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El Hard Rock Stadium sigue de fiesta, con la música a tope mientras se desarma el escenario de la ceremonia de premiación y las familias de la selección bicampeona de América empiezan a ingresar al estadio para reunirse con los recién coronados de gloria.
Enzo camina lentamente por la cancha, mirando a su alrededor mientras acaricia distraídamente la medalla que cuelga en su pecho. Ya se había encontrado con sus seres queridos, sacándose fotos y recibiendo abrazos y felicitaciones de sus padres, hermanos, y algunos amigos que fueron a acompañarlo desde la tribuna.
Aunque sólo habían pasado unos minutos desde que Julián se había separado de él para saludar a su propia familia, ya extrañaba tenerlo a su lado.
La adrenalina y emoción de haber vuelto a salir campeones todavía le recorre las venas. No se puede borrar la sonrisa de la cara, y siente que está desbordando de felicidad. Y lo que más hace a Enzo sentirse realizado es haber vuelto a ganar otro título con su novio.
No nos para nadie, le había dicho entre los festejos, luego de que el árbitro suene el silbato y de por terminada la final, con la victoria de Argentina en el tiempo extra. Ambos estaban sentados en el banco, inquietos por que se termine de una vez la espera, y lo primero que el cuerpo de Enzo decide hacer es salir corriendo, girando su torso hacia Julián y extendiendo los brazos. El cordobés no dudó y se abalanzó sobre él para abrazarlo por un instante que pareció eterno. Cuando se separaron, Enzo sintió que se derritió por dentro cuando Julián lo miró a los ojos con esa sonrisa hermosa que tiene y unió sus labios con los de él, un beso que probablemente nunca olvidarían.
Tuvieron que cortar el momento porque ya sentían las palmadas y empujones de algunos de sus compañeros, junto con alguna que otra cargada. "Che tortolitos, vamos con los muchachos" les dijo Pala, con una sonrisa pícara mientras los agarraba del brazo a ambos para llevarlos dentro del campo de juego.
El resto de la celebración y la premiación se sintió como un sueño. Uno piensa que ya deberían estar acostumbrados después de tantas copas en tan poco tiempo, pero Enzo no podía evitar alegrarse como un nene chiquito. Julián no es tan expresivo en palabras, pero se le nota en la cara: sus ojos marrones brillan de la felicidad y sus dientes relucen en una sonrisa.
Obviamente cada uno se tomó su tiempo para saludar y abrazar a los demás futbolistas, pero inconscientemente trataban de quedarse lo más cerca posible uno del otro. Cuando siguieron al resto para saludar a los hinchas argentinos, no se despegaron nunca. Saltaban, cantaban, reían, en un momento se les unieron otros compañeros para festejar también, pero el brazo de Enzo no dejaba de rodear la cintura de su novio, ni Julián sacaba la mano del hombro izquierdo del menor.
La ensoñación de Enzo es interrumpida por una voz femenina que lo llama, y al darse vuelta le muestra una sonrisa afectiva a Valu, su ex-mujer, que viene de la mano de una inquieta Olivia.
Oli sale disparada del agarre de su madre y corre a los brazos de Enzo, gritando "¡Papá, ganaste papá!". Enzo ríe y la llena de besos, mientras Valu aprovecha y les saca algunas fotos para el recuerdo.
— Felicitaciones, Enzo. —le dice Valu con una sonrisa cuando Enzo es liberado del mini terremoto y se incorpora para saludarla. —Jugaron re bien, lo dieron todo.
— Gracias, sí, se sintió así. No fue fácil. —responde Enzo, en un suspiro. —Como toda final.
Valu asiente con una sonrisa cálida y se quedan charlando por unos minutos. Ella le cuenta sobre el quilombo que hubo en la previa del partido, y que por suerte ellas dos y la familia de Enzo no habían tenido mayores problemas al entrar al estadio. Que se habían enterado por las familias de Alexis y Nico, los cuales sí estuvieron más complicados.
Mientras ambos padres hablan, Enzo trata de mantener un ojo puesto en Olivia para que no se vaya muy lejos. La chiquita corretea por ahí, aunque no se anima a ir a jugar con otros nenes de los compañeros de Enzo porque es un poco tímida. Pero después de que Valu le termine de sacar algunas fotos al futbolista posando con su medalla, Enzo se da vuelta y no encuentra a la nena cerca.
— ¡Olivia! —Enzo exclama mientras la busca con la mirada. — ¡Oli...!
Está por llamarla por tercera vez cuando al fin sus ojos la ubican a unos metros, y Enzo se topa con una escena hermosa que lo hace sonreír como un boludo. Olivia corrió hasta donde estaba Julián para saludarlo con un abrazo, y Juli ya se había sentado a su altura para hablarle y jugar con ella.
Julián siente la mirada de Enzo y sus ojos se encuentran, para luego sonreírle tímidamente.
—Bueno, yo me despido... —anuncia Valu, quien observa atentamente la secuencia con una sonrisa. — Te la dejo a Oli un ratito que voy a ir a saludar por ahí. No me la pierdan, eh. —Agrega con un tono burlón, y Enzo responde con una sonrisa y poniendo los ojos en blanco.
— Dale, tranqui Valu.
Valu se aleja y Enzo camina en dirección a Julián y Olivia, que ya tiene puesta la medalla de Juli en su cuello. Cuando llega a su lado, Olivia lo recibe a saltitos.
—Papi, papi, me la dio Juli, mirá. —le dice la chiquita, posando. Enzo suelta una carcajada al verla con la medalla que le queda gigante y su mini outfit de selección, su camiseta con la 24 estampada.
—Estás hermosa, gordi.
Julián se ríe también, y Enzo aprovecha para robarle un piquito. No se resiste a tanta ternura, y menos cuando Julián se sonroja y le da un suave codazo después.
—¿Cómo estás? —le pregunta a Enzo, mientras alza su mano vendada y le acomoda los pelos transpirados al otro.
—Bien, bien, un toque cansado. —responde el menor, acomodándose al lado de Juli en el césped de la cancha. Estira el cuello para atrás, cierra los ojos, y suelta un suspiro. Luego, abre los ojos de vuelta y mira a Julián, sintiendo cómo su cuerpo emana amor y cariño puros. — Feliz. —termina de decir, con una sonrisa boba en los labios.
Julián le devuelve la sonrisa, sus cachetes colorados al sentir la intimidad del momento. Ambos se aman con todo el alma, pero Enzo de verdad adora a su pareja. Cuando están juntos en la concentración no se separa nunca de él, lo cuida, está atento a lo que le pasa y sabe cuándo Julián está cómodo y cuándo hay algo que lo molesta. Sus compañeros a veces lo joden por ese apego, pero sin malicia alguna. Y a Enzo tampoco le molesta que le digan que se nota lo mucho que ama a Julián.
—Yo también. Es muy loco poder vivirlo otra vez. Celebrar tantos títulos... Y ser parte de eso. —le responde con ese acento cordobés que lo caracteriza.
—Ah pero vos ya estás acostumbrado, gordo. —lo cargosea Enzo, dándole un empujoncito. —Recién leí que ya es como tu título número 17. Nada mal che.
—¿Ah sí? Mirá vos, no tenía ese dato. —Julián asiente con la cabeza, pensativo. Se queda en silencio unos segundos y luego agrega —Pero lo mejor es ganar títulos juntos. Tenerte a vos al lado siempre.
Enzo puede afirmar con total certeza que efectivamente se está derritiendo de amor en este mismo momento. Lo primero que atina a hacer es rodearlo con sus brazos y abrazarlo bien fuerte, haciendo que Julián casi se caiga para atrás.
—No podés decir eso, hijo de puta. —le reclama Enzo, sus palabras algo amortiguadas por tener la cara pegada al cuello de Julián. Eso le causa cosquillas al cordobés y él suelta una risita.
—Si sabés que te amo. —le responde, dejándole besos en la cabeza, cachetes y frente a su novio. Normalmente, Julián es bastante tímido a la hora de expresar sus emociones; que se logre soltar y sea más afectivo en público lo conmueve aún más a Enzo.
— Yo también te amo, Juli...
Otra vez, la burbuja en la que están inmersos los dos es invadida, esta vez por un mini terremoto que decide tirarse arriba de ellos y unirse al abrazo entre risas.
—·—·—·—
"Paaa, papi papi papi"
Olivia parece irradiar energía, y está dele correr alrededor de sus dos papis para que le presten atención y jueguen con ella.
Enzo sabe que Oli adora estar con Julián, se pone más inquieta, porque aprendió que el mayor cae muy fácil en sus redes y haría de todo por ella. No puede evitar emocionarse un poco cuando ve que Olivia le hace carita de perro mojado a Juli para que le consiga algún globo o pelota para jugar juntos.
— Bueno dale Oli, a ver si quedó alguno por acá... —Julián tambien adora a Olivia, y no se resiste demasiado a sus caprichos. Por las dudas, antes de que la chiquita se ponga a correr y saltar, Juli le saca la medalla y se la vuelve a poner él. —Después te la devuelvo eh —agrega, como si la medalla no fuese suya.
Olivia le agarra la mano a Julián y empieza a llevarlo por la cancha hasta que encuentra un globo redondo. Le quiere hacer gestos a Enzo para que venga con ellos, pero en el intento se le cae el globo, que a comparación del tamaño de la nena parece gigante. Julián se ríe, le levanta el globo del piso y se lo devuelve.
—¡Pá! —vuelve a llamar Oli, y cuando Enzo se acerca los hace ponerse en rondita. Enzo rueda los ojos al ver que Olivia quiere empezar a mandonear y dar las instrucciones de su nuevo juego: tienen que patear el globo y pasarlo uno a otro sin que se caiga. Al que se le cae pierde y hay que hacerle cosquillas.
—Es brava la nena, eh —Le susurra Enzo a Julián, quien ríe y se encoge de hombros.
—¡Dale, dale! —exclama Olivia, y pega un saltito para tirar el globo al aire. Julián y Enzo lo patean suave, bastante alto, para que Oli pueda llegar a patearlo. A veces, Enzo "sin querer" se lo tira más lejos para que no llegue, y ambos proceden a correr y hacerle cosquillas. Olivia está encantada y se ríe sin parar, para después hacer que jueguen otra ronda.
Julián también se pone competitivo y le pega al globo bastante fuerte para que se vaya lejos, haciendo que Enzo no llegue y pierda.
—¡Nooo, perdió! ¡Cosquillitas! —Julián grita y empieza a perseguir a Enzo junto con Oli para cobrarle su error. El menor estalla en carcajadas y trata de sacarse de encima a los otros dos.
—Ya vas a ver —le dice amenazante a Julián, mientras se vuelven a acomodar en la rondita.
Esta vez, cuando Enzo está por patear el globo, lo tira bastante lejos y Julián es el que pierde. Así que se le abalanzan Enzo y Oli, que no para de reírse y está fascinada con este juego.
—Tomá, ahora no te haces el piola eh. —Enzo le hace cosquillas a su novio en todo el cuerpo, es adicto a esa risa descontrolada del cordobés que le endulza los oídos (con razón el resto le dice que es un intenso de mierda).
Juegan una última partida, en la que Olivia pierde e intenta escaparse antes de que la castiguen con cosquillas. Julián corre atrás y la persigue por unos metros hasta que la atrapa en sus brazos, la alza y le hace cosquillas, sosteniéndola fuerte mientras la chiquita se retuerce en sus brazos riéndose.
Enzo se los queda mirando, cautivado con la enternecedora escena. Casi sin pensarlo, sus manos se deslizan por el bolsillo de su pantalón y sacan su celular.
—A ver, una fotito los dos lindos... —dice en voz alta cuando abre la cámara y apunta hacia ellos. Julián se acomoda, agarrándose la medalla para que haga su aparición en la foto, y Oli sonríe mientras abraza a su otro papi. Enzo captura el momento sonriendo, feliz de poder conservar ese hermoso instante en una foto.
Los minutos restantes, Enzo y Juli los pasan jugando con Olivia a las carreritas, y haciendo jueguitos con una pelota mientras Oli aplaudía e intentaba hacer algunos también.
La obtención de la Copa América incluso parece quedar de lado durante estos instantes de felicidad y tranquilidad. Entre risas y algún que otro beso, Enzo llega a la conclusión de que este día no podría ser mejor.
