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En la cubierta del Moby Dick, la tranquilidad de la noche era interrumpida solo por el suave oleaje del mar y las risas ocasionales de los piratas celebrando un día más de libertad. Entre ellos, Marco el Fénix, el primer comandante de la flota de Barbablanca, observaba las estrellas con una calma envidiable. Nadie en su tripulación sabía que Marco guardaba un secreto ancestral, uno que estaba a punto de ser desenterrado por la traición y el caos.
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La rutina en la nave continuaba sin contratiempos. Thatch, uno de los comandantes, había encontrado una Fruta del Diablo especialmente rara, y todos se reunieron para celebrar el hallazgo. La camaradería y la alegría llenaban el aire, pero en las sombras, Teach, un hombre ambicioso y traicionero, tramaba su oscuro plan. Había estado esperando este momento, su oportunidad para tomar el poder y cambiar su destino.
Una noche, mientras la tripulación dormía, Teach aprovechó la oscuridad para atacar a Thatch. En un acto de traición pura, lo apuñaló y robó la fruta. Al consumirla, una energía oscura y caótica comenzó a rodearlo. No era una fruta común, sino la Fruta del Caos, un artefacto que contenía el poder de un antiguo dios de la destrucción.
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Marco e Izo fueron los primeros en llegar al lugar de los hechos, encontrando a Thatch gravemente herido y a Teach envuelto en una aura oscura. Izo se arrodilló rápidamente junto a Thatch, tratando de detener el sangrado con sus propias manos y gritando por ayuda.
"¡Necesitamos asistencia médica aquí!" gritó Izo, su voz llena de urgencia. Ace, al escuchar los gritos, corrió al lugar, seguido de varios otros miembros de la tripulación.
"Thatch, aguanta," dijo Ace, su tono más suave de lo usual. "Vamos a sacarte de esto."
Vista llegó corriendo con suministros médicos y empezó a tratar las heridas de Thatch. Mientras tanto, Marco intentó detener a Teach, pero el poder del Caos se desató completamente, y una entidad aterradora se manifestó ante ellos.
"Marco, antiguo dios del Fénix, ¿creías que podrías escapar de tu destino?" dijo la entidad con una voz que resonaba como mil tormentas. "Soy el dios del Caos, liberado por este necio. Ahora, revelarás tu verdadero yo."
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La tripulación de Barbablanca observaba, atónita, mientras el aura de Marco cambiaba. Sus ojos brillaban con un fuego ancestral, y un par de alas majestuosas se desplegaron a sus espaldas. En un destello de luz, Marco se transformó en un ser divino, radiante y temible.
"Sí, soy un dios," confesó Marco, su voz llena de un poder que resonaba en los corazones de sus camaradas. "Hace ocho siglos, fui traicionado por mi propio esposo, un dios celoso que intentó destruirme. Apenas sobreviví, y desde entonces he vivido entre los mortales, buscando la paz y el olvido."
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El dios del Caos, aprovechando la conmoción, lanzó un ataque devastador hacia Marco. Sin embargo, Marco, con su poder divino, contrarrestó el ataque con una llamarada azul intensa que iluminó el cielo nocturno. La batalla entre los dos dioses fue titánica, sacudiendo el mar y el cielo.
La energía caótica y las llamas del fénix chocaban en un espectáculo de luces y destrucción. El mar se agitaba violentamente, creando olas gigantescas que amenazaban con volcar el Moby Dick. Los piratas, aunque temerosos, no se retiraron; sabían que su lugar era al lado de su comandante, sin importar cuán formidable fuera el enemigo.
Ace, viendo a su amigo y mentor en peligro, se lanzó a la batalla con su poder del fuego. "¡No te dejaremos solo, Marco!" gritó, sus llamas uniéndose a las de Marco en un torbellino de calor y luz. Izo, con sus habilidades de disparo precisas, comenzó a atacar al dios del Caos desde la distancia, buscando cualquier punto débil.
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Mientras Vista y otros miembros continuaban tratando a Thatch, éste, con un esfuerzo titánico, abrió los ojos. "Marco... debe saber... sobre Teach..." murmuró con dificultad.
"No hables, Thatch," dijo Vista, intentando mantener la calma. "Te pondrás bien."
Thatch, con una fuerza de voluntad increíble, apretó la mano de Vista. "No... podemos dejar... que el Caos... gane."
Vista, conmovido por la determinación de Thatch, miró a su alrededor y asintió. "¡Todos, debemos mantenernos firmes! ¡Por Thatch, por Marco, por nuestra familia!"
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El enfrentamiento era intenso, y aunque Marco peleaba con todas sus fuerzas, parecía que el Caos no tenía fin. En medio de la batalla, Teach, aún poseído por el dios del Caos, comenzó a revelar detalles del pasado de Marco, buscando debilitarlo psicológicamente.
"Tu amado esposo te traicionó," gritó Teach, su voz distorsionada por la presencia del dios. "Te dejó a las puertas de la muerte, y tú, en tu desesperación, renunciaste a tu divinidad para vivir entre los mortales. ¡Eres un dios caído, Marco, y no mereces el poder que posees!"
Las palabras de Teach resonaron en Marco, trayendo recuerdos dolorosos. Recordó su vida como un dios del Fénix, su amor por su esposo, y la traición que casi lo destruyó. Pero también recordó su renacimiento, su nueva familia, y la fortaleza que había encontrado en la tripulación de Barbablanca.
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Fortalecido por esos recuerdos, Marco se levantó con renovada determinación. Sus llamas azules ardieron con una intensidad nunca antes vista. "No importa mi pasado," dijo con firmeza. "Lo que importa es el presente y la familia que he encontrado. ¡No permitiré que el Caos destruya eso!"
Con un grito de guerra, Marco canalizó todo su poder en un último ataque, un fénix de llamas azules que envolvió al dios del Caos. La intensidad del ataque fue tal que la entidad comenzó a desintegrarse, liberando a Teach de su posesión. Exhausto pero triunfante, Marco cayó de rodillas, mientras el dios del Caos se disipaba en el aire.
La tripulación, aunque exhausta y herida, corrió hacia Marco, ofreciéndole su apoyo y respeto. Ace ayudó a levantar a su comandante, mientras Izo y los demás se aseguraban de que Teach estuviera bajo custodia. Barbablanca se acercó, colocando una mano en el hombro de Marco. "Eres más que un dios, Marco. Eres parte de esta familia, y siempre estaremos contigo."
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La revelación del pasado divino de Marco no cambió el respeto y la lealtad que su tripulación sentía por él. Si acaso, fortaleció los lazos entre ellos, recordándoles que, sin importar el poder que uno tenga, la verdadera fuerza reside en los lazos que compartimos y en la familia que elegimos.
A partir de ese día, el Moby Dick navegó con una renovada confianza, sabiendo que, con Marco el Fénix, un dios renacido, guiándolos, no había adversidad que no pudieran superar. Y aunque el pasado de Marco era un recordatorio de su fuerza y resiliencia, era el presente, con su familia pirata, lo que realmente importaba.
