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Paul corría por medio del campo de fútbol como si su vida dependiese de ello y esque de él dependía el tanto decisivo para poder ganar aquel partido.
El granadino había sido un gran fan del fútbol desde muy pequeño, sus propios padres le habían contado que aprendió antes a chutar un balón que a andar recto y precisamente por esto practicaba el deporte desde los tres o cuatro años.
De más pequeño jamás se lo había tomado tan enserio, se picaba más jugando en el patio del colegio a la hora de recreo con sus amigos que en los entrenamientos de los martes y jueves por la tarde pero esto fue cambiando a medida que el chico fue creciendo.
A medida que el teñido fue haciéndose mayor, el fútbol fue ocupando un lugar cada vez más importante en su vida y aquel partido era decisivo. Su entrenador le había chivado que había un seleccionador viendo aquella tarde, que iba a echar un vistazo y obviamente Paul no quería desaprovechar la ocasión por lo que estaba esforzándose al máximo para sorprender a este hombre.
En un momento consiguió hacerse con el balón y con una sonrisa en su rostro comenzó a correr esquivando a un par de jugadores del equipo contrario.
— BOLUDO ESTOY LIBRE — El grito de su amigo Lucas lo saco de su pequeña burbuja. Rápidamente, al escucharlo chuto el balón en su dirección, pasandosela a él para poder avanzar y desmarcarse un poco más.
El uruguayo recibió el pase sin problemas, controlando el balón y logrando avanzar un poco con este hasta que un chico del otro equipo logro robárselo.
Omar, o Samba, como ponía en su camiseta había logrado hacerse con la pelota, avanzando ahora él en dirección contraria.
Un chico castaño de pelo rizado apareció por su derecha, adelantándolo un poco y pidiendo el balón el cual le pasaron.
Paul, que había estado atento a todo esto no dudo en salir corriendo tras el chico, usando todas las fuerzas que le quedaban para intentar alcanzarlo.
Logró llegar hasta él bastante agotado y sin pensárselo mucho pateó el balón el cual voló hasta pasada la mitad del campo.
Fue entonces cuando el árbitro pito el final del partido y todos y cada uno de los compañeros del granadino salieron corriendo a abrazarlo y felicitarse unos a otros, celebrando que a ababan de ganar el ultimo partido de la temporada.
— Pablo has jugado genial — Cris le felicito sonriente, colocando su mano sobre el hombro del rubio.
Este le dedicó una sonrisa mientras respiraba profundo, había dado todo en aquel partido y necesitaba recobrar un poco de aliento.
— Buah loqui, acabas de hacer un partidazo — Lucas, que no se quedó atrás, también felicito a su amigo, acercándose para achicarlo contra su pecho.
— Gracias Luqui — Contestó el teñido correspondiendo al abrazo mientras sonreía de oreja a oreja.
— Che, no te olvidéis que quedamos con Nai, Rus y Salma para dar una vuelta. — Le recordó el uruguayo antes de irse camino a los vestuarios.
A medida que pasaban los minutos el campo de fútbol se iba vaciando, el granadino aprovecho que ya no tenía que felicitar el partido a nadie más de su equipo para buscar a los chicos del contrario. Fue uno a uno diciéndoles que habían jugado todos genial, agradeciéndoles su esfuerzo y dándole las gracias por el gran partido que habían hecho.
Felicitó uno a uno hasta llegar al chico de rizos, también conocido como Álvaro o como ponía en su camiseta, Mayo.
Paul se acercó a este y le tendió la mano bajo las atentas miradas del resto.
El castaño le dedicó una mirada de arriba a abajo y le estrechó la mano.
— Ha sido un buen partido Mayo — Le dijo el rubio mientras agitaba su mano de arriba a abajo.
— Lo mismo digo — Le respondió este.
Entonces ambos se soltaron del agarre y Paul aprovechó para darse media vuelta y caminar hacia las duchas.
[...]
Ya duchado y cambiado el granadino se disponía a salir a buscar a su grupo de amigos pero nada más salir por la puerta fue interceptado por unas manos que tiraron de él hasta quedar frente a frente con el castaño, escondidos en tras el edificio donde estaban las duchas y los vestuarios.
— Así que buen partido eh.. — El rizado hablo en un tono vacilón. Había una sonrisilla juguetona pintada en sus labios y barrio al contrario con la mirada, pasando esta por el cuerpo del rubio de arriba a abajo.
— No he mentido — Le contesto este, devolviéndole el vacile también con una sonrisa en sus labios.
— Anda callate — Le contestó Álvaro, agarrando al chico por el cuello de la camiseta y atrayéndolo hasta el para besarlo.
Paul no se quedó corto, aprovecho la situación colocando una de sus manos sobre la nuca ajena, atrayéndolo para profundizar más el beso que ya de por si era bastante desesperado, mientras que la otra era colocada sobre la cadera del castaño, logrando así pegar más al chico a su propio cuerpo.
Los labios del rizado bailaban sobre los contrarios, disfrutando del contacto y mangoneando este a su antojo.
Estuvieron así hasta que sus pulmones no aguantaron más y sus labios estuvieron rojos de tanto roce. Ambos chicos se separaron entre risas, mirándose con una mezcla de cariño y vergüenza.
Entonces las manos de Paul viajaron hasta las mejillas del contrario.
— Has jugado genial Álvaro — Le dijo al castaño mientras lo movía de atrás para adelante, logrando sacarle una carcajada a este.
— Tu has sido una estrella hoy — Contestó el rizado mientras miraba embobado al chico frente a él. — Que sepas que casi me desmayo cuando te he visto corriendo tan concentrado. Estabas guapísimo con el ceño fruncido — Soltó este sin pensar, notando sus mejillas enrojecer al darse cuenta de lo que acababa de decir.
— ¿Ah si? — Pregunto Paul intentando vacilar al chico de nuevo.
— Mhm — Le contesto este, disfrutando de como se sentían las manos de rubio sobre la piel de sus caderas. No tenía claro cuando las había colado por debajo de la camiseta de su equipo pero tampoco pensaba quejarse.
— Pues quiero mi premio por jugar tan bien hoy — Dijo en de granada, pestañeando lentamente y con la sonrisa burlona formada en sus labios.
— ¿Y que quiere el señorito? — Le siguió el juego Álvaro.
— Hmmm... No se... — Paul simuló quedarse pensando. — De repente me duele mucho aquí. — Dijo señalándose los labios. — Pero creo que con un beso se me pasa. — El castaño rodó los ojos mientras sonreía, se acercó al rubio y volvió a unir sus labios.
La intensidad fue subiendo por segundos, Paul había bajado sus manos hasta los muslos del contrario, aprovechando para obligarlo en cierto modo a que el castaño le rodease las caderas con las piernas mientras que él lo sostenía.
— Paul — El rizado tenía la espalda totalmente pegada a la pared de los vestuarios. — Paul — Volvió a hablar de nuevo pero en un tono bastante bajo, casi un susurro.
El teñido, que estaba muy ocupado repartiendo besos por el cuello ajeno levantó la mirada, haciendo contacto visual con el de rizos.
— Bea, Kiki y Denna están esperándome para irnos a tomar algo — Dijo este mientras reprimía un suspiro que amenazaba con abandonar su boca.
— Yo creo que pueden esperar un poquito más — Sentenció el de granada mientras continuaba con su tarea de dejar besos por el cuello del contrario.
— Joder — Álvaro soltó un pequeño suspiro mientras Paul simplemente sonreía.
— Voy a tener que besarte más ese tatuaje por lo que veo eh — Volvió a intentar vacilarle.
— Cállate y vamos dentro a los vestuarios — Ordeno el castaño y él simplemente asintió , cargando al chico entre sus brazos hasta dentro de los vestuarios mientras dejaba más besos por la zona de detrás de la oreja de este.
