la flor que previamente le había sido entregada por Juan.

─Simbolizan..."

A Juan le gustan bastante las flores, y de hecho una de sus favoritas son los tulipanes. Sería un tonto si no aprovechaba la situación perfecta y su conocimiento en esta área para confesarse.

Sin embargo... ¿Qué diría Spreen? ¿Sería mutuo? ¿Lo odiaría luego de contarle su secreto?

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⚠️: One-Shot únicamente sobre los cubitos. Nada de involucrar a los streamers irl o hacerles llegar esta historia, en ese caso será eliminada.

⚠️: One-Shot principalmente soft y calmado.

⚠️: Juan es un chico pansexual trans afab. Spreen es un chico gay cis del espectro aroace.

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Inc. 26 feb, 2023.
Fin. 12 mar, 2023.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

No era un secreto el hecho de que entre Juan y Spreen había cierta clase de… "química", aún si nadie sabía muy bien el porqué.

Era un pensamiento recurrente el creer que eran una buena —aunque curiosa e inesperada— combinación, ya sea de forma romántica o amistosa.

Cuando apenas se conocieron a menudo discutían y se devolvían insultos sin mayor problema, parecían irritarse con la simple presencia del otro. Sin embargo, el ambiente entre ellos había cambiado en las últimas semanas, pasando de ser un tipo de rivalidad a una amistad amor-odio.

El tipo de amistad que cuando terminaban siendo más cursis de lo normal recurría a refugiarse en los insultos y agresividad a modo de esconder su verdadero y torpe sentir.

Mariana había hablado de eso con Carre. Sobre el cómo el aura oscura que envolvía al oso y al hechicero había evolucionado. Según él, ahora se veía "rosada", se sentía menos pesada y más cálida.

El de lentes lo explicaba comparándolo con las típicas escenas de anime en las que cuando el personaje agresivo veía a su 'ancla' el fondo se volvía rosado, con flores y brillos que traía consigo el cambio de personalidad del personaje a una más apacible.

Y es que era imposible no darse cuenta de lo mucho que había progresado y mejorado la relación entre ambos hombres.

Ahora buscaban excusas para salir juntos y solos a algún lugar. Conversaban bastante, algo extraño puesto que Spreen siempre solía escuchar, sus participaciones en las conversaciones de los demás no solían ser muy extensas, pero con Juan participaba bastante.

Eso se notaba más cuando el hechicero estaba en un grupo de amigos y el oso se abría paso entre ellos, quedándose en silencio por unos momentos para entender la conversación y una vez lo lograba buscaba participar lo más posible para que esos ojos marrones tan bonitos se posaran sobre él con frecuencia.

Claramente los insultos prevalecían, pero lejos de molestarles verdaderamente solo les causaban gracia, en su lugar buscaban constantemente insultos más ingeniosos para no repetir el repertorio. En ocasiones se felicitaban por las ocurrencias del otro y aquello los hacía sentir satisfechos.

Ellos se entendían.

 


 

Ahora mismo, se encontraban ambos chicos en una especie de cita (que nombraron como "salida de amigos") la cual había sido organizada por Juan previamente por medio de mensajes.

Quedaron en ir por ahí, recolectando materiales. No tenían un plan realmente, solo salir a caminar y hablar de cosas al azar. Juan pensó que si hablaban haciendo algo que le gustara al oso lograría tener una mejor relación con él, conseguir ese nivel de cercanía más íntimo que tanto buscaba.

Y que por cierto, estaba consiguiendo rápidamente. Pero eso no tenía porque saberlo, no de inmediato al menos ¿Verdad?

Después de todo, hace un tiempo se había dado cuenta de lo mucho que le atraía Spreen y aunque le avergonzara admitirlo, se esforzó bastante para acercarse a él. Estaba totalmente agradecido con cada casualidad que le regalaba el destino para que ambos cruzaran palabras. Sorprendiéndose gratamente al ver que el pelinegro no se oponía a aquello y, que en su lugar, ponía de su parte para tener una charla agradable, consiguiendo así ganar algo de su confianza y amistad.

Tras caminar entre la hierba alta y talando uno que otro árbol llegaron a un prado de diversas flores en el cual predominaban los tulipanes. Se veía hermoso, y más al ver como el sol lentamente se iba escondiendo tras el horizonte, comenzando a pintar el cielo de un tono anaranjado y reflejando los pocos rayos de luz en las pequeñas gotas de agua que se movían sobre las hojas del pasto.

—¿Querés descansar aquí? Llevamos una banda explorando igual… —propone el híbrido de oso, limpiando algo del sudor que se había juntado en su frente a lo largo de la jornada.

—Me parece bien. El lugar es bonito y no parece demasiado peligroso —contesta sonriente el hechicero, lanzando su mochila al suelo para acto seguido sentarse sobre el pasto, cerrando sus ojos brevemente cuando la brisa sacudió su cabello, totalmente agusto con la sensación.

Spreen lo imitó y se sentó cerca. No al lado precisamente pues se pondría nervioso, si no lo suficiente como para no tener que gritar para que se pudieran escuchar.

Una vez estuvo cómodo, cerró sus ojos, respiró profundo y reguló su respiración; Disfrutando de la paz que la tarde y el hechicero le brindaban.

«Que escena tan cliché», pensó divertido el castaño cuando se descubrió a si mismo totalmente embobado viendo al azabache frente a él. Regañándose mentalmente cuando llegó a la conclusión de que simplemente no podía dejar de mirarlo.

No podía evitar verlo con adoración cuando en su limerencia le parecía que el contrario era prácticamente la mismísima perfección hecha hombre.

No cuando observaba la idílica belleza que poseía Spreen, pues sus rasgos físicos eran sin duda atractivos y ahora resaltaban más producto de la iluminación, como si el arrebol del atardecer hubiera decidido destacar su rostro de una manera encantadora por elección propia, dándole una coloración anaranjada a su pálida piel.

Y era simplemente irrealizable no prestar atención cuando la suave brisa mecía las hebras azabache del más alto con gracia y sus orejas oseznas se movían a consecuencia, reaccionando a los estímulos y sonidos.

Era casi imposible despegar su vista de él, pero tuvo que hacerlo, no quería incomodar o verse raro, por lo que con algo de vergüenza buscó algún tema de conversación.

—Spreen —llamó en un tono tranquilo, continuando cuando escuchó un "¿Mhm?" gutural por parte de este—. ¿Tú conoces el significado de las flores? —pregunta entonces el hechicero, dejando de mirar el tulipán rosado que se encontraba más próximo a él para ahora fijarse en el híbrido de oso.

Spreen guarda silencio por un momento, pensativo. Sabía que las rosas profesaban amor, pero realmente desconocía los demás significados.

—No realmente ¿Y vos? —contesta en un tono calmado. Se sentía bien hablar con el contrario sin buscar discutir u ofender en algún momento.

—Sé unos cuantos… —divaga, arrancando un tulipán rojo y extendiéndoselo al contrario, quien lo recibe sin mayor problema, mirando la flor por unos momentos para luego observar el rostro sonriente del castaño, suavizando su expresión en respuesta.

—¿Y no me los vas a decir? —pregunta al notar que el hechicero se había distraído. Y a decir verdad, las flores no eran algo que le encantaran, pero le interesaba saber el significado, podía llegar a ser una conversación interesante.

—¿De verdad te interesa saber? —consultó con emoción el castaño y tras un asentimiento por parte del contrario su rostro se iluminó por la felicidad—. ¡Llevo mucho tiempo esperando a que alguien quiera hablar sobre eso conmigo!

—Yo no sé del tema pero te escucho, capo —el argentino le ofreció una suave sonrisa, cautivado por la felicidad ajena.

—Hm, bueno… Los girasoles significan amor, admiración y paz —dijo, apuntando hacia un grupo de girasoles que se encontraba al frente de ellos, mirando hacía el sol—. Me gustan bastante porque cuando no hay sol los girasoles se "miran" entre ellos para compartir energía.

—¿Son el sol del otro? Que lindo, boludo —comenta sonriendo levemente, apreciando como las mejillas de Juan se pintaban ligeramente de rosa ¿Quizás fue el cansancio de caminar tanto o le avergonzaba saber mucho y parecer un nerd?

—Jaja, sí… Hm, los tulipanes son de mis favoritos, tienen muchos colores y por eso varía el significado —continua, comenzando a hablar con algo más de confianza.

—¿Ah, sí? ¿Y cuáles son? —pregunta con cierta intriga. Su sonrisa se ensancha cuando nota el destello en los ojos miel ajenos, sabiendo que hizo bien en preguntar al respecto, pues la felicidad que el rostro de Juan evocó no tenía precio.

—Bueno… Los blancos son asociados con la pureza, la bondad, el amor y la paz. Los negros con la sofisticación y elegancia ¡Aunque no son negros realmente! ¡Solo es rojo muy oscuro! ¿Sabías que... —comenzó a contar más emocionado las cosas que sabía al notar el interés del azabache, quien lo miraba con atención y asentía cada tanto tiempo.

Spreen se había estado concentrando más en las expresiones del hechicero que en lo que decía, pues era realmente expresivo, hacía gestos con las manos y movía bastante las cejas. Algo que le resultaba entretenido y hechizante.

«Que lindo, estaba re emocionado hablando sobre flores el pibe», piensa ligeramente conmovido y enternecido por la pureza que poseía el chico.

—Y por eso siento que en tu oficina quedarían bien unos tulipanes morados y amarillos —concluye con una sonrisa orgullosa el castaño.

Spreen asintió con una sonrisa. Sin duda alguna cuando fuera a Spreenfield llevaría dichas flores para decorar y darle algo más de vida al lugar. Estaba seguro de que cuando Juan fuera a su oficina y notara ese detalle se pondría muy feliz.

—¿Y qué simbolizan los tulipanes rojos? —dice levantando la flor que previamente le había sido entregada por Juan, evidenciando el hecho de que preguntaba justamente para saber qué era lo que el otro quería decirle.

El hechicero enrojeció lentamente y bajó un poco la mirada, inhalando para tomar fuerzas. El oso negro lo miró levantando una ceja con curiosidad y ladeando ligeramente la cabeza hacía un lado en un gesto interrogativo, listo para escuchar lo que tenían para decir.

—Simbolizan… amor intenso, perfecto y verdadero. También pasión… —dice, perdiendo de a poco la fuerza en sus palabras debido a la vergüenza, mirando con cautela las expresiones ajenas.

Le gustaría saber con qué tipo de mirada lo está observando ahora, pero aquellos lentes de sol se lo impedían. En el fondo pensó que tal vez eso le beneficiaba y evitaba que viera su rostro de desprecio.

—Vos… ¿Vos me estás diciendo lo que yo creo que me estás diciendo o flashee cualquiera? —se anima a preguntar el híbrido de oso, con sus orejas inclinándose lentamente hacía abajo por la vergüenza, sintiendo como algo en su estómago se revolvía.

—Sí… —hizo una pausa, inhalando para tomar fuerzas—. Spreen, me atraes mucho y para serte sincero no sé desde cuando. Lo que sí sé es que; aún cuando me puteas me siento feliz solo porque se trata de ti —dijo con una suave risa mientras jugaba con sus dedos, analizando como podía el lenguaje corporal ajeno, y viendo que no habían señales de incomodidad continúo—. Y el hecho de estar aquí, contigo, en un campo de flores en un atardecer que te hace ver como un pinche dios griego no me ayuda a pensar que es afecto de amistad. Así que sí, me gustas bastante.

—Flaco, pará… —el pelinegro miró hacia abajo y se sacó sus lentes de sol, cada uno de sus movimientos eran seguidos por los orbes miel de Juan.

Tan solo esas dos palabras bastaron para asustarlo y que su sonrisa nerviosa se transformara en un gesto de preocupación que intentaba disimular.

—¿S-sí…?

El híbrido se había perdido brevemente en sus pensamientos y ocasionalmente murmuraba palabras sueltas en un tono bajo e incluso un tanto tembloroso, procesando la información y sintiéndose sumamente avergonzado. ¿Dios griego? Él sabía que era bien parecido, se lo decían a veces, pero que lo diga quien te atrae es algo totalmente distinto.

Cuando al fin ordenó sus ideas, reunió algo de valor y habló:

—Eso significa que… ¿Fui correspondido hace bastante y yo ni sabía? ¡Lo hubiera dicho yo antes si era así de fácil, boludo! —contesta con un tono entre divertido y levemente frustrado en su voz, sonriendo.

—¿Correspondido? ¿Quieres decir que yo también te-? —inquirió con sorpresa, sintiendo como todo el pánico que se había apoderado de su ser segundos antes abandonaba su cuerpo y era reemplazado con un sentimiento de alegría rápidamente.

—Si, bueno… Me re costó saber que me gustabas, pero sentí algo de atracción desde la primera vez que "me mandaste a chingar a mi madre". No sé cómo explicarlo pero a veces no me puedo dormir por quedarme pensando en vos… es todo un quilombo —intentó explicar con naturalidad, entre risas suaves, sin saber realmente cómo comportarse pues no tenía experiencia en cuanto relaciones románticas.

—En ese caso me alegra que sea mutuo… yo a veces sueño contigo —dice bajito, jugando con sus dedos y acomodando su cabello con timidez, sabiendo a la perfección que si soñaba con él era o bien porque estaba pensando demasiado sobre el chico o estaba viendo el futuro. Se quedaron en un silencio que los hacía sentir inquietos.

El híbrido al ver que el otro no sabía qué hacer, optó por tomar la iniciativa.

Tal vez el hechicero le habría ganado en confesarse primero, pero no volvería a perder ante él.

Spreen gateó un poco hasta donde estaba el contrario, acercándose hasta quedar frente a frente.

El corazón del castaño comenzó a latir desenfrenado en cuanto vio como el chico frente a él lamió brevemente sus propios labios mientras colocaba su mano en la mejilla.

Era obvio que el híbrido lo quería besar, y a decir verdad, se moría por hacer realidad aquel contacto, por lo que no se opuso. Cerró sus ojos tímidamente y aproximó su rostro hacía el ajeno con lentitud.

Spreen pensó durante unos segundos lo que estaba por hacer, pues nunca antes había dado un beso (mucho menos de esa índole) ni permitido que otros lo hicieran con él. Le daba miedo besar mal y volver el momento incómodo, sin embargo todo pensamiento negativo se evaporó en cuanto vió el lindo rostro del castaño que esperaba apacible el momento en el que sus labios se tocaran.

Sus manos temblaron ligeramente ante su nerviosismo. Juan lo notó, por lo que decidió entrelazar sus brazos en el cuello ajeno, creando un mayor sentimiento de cercanía y calidez. El castaño abrió sus ojos brevemente, mirándolo con ternura y asintió, dándole algo más de confianza al pelinegro.

Y entonces Spreen, impulsado por la emoción y afecto que sentía por el chico frente a él, acabó con la corta distancia que los separaba.

Sus belfos se movieron con timidez y delicadeza sobre los ajenos, como si fueran de porcelana, temiendo morder sus labios o que sus narices chocaran. Un hormigueo recorrió su cuerpo mientras sus pieles se acariciaban en un ritmo lento, como si bailaran un parsimonioso balz.

Juan no pudo evitar sonreír entre el beso cuando notó lo inexperto y tímido que era el más alto. Sintiéndose con el control al tener más experiencia que Spreen en algo y utilizando esto a su favor para marcar el ritmo, más que fascinado al sentir como la anatomía ajena se derretía bajo él.

Se separaron un momento para recuperar oxígeno. Sus respiraciones se habían agitado ligeramente después de aquello y sus rostros estaban sonrojados.

Se sentían arder bajo el calor que emitían las llamas de su amor en el vientre, recorriendo sus cuerpos de una manera abrasadora.

—En definitiva me gustas mucho —comentó con una sonrisa el castaño, conectando su mirada con los ojos oscuros del oso, fácilmente confundibles con negro.

El oso lo miró con sus pálidas mejillas encendidas, le gustaba que el hechicero fuera directo en ese sentido.

—Vos también me gustás y siento que podríamos funcionar juntos así que… ¿Querés ser mi novio? —se animó a preguntar, hablando un tanto rápido por los nervios que sentía, pero no tanto como para no ser entendible.

El hechicero abrió sus ojos sorprendido y cuando estaba por contestar, su expresión contenta se tornó en una triste.

—Me encantaría pero… Tengo algo que decirte antes, no quiero que pienses que te engañé o mentí... Es... Es delicado —dijo tomando distancia y sentándose sobre sus piernas con la mirada un tanto perdida.

—¿Qué pasa, capo? Decime, te escucho —contesta Spreen, curioso por lo que le vaya a decir y sintiéndose ligeramente nervioso al percibir el aroma a angustia del más bajo. Tan solo espera que no sea algo grave como que mató a su gata Pelusa.

—Bueno ehm- ¿Qué piensas de la comunidad lgbt? —pregunta con una sonrisa nerviosa, rascando su nuca.

—Soy de la comunidad así que no pienso nada negativo de ellos, re que es medio obvio igual, si nos acabamos de comer ¿Por qué? —responde de manera un tanto humorística para evitar la incomodidad, sin entender hacía dónde va todo esto.

—Pasa que yo soy un chico trans… —menciona cerrando sus ojos fuertemente sin querer ver la (ahora visible) expresión de desagrado del contrario.

Hubo un minuto de silencio en el que el oso se encontró procesando la información, y eso preocupó al hechicero.

—¿Entonces no tenés pija o algo así? —pregunta sin mucho tacto, más que nada con curiosidad y leve confusión. Una pequeña parte de Juan se sintió aliviada por eso, pues podía entender que quizás Spreen no comprendiera mucho del tema.

—Bueno, puedo tener con un hechizo si quiero pero… de nacimiento no, no tengo —responde mirando nuevamente al chico frente a él.

—Ah, okay. ¿Y qué tiene? ¿Pasa algo malo con eso? —cuestiona sin entender completamente la preocupación de este ya que de todas formas él se había enamorado de Juan, no de sus genitales, es más, ni siquiera había pensando en eso.

—No realmente pero me preocupaba la posibilidad de que… no me veas como un hombre y yo ya no te guste más, o algo así... —confiesa el castaño, bajando su mirada con tristeza.

—Oh… —Spreen se reprendió por ser tan boludo y no haber entendido, sin saber bien cómo proceder decidió darle un abrazo al chico. Y aunque estos no se le daban bien al no estar acostumbrado a darlos, fue capaz de darle confort al más bajo.

—No te preocupés por eso, capo. Yo te veo como un hombre, eso no va a cambiar. Si tú te percibes como uno entonces yo también te veré así —le dice, conectando sus miradas y sonriéndole suavemente para transmitirle seguridad—. Y también gracias por decirme, entiendo que pueda ser difícil, y también algo más privado.

Juan se emocionó, mostrando una sonrisa enternecida y tras pasar unos segundos perdido en los ojos profundos del contrario sus propios orbes se comenzaron a cristalizar, lagrimeando por la felicidad y lo bien que se habían sentido escuchar esas palabras.

—Pero no llorés, flaco. Vení —el oso rió suave, enternecido por la emoción ajena. Su propia cola se agitó levemente, contagiado con el aroma a felicidad que desprendía el chico de lentes, sintiéndose emocionado y orgulloso de haber sido él quien provocó aquello.

Extendió sus brazos hacía el chico y cuando este se inclinó hacía adelante lo acurrucó contra su anatomía, comenzando a darle caricias en la espalda para brindarle paz.

Juan correspondió gratamente sorprendido, sabía que el espacio personal era algo valorado por el argentino, pero ahí se encontraba, con el oso siendo quien le daba cobijo entre sus brazos.

Por otra parte, el híbrido tan sólo podía pensar en darle seguridad y cuidar al más bajo. Ya de por sí lo intentaba proteger desde las sombras, pero sabiendo que ahora podrían comenzar una relación, ese instinto de protección y necesidad de estar en contacto con su interés romántico se fortaleció.

—E-es que de verdad me preocupaba que yo te diera asco… mi propia familia reaccionó mal —tartamudeó un poco, afligido al recordar que recibió más apoyo y aceptación del chico que le gustaba que su propia madre adoptiva.

Spreen tuvo que reprimir sus ganas de gruñir con molestia al imaginar la situación, sus orejas se inclinaron y tensaron hacía atrás con indignación. ¿Cómo podrían unos padres tratar así a su hijo? Él no tuvo figuras paternas presentes realmente, pasó la mayor parte de su vida solo pero entendía perfectamente que el deber de la familia era cuidar, apoyar y amar.

Simplemente no entendía las razones que podría tener alguien para ser cruel con otro ser humano solo por no seguir el estereotipo marcado por la sociedad.

—Tranquilo, conmigo estás seguro —murmuró en el oído ajeno mientras elevaba el mentón del castaño, limpiando con su otra mano las lágrimas que se habían formado en sus preciosos ojos miel.

Cuando sus ojos morados se conectaron con los contrarios, sintiendo el click que hacían al estar en sintonía fue que prometió protegerlo, cuidarlo y amarlo.

«No permitiré que vuelvas a llorar de tristeza. No si puedo evitarlo», pensó como si de un juramento inquebrantable se tratase.

La vista del hechicero se dirigió a los labios del oso, tentado a probarlos nuevamente. El azabache no era tonto y se percató de esto, por lo que no pudo evitar formar una sonrisa ladina, llegando a mostrar parte de sus colmillos.

—¿Qué pasó, maguito? Mis ojos están aquí arriba —molestó con un gesto engreído, orgulloso de tener esa clase de atención del colombiano.

—Soy… Soy un hechicero, no un mago —murmuró con algo de molestia, aún hipnotizado tanto por los labios ajenos, pero subiendo su mirada a los ojos oscuros del híbrido cada tanto.

Cuándo se dio cuenta de que los ojos azabache de Spreen poseían un reflejo de color morado se sintió cautivado de inmediato, como si estos estuvieran proyectando algún tipo de galaxia en aquellos orbes que tan fijamente lo miraban. Un tipo de universo infinito solo para ellos dos.

«Estoy seguro de que te amaré en este y en todos los universos»

—Lo que tú digas, mi hechicero supremo —susurró, rozando sus labios por sobre los del contrario. Sintiendo como sus alientos se mezclaban y sus corazones comenzaban a latir desenfrenados nuevamente.

No tardaron mucho para volver a unirse en un beso, esta vez menos tímido que el anterior, pero igualmente afectuoso.

—Te amo, Spreen —murmura entre el beso cuando se separa para buscar un poco de aire.

—Yo también te amo, Juan —responde de igual manera para luego seguir besándolo mientras sus manos afirmaban la cintura del castaño y las manos de este mismo se enredaban en su cuello.

La mente de Juan divagó al recordar los dientes híbridos del pelinegro y su imaginación comenzó a trabajar de inmediato.

«¿Dolerá mucho si me llega a morder con sus colmillos?», aquello, lejos de asustarlo lo motivó a lamer y chupar el labio inferior del oso, pidiendo permiso para iniciar un beso mucho menos superficial.

El pelinegro siguiendo su instinto abrió un poco su boca y su cola se agitó emocionada cuando sintió el húmedo músculo entrar a su cavidad bucal, iniciando rápidamente una danza entre sus lenguas que con cada segundo se iba volviendo más pasional.

Aquel contacto que siempre había odiado incluso imaginar, ahora le resultaba de lo más placentero, y por eso mismo hacía lo posible porque este no se acabara, obligando a sus pulmones a resistir hasta que la falta de oxígeno los orilló a separarse.

—¿Entonces ahora somos novios? —pregunta en un murmuro, con una sonrisa un tanto insegura y avergonzada el castaño una vez se separan del beso.

El oso no pudo evitar reír enternecido ante esto y unió sus frentes, causándole más vergüenza de la que ya sentía el hechicero.

—Obvio ¿A quién más besaría con esa necesidad? —cuestionó, acariciando el mentón de Juan para posteriormente acercarse a sus labios nuevamente, haciendo que este se sintiera en el cielo tan solo por su delicado toque. Por reflejo estiró su cabeza, exponiendo parte de su cuello de manera inconsciente, mismo que Spreen no dudó en besar al ver la oportunidad.

—Quería… quería estar seguro —responde mirando a esos bellos ojos que lo habían atrapado con adoración. De repente todo rastro de felicidad se va convirtiendo en una expresión de inseguridad y duda.

—¿Qué tienes? —le pregunta el oso al más bajo mientras acaricia con su otra mano la cintura ajena con delicadeza y calma.

—¿Estás seguro? Me refiero a qué si de verdad quieres tenerme como pareja —responde, tomando un poco de distancia nuevamente—. No soy tan lindo, ni un genio, soy un poco intenso y demasiado afectuoso, gritón y sensible. Tú odias todas esas cosas ¿No?

Se odiaba por tener tantas inseguridades. Pero se odiaba más porque a pesar de cuidar las dimensiones y realidades seguía sintiéndose insuficiente para el azabache.

Spreen lo miró pensativo, buscando las palabras adecuadas para comunicarse. Sabía que tenía que tener tacto para evitar lastimar al contrario o que lo malinterpretara.

Con un suspiro hizo un gesto de negación con su cabeza.

—Puede que esas características para mí suenen quizás hartantes, pero tú me hiciste amarlas. Amarte a ti, porque esa es tu forma de ser, y es tan genuina y deslumbrante que me atrapaste. Me hiciste caer enamorado de ti cuando pensé que el amor no estaba hecho para mí. Y aunque no lo creas, eres un ejemplo de superación y tenacidad, eres parte de mi inspiración y te admiro —contesta, sorprendiéndose de lo cursi que estaba siendo, pero sabiendo que valió totalmente la pena cuando vio la expresión de sorpresa y alegría del hechicero.

—Yo… —tartamudea sin saber qué decir, sintiendo como pequeñas lágrimas se iban acumulando en sus ojos de la emoción.

—Esperá flaco, aún no termino —lo frena, sonriéndole dulcemente—. Me estuve cuestionando por mucho tiempo si tan solo te admiraba, te quería como a un amigo o si realmente me gustabas. Nunca he estado enamorado, no que yo recuerde, ni mucho menos he tenido una relación, lo que sí sé es que… por ti haría hasta lo impensable por protegerte y hacerte reír. Porque me di cuenta de que si hay algo que me encanta de ti, a parte de tu lealtad, tenacidad y amabilidad, es tu sonrisa. Tus expresiones cuando hablas algo de lo que te gusta o muestras orgullosamente tu magia.

—Spreen…

—Y no sé cómo es que seguís dudando de ti mismo cuando has hecho muchas cosas increíbles, desde volar hasta traer a alguien de otra dimensión, boludo. Los demás me pueden chupar la poronga, no saben reconocer lo que es bueno —dice con algo de molestia al final recordando todas las burlas directas a su magia que le han hecho—. Así que… ¿Realmente me preguntas a mí, el que siempre tiene todo calculado, si está seguro de ser novio de Juan, el hechicero supremo?

Eso fue suficiente para que el castaño se abalanzara sobre el pelinegro y comenzara a repartir besos por todo su rostro, abrazándolo con fervor, sintiéndose sumamente feliz de que el oso empresario, el hombre más frío que había conocido, le dijera cosas tan dulces y fuera quien le hacía latir a su corazón de manera desenfrenada.

Sentía que finalmente podía amar y ser amado de nuevo, y que valía la pena cada pequeño y gran acto que hizo para ser más cercano al contrario.

—Te amo, te amo mucho —repetía con intensidad mientras besaba a un risueño oso pelinegro que movía sus orejas y cola con emoción, totalmente complacido de ser mimado por su ahora pareja.

—Yo también te amo, gafotas —le contestó para luego besar sus labios dulcemente, ahora de una manera más hábil que fue capaz de dejar atontado por unos segundos al castaño.

—Aprendes rápido, eh —felicitó el hechicero al pelinegro luego del beso mientras se levantaba del suelo y le extendía su mano al argentino—. Ya se está haciendo muy tarde y pronto salen mobs ¿Vamos a mi Santuario?

—Bueno —acepta sin muchas complicaciones, aceptando la mano ajena y levantándose. No estaba seguro de para qué iba a ir, pero sabía que incluso si tan solo se quedaban viendo el techo se divertiría, solo por estar con el más bajo.

—Ahora que tú tuviste tu momento cursi… ¿Puedo serlo yo? Y luego hablamos sobre nuestros límites y cosas así, no quiero que estemos incómodos durante nuestra relación —propone, caminando alegre por el campo de flores con su mano entrelazada con la del más alto.

—Claro. Te escucho, wacho —responde con su pequeña cola de osito agitándose con emoción y sus orejas moviéndose atentas a cualquier sonido, listas para grabar en su mente todo lo que pudiera sobre lo que iba a escuchar.

—Bueno… Al inicio pensé que eras un hombre muy serio, necio, terco y probablemente malhumorado. Y de hecho me intimidabas un poco, pero lo que tenías de tétrico lo tenías de guapo —rió suave haciendo memoria sobre sus primeras impresiones.

—¿Y? —pregunta el híbrido mirándolo con curiosidad.

—¡Y sí lo eres! Pero eso tan solo me llamó más la atención, porque bueno, no todos son así porque sí. Además no podías ser tan malo si tenías una sonrisa tan linda y tratabas tan bien a Pelusa —continúo antes de que el oso se quejara con él—. Luego nos empezamos a ver más a menudo y a insultarnos, admito que al inicio sí me molestaba, pero luego le agarré el gusto. Después te vi interactuar con tus demás amigos unas cuántas veces y eras bastante tranquilo, en ocasiones veía también tu risa. Creo firmemente que tú risa y sonrisa deberían ser consideradas una de las siete maravillas del mundo.

El halago hizo al argentino bajar su vista avergonzado y sonrojado. Se sintió sumamente feliz de que incluso antes de gustarle considerara que él o al menos algo de él era atractivo.

—Y de a poco me comencé a acostumbrar a tu presencia, y creo que tú a la mía, porque no siempre peleábamos, también charlábamos bien. Fue entonces cuando te comencé a considerar interesante a parte de atractivo. Me puse la meta de volverme tu amigo, y en el proceso comencé a enamorarme de tus cualidades —cuenta con una sonrisa avergonzada mientras llegan al pueblo naranja, y cuando ve la mirada curiosa del oso sabe que va a tener que enumerar tales cualidades.

—¿Cómo por ejemplo…? —el oso estaba viéndolo intrigado ¿Qué cualidades tendría si siempre ha sido distante y grosero con todos?

—Tus habilidades de combate, de discusión, tu egocentrismo y orgullo. Tú inteligencia y obstinación para abrir tu propio local y después una ciudad. El no dejarte doblegar por nadie, ser protector con tus amigos y gata. Tu curiosidad y dudas con respeto a mi magia, permitirme acercarme cada vez más a ti y empezar a dedicarme sonrisas. Comenzar a confiar en mí, contarme partes de tu pasado y seguir mis conversaciones sobre el espacio, interesarte por mis gustos e incluso regalarme funkos… —el castaño suspiró luego de hablar tanto cuando por fin llegaron a los portales, ambos quedándose quietos frente a estos y mirándose—. No estoy seguro de cuándo me enamoré porque fue algo gradual, y no sabría decirte qué es lo que más amo de ti, porque es un conjunto de cosas que me llevó a enamorarme. Sólo sé que te amo y que estoy más que dispuesto a esforzarme para que nuestra relación funcione y sea linda lo que dure.

Spreen colocó una mano en la mejilla del castaño y lo acercó hasta él para darle el milésimo beso de esa jornada. Con sus mejillas sonrojadas y la felicidad a flor de piel.

—Yo también te amo, y aunque no sepa mucho sobre las relaciones románticas, prometo aprender y ser el mejor novio que pueda haber —le sonrió al hechicero, con un brillo centelleando en sus ojos, totalmente decidido a brindarle lo mejor de sí a Juan. Porque eso era lo que merecía.

Juan merecía lo mejor y que casualidad; Spreen siempre daba lo mejor.

—No pongo en duda que lo serás… ¿Quieres ir por Pelusa? Me gustaría que pasaras la noche conmigo —propone con una sonrisa dulce. La idea de ver una película y acurrucarse con el pelinegro sonaba simplemente encantadora.

—Dale, flaco. Vamos a buscarla.

Aún tomados de la mano, ambos se dirigen hasta la pollería del oso para ir a buscar a la felina y llevarla al Santuario, lugar en donde el oso estaba seguro de que pasaría gran parte de sus días.

Y esperaba que fueran muchos, pues realmente ninguno se veía con alguien más que no fuera el contrario.

Notes:

5,3k de palabras, poquito para ser un oneshot, pero creo que está bien. Quizás saque una segunda parte si tiene buen recibimiento.

Me gustó mucho escribir algo dulce de estos dos, espero que a ustedes les haya gustado leerlo.

Como siempre, no duden en avisarme si ven algún error :3!

No tengo mucho más que decir, así que bye, bye, nos leemos luego.