Work Text:
Las luces del bar eran de una tenue tonalidad ambarina que suscitaba quietud en el establecimiento. Los comensales degustaban sus aperitivos con una perfilada sonrisa en el rostro. El rumor de las conversaciones era palpable, manifestándose como una muchedumbre de palabras entremezcladas. Había un tintineo metálico que despertaba los vellos de quienes se hallaban ensimismados, pero eso no obstaculizaba las pretensiones de Hodge Starkweather.
¿Cómo es que nadie percibía la tensión en el ambiente? ¿Por qué bebían alcohol como si todo marchara perfecto? La situación lo hastiaba con creces. Su patente falsedad le generaba arcadas.
“Pide otro, lo pagaré.” Le insistió Robert a Michael, torciendo un gesto insinuante. Estaba seguro de que no rechazaría dicha oferta. Y así fue, puesto que pidió otro vaso de whisky que se tragó de un sorbo. “Me retracto, el precio espanta.“
“O-oye… ¡hip! No puedes hacerlo, no traje dinero. Me echarán si lo descubren”
“Procura que no suceda.” replicó con un tono socarrón, mofándose de sus mohínes. “Hodge está un poco callado. No ha dejado de mirarnos desde que llegamos. ¿En qué estará pensando?”
“No lo sé…”
Hodge vaciló antes de expresarse. No estaba seguro de qué tan buena idea era expulsar las cosas que pensaba. Todo tenía una connotación negativa.
Pero el efecto de las bebidas empezaba a fluir en su sistema de forma presurosa. A esas alturas era imposible discurrir las consecuencias que acarrearía su actuar.
Se levantó del taburete en un instante de acaloramiento emocional que no se enfriaba pese al aire acondicionado del bar. Cuando alguien le contara las cosas que dijo no podría persistir la vergüenza.
“Celine… estás enamorada de Stephen y Lucian, pero sigues a Valentine a todas partes como un cachorro hambriento. Pero adivina, ninguno de ellos está interesado en ti, ¡jajaja! Qué triste parece tu vida.”
Los rostros de los susodichos fueron desencajados por el horror al escuchar las palabras que Hodge profirió. Valentine quiso levantarse del taburete e ir a propinarle un puñetazo en la cara, pero Celine le puso las manos en los hombros. Por el contrario, Stephen y Lucian iniciaron una comunicación silente que solo ellos sabían elucidar. “¿Qué es lo que sucede aquí?” se decían el uno al otro.
“Hey… cálmate, estás borracho. Solo dices incoherencias.” Stephen se levantó de su asiento e intentó amansar la situación, mas no fue efectivo.
“Mi querido Stephen, lo tenías todo en la palma de tu mano. Pudiste ser un gran cazador de sombras porque tú no eres como el resto de nosotros, pero posees la incapacidad de pensar por tu cuenta y ahora eres la pequeña perra de Valentine.”
Dicho comentario recibió un asentimiento de cabeza por parte de los presentes. Todos concordaban en que Stephen carecía de la autonomía suficiente, de envalentonarse y convertirse en un cazador renombrado. Empero, la tensión se agudizaba cada vez más. Hodge apuntaba a sus víctimas con el dedo índice, buscando exponerlos en el bar.
¿Qué ocurría con Hodge? ¿Por qué deseaba enfrentarse al círculo?
“Blackwell y Pagborn, ustedes son unos machistas de mierda. Nunca tendrán sexo por mucho que se esfuercen. ¡Van a morir vírgenes!” Vociferó entusiasmado, eludiendo el atropello de sus palabras. Blackwell y Pagborn lo observaron con un gesto furibundo que atrajo miradas. Estaban por acercarse a él cuando retomó el habla: “Y tú, Lucian, no se puede ser más desdichado en la vida. Estás enamorado de la esposa de tu parabatai. Y para variar todos lo saben, excepto Jocelyn. Ella te ama pero no se da cuenta. Qué triste, ¿no lo crees?”
“Hodge, detén esta estupidez.” ordenó Valentino con la voz ronca. Los miembros del círculo voltearon a verlo. Creyeron que cesaría, pero Hodge tenía dos últimas cosas que decir para rematar la situación.
“Maryse... no tengo nada que decirte. Eres sorprendentemente decidida para alguien que tiene un marido gay. En serio, la gente debería seguir tu ejemplo. Eres la definición de resiliencia por completo.”
“Michael Wayland y Robert Lightwood, ustedes son…-”
Antes de que tuviera la posibilidad de pronunciar algo sobre ellos, Michael se posó frente a Robert, quien aún se encontraba sentado en uno de los taburetes. Hodge permaneció estupefacto, ciñéndose a escudriñar sus acciones.
¿Qué hubiera sido
si antes te hubiera conocido?
Seguramente, estarías bailando esta conmigo, no como amigos,
sino como otra cosa.
Michael desplazaba sus labios como si la canción hubiese sido escrita por él. Los sentimientos danzaban en su pecho, reviviendo esos momentos donde Robert rehusaba la idea de estar con un hombre. “No es correcto”, “No mal interpretes nuestra relación”. Las palabras brotaban con una sencillez áspera que laceraba cada uno de los pálpitos de su corazón.
Comprendió que era difícil vencer al prejuicio, desatender los improperios de la gente que no aceptaba el amor en todas sus formas. Robert fue preso de la sociedad, de esa imposición que muchas veces enjaulaba la libertad de los más aventurados.
Usted cerca me pone peligroso
Por un besito, hago cualquier cosa
La novia suya me pone celoso
Y aunque es hermosa, ¡ey!
Fue angustioso tener que enterrar sus sentimientos en una tumba de anhelos que no podrían ser cumplidos; observar a Robert conviviendo con su entonces esposa, saborear el amargo tacto de la aflicción y aguardar por una oportunidad.
¿De qué manera podía conquistar un corazón que había puesto una muralla para evitar el acercamiento de otros?
Y yo te veo y no sé cómo actuar
Bebé, pa' conquistarte,
que me pasen el manual.
Espero lo que sea,
yo no me voy a quitar.
Tengo fe que esos ojito'
un día me van a mirar.
Robert contempló a Michael con los ojos transparentes. En ellos se plasmó la única persona que siempre ha deseado, pero por falta de escrúpulo no pudo aceptar durante un tiempo. ¿Cómo pudo dejarse influenciar por lo que otros podrían decir sobre ellos? ¿Por qué se portó tan indiferentemente con él? No lo merecía en lo absoluto. Michael era un ángel que atesoraba cada uno de sus desperfectos sin importar que éstos le hicieran daño.
Los cachetes sonrosados de Michael solo patentizaron lo que ya sabía: estaba enamorado de ese hombre, de la sinfonía de su voz, del temple que lo caracterizaba en combate y todos esos aspectos que eran tan dispares a él. Pese a sus disimilitudes, lo que a uno le faltaba el otro era capaz de complementarlo. Esa era una de las razones que le confirmaban lo inmensurable que era su afinidad.
Yo me caso contigo
Mi nombre suena bien con tu apellido
Estoy esperando el primer descuido
Pa' presentarte como mi marido.
Después de todo lo que sucedió entre ambos, Robert tenía la certeza de que sus sentimientos estaban aislados del vínculo que mantenían como parabatai. Eso solo fue un motivante en su relación que los animó a conocerse más el uno al otro.
Si fueron capaces de anteponerse frente a las barreras que construía la sociedad, la opinión de sus compañeros no los derrumbaría más de lo que ya han estado. Si están juntos, cualquier resbalón se convertirá en una anécdota graciosa que se contarán cuando sean más viejos. Nadie podrá interponerse en sus vidas.
(¿Qué hubiera sido)
(Si antes te hubiera conocido?)
(Seguramente, estarías bailando esta conmigo)
(No como amigos).
Michael resoplaba en consecuencia del cansancio y nerviosismo tras atreverse a cantar frente a todos. La mirada que le dirigía el círculo era digna de ser enmarcada. Antes de decir más, se acercó a Robert con una sonrisa abochornada. El aludido lo tomó de la mano sin temor. Eso bastaba para sosegar sus inseguridades.
“Ustedes, malditos mari-”
Hodge estaba por ultimar el pequeño teatro que compuso previamente, pero antes de permitirle tal humillación, Robert entrelazó sus dedos con los de su amado y salieron del establecimiento sin esclarecer la situación con el círculo.
Eran conscientes de cuán complicado sería disipar los cuestionamientos que nacerían a partir de lo acontecido, pero su compañía les posibilitaría avivar su espíritu para recorrer la oscura sociedad.
