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Dos horas. Dos horas fue lo que había necesitado para darse cuenta que no había sido buena idea ofrecerse como niñero de sus dos sobrinos. La primera hora había sido fácil, su sobrina mayor había estado entretenida coloreando su cuaderno, mientras que el pequeño dormía su siesta de por la mañana, pero nada más despertarse el caos había empezado.
Irene, su sobrina, se había aburrido de dibujar y quería jugar con él, mientras que Nacho, su sobrino, al despertarse y no ver a su madre, no había dejado de llorar llamándola. Pero Paul no podía hacer nada, su hermana se había ido junto con su pareja a otra ciudad y no volvería hasta el día siguiente por la tarde.
Podría llamar a sus padres y que le ayudaran, pero se había comprometido y además era demasiado orgulloso para admitir que no podía con una niña de 5 años y un niño de 2 años.
Tras quince minutos, había conseguido que Nacho se tranquilizase, estaba comiendo unas galletas junto a su hermana mientras veían embobados unos dibujos animados de un perro azul. Aunque Paul intentaba concentrarse en un trabajo de la universidad, aprovechando que sus sobrinos estaban tranquilos, la realidad es que él también estaba bastante embobado mirando los dibujos.
Estaba tan absorto que el sonido del timbre le sobresaltó, extrañado se levantó, dejó a los niños en el sofá y se dirigió a la puerta. Al abrirla, se encontró con un joven unos centímetros más alto que él, con el pelo rizado y los ojos más brillantes del firmamento.
-¿Álvaro?
-¡Sorpresa! Cómo sabría que te volverías loco cuidando tu solo a tus sobrinos, he venido a ayudarte.
-¿Lo dices en serio? - Álvaro asintió con una enorme sonrisa, Paul se lanzó a sus brazos abrazándolo con fuerza - Eres el mejor, te quiero, te quiero.
Las mejillas de Álvaro se tiñeron de un leve color rosa, pero sin dudarlo rodeo con sus brazos el cuerpo de Paul y le devolvió el abrazo, empapándose con el olor que desprendía el chico, ese olor que tanto le gustaba.
-Me querrás aún más cuando veas que he traído cosas para que los niños se entretengan - dijo Álvaro cuando se separaron, levantando una bolsa blanca.
-Eres mi ángel - Paul le dio un beso en la mejilla y cogió la bolsa que llevaba, mientras se daba la vuelta y entraba en la casa - Pasa, están en el salón. ¡Niños mirad quien ha venido a jugar con nosotros!
Álvaro suspiro mientras sentía cómo la mejilla donde Paul había depositado ese beso le latía. Cogió aire y entró dentro de la casa, dirigiéndose hacia el salón, donde Irene, al ver quien era, pegó un grito y salió corriendo hacia él.
-¡¡ALVI!! - Álvaro se agacho y la cogió en brazos mientras le daba vueltas, y ambos reían.
-Irene, mi nena favorita - dijo Álvaro cuando dejaron de dar vueltas y la niña le abrazaba con fuerza - Como te echaba de menos
Paul se acercó con Nacho en brazos, el cual no se mostraba tan efusivo como su hermana, es más, se encontraba refugiado en el cuello de su tío, mirando de reojo a Álvaro.
-Creo que Nacho no te extrañaba tanto - comentó Paul con una sonrisa
-¿Estás celoso de que yo sea el favorito de Irene? - contraataco Álvaro sonriendo - Además en nada lo tengo ganado, no te preocupes.
Irene que se había cansado de ver como ninguno de ellos le prestaba atención, tocó la mejilla de Álvaro y le hizo mirarle
-¿Jugamos? - Álvaro asintió con una sonrisa y bajó a la niña, la cual le cogió de la mano y tiró de su mano hasta la zona donde estaban sus juguetes.
Paul les miró con una tierna sonrisa, después se fue junto a su sobrino, el cual seguía mirando con recelo a Álvaro, hasta la cocina donde comenzó a sacar las cosas que Álvaro había traído.
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Nacho solo había tardado cinco minutos y una sonrisa de Álvaro, para que dejase de darle vergüenza e irse a jugar con él y con su hermana. Estaban los tres tirados en el suelo montando un lego de un barco pirata, el cual Paul había regalado a su sobrina en su último cumpleaños.
Paul supuestamente estaba aprovechando que los niños estaban entretenidos con el de rizos, para terminar su trabajo, pero la realidad es que no podía dejar de mirar a Álvaro mientras este estaba concentrado uniendo las pequeñas piezas e intentando entender las instrucciones del lego.
-Tito, deja de mirar así a Alvi y ayúdanos - se quejó su sobrina
Álvaro miró a Paul con una ceja levantada y una sonrisa ladeada, ahora eran las mejillas de Paul las que se teñían de rosa.
-Así que me estabas mirando - comentó con sorna Álvaro, una vez Paul se colocó a su lado para montar el lego
-Te ves muy tierno intentando entender unas instrucciones para niños de cinco años - le vaciló Paul, Álvaro le saco la lengua.
-Pues si es tan fácil, toma - Álvaro le dio las instrucciones, y Paul rio al verle picado.
A pesar de que Álvaro pensaba que a Paul le costaría entender las instrucciones igual que a él, la realidad es que Paul se supo ubicar en pocos minutos y el montaje del barco comenzó a ir más rápido ahora.
-Ves cómo era fácil - se regodeo Paul cuando ya habían montado todo el lego.
Aunque al principio estaban los cuatro jugando, al poco rato Nacho se había cansado y se había ido a jugar con unos cochecitos que tenía, y al poco se le unió su hermana, cansada de que los dos chicos no le hicieran caso porque estaban compitiendo por ver quien terminaba de montar el lego antes.
-Claro, porque la parte difícil era el inicio y eso lo he hecho yo solito, a ti te ha tocado la parte fácil
-Si te quieres engañar de esa forma como tú quieras, pero yo soy mejor que tú montando legos - fue esta vez Paul quien le sacó la lengua.
-Siy mijir qii ti mintindi ligis - repitió Álvaro, haciendo que Paul soltara una carcajada
-Te has picado - Paul le pincho en la barriga, provocándole cosquillas al de rizos
-Paul, no - Álvaro intentó apartarle las manos al ver la sonrisa con el que le miraba Paul, el cual se acercaba más y más - Ni se te ocurra
-Tienes cosquillas - Volvió a pincharle y Álvaro volvió a removerse - Te vas a enterar
Y Paul se lanzó hacia el chico, llevando sus manos a la barriga de Álvaro y haciéndole cosquillas sin parar. Álvaro se cayó al suelo y comenzó a retorcerse mientras no podía dejar de reír, al recibir las cosquillas.
-¡Irene ayúdame! - grito Álvaro - Hazle cosquillas a tu tío
La niña que miraba a los chicos con diversión, asintió al oír la petición y se acercó rápido a hacerle cosquillas a su tío. Este comenzó a retorcerse y Álvaro al verse liberado, atacó también a Paul con cosquillas, Nacho tampoco mucho en unirse a los dos para atacar a su tío.
Tras unos segundos siendo Paul el objetivo principal, ambos jóvenes se miraron y entendiéndose con la mirada agarraron a los dos pequeños y comenzaron a hacerles cosquillas a ellos.
La guerra de cosquillas duro varios minutos más, cuando los cuatro acabaron sin apenas respiración se tiraron al suelo a descansar. Aunque la paz que estaba sintiendo Álvaro le duro poco al sentir como un pequeño cuerpo se sentaba encima de su barriga y la enorme sonrisa de Irene, la cual le recordaba bastante a la de cierto chico que tenía a pocos metros, le avisaba de que se habia acabado el descanso.
-Alvi, ¿te puedo maquillar? – La sonrisa de Álvaro tambaleo, mientras escuchaba la carcajada que Paul habia soltado
Álvaro se levantó y cargo a la niña mientras caminaba en direccion a la cocina donde Paul habia dejado sus cosas. Acerco su oído a la niña y le susurro algo, Irene amplio su sonrisa y asintió efusivamente.
Paul que habia visto toda esta escena tumbado miro con sospecha a ambos, Álvaro le guiño un ojo mientras desaparecía por la puerta de la cocina y Paul suspiro mirando a su sobrino, el cual habia retomado su juego con los cochecitos.
-Nacho, este chico un día me va a matar – murmuro, su sobrino le miro sin entender nada y retomo su juego.
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Habia pasado por lo menos media hora desde que Álvaro e Irene habían desaparecido, Paul habia decidido retomar su trabajo mientras les esperaba, pues Álvaro le habia prohibido la entrada al baño donde se habían encerrado.
Paul sentía algo en su estómago cada vez que oía las risas de ambos, lo achacaba a los celos por no ser partícipe del juego, pero sabía que se estaba engañando a sí mismo, pues no podia evitar sentir su corazón latir con fuerza, al imaginarse a Álvaro e Irene jugando y sonriendo.
-Tito… - la voz tímida de su sobrina sonó a sus espaldas.
Al girarse se encontró con su sobrina vestida con un hermoso vestido violeta que su madre le habia comprado para el cumpleaños de su abuelo, y el rostro maquillado a la perfección, lo que hacía suponer a Paul, que habia sido obra de Álvaro.
Este se encontraba apoyado en el marco de la puerta, observando con una sonrisa de admiración a la chica. Cuando conecto su mirada con Paul, este se dio cuenta de que tambien se habia maquillado. El estómago de Paul volvió a hacer de las suyas al ver la sonrisa de Álvaro y sacudiendo su cabeza, volvió a mirar a su sobrina, quien le miraba expectante.
-Pero, ¿Quién es esta princesa tan hermosa? – Paul se levantó y se dirigió hacia su sobrina quien le miraba con una sonrisa tímida – A ver date una vuelta que yo te vea
La niña le hizo caso dando una vuelta sobre sí misma, mientras reía ligeramente al ver como el vestido se levantaba. Paul miro a Álvaro con una sonrisa, y este le guiño el ojo.
-Pues aún tenemos una sorpresa más – dijo Álvaro con una sonrisa misteriosa
-¿Si? – respondió sorprendido Paul
-Tito, tu tambien te tienes que maquillar – dijo Irene con una enorme sonrisa
-¿Me vas a maquillar a mí? – le pregunto Paul a Álvaro, este negó con una sonrisa y cogió en brazos a Irene
-Aún mejor, te va a maquillar la mejor maquilladora del mundo
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Álvaro no podia dejar de reírse cada vez que miraba la cara de Paul, y este le dedicaba una mala mirada cada vez que le veía reírse de él.
Después de que su sobrina le maquillase, si es que a eso se le podia llamar maquillar, los cuatro habia decidido que era hora de comer. Tras eso, ambos niños habían caídos rendidos y ahora dormían una siesta en el sofá del salón. Paul y Álvaro habían aprovechado para limpiar la cocina y recoger todo.
-¿Puedes dejar de reírte de mí? – Dijo Paul, dejando el plato que estaba fregando y mirando a Álvaro, el cual al mirarle volvió a reír – Esto es culpa tuya
-¿Culpa mía? Es una buena peli, un día deberíamos de verla – Paul resoplo molesto y giro su cuerpo para seguir fregando.
Álvaro volvió a reír y se acercó a la espalda de Paul y la rodeo con sus manos, apoyando su barbilla en el hombro izquierdo.
-Venga no te enfades, nene, ¿te desmaquillo? – Álvaro dejo un pequeño beso en su hombro y se alejó un poco de su espalda.
Paul se giró para mirarlo fijamente, cosa que hizo que Álvaro soltara una gran carcajada.
-Perdón, perdón, es que no te puedo tomar en serio con la cara asi – Cogió las manos de Paul – Venga vamos al baño y te quito todo eso
Álvaro le guio hasta el baño donde le obligo a sentarse en la taza del váter, cogió los discos desmaquillantes y el desmaquillante que se habia traído. Se hizo hueco entre las piernas de Paul y peino su pelo hacia atrás para poder verle todo el rostro bien.
El corazón de Paul comenzó a latir con fuerza y le costaba respirar, al sentir las manos de Álvaro tocarle con el disco con delicadeza, además se estaba viendo envuelto por su fragancia, lo que le hacía sentir un poco mareado. Decidió cerrar los ojos e intentar pensar en otras cosas.
Y lo estaba consiguiendo, habia conseguido llegar hasta cierto nivel de relajación, hasta que sintió como Álvaro se movió y se comenzaba a sentar en su regazo.
-Lo siento, pero es que de la otra forma me voy a partir la espalda – susurro Álvaro a pocos centímetros de él.
Paul asintió ligeramente mientras tragaba con fuerza y se acomodó, haciendo que sus manos fuesen a parar a la cintura de Álvaro, para que el chico no se cayese. Álvaro sintió un escalofrío al notar las manos frías de Paul, y paro de desmaquillarle y le miró fijamente.
El tiempo pareció congelarse al conectar ambas miradas, Álvaro instintivamente acerco su cadera aún más cerca, si era posible, de la de Paul, haciendo que este apretara con más fuerza su cadera. Álvaro bajo su mirada hacia los labios de Paul, y este se los humedeció, mientras miraba tambien miraba los rosados labios de Álvaro.
La distancia entre ellos era prácticamente inexistente, solo faltaba que alguno girara ligeramente la cabeza para que sus labios se rozaran de una vez.
-¡TITO!¡ALVI! – la voz de Irene sonó desde el salón.
Álvaro se levantó rápidamente del regazo de Paul.
-Voy a ver que necesita, el resto de maquillaje te lo puedes quitar tú.
Antes de que Paul pudiese decir nada, Álvaro ya habia desaparecido. Paul se levantó despacio y tomo aire profundamente, al mirarse al espejo no puedo evitar soltar una carcajada. Su cara estaba ligeramente roja, su pecho subía y bajaba alterado, y aun tenia restos de maquillaje por toda la cara.
Después de serenarse, Paul salió hasta el salón donde se encontraban Álvaro e Irene hablando. Álvaro miro con temor a Paul, sin saber que se encontraría después de la situación, pero su corazón se tranquilizó al ver que le sonreía y le guiñaba el ojo, como siempre.
-Bueno que os parece si te cambiamos de ropa y despertamos a tu hermano, y nos vamos para el parque – sugirió Paul a su sobrina.
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Pasaron el resto de la tarde en el parque, donde no se distinguía quienes eran más niños de los cuatro, pues tanto como Álvaro como Paul, se dedicaron a jugar con todos los niños del parque a cualquier cosa que se le ocurriese.
Cuando ya la noche comenzaba a caer, los cuatro caminaron hasta casa, parándose en una pizzería cercana al piso de Paul, donde compraron varias pizzas para comer.
Una vez llegaron a casa se instalaron en el sofá, con la comida ya comprada y decidieron ver “Luca”, una película que ninguno de los cuatro habia visto aún.
La velada transcurrió entre risas y quejas por parte de Paul porque ni su sobrina ni Álvaro sabían guardar silencio. Nacho por su parte habia caído rendido después de comerse sus trozos de pizzas, y no habia llegado ni a la mitad de la película.
La película finalizo con tambien Irene dormida en el regazo de Álvaro, la niña, al igual que su hermano, habia sucumbido al cansancio de tantas emociones del día. Álvaro giro su cara para mirar a Paul, quien se encontraba sentado a su lado, quitando los créditos de la película, este al notar la mirada de su amigo, se giró a mirarlo.
Sus rostros quedaron a poca distancia, y otra vez los ojos traicionaron a Álvaro, pues no puedo evitar mirar los labios de Paul, recordando el momento del baño, de hacía ya varias horas.
-¿Te ha gustado? – pregunto susurrando Paul
-Si – Álvaro asintió ligeramente – Aunque el final… me esperaba que esos dos acabasen juntos
-Ya, habia leído el debate sobre eso
-Como siempre, Disney le tiene miedo al éxito – comentó Álvaro, mientras jugueteaba con la pulsera de Paul – Me tengo que ir
-No quiero que te vayas – Paul acarició la mejilla de Álvaro, este cerro los ojos al sentir el gesto
-Pero me tengo que ir – Álvaro acorto más la distancia, mientras tambien llevaba su mano al cuello de Paul – Me tengo que ir
-Lo sé – Paul apoyo su frente en el pecho de Álvaro, mientras este le acariciaba el pelo – Venga, llevemos a estos niños a su cama
Paul se levantó despacio y cogió en brazos a Nacho, y se dirigió hasta la habitación de los niños. Álvaro suspiro, con cuidado cogió a Irene y siguió los pasos de su amigo.
Una vez que los niños ya estaban metidos en sus camas, Álvaro dejo un beso en la frente de cada uno y salieron de la habitación, el de rizos recogió todas sus cosas y se dirigieron hasta la puerta de la casa.
-Gracias, ha sido un día increíble – dijo Paul
-No me las des, siempre disfruto de pasar tiempo contigo – Álvaro cogió la mano de Paul - ¿nos vemos el lunes?
-Claro, estaré donde siempre – Paul recorto la distancia y abrazo con fuerza a Álvaro.
Ambos cerraron los ojos, al sentir el calor del otro, recordando los momentos pasados juntos ese día, sobre todo acordándose de ese casi beso. Cuando rompieron el abrazo, Álvaro beso su mejilla y se despidió de él.
Paul cerró la puerta soltando un suspiro, se dirigió hasta la habitación de su hermana y cogió la vieja guitarra que guardaba en su armario. Se dirigió hacia la terraza y se sentó en una de las sillas que alli habia y guitarra en mano comenzó a tocar.
“Se me acabaron las flores
Pa' poder regalarte
Y me quedé sin minutos
Para poder alcanzarte (¿y cómo va?)
Y malgasté to' mi tiempo
En tiempos cobardes
Y no tuve cojones de enseñarte mi mejor parte
Y buscamos colegios
Para la primera niña
Una casa al lado del parque
Pa' toda una vida
Un loco dijo "boda"
Y nosotros caímos
Pasando una vida
Junto al otro fallecimos
Pero abrí los ojos y todo era un sueño
Un sueño de vida que ocurre en cuentos”
