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BAJO LAS ESTRELLAS

Summary:

Edelgard hace un corto viaje con sus amigos donde conocera a cirerta mujer que captara algo mas que su interes (ONESHOT)

Work Text:

Observó cómo su aliento cálido envolvía sus dedos en un intento pobre por darse más calor. Cuando Dorothea dijo que era una buena época y el mejor lugar para ver la lluvia de estrellas, imaginó que al decir “bueno” se refería al clima, solo la diosa sabría que entendía Dorothea por bueno.

Su mirada se alejó de sus manos entumecidas, ahora fijando su mirada amatista en el cielo oscuro, podían verse algunas estrellas, tomando en cuenta la altura y lo aisladas que estaban las montañas Albinea imaginó que allí habría una mejor vista de las constelaciones.

Estaba oscuro y probablemente nublado, solo esperaba que la predicción del tiempo no estuviera equivocada o habría sido una gran pérdida de tiempo subir hasta allí. Una vez más miró sus manos, las froto entre sí y volvió a soplar sobre ellas. Si era optimista, no lo estaba pasando tan mal, no si se comparaba con Petra.

La joven extranjera proveniente de las cálidas islas sureñas de Brigid, estaba lo más cerca posible a la fogata, con varias chaquetas y mantas encima. No pudo evitar poner los ojos en blanco al ver a su Relacionista Pública aprovechándose de la situación, Dorothea abrazaba protectoramente a Petra, probablemente la más joven ignoraba la forma en que su amiga castaña la miraba, tendría que hablar con Dorothea después.

Cerca de ambas Ferdinand hablaba, aparentemente al aire, porque ambas mujeres estaban absortas en su propio mundo compartiendo palabras cortas y algunas sonrisas. Se sorprendió al descubrir a Hubert sentado junto a Ferdinand, pero él tampoco parecía mostrar interés en sus palabras.

Al otro lado de la fogata, Mónica miraba pensativa las cálidas llamas, se había percatado que por momentos ella le lanzaba alguna mirada y luego pasaba su atención al lugar vacío a su lado, pero por ahora prefería estar un poco distanciada del grupo.

Cerca de la fogata instalaron dos carpas, había luz en ambas, Bernadetta estaba escondida en la carpa de chicas, y no tenía que pensarlo mucho para saber que Linhard dormía en la de los varones. El único que faltaba de su diverso grupo de amigos era Caspar, con la mirada buscó en medio de la oscuridad, a varios metros de ellos había otras carpas con su propio grupo de amigos y familias. Fue bueno descubrir que no fueron los únicos imprudentes que subieron a esas montañas nevadas para ver la lluvia de estrellas.

Desistió de buscar a Caspar, conociéndolo tan bien como lo hacía estaría compartiendo la cena con otro grupo y simplemente socializando, seguramente no tardaría en regresar con comida y muchas historias.

Un viento helado paso por su costado provocando que se estremeciera, una vez más llevo las manos a su rostro tratando de darse calor. Luego de volver a cruzar miradas con Mónica y Hubert, probablemente preocupados de que este distanciada de la fogata, decidió también salir a explorar.

Su mente intentaba relajarse y disfrutar de estos cortos días lejos del trabajo, lo lograba por momentos, pero eventualmente regresaba a la pila de papeles pendientes que dejo en su escritorio. Teniendo en cuenta que Hubert y Monica intentaban relajarse y también disfrutar, sabía que debía hacer lo mismo.

Un suspiro escapo de sus labios, intentar relajarse y disfrutar no era lo mismo a sentirlo de verdad. Ya estaban ahí y era tarde para preguntarse si fue lo correcto hacer ese viaje.

Inicialmente su plan fue recorrer ese inusual campamento formado por extraños, algunos la saludaban amigablemente al pasar cerca de su fogata, hubo incluso una familia que le ofreció compartir su cena, otro grupo que cantaba en coro y armonía le hizo señas para que se uniera a ellos, pero también rechazó la invitación. La gente era extrañamente amigable con ella, la emoción que se sentía en el aire era contagiosa, muy diferente al ambiente estresante de oficina al que estaba acostumbrada.

Las bajas temperaturas ya no eran un inconveniente para disfrutar de este gentil ambiente, pero inconscientemente se fue distanciando de los pequeños grupos de personas, cuando se dio cuenta de ello, se preguntó qué tan lejos sería capaz de llegar.

Una sonrisa se formó en sus labios al imaginarse algunos titulares como “heredera de ADESTRIA INC encontrada congelada” o “queda blanca última Hersvelg”, quizás no eran los más ingeniosos, pero definitivamente sería noticia.

Cuando terminó su divagación y consideró que ya se había distanciado lo suficiente, descubrió una pequeña fogata detrás de un abeto de nieve. Inicialmente lo ignoró, cuando dio medio vuelta una pregunta cruzo por su mente ¿Quién acamparía tan lejos?

Detuvo sus movimientos y se giró hacia la solitaria fogata, cerca solo había una pequeña tienda y ninguna señal de movimiento dentro. Bueno, quizás el dueño se había unido a algún otro grupo para compartir historias y comida.

Ese pensamiento no le dio consuelo, las temperaturas eran bajas y esta fogata estaba a una distancia considerable del resto, si algo le había pasado al dueño no había forma de que alguien se enterara.

Se detuvo pensando que hacer, quizás estaba siendo paranoica, solo segundos atrás estuvo pensando en los titulares para su posible muerte, claro, solo estaba siendo paranoica.

En conflicto volvió a su idea inicial de regresar con sus amigos, solo había dado unos cuantos pasos cuando descubrió una silueta a su costado asechándola. Le costó evitar gritar, inicialmente solo distinguió una figura negra.

-¿h-hola?-pregunto con cautela, evitando mostrar miedo, pero siendo consiente que fallaba.
-hola-la figura se acercó un poco más a ella permitiendo que la débil luz de la pequeña fogata revelara su rostro femenino-¿puedo ayudarla en algo, señorita?

La pregunta se perdió en el aire, así como la conciencia de Edelgard. Había visto infinidad de rostros en su vida, infinidad de miradas que guardaban desde odio, arrogancia o avaricia hasta miedo, pero nunca un rostro tan hermoso como el de esa mujer. Ella mantenía una expresión estoica y apacible, su mirada azul parecía una laguna profunda y misteriosa. Su cabello era de un azul turquesa que caía descuidadamente por sus hombros y no podría verse más perfecta, para el frio que hacia la misteriosa mujer usaba una casaca sencilla, como si no fuera de ese mundo y el viento helado no le afectara.

-¿está bien, señorita?-la mujer se aproximó un poco más, recién se percataba que cargaba leña en sus brazos, también distinguió una cámara colgando por su cuello-¿…señorita?-volvió a llamarla, ahora mostrando un poco de preocupación en su rostro.
-ah… em... si… Edelgard, me llamo Edelgard-le incomodó que siguiera llamándola con formalismo, aunque siendo quien era ya estaba acostumbrada. Al darse cuenta de su error agitó su rostro intentando reaccionar-y-yo…

Sintió las mejillas arder cuando la mujer ladeo la cabeza confundida, como si hablara en otro idioma. Un incómodo silencio se formó, ella sin saber que decir y la mujer todavía mirándola confundida.

-un gusto, Edelgard-dijo al fin la mujer, todavía sin expresar nada en su rostro o su mirada azul-me llamo Byleth, ¿puedo ayudarla en algo?
Byleth, se llama Byleth, y eso fue lo único que pasó por su mente los próximos segundos.

.

La joven parecía incómoda con el silencio, se había percatado de eso hace mucho, pero por alguna razón seguía ahí, sentada frente a ella comiendo en silencio el estofado que le ofreció. Su mirada zafiro estudio con más interés a la joven.

Por las bajas temperaturas usaba ropa abrigada, pero no pudo evitar observar los accesorios caros que acompañaban a la joven mujer. Aretes dorados, casi podría apostar que era oro puro, un collar igualmente dorado con la curiosa forma de un águila bicéfala. Su abrigo de invierno también parecía lo suficiente caro como para que empezara a preguntarse ¿Quién era realmente esa mujer?

Sus miradas se encontraron en algún momento, probablemente había descubierto que la observaba con curiosidad. Su mirada se mantuvo fija en la más baja. Edelgard, como le había pedido que le llamara, no esquivó su mirada, en su lugar también la observó con curiosidad.

-¿vienes sola?-la escuchó preguntar después de un momento que sintió eterno.

En respuesta solo asintió la cabeza, no había mucho que decir al respecto.

-¿y tú?-esquivó unos segundos la mirada amatista de Edelgard, solo para vigilar el fuego, alcanzo otro tronco para avivar más la llama; y una vez más su mirada azul volvió atraída como imán a la mirada lila de Edelgard.

Sus ojos eran lindos, su piel pálida y delicada la hacía ver como un hada o un ser místico, si a eso le agregaba su pelo níveo, realmente no pudo evitar preguntarse si Edelgard era real. Sus ojos volvieron a recorrer las prendas lujosas y los accesorios caros de la mujer frente a ella.

-vine con algunos amigos del trabajo-se limitó a responder, mientras apartaba brevemente la mirada, en un movimiento elegante y delicado acomodó su cabello blanco detrás de su oreja.

Byleth ladeó la cabeza, tenía algunas preguntas en su mente, separó los labios pretendiendo decidirse por alguna, pero al final no lo hizo. En silencio terminó su estofado. Edelgard tampoco dijo nada más.

Conforme la noche avanzaba, la temperatura bajaba. Ya había pasado un rato desde que ambas terminaron su cena, Edelgard dio un corto gracias, pero siguió ahí, no parecía tener intenciones de irse todavía, y lo cierto es que ella tampoco quería que se fuera.

Era extraño, la compañía de otros la hacía sentir incómoda y estresada, especialmente de alguien que acabara de conocer. Pero la compañía de Edelgard le ofrecía otra sensación, no estaba segura de lo que era. Se sentía un poco ansiosa pero también… ¿emocionada?

Inconscientemente llevó una mano al pecho, aun con su casaca, podía sentir su pulso bombeando con fuerza, no era normal.

-¿todo bien?-escuchó nuevamente la voz de Edelgard, no estaba segura de cuánto tiempo llevaban en silencio.
-puedo preparar chocolate-respondió, bajando unos instantes la mirada a las delicadas manos de Edelgard, no tenía que tocarlas para imaginar lo suaves que serían, y llevaba un rato observando como las frotaba entre si intentando calentarlas.
-eso sería perfecto, gracias.

En silencio hizo lo que dijo, tenía todos los ingredientes listos así que fue rápida. Luego de descubrir que Edelgard era fan del dulce, la crema y mucho chocolate. Ambas nuevamente se encontraban en silencio observando las vivas llamas de la fogata.

-¿tus amigos no estarán preocupados?-preguntó, por decir algo.

Edelgard no respondió al instante, lo que llamó su atención. La joven la miraba curiosa, parecía estar buscando algo en su mirada, y sea lo que sea que encontró solo sonrió.

-¿me estas echando?-respondió en tono juguetón, extrañamente disfruto del sonido de su suave risa, sintió que el pulso en su pecho volvía acelerarse.

Al no saber cómo responder bajó la mirada, corriendo el riesgo de ser malinterpretada por su silencio.
-¿eres fotógrafa?-afortunadamente el silencio fue roto bastante rápido, con una pregunta al azar de Edelgard.

Ella alzó la vista, no entendiendo porque asumía eso. Luego de descubrir que Edelgard miraba su cámara, también bajó la mirada.

Dudó por un momento, pero al final decidido desprenderse de ella y encenderla.

-no, solo es un hobby-decía mientras le alcanzaba el dispositivo con la pantalla ya encendida.
-¿Qué flor es?

En la pantalla se mostraba su última captura, una flor blanca, con pétalos gruesos y cubierta de una fina pelusa blanca que fácilmente podría confundirse con nieve.

-Edelweiss, también conocida como flor de las nieves o estrella de las nieves-Edelgard parecía interesada en el tema, su mirada amatista buscó la suya con más curiosidad.
-en realidad, ignoraba que crecieran flores en estas condiciones climáticas-admitió.
-no son conocidas porque crecen en lugares de difícil alcance, por eso también son símbolo de valor, coraje y…
-¿y?
-si alguien especial te la obsequia significa amor eterno-explicó, mientras se sentía nerviosa, incluso llegando a sentir cálidas sus mejillas
-oh…-no supo si Edelgard había descubierto que estaba avergonzada, ni ella entendía porque lo estaba, solo hablaban de flores-tiene sentido. Para empezar no la venden en florerías convencionales, si realmente quisieras demostrar tu amor por alguien tendrías que conseguir la flor por tu cuenta.
-crecen a más de 2000 metros de altitud, y como no reciben rayos de sol apenas crecen 10 cm-volvió a explicar, sintiéndose un poco tonta por saber de memoria datos que seguramente Edelgard encontraría irrelevantes.

Volvió a escuchar la suave risa de Edelgard.

-realmente parece ser más que un hobby, ¿Cuál es tu flor preferida?-podía casi asegurar que Edelgard la veía ahora con más interés.
-Áster
-la flor de septiembre, esa si la conozco-dijo con orgullo-está asociada a la paciencia, la sabiduría… y el amor ¿cierto?

Asintió en respuesta, y no pudo ignorar como las mejillas hasta ahora blancas de Edelgard, se tornaban en un suave rosa.

Nuevamente el silencio las rodeo, esta vez Edelgard se veía menos incómoda que momentos atrás. Ambas absortas en sus propios pensamientos miraban el movimiento suave de las cálidas llamas de la fogata, por momentos despegaban su mirada del fuego para prestar atención a su chocolate.

.

La noche seguía avanzando, ambas menos interesadas en que este encuentro terminara, había pasado un rato desde que ambas terminaron su chocolate, Edelgard seguía entretenida con la cámara, las fotos en su mayoría eran de flores, pero también encontró algunas aves, se detuvo a admirar especialmente a un Bubo Scandiacus, a primera vista este se camuflaba con el paisaje.

-¿a qué te dedicas?-preguntó mientras seguía pasando las fotos, admirando y maravillándose con cada toma. Sabia muy poco de la profesión de fotografía, pero realmente encontró impresionante las fotos de Byleth, solo podía imaginar la paciencia y pasión detrás de cada imagen.

-soy profesora en Garreg Mach-apartó la mirada de la cámara para ver a Byleth, con ligera sorpresa en su rostro-enseño historia, filosofía y astrofísica-terminó la explicación volviendo a atender la fogata.

Garreg Mach era una universidad con mucho prestigio, su curiosidad e interés por la mujer solo crecía conforme la noche avanzaba.

-yo me dedico a un negocio familiar-intentó explicar, sintiéndose un poco inquieta consigo mismo por lo general que es eso sonaba, pero no quería intimidarla. Byleth solo la observó unos momentos, esperando que dijera algo más, y como no lo hizo, su atención se posó en el cielo.

Edelgard también alzo la vista, mirando con deleite y asombro la increíble vista de las estrellas. ¿en que momento el cielo se despejo?

Poco importaba, las nubes se habían ido para dar paso a esa majestuosa vista, abrumada alzo un brazo, sintiendo que podía tocar las estrellas.

-¿bajo qué luna naciste?
-22 de la Luna de Guirnalda-respondió, todavía impresionada por la vista.
-tu constelación esta por allá-le indicó Byleth, permitiendo que sus cuerpos se acercaran por primera vez, un agradable cosquilleo recorrió su cuerpo al sentir las manos de Byleth tomar las suyas con cuida mientras indicaba un grupo pequeño de estrellas.

Brevemente su mente se distrajo en el calor que ofrecía el acercamiento de Byleth, sus manos se sentían tibias, y ella olía como… flores silvestres.

-… ¿la viste?-Sacudió el rostro mientras sentía el calor de su pecho subir a sus mejillas- Altarf o Tarf es la estrella más brillante de la constelación de Cáncer-volvió a repetir con paciencia. Esta vez Edelgard intentó prestar más atención-la constelación en si es pequeña y no tiene muchas estrellas brillantes.

Edelgard la distinguió con cierta dificultad, y no era porque no conociera la forma de su constelación, sus neuronas simplemente no estaban cooperando.

-¿y-y tú?-internamente se regañó por el temblor en su voz-… ¿Cuál es tu signo?
-20 de la Luna del Arco-movió ligeramente el brazo de Edelgard, señalando ahora la constelación de Virgo-la mas grande del zodiaco, y la segunda después de Hidra-terminó de explicar con una ligera sonrisa.
-… ¿Cuáles son sus estrellas más importantes?
-la estrella Espiga o Spica es la más brillante de Virgo, y la decimoquinta mas brillante del cielo nocturno-explicó mientras indicaba suavemente cual era- la segunda más brillante es Porrima y Virginis-nuevamente hizo un ligero movimiento para indicar cuáles eran-llamada también Vindemiatrix, Protrigetrix o Almuredin es la tercera mas brillante.

Su mirada se apartó de las constelaciones para mirar ahora el rostro de Byleth, sus ojos mantenían un intenso brillo mientras todavía disfrutaba del firmamento, una genuina sonrisa se había formado en sus labios.

-¿Cuál es tu preferida?

La mirada azul aciano de Byleth se unió a la suya, sus ojos todavía brillaban, había un hermoso rubor en sus mejillas. Sus cuerpos seguían estaban unidos lo más físicamente posible.

- Zaniah-dijo suavemente, estaban lo suficiente cerca como para hablar en susurros y todavía entenderse-significa hermosa-su mirada se apartó de la suya, notó que se detuvo brevemente en sus labios, el tono en sus mejillas ahora era carmesí.

Edelgard también bajó la mirada, los labios de Byleth mantenían un brillo saludable y dulce a pesar de las bajas temperaturas, sin pensarlo cerró un poco mas la distancia entre ambas.

Sus miradas volvieron a encontrarse, se preguntó si solo ella sentía esa suave sensación en su pecho. Sabía que sus mejillas estaban igual o más rojas que las de Byleth. Volvió a bajar la mirada, esta vez con mayor determinación…

-¡ya se ven!-Byleth repentinamente se puso de pie, en toda la noche esta fue la primera vez que sintió emoción en su voz. Con ligera frustración también se puso de pie.
-increíble…-susurró. Acababa de empezar el espectáculo, la razón por la que subió a esas montañas bajo esas temperaturas.

Incontables destellos cruzaban el firmamento dejando a su paso un rastro brillante de luz, la luna se veía mas hermosa y brillante que cualquier otra noche, perdió la cuenta de cuento tiempo estuvo mirando el cielo. En algún momento algo cálido acaricio su mano, ella nunca se caracterizó por ser tímida, con gran firmeza tomó la mano de Byleth asegurándose de mantenerlas unidas. Byleth busco su mirada brevemente, el rubor carmesí todavía permanecía en sus mejillas, y sonreía con cierta timidez, su mirada brillaba con intensidad, recordándole un poco a las estrellas.

Ambas volvieron alzar la vista al cielo, disfrutando del espectáculo, y deseosas de descubrir el futuro de este encuentro.

No necesitaron mas palabras para explicar la conexión que esa noche nació entre ambas.

.

-¿Por qué están tan tranquilos?, Edelgard todavía no regresa-dijo cierto pelinegro entre preocupado, nervioso y molesto.
-no te preocupes, se esta divirtiendo a su propio ritmo-respondió Dorothea, quien fue la única que la encontró, pero no la trajo de vuelta ni indicó donde estaba.