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No fue la gran cosa, realmente. Era un día como cualquier otro, nada fuera de lo común en el contexto de una práctica de voleibol compartida con Karasuno.
El partido de práctica transcurría con total normalidad. Los jugadores de Aoba Johsai le estaban dando un gran desafío a los cuervos, estando siempre un paso adelante de ellos en cada jugada.
Oikawa sonrió de lado al ver la cara de frustración de Tobio-chan cuando Matsukawa bloqueó de manera exitosa el último remate de Hinata, gritando de manera exagerada al pelirrojo junto a él por haber desperdiciado un pase tan bueno de su parte. Hinata, de manera predecible, no se quedó callado y comenzó a gritar también hasta ser regañados por su capitán. Mattsun, por su parte, aprovechó para chocar puños con Makki al por fin haber podido anticipar una de esas jugadas ridículamente rápidas que el dúo de loquitos del Karasuno intentaba perfeccionar.
El joven armador aprovechó el momento para pedir un descanso, pues llevaban varias horas jugando y, aunque los jugadores a su alrededor parecían estar bien, él había entendido lo importante que era parar a descansar cada tanto. Lo había entendido a las malas, la verdad. Los entrenadores aceptaron la petición, y con el sonido del silbato, los jóvenes se dieron el lujo de descansar un momento.
El chico se acercó a donde estaban sus pertenencias y sonrió al ver a su vice capitán con su botella de agua en mano y una sonrisa de lado. Iwaizumi tenía una ceja levantada al observar al par de raritos ignorar a Sawamura para poder continuar con su discusión sin sentido.
La atención del rematador estaba en otro lado, así que Tooru aprovechó para observarlo con más libertad.
Hablando de manera objetiva, Iwaizumi Hajime era un tipo atractivo. Rasgos faciales bien definidos, piel ligeramente bronceada, contextura física envidiable y una sonrisa jovial que Oikawa podría contemplar por el resto de sus días sin cansarse. Objetivamente, claro.
No por primera vez en su vida, Tooru tuvo que regañarse mentalmente al permitirse pensar en su mejor amigo de aquella forma. El joven era consciente de que su relación con su mejor amigo no era del todo convencional, sobre todo si tenía en cuenta las muchas veces en las que soñaba despierto, solamente pensando en el joven de ojos verdes junto a él. Tooru definitivamente no quería ponerle un nombre a todos aquellos sentimientos, ya que hacerlo los haría totalmente reales y el castaño no tendría más remedio que aceptarlos.
Tooru agitó su cabeza disimulada en un intento de deshacerse de aquellas ideas. Hajime era su mejor amigo. Nada más y nada menos.
―Tobio sigue igual de testarudo que siempre ―dijo con una sonrisa de lado. Tooru tragó saliva al ver que su amigo le extendía una botella de agua antes de darle otro trago a su propia botella.
El castaño, en un momento de debilidad, se permitió apreciar la vista. Observó con atención cómo la mandíbula de Hajime parecía aún más afilada al inclinar su cabeza hacia arriba al tomar agua. Apreció la forma en la que su garganta se movía al tragar y cómo el chico se secaba los labios con el dorso de la mano. Su perfil parecía haber sido esculpido por los artistas más talentosos de la historia y aquellos ojos verdes eran capaces de hacer que cualquiera cayera en trance con una sola mirada.
A Tooru realmente le gustaban sus ojos. Ojos que de repente estaban sobre él. Mirándolo con confusión.
Tooru desearía poder decir que manejó la situación con gracia y disimulo luego de ser atrapado con las manos en la masa, pero estaría mintiendo.
Al percatarse de aquella mirada intensa sobre él, el armador se atragantó con su agua y comenzó a toser violentamente. Tooru intentó cubrir su enrojecido rostro como pudo, pero definitivamente la fuerte mano de Hajime sobre su espalda no estaba ayudándolo a calmar sus nervios.
Todo lo contrario, de hecho.
―Hey, ¿te sientes bien?
La pregunta era normal, lógica, incluso teniendo en cuenta la fuerza con la que el joven se agarraba la garganta en un intento de calmar el ardor. Pero su voz . Tooru era un chico orgulloso de muchas cosas. Su apariencia física, su carisma, sus habilidades de observación; pero si había algo que no lo enorgullecía era la debilidad que sentía por aquella voz grave y profunda. Aquella voz que le había gritado varias veces cuando se comportaba como una perra. Aquella voz que lo había consolado en tantas otras veces cuando se sentía al fondo del abismo.
―Totalmente, Iwa-chan ―dijo como pudo, aun intentando esconder el sonrojo de sus mejillas―. Una tos no puede derrotar al gran Oikawa-san.
Hajime rodó los ojos en respuesta. Aquella reacción era buena. Su relación con su mejor amigo se basaba en bromas, en Tooru intentando molestar a su compañero, en insultos amistosos. Eso era algo con lo que el castaño se sentía cómodo, una zona segura. De esa forma le era más fácil distraerse de aquellos sentimientos que no hacían más que crecer en su corazón día tras día.
―No hablo solamente del agua, idiota ―dijo el rematador con su típica brusquedad―. Ya sé que eres torpe y que al parecer no puedes ni tomar agua de manera normal. No me sorprende demasiado, la verdad.
―¡Hey! ―se quejó Tooru con voz aguda, pero su amigo lo ignoró por completo.
―Hablo de tu tobillo ―continuó―. Escuché que te quejaste del dolor cuando estabas hablando con Makki hace unas horas. Sabes bien que no debes esforzarte de más, o acabarás con una lesión y sólo tendrás a tu estupidez para culpar.
Oh, Hajime. Dulce, atento y bruto Hajime , pensó Tooru mientras rodaba los ojos e intentaba calmar los rápidos latidos de su estúpido corazón. Corazón que parecía emocionarte de más cada vez que el joven de ojos verdes mostraba hasta la más mínima preocupación por su bienestar, incluso cuando sus palabras venían acompañadas con insultos. Después de tantos años de amistad, Tooru era capaz de reconocer la preocupación que teñía la voz de su mejor amigo.
―No seas tonto ―respondió Tooru―. Ya hemos pasado por esto antes y aprendí mi lección. Esta mañana sentía un dolor extraño, pero el enfermero de la escuela me revisó y dijo que no es nada, sólo cansancio. Descansaré cuando se vuelva demasiado molesto.
Hajime alzó ambas cejas esta vez, sorprendido de que Tooru aceptara con tanta facilidad que de hecho sí había algo que lo estaba molestando físicamente. Entonces, Hajime apoyó una de sus fuertes manos en el hombro de su capitán, dándole un apretón amistoso.
―Bien, pero avísame si algo no está bien ―pidió con voz suave, tranquilizadora―. No quiero que te pase nada.
No quiero que te pase nada .
Aquellas palabras hicieron que una calidez invadiera el pecho de Tooru. Pudo haber dicho que no quería que el equipo se quedara sin capitán en medio del partido, que ninguno de ellos quería que se lesionara tan cerca de partidos importantes, que el equipo no estaría completo sin él.
“No quiero que te pase nada”. Tooru tuvo que toser nuevamente para intentar disimular el sonrojo que se apoderó de sus mejillas y orejas. Aquellas palabras no hacían más que hacer crecer esos sentimientos extraños dentro de él, pues sólo mostraban que Hajime se interesaba por él . No sólo como jugador o vice capitán, sino Hajime mismo.
―Tranquilo, todo está bien ―aseguró el capitán con una sonrisa y voz forzada.
El sonido del silbato les hizo saber que Tobio-chan y Chibi-chan habían llegado a un acuerdo y que el partido podía reanudarse.
Tooru dejó su botella de agua junto a la de su compañero y se preparó para volver a cumplir con su papel de capitán, pero antes de que pudiera avanzar demasiado, Hajime se tomó la libertad de volver a darle una palmada en el hombro y darse el lujo de bajar su mano hasta la parte baja de su espalda. Era algo insignificante, pero que para Tooru era demasiado para su pobre corazón. Al menos esta vez el chico fue capaz de suprimir el escalofrío que le recorrió la espalda.
El castaño tomó una buena bocanada de aire y se forzó a pensar con lógica. Seguramente el gesto no significaba nada y sólo era la forma de Hajime de darle ánimos para lo que restaba del partido. Una forma de mostrar su apoyo incondicional hacia él.
Pero Tooru tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no caer de rodillas ahí mismo. El armador vio a Hajime acercarse al equipo y empezar a dar indicaciones o consejos como el buen vice capitán que era mientras Tooru se repetía mentalmente una y otra vez que era tiempo de concentrarse. Que debía ser buen jugador y buen capitán. Que Hajime y él eran sólo amigos y que su corazón no debía estar latiendo tan fuerte.
El resto del equipo escuchaba a Hajime con atención, aceptando sus indicaciones y listos para ponerlos en práctica en la cancha.
Sólo Hanamaki y Matsukawa parecían percatarse de la lucha que se estaba batiendo en el interior de su capitán. Tooru maldijo en voz baja cuando el par se dedicó una mirada cómplice antes de volver a centrar su atención en el castaño. Al llegar a su lado de la cancha, Tooru simplemente levantó una mano para hacerle saber al dúo que no estaba dispuesto a escuchar sus bromas y provocaciones. No aquella vez.
Aunque obedecieron por el momento, Tooru bufó al escucharlos reír por lo bajo.
Hanamaki y Matsukawa solían decir que su relación con Iwaizumi siempre les había parecido muy peculiar. Les gustaba resaltar el hecho de que parecían una pareja de casados, que a pesar de quejarse constantemente, Hajime parecía dispuesto a hacer cualquier cosa por Tooru y que Tooru observaba a Hajime como si él fuera el que colgaba las estrellas en el cielo.
Hajime siempre respondía que estaban dementes, que se debía a que él y Oikawa eran amigos desde el nacimiento y que era lógico que estuvieran cómodos el uno con el otro.
Tooru aseguraba que estaban celosos de no tener una amistad tan bella como la que él tenía con Iwa-chan. Hajime siempre ponía cara de asco al escuchar eso. Tooru siempre reía por lo bajo al ver la expresión de su amigo.
De vuelta en la cancha, Tooru suspiró profundamente mientras se forzaba a concentrarse en el partido y en humillar una vez más a Tobio-chan, quien por su parte lucía listo para ganar el partido de una vez por todas.
El día debió haber sido como cualquier otro. Todo fue normal por una buena cantidad de tiempo. Sus pases eran precisos. Makki leía el partido con agilidad y encontraba los momentos justos para anotar puntos. Matsukawa estaba cada vez más familiarizado con los ataques rápidos de dúo de raritos y aprendía a anticiparlos y bloquearlos. Perro loco-chan miraba a sus oponentes como un desquiciado. Iwaizumi, como siempre, era el jugador al que Tooru le pasaba la pelota siempre que se veía en un aprieto. Su pilar, su as bajo la manga, su Iwa-chan.
Todo parecía normal. Sus músculos ardían con aquella sensación placentera por estar jugando un muy buen partido. Todo estaba normal, es por eso que Tooru no tuvo tiempo de reaccionar cuando, al tocar el piso luego de un pase maravilloso, su tobillo se debilitó de repente y no pudo soportar su peso.
Las caídas en voleibol no eran raras. Lo que resultó preocupante fue que el armador de Aoba Johsai, al caer, golpeó su cabeza contra un banco ubicado en uno de los costados de la cancha.
El golpe resonó en el gran gimnasio. No fue nada demasiado grave, la verdad, pero sí tomó a Tooru por sorpresa.
El golpe fue seco y desorientó al castaño por unos momentos, el suelo de la cancha estaba frío en contraste con su piel acalorada y sudada.
El lugar se sumió en un silencio ensordecedor por unos segundos, o minutos, u horas. Tooru no lo sabía muy bien, pues seguía algo confundido por lo que pasó.
De repente, sintió cómo alguien levantaba levemente su cabeza del suelo y una gran mano cálida en su mejilla. Una voz profunda repetía su nombre una y otra vez.
Tooru reconocería esa voz en cualquier lado.
La confusión no duró mucho más, pues enseguida fue consciente de la expresión preocupada en el rostro de Hajime y su mano sosteniendo su cara como si fuese una delicada pieza de porcelana.
―Auch ―dijo intentando restarle importancia al asunto, quería borrar esa expresión de preocupación del rostro de su mejor amigo. No le gustaba para nada.
Hajime bufó y acarició su pómulo con el pulgar. Detrás de Hajime, Makki, Mattsun y el resto de los suyos observaban preocupados a sus capitanes. Incluso llegó a reconocer a Tobio-chan acercarse de manera cautelosa, cruzando la red por debajo para asegurarse que Oikawa estuviese bien.
Tooru se quejó incómodo y apretó la muñeca de Hajime con fuerza, quien tenía su atención sólo en él.
Hajime se separó levemente de él cuando los entrenadores llegaron con alguien del personal médico de la escuela.
Tooru ya no se sentía tan mareado, pero el golpe sí que había dolido. Hajime lo ayudó a sentarse lentamente para que el enfermero pudiera revisar la parte de atrás de su cabeza.
Tooru se dejó revisar sin soltar la muñeca de su amigo.
―No hay herida ―dijo para el alivio de todos los presentes―, pero probablemente se hinche por el golpe. Recomiendo que no juegues más por hoy y estés atento por si algún síntoma nuevo aparece. Intenta no dormirte hasta que estemos seguros de que estás a salvo. Y ponte hielo en ese golpe.
Tooru simplemente asintió con una pequeña sonrisa e intentó ponerse de pie. Hajime rápidamente estuvo junto a él para soportar la mayor parte de su peso.
―Me quedaré con él un momento ―aseguró el de ojos verdes a Irihata y Mizoguchi―. No lo dejaré solo.
Los dos hombres mayores dijeron otras cosas, pero en realidad Tooru sólo podía concentrarse en el fuerte brazo alrededor de su cintura que se sentía como el lugar más seguro del mundo.
Finalmente, Hajime lo guió hacia los vestidores donde estaban sus pertenencias, intentando alejarlo del ruido de los partidos en caso de que fuera muy agobiante para su capitán.
Tooru suspiró al sentarse. Vio a Hajime salir frenéticamente en busca de algo frío para poner en su cabeza. El castaño usó esos breves momentos de soledad para calmarse y escanear mentalmente su cuerpo.
Su tobillo, a pesar de haberse vencido bajo su peso, no parecía lastimado. Su cabeza dolía en general, pero no parecía nada grave. No estaba mareado ni sentía unas ganas incontrolables de cerrar sus ojos. De igual manera, el joven los cerró para relajarse brevemente.
Maldijo por lo bajo al pensar en que no sería capaz de jugar el resto del día y sabía que sus entrenadores estarían vigilándolo como un par de halcones hasta asegurarse de que el castaño estuviera completamente bien.
Tooru abrió los ojos al sentir nuevamente esa mano cálida en su mejilla, acompañada de algo frío y duro siendo apoyado en la parte de atrás de su cabeza. Tooru siseó cuando el frío material tocó el lugar donde se había golpeado, pero se relajó cuando Hajime posicionó mejor su mano para poder acariciar su mejilla con el pulgar.
―Estoy bien, Iwa-chan ―aseguró con una pequeña sonrisa―. En serio, escuchaste lo que dijo el médico. No fue nada grave.
―Me diste un susto de muerte, idiota ―a pesar de su tono agresivo, su voz era increíblemente suave, como si no quisiera perturbar a su capitán―. ¿Qué sientes, Tooru?
El castaño abrió los ojos enseguida al escuchar su primer nombre. Habían pasado años desde que había salido de los labios de su mejor amigo. Aquellos ojos color esmeralda lo recibieron. Estaban cerca de él y se movían con ansiedad por todo su rostro, como si Hajime estuviese buscando cualquier herida o disconformidad por parte de su armador.
―Me duele la cabeza ―dijo con honestidad―, pero estoy bien. Tuve suerte de que no hubiera sido peor.
―Mierda, casi me da un ataque ―admitió el otro―. Entré en pánico cuando te vi caer de espaldas así.
Tooru soltó una risilla suave y volvió a tocar la muñeca de Hajime.
―Hace falta más que eso para acabar conmigo ―dijo―. No vas a deshacerte de mí tan fácilmente.
―No digas eso ni en broma. Jamás querría deshacerme de ti ―dijo con una seriedad que le puso los pelos de punta a Tooru―. Enloquecería. Así que ten cuidado por favor, hablo en serio. No quiero que te hagas daño.
El castaño tragó saliva y rezó porque sus mejillas no se pusieran rojas con Hajime tan cerca de él. Su corazón comenzó a latir con fuerza y apretó la muñeca de Hajime de forma involuntaria. A pesar de la naturaleza peculiar de su relación, Hajime y él no solían ser tan directos con sus pensamientos o emociones, incluso después de tantos años de familiaridad. Aquello no era común y Tooru no sabía muy bien cómo actuar.
Así que simplemente decidió aprovechar la tranquilidad y volvió a cerrar los ojos, inclinándose ligeramente en la mano de Hajime que seguía en su mejilla.
―¿Estás seguro de que estarás bien? ―preguntó el rematador luego de unos segundos, su voz era suave y reconfortante.
Tooru asintió y se quitó la banda roja que se había colocado en el brazo temprano ese día, banda que indicaba que él era el capitán. Hajime simplemente lo observó y entregó su brazo voluntariamente cuando Tooru le hizo un gesto para luego colocar la banda en el brazo de Hajime. El castaño se esforzó de gran manera para que sus manos no temblaran al sentir los músculos del brazo de su amigo.
―Asegúrate de que ganemos los partidos que quedan ―pidió Tooru con una sonrisa―. No me importa que sean amistosos, si Tobio gana podría morir.
Hajime rodó los ojos, pero las comisuras de sus labios tiraban hacia arriba.
―En serio que a veces eres insoportable.
Tooru sonrió y le guiñó un ojo. ―Suerte, capitán.
Hajime se puso de pie nuevamente.
―¿Seguro que estarás bien aquí solo?
―Será sólo por unos minutos hasta que me deje de doler tanto la cabeza ―explicó el castaño―. Luego iré a observar el resto de juegos y a criticar tu performance como capitán, Iwa-chan.
―Imbécil.
Tooru simplemente sonrió al saber que aquel insulto tenía más adoración que molestia encima.
Luego de unos muy necesarios momentos en soledad, Tooru se dispuso a cambiarse de camiseta por la de repuesto que tenía en su bolso. Si no podía jugar, al menos podía estar cómodo como espectador.
Al salir de los vestidores, el castaño asintió con la cabeza al ver que Hajime había asumido su rol como capitán sin problema alguno. Ordenaba con seguridad, daba indicaciones y comandaba jugadas con precisión. Yahaba era tan impecable como siempre con sus pases y Tooru no dudaba que al final Aoba Johsai ganaría varios partidos aquel día.
Tooru siguió aportando, aunque ahora se encontraba sentado en un banco a un costado de la cancha. Desde allí, podía observar cosas que no podría ver tan fácilmente dentro de la cancha y no dudaba en decirle al entrenador o a sus jugadores cada tanto.
Hajime, por su parte, aprovechaba cada pausa o receso para acercarse a Tooru. Allí, frente a todo el mundo, el de ojos verdes no se atrevía a ser tan abierto con sus toques, pero Tooru sentía que el corazón se le derretía cada vez que atrapaba a Hajime mirándolo, cuidando de él y asegurándose de que realmente estuviera bien.
Aquel día debería haber sido tranquilo, sin nada especial. Pero al ver a su amigo de la infancia ser fuerte en la cancha, un buen mentor para los más jóvenes, atento, cuidadoso y cariñoso a su manera, Tooru no pudo evitar admitir por primera vez lo que por mucho tiempo evitó.
Estoy enamorado de Hajime .
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Los primeros días y semanas luego de aquella realización fueron complicados. Era difícil para Tooru ocultar sus sentimientos por su mejor amigo ahora que por fin había admitido que estaba enamorado de Hajime, y que probablemente lo había estado por meses o incluso años .
Cada vez que veía a Hajime, Tooru sólo era capaz de ver la dedicación y apoyo incondicional que el chico le daba, su pasión por el deporte que ambos amaban y el cariño que tenía por sus amigos.
Cada vez que el otro sonreía, Tooru tenía que voltear si no quería que sus mejillas traicioneras lo delataran con un sonrojo profundo. Cada vez que Hajime reía de verdad por alguna broma que Tooru, Makki o Mattsun hacían durante el almuerzo, Tooru tenía que contener las ganas de tomar a Hajime de las mejillas y besarlo.
Por supuesto (para desgracia del castaño), Makki y Mattsun habían notado el cambio de comportamiento de Tooru, y se lo recordaban cada día y en cada oportunidad que tenían.
Sus amigos le aseguraban que no era tan disimulado como él pensaba, y que cualquiera con ojos podía ver cómo miraba a Hajime con una adoración incalculable.
―Es bastante lamentable ―había dicho Mattsun en una oportunidad.
―Pareciera que estás dispuesto a todo por él ―fue lo que Makki había comentado.
Y aunque fingía que no sabía de lo que estaban hablando, Tooru debía aceptar que sus amigos no estaban tan equivocados. Eventualmente, el castaño dejó de negar todo.
―¿Por qué no le dices lo que sientes? ―preguntó un día Hanamaki durante el almuerzo―. Es obvio que ustedes dos están hechos el uno para el otro.
―Cuando te golpeaste la cabeza, Iwaizumi parecía listo para cuidar de ti como si su vida dependiera de ello.
Tooru miró a su alrededor en pánico y suspiró con alivio al ver que Hajime aún no estaba cerca.
―Iwa-chan sólo me ve como su mejor amigo ―dijo mientras intentaba que las palabras no quedaran atrapadas en su garganta―. Jamás mostró interés en salir con un chico. De hecho, Iwa-chan nunca mostró interés por nadie.
Matsukawa rodó los ojos y le dio otro bocado a su almuerzo.
―Hermano, en serio debes estar ciego si piensas que a Iwaizumi no le gustas también.
Tooru lo pensó por unos segundos. Hajime no podía corresponder sus sentimientos, o al menos eso era lo que Tooru creía. Hajime era naturalmente gentil y servicial. Ofrecía su ayuda a cualquiera que lo necesitara y, aunque era cierto que Tooru podía admitir que el aprecio que Hajime le tenía era inmenso, el castaño no se atrevía a suponer que el ojiverde sentía lo mismo que él. No se daría falsas esperanzas.
Así que Tooru negó con la cabeza y se llevó sus palillos a la boca.
―No puedo decirle lo que siento ―dijo finalmente―. No podría soportar un rechazo por parte de Iwa-chan. Jamás arriesgaría nuestra amistad por nada en el mundo.
Por primera vez en aquel día, ambos parecieron sentir simpatía por el castaño. Matsukawa, quien estaba a su lado, rodeó sus hombros y le dio un corto abrazo.
―Deberías hacerle saber de todas formas ―aconsejó―. Sabemos que te asusta, ¿pero no crees que lo vale? ¿Qué tal si realmente siente lo mismo que tú?
―Nunca lo sabrás a menos que se lo digas ―terminó Hanamaki.
Tooru simplemente asintió y siguió comiendo su almuerzo. Pocos minutos después, Hajime se unió a ellos y no tardó en unirse a la conversación suavemente.
Tooru no decía mucho, pues estaba contento con escuchar las risas de sus amigos y apreciar la forma en que los ojos verdes de Hajime brillaban con diversión con las ocurrencias de Hanamaki y Matsukawa.
Cuando el dúo dinámico estuvo muy entretenido con una conversación acerca de los últimos memes virales, Hajime pateó suavemente a Tooru por debajo de la mesa para llamar su atención.
―¿Estás bien? ―preguntó simplemente― Es raro no escucharte quejándote por algo en tanto tiempo.
Tooru rodó los ojos como respuesta.
―Para tu información y aunque no lo creas ―empezó mientras lo señalaba con sus palillos, haciendo que Hajime levantara una ceja con diversión―, no soy la persona infantil y quejosa que quieres hacer creer a todo el mundo que soy. Puedo apreciar una buena conversación estando en silencio.
―Por favor, te conozco desde que éramos bebés ―respondió el otro―. Puedo darme cuenta de cuando tienes algo en mente, ¿qué es?
Tooru le dio un trago a su bebida en un intento de humedecer su garganta seca.
―Sólo pienso en los partidos que se aproximan y en cómo brillaremos en la cancha.
Era una mentira barata, y Tooru podía ver claramente que Hajime no se la había creído. El castaño se aclaró la garganta.
―En fin, debo irme ahora ―anunció―, a Miyuki-sensei le molesta que lleguemos tarde a clase.
Hajime no apartaba aquella mirada electrificante de él, lo que sólo animaba a Tooru a irse de ahí aún más rápido.
No puedo decirle lo que siento, lo quiero demasiado como para ayunar nuestra amistad.
Tooru se repetía aquella frase una y otra vez, intentando convencerse a sí mismo.
Aun así, antes de irse, ya de pie, Tooru no pudo evitar hablar. Sabía que probablemente se arrepentiría de abrir la boca, pero no podía tragarse sus palabras cuando tenía la mirada de Hajime sobre él.
―¿Sabes, Iwa-chan? Creo que es encantador que te preocupes tanto por tus amigos. Admiro eso de ti ―Tooru no supo cómo no se trabó ni tartamudeó al decirlo. Luego, miró a Makki y a Mattsun, quienes lucían tan confundidos como Hajime―. Los veo más tarde, chicos.
Tooru caminó con paso rápido hacia su salón de clase mientras intentaba callar a la molesta voz en su cabeza que le decía que aquello había sido patético.
Pero Tooru seguía pensando que era lo correcto, pues aunque él nunca le diría a Hajime lo que realmente sentía por él, el joven merecía saber lo grandioso e importante que era para él.
𓂃 ࣪˖ ִֶָ⋅ᡣ𐭩 ་༘࿐
A partir de ese día, Tooru emprendió la misión de empezar a halagar a su mejor amigo más a menudo, dándole cumplidos para hacerle saber lo valioso que era. Aun así, el castaño se negaba a confesar sus sentimientos.
Aquel día era importante. Mientras caminaba por los pasillos de la escuela, el castaño no podía evitar apretar ambas manos una y otra vez. Estaba nervioso.
Tooru sabía que la profesora de biología de su mejor amigo entregaría los resultados de un importante examen aquel día. Hajime había estado estresado por semanas por ese examen, pues sabía que, si quería convertirse en un entrenador deportivo, debía ser bueno en biología. Hajime no quería reprobar aquella asignatura por nada del mundo.
Al entrar al salón del de ojos verdes, el resto de los estudiantes que allí estaban lo saludaron como si fuese lo más normal del mundo. Y lo era, en realidad. Oikawa Tooru siempre invadía el salón de su mejor amigo y llenaba el lugar con su carisma y sonrisa brillante.
Ese día, sin embargo, Tooru optó por no hacer escándalo cuando encontró a Hajime mirando atentamente una hoja de papel que estaba en su escritorio. El castaño tomó aire disimuladamente y se acercó aún más.
En general, toda la clase parecía decepcionada, así que Tooru supuso que los resultados del examen no habían sido los mejores en general y tragó saliva con dificultad al recordar todas aquellas noches en las que el ojiverde estudió con dedicación para el examen. Tooru incluso lo había ayudado en el proceso y no quería que todo ese esfuerzo se vaya a la basura.
Al pararse detrás de Hajime, Tooru ojeó el examen y se quedó sin palabras al ver el resultado escrito en grande con tinta roja.
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―Iwa-chan ―lo llamó en voz baja con una sonrisa amenazando con apoderarse de su rostro.
Hajime no dijo nada. Simplemente miraba el resultado sin poder creérselo, al parecer, así que Tooru no pudo evitar poner ambas manos en los hombros del contrario y sacudirlo levemente, sin poder contener su propia emoción.
―Oh, por dios, Iwa-chan ―dijo, su voz reflejaba su emoción y alegría―. Iwa-chan, ¡lo hiciste!
Hajime, al escuchar a su amigo, por fin pareció aceptar que aquello no era un sueño ni una mala broma del destino o una alucinación.
El joven de ojos verdes inclinó su cabeza hacia arriba y le dedicó a su amigo una sonrisa cansada. Seguramente el estrés por saber que recibiría la calificación no lo había dejado descansar correctamente la noche anterior. Tooru podía darse cuenta de que su mejor amigo se sentía orgulloso de sí mismo, así que el castaño decidió que era bueno hacerle saber que él también lo estaba.
―Felicitaciones, Iwa-chan ―dijo con voz cantarina mientras volvía a apretar los hombros de su amigo. Hajime sonrió al ver el rostro de Tooru, que parecía brillar más que el sol.
―No puedo creer que aprobé ―susurró con incredulidad en su voz―, no tienes idea de la noche que tuve.
Tooru sonrió y revolvió los cabellos del otro, quien parecía lo suficientemente contento como para no empujar al castaño para quitárselo de encima como acostumbraba a hacer.
―Sabía que podías hacerlo. Nunca dudé de ti ―dijo Tooru con sinceridad, haciendo que Hajime lo mirara con atención―. Iwa-chan es una de las personas más inteligentes que conozco. Después de ver cómo te esforzaste por esto, era casi imposible obtener un resultado negativo.
―Gracias, Oikawa ―dijo aún sin dejar de ver al armador.
Tooru aplaudió un par de veces y Hajime sonrió al pensar que el castaño estaba aún más feliz que él con el resultado del examen.
―Vayamos a comer ramen a ese lugar que tanto te gusta para celebrar, yo invito ―ofreció el castaño con voz melodiosa―. La enorme inteligencia de Iwa-chan merece ser celebrada.
Hajime no pudo evitar sentirse confundido por las palabras lindas de su mejor amigo, pero aún así no podía negar que también se sentía halagado por la atención adicional que le estaba dando el castaño.
―Me encantaría ―aceptó con una ceja levantada que hizo que el corazón de Tooru latiera con aún más fuerza―, pero sólo si me dejas invitarte la próxima vez.
Tooru rió nerviosamente y se enderezó.
―Trato ―dijo simplemente.
Luego de eso, el sonido de la campana le indicó al castaño que era tiempo de volver a su propio salón de clases.
Hajime simplemente lo observó irse y sonrió para sí mismo.
𓂃 ࣪˖ ִֶָ⋅ᡣ𐭩 ་༘࿐
Tooru estaba actuando de forma extraña. Luego de tantos años de amistad, era casi imposible para Hajime no darse cuenta de los cambios sutiles en el comportamiento de su mejor amigo.
Ellos siempre habían sido cercanos, eso estaba más que claro. Todos sus amigos en común y compañeros de voleibol sabían que al armador le gustaba molestar y sacar de quicio a su mejor amigo.
Nadie realmente se sorprendía al escuchar cómo ambos discutían casualmente o actuaban como si en realidad no se soportaran.
Iwaizumi le lanzaba pelotas a su capitán cuando veía que este se portaba como un idiota. Oikawa molestaba a su amigo por su aparente incapacidad de hacer amigos más allá de su círculo social. Iwaizumi lo empujaba cada vez que el castaño se lanzaba sobre él de forma dramática. Oikawa se reía de manera tonta cuando Hajime estropeaba un remate o una jugada durante las prácticas.
Esa era la forma en la que ellos funcionaban, siempre en perfecta sincronía, nunca demasiado lejos el uno del otro.
Por eso mismo, al chico de ojos verdes le pareció extraño cuando Tooru comenzó a halagarlo de manera genuina con cada vez más naturalidad.
―¡Excelente saque, Iwa-chan! ―gritaba desde el otro lado de la red cuando practicaban por las tardes.
―Kindaichi-chan, ¿por qué no le pides a Iwa-chan que te ayude con los remates? ―le dijo al joven de primer año una mañana en una práctica para luego guiñarle un ojo al de ojos verdes― Iwa-chan no es la estrella del equipo por nada.
―Iwa-chan, ¿podrías ayudarme con el examen de inglés de la próxima semana? Tú eres mucho mejor que yo en esa asignatura ―preguntó en una ocasión a pesar de que ambos sabían bien que el castaño era más que capaz de conseguir una calificación perfecta con sólo 30 minutos de estudio. Aun así, Hajime aceptó ayudarlo.
―¿Cambiaste de marca de acondicionador? Tu cabello está más brillante estos días, Iwa-chan ―comentó en otra oportunidad aunque Hajime sabía bien que Tooru tenía conocimiento infinito de marcas de champús y acondicionadores para mantener aquel cabello que hacía que las chicas de la escuela suspiraran cuando él caminaba cerca de ellas.
Y Hajime no era tonto. Él era perfectamente capaz de darse cuenta de que tantos halagos no eran comunes viniendo de su mejor amigo quien, a pesar de ser una persona muy carismática y experto en hacer que la gente lo adorara, no era tan abierto a la hora de decirle a la gente cercana a él lo que pensaba de ellos. Menos a Hajime.
Todas aquellas salidas y juntadas parecían ser cada vez más una excusa por parte del castaño para pasar tiempo con él. Cenas en restaurantes pequeños cerca de la escuela, salidas al cine, pijamadas, noches de estudio. ¿Pero por qué Oikawa necesitaría una excusa para estar con él?
Hajime siempre estaba dispuesto a pasar tiempo con Tooru, cuando sea y a la hora que sea, así que pensó que si Tooru se estaba esforzando por hacerlo sentir especial, lo apropiado era que Hajime hiciera lo mismo por él. Pues Hajime era lo suficientemente hombre como para admitir que Tooru era una de las personas más importantes en su vida y merecía saberlo.
―Hey, Oikawa, deberías usar tus anteojos con más frecuencia. Te ves bien con ellos ―comentó Hajime durante una de sus noches de estudio. El joven rió por lo bajo cuando su amigo se atragantó con el agua que estaba tomando en ese momento. El armador siempre había sido algo escéptico a la hora de usar sus lentes en público, pues pensaba que no le favorecen. Hajime difería en gran medida.
En los días siguientes, Hajime notó que Tooru comenzó a usar sus anteojos en la escuela más a menudo en lugar de sus lentes de contacto, pero decidió no hacer comentarios al respecto y sonrió para sí mismo.
―¿Alguien alguna vez te dijo que tu caligrafía es impecable? ―dijo de la nada otro día cuando Tooru, Hanamaki, Matsukawa y él estaban haciendo tarea en la biblioteca.
Tooru lo miró con incredulidad y agradeció, Hajime no pudo evitar sentirse bien al notar el leve sonrojo en las mejillas de su amigo. Hanamaki y Matsukawa, por su parte, levantaron las cejas con sorpresa para luego dedicarle miradas extrañas a su vice capitán. Hajime rodó los ojos y siguió con su tarea.
Por otro lado, Tooru sentía que su corazón estaba a punto de escaparse de su pecho cada vez que Hajime lo halagaba de la nada, con pura sinceridad. Más de una vez, el joven castaño debía mirar hacia otro lado para evitar que su amigo notara sus sonrojos.
La extraña actitud de su amigo le complicaba cada vez más la tarea de no confesar sus sentimientos.
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Luego de una exhaustiva práctica, el equipo de voleibol de Aoba Johsai se preparaba para ir a casa. El cielo estuvo nublado y oscuro todo el día, así que Hajime no dudaba que llovería dentro de poco.
―Hey, Iwa-chan ―lo llamó Oikawa, su cabello estaba algo revuelto después de la práctica de aquel día, pero se veía bien de todas formas―. El entrenador quiere hablar de algo conmigo, ¿puedes esperar por mí? No debería tardar demasiado.
Hajime rodó los ojos, pero aun así su voz era gentil al responder.
―Lo haré ―dijo―, pero no tardes mucho, Mierdakawa.
El apodo contrastaba enormemente con la forma en la que el rematador palmeó suavemente la espalda baja de su amigo, como si quisiera decirle que esperaría por él lo que fuese necesario.
Tooru hizo un gesto de desagrado ante el apodo, pero salió de los vestidores rápidamente.
Una vez que el castaño dejó el lugar, Makki y Mattsun aprovecharon para acorralar al vice capitán contra su casillero personal.
―¿Y a ustedes qué les pasa? ―preguntó con una ceja levantada. Normalmente, una mirada seria era más que suficiente para espantar a Makki, Mattsun y sus payasadas, pero ese día sus amigos parecían decididos a hacerle frente.
―No, ¿qué les pasa a Oikawa y a ti? ―dijo Hanamaki mientras empujaba a Hajime con el dedo índice ― Somos amigos desde hace tiempo, pero creo que jamás los había visto actuar de esa manera. Es un horror.
―¿De qué hablas, Hanamaki?
―Habla de la forma en la que nuestro amado capitán y tú se comportan como si llevaran 5 años de matrimonio exitoso, tuvieran 2 hijos y vivieran felices en una bella casa.
―Con un perro y un gato ―agregó el de cabello rosado.
Hajime se sonrojó y apartó bruscamente a sus amigos. Con la mirada escaneó los vestidores y suspiró con alivio al ver que el resto del equipo ya se había ido a casa.
―¡¿Enloquecieron por fin?! ―exclamó el ojiverde intentando mantener la compostura.
―No creas que no hemos notado la forma en la que Oikawa se sonroja como una adolescente cuando tú estás cerca ―dijo Matsukawa con una ceja levantada.
―O la forma en la que tú pareces desesperado por tener una mano sobre nuestro amado capitán en todo momento ―agregó Hanamaki con una fingida cara de asco―. Al menos dinos que ustedes ya resolvieron sus asuntos y que empezaron a salir por fin.
Hajime no dijo nada, simplemente los observó mientras intentaba hacer que las palabras de sus amigos tuvieran algún tipo de sentido.
―Era muy triste ver cómo Oikawa intentaba expresar sus sentimientos por ti en silencio ―comentó Matsukawa, junto a él, Hanamaki asintió―. Al menos al ver que correspondes sus halagos empalagosos podemos decir que su estrategia funcionó de alguna manera.
Hajime permaneció en silencio unos segundos más, su corazón latía fuerte contra su pecho.
― ¿De qué mierda están hablando? ―dijo lentamente.
Hanamaki y Matsukawa abrieron bien los ojos al percatarse de su error.
―Ups ―dijeron al unísono. Hajime hizo un enorme esfuerzo para no estrangularlos hasta la muerte allí mismo.
―Hablen ―ordenó Hajime mientras cruzaba los brazos sobre su pecho. Esta vez, ambos jóvenes sí parecían estar intimidados.
Matsukawa le dio un codazo a su amigo para invitarlo a hablar, lo que le ganó una mirada de odio del pelirrosa.
―Bueno, pensamos que ustedes por fin habían hablado de lo que sentían el uno por el otro ―dijo Hanamaki con voz nerviosa―. Quiero decir, es obvio que adoras a Oikawa con locura y que a Oikawa se le ponen ojos de corazón cada vez que te ve.
Hajime se tomó unos momentos para procesar las palabras de su amigo.
―¿Cómo saben eso? ―preguntó con debilidad― Oikawa no puede sentir eso por mí. Es mi mejor amigo, sólo eso.
Esta vez, fue turno de Matsukawa de rodar los ojos.
―Vamos, hermano ―dijo con exasperación―. Es dolorosamente obvio para todo el mundo que le gustas a nuestro capitán. Te adora.
―Pero él nunca dijo nada…
―Pero te lo demuestra todos los días, ¿no es así? ―interrumpió Hanamaki.
―No me digas que en serio no lo sabías.
Hajime sería un hipócrita si decía que no. Había notado el comportamiento raro de su amigo. Él sabía bien que Tooru lo apreciaba, habían sido amigos desde que ambos tenían memoria.
Pero Hajime era débil por aquellos ojos marrones que brillaban cada vez que Tooru reía, y no le había permitido sentir esperanza a su corazón al notar toda la atención extra que el castaño comenzó a darle.
Sus amigos tenían razón, Hajime adoraba a Tooru, pero jamás haría algo que pudiera arruinar su amistad. Prefería tener a Tooru como amigo por sobre no tenerlo de ninguna manera. Así que Hajime se obligó a tragarse sus sentimientos y esperar a que desaparecieran por su cuenta.
No desaparecieron, claro está.
―¿Qué debería hacer ahora? ―preguntó mientras se pasaba una mano por sus cabellos.
―Es tu mejor amigo, Iwaizumi ―dijo Matsukawa―. Sabrás qué hacer.
Hajime no tuvo tiempo de responder, pues Tooru volvió a entrar al vestidor mientras silbaba alguna canción pop que Hajime desconocía. Se veía bien (como siempre), relajado y animado.
El castaño levantó una ceja al verlos allí.
―Makki, Mattsun ―dijo―, ¿qué hacen todavía aquí?
Ambos simplemente se encogieron de hombros, dedicándole una sonrisa de lado a su capitán. Oikawa alzó una ceja.
―Oh, nada ―dijo Makki casualmente―, sólo le hacíamos compañía a Iwa-chan hasta que volvieses.
Tooru hizo un gesto de disgusto al escuchar como otra persona usaba su apodo para Hajime, pero no comentó nada al respecto.
―Okay, par de raros ―dijo el castaño mientras buscaba su bolso con la vista. No tuvo que buscar demasiado, pues Hajime estuvo junto a él en un instante y le entregó sus pertenencias. Tooru sonrió agradecido y decidió ignorar las muecas de sus otros dos amigos―. Todo listo, Iwa-chan.
Hajime simplemente asintió y siguió a su capitán hasta la salida. Makki y Mattsun también los siguieron mientras hacían un pésimo trabajo disimulando sus risas.
Tooru y el entrenador se aseguraron de que el gimnasio estuviera bien cerrado y, luego de despedirse de sus amigos, Tooru y Hajime emprendieron el camino a casa.
El silencio era cómodo. Tooru disfrutaba inmensamente caminar a casa con Iwa-chan, incluso después de haber recorrido el mismo camino miles de veces. El joven miró hacia arriba con esperanza de encontrar alguna estrella en el cielo, pero las nubes parecían cada vez más oscuras y cada vez más amenazantes.
―Parece que está a punto de llover ―comentó el castaño mientras cerraba su chaqueta hasta arriba―. Deberíamos apurarnos.
Aquella tarde de viernes, al igual que muchas otras, los jóvenes habían decidido aprovechar el fin de semana venidero y pasar tiempo juntos. El plan era ir a casa de Hajime, ver películas, jugar videojuegos y cenar. Mucho mejor que salir de fiesta, en opinión de ambos.
Durante la caminata, el silencio agradable los rodeó nuevamente. El viento fresco los golpeaba en la cara y, aunque Hajime no vivía muy lejos de la escuela, la lluvia era cada vez más inminente.
―Caminemos más rápido ―dijo el ojiverde mientras apoyaba una mano en la espalda de su amigo, ignorando totalmente cómo el corazón del castaño comenzaba a latir con fuerza.
Tooru era muy observador y no había podido evitar notar que Hajime hacía eso con cada vez más frecuencia. Hajime era una persona táctil y muy protectora, por lo que Tooru no podía evitar sentirse seguro cada vez que Hajime tenía una mano sobre él.
Cuando quedaban un par de metros para llegar a casa, la lluvia comenzó. Tooru soltó una risilla cuando escuchó a Hajime maldecir por lo bajo para luego tomar la mano de su amigo y correr la distancia que les faltaba. Ya bajo techo, Tooru rió por la forma en la que algunos mechones largos se habían pegado en la frente de su amigo por el agua.
Al mismo tiempo, Hajime sonrió al apreciar lo bien que se veía Tooru a pesar de ya no tener su cabello perfectamente peinado como siempre. Sin embargo, el ojiverde volvió a empujar al otro suavemente hacia la puerta al ver cómo se abrazaba a sí mismo.
―Vamos, debes secarte antes de que te enfermes ―dijo Hajime con voz grave. Tooru simplemente asintió y se dejó guiar, a pesar de haber estado en la residencia Iwaizumi más veces de las que podía contar.
―Oh, muchachos ―la voz de la madre de Hajime les llamó la atención―. Qué mala suerte que la lluvia los haya alcanzado.
La amable mujer se apresuró y buscó toallas para que los adolescentes se secaran lo más rápido posible.
―Gracias, ma ―agradeció Hajime, siendo imitado por su mejor amigo.
―No es nada ―dijo la mujer con una sonrisa―. Hajime, cariño, asegúrate de darle a Tooru ropa seca. Ya sabemos que él se enferma fácilmente.
―Iwaizumi-san ―se quejó el castaño, pero Hajime sonrió al ver que Tooru temblaba levemente por el frío.
―¿Quieres ir a darte una ducha caliente? ―ofreció Hajime, junto a él, su madre asintió.
Tooru sonrió ampliamente y se disculpó para ir escaleras arriba. La madre de Hajime rió por lo bajo.
―Nuestro Tooru es un caso especial ―comentó, Hajime no podía hacer otra cosa que darle la razón.
―¿Ya te vas a trabajar? ―preguntó. La mujer asintió con una mueca.
―Me toca el turno nocturno hoy ―dijo―. Tooru se queda a dormir, ¿verdad?
―Como si fuese dejarlo salir con esta lluvia.
Su madre sonrió satisfecha.
―En ese caso, aquí tienen todo lo que puedan necesitar.
Poco tiempo después, su madre se fue, dejando a ambos jóvenes solos. Hajime se apresuró en buscar entre su ropa algo para que su amigo se pusiera al salir de la ducha.
El ojiverde salió de la habitación enseguida para darle a su amigo privacidad para vestirse. Hajime nunca admitiría que sus mejillas se enrojecieron al pensar en su mejor amigo sin ropa en su habitación.
Tooru no tardó mucho más. Al salir de la habitación, Hajime sonrió suavemente al ver que el suéter que había preparado para su amigo le quedaba algo grande en los hombros y sólo un poco corto en la cintura.
Se veía adorable.
—Iwa-chan —lo llamó con su típica voz cantarina—. Ve a darte una ducha en lo que yo preparo la cena.
—No sé si confío en ti lo suficiente como para dejarte solo en la cocina de mi madre —respondió con una sonrisa de lado. Hajime nunca lo admitiría en voz alta, pero había pocas cosas en la vida que disfrutase más que pasar una noche tranquila con su amigo. Sus bromas internas, insultos vacíos, provocaciones. Aquello era familiar, conocido y extremadamente preciado para el chico.
—Idiota —dijo el castaño por lo bajo.
Ambos sabían que, de los dos, Tooru era de hecho el que mejor cocinaba (a pesar de no hacerlo muy seguido), pero Hajime nunca desperdiciaría una oportunidad de ver a su amigo hacer pucheros.
Finalmente, Hajime volvió a palmear la espalda de su amigo al pasar junto a él para ir a su habitación.
Una vez en el baño, Hajime no pudo evitar recordar las palabras de Makki y Mattsun y como tenían razón con respecto a lo mucho que Hajime tocaba a su mejor amigo.
Hajime no veía nada raro en esos gestos. Era simplemente su forma de mostrar apoyo y que siempre estaría junto a él. Además, Tooru nunca se había quejado o alejado de él, así que Hajime no tenía razones para dejar de hacerlo.
Pero luego de esa charla extraña en los vestidores, Hajime no tardó mucho en notar que, efectivamente, Tooru se comportaba algo tímido cada vez que Hajime lo tocaba.
Sonrojos, risitas nerviosas, tos forzada. Si sus amigos tenían razón y Tooru realmente sentía algo por él, entonces Hajime tendría que hacer algo al respecto.
El joven nunca fue conocido por escapar de sus problemas y si realmente existía la posibilidad de que Tooru correspondiera sus sentimientos, Hajime no iba a desperdiciar una oportunidad como aquella.
Así que se apresuró en terminar de ducharse y así volver a la cocina con su mejor amigo.
Al bajar las escaleras, Hajime encontró al chico castaño moviéndose con gracia por toda la cocina. El lugar estaba cálido y olía delicioso. Eso sumado a la presencia de su mejor amigo tan relajado como estaba era algo que Hajime anhelaba apreciar por el resto de su vida.
Tooru levantó la vista de la comida que se estaba preparando frente a él y le sonrió. Hajime adoraba aquella sonrisa.
―Qué bueno que volviste ―dijo mientras usaba una cuchara para ofrecerle al otro―. ¿Puedes probar esto?
Hajime sonrió de lado y se acercó aún más.
―¿Qué? ―dijo con un tono divertido― ¿El gran Oikawa Tooru no confía en sus habilidades y necesita la opinión de alguien más?
Tooru hizo un gesto fingido de molestia. Aun así, Hajime probó la comida cuando Tooru volvió a ofrecerle un bocado.
Estaba delicioso.
―¿Qué dices? ―preguntó mientras volvía a mirar la comida delante de él― Siento que le falta algo.
Hajime negó con la cabeza y volvió a apoyar una mano en la espalda baja de su amigo. Ahora más consciente de la situación, la forma en la que Tooru tragó con dificultad no pasó por alto para Hajime. Sus músculos se tensaron y sus orejas se tiñeron de un suave color rojizo. Hajime sonrió.
―Está perfecto así ―dijo con honestidad, pero también como una forma de probar correctamente su teoría.
Tooru se llevó una mano para cubrir su boca y tosió de una manera que parecía bastante falsa.
―No es agedashi tofu, pero estoy satisfecho con que te guste ―admitió el castaño luego de unos segundos.
Hajime alzó una ceja al escuchar aquello.
―¿Querías preparar agedashi tofu? ―cuestionó realmente sorprendido.
Tooru asintió aún con la mirada centrada en su labor.
―Sé que es la comida favorita de Iwa-chan ―dijo con total naturalidad―. Y pensé que como hace mucho no cocino para ti, podía tomarme el trabajo de prepararlo para ti. Como una forma de agradecerte por aquella vez que me ayudaste en la práctica compartida con Karasuno.
Ante aquello, Hajime negó con la cabeza y buscó la mirada de su amigo.
―No tienes por qué agradecerme por algo así ―afirmó con seguridad―. Siempre voy a cuidar de ti si lo necesitas. Y cuando no me necesites, también.
Tooru soltó una pequeña risita y negó con la cabeza.
―Ay, Iwa-chan siempre será mi caballero de brillante armadura, ¿no es así?
Hajime rodó los ojos y golpeó suavemente la cabeza de su compañero.
―Idiota ―dijo―. Pero en serio, no tienes que cocinar agedashi tofu. Comeré lo que sea que prepares.
―Iwa-chan debería estar agradecido de tenerme ―comentó con su típica voz burlona―. ¿Quién más se tomaría el tiempo para cocinar para ti?
―Estoy agradecido de tenerte ―dijo sin tardar ni un segundo.
―Oh ―fue todo lo que el castaño fue capaz de decir, pero la forma en la que bajó la mirada le dijo a Hajime que verdaderamente Tooru no era muy bueno aceptando sus cumplidos honestos.
―¿Por qué no pones la mesa? ―pidió Tooru mientras intentaba hacer que la intensa mirada de su amigo dejara de estar fija en él.
Hajime decidió hacerle caso por ahora.
La cena transcurrió sin ningún inconveniente. Hajime debía admitir que a pesar de lo mucho que lo molestaba al respecto, Tooru era un buen cocinero. Ambos comieron hasta que sus estómagos estuvieron llenos, riendo por alguna película que el castaño había elegido.
Luego de limpiar toda la cocina y lavar los platos, ambos se sumieron nuevamente en un silencio cómodo para disfrutar de otra película, esta vez, una elegida por Hajime. Normalmente, Tooru protestaba cuando él optaba por una película de acción y drama, pero no dijo nada en aquella oportunidad. El castaño parecía cómodo con simplemente sentarse en el sofá junto a él.
Tooru tenía puesto sus anteojos y sus grandes ojos cafés prestaban atención a cada segundo de la película.
Sí, Hajime la había elegido, pero ahora le parecía una mucho mejor idea apreciar el perfil de su mejor amigo.
Todo el mundo sabía que Tooru era una belleza, tanto chicas como chicos eran capaces de admitir que el castaño era digno de admirar. Pero Hajime honestamente creía que la belleza que ahora mismo estaba junto a él era algo raro, privado y único. Tooru ni se había molestado en arreglar mucho su cabello y las ondas color café enmarcaban su delicado rostro. Aquellos enormes lentes se veían bien apoyados sobre aquella nariz recta y perfecta.
Allí mismo, en la tranquilidad de su casa, Hajime se permitió imaginar . ¿Cómo sería entrelazar sus dedos con aquel suave cabello? Claro, lo había hecho varias veces, pero todas aquellas veces habían sido momentos fugaces, lo suficientemente cortos como para ser considerado apropiado entre mejores amigos. ¿Cómo sería sentir el calor de su piel junto a la suya mientras se sentaban juntos a disfrutar una película? ¿Cómo sería besar aquellos labios rosados que hipnotizaban a Hajime cada vez que el castaño sonreía?
Nunca se había puesto a pensar en el peso de sus sentimientos simplemente porque siempre había estado satisfecho con la dinámica que tenían. Tooru estaba junto a él. Jugaban juntos, estudiaban juntos, pasaban tiempo juntos. Tooru cocinaba para él, lo ayudaba con sus exámenes, le daba ánimos cuando nadie más podía hacerlo. Y por supuesto que Hajime hacía lo mismo. Hajime siempre era la mano que Tooru buscaba cuando la ansiedad nublaba su brillante mirada, Hajime era el que empujaba a Tooru a seguir adelante, Hajime era el que le prestaba un hombro para llorar cuando el mundo se tornaba insoportable.
Siempre habían estado juntos. Tooru y Hajime. Hajime y Tooru. Compañeros, cómplices, mejores amigos.
Pero últimamente Hajime anhelaba más . Quería mucho más.
Al principio, se forzó a sí mismo a ignorar aquellos sentimientos y a seguir adelante, pues estaba convencido de que Tooru jamás querría estar con él de esa forma. Pero últimamente Tooru también estaba actuando de manera diferente, y Hajime odiaba darle la razón a Hanamaki y Matsukawa, pero el joven estaba casi totalmente seguro de que el castaño también lo quería como más que un amigo.
Así que de manera impulsiva, Hajime extendió un brazo y lo pasó por los hombros de su amigo. Hajime se obligó a terminar lo que había empezado e ignorar los latidos incesables de su corazón.
Junto a él, Tooru se tensó, pero aun así dejó que el ojiverde lo acercara a él. Una vez que tuvo su cabeza apoyada en el hombro de su mejor amigo, Tooru tragó con dificultad. El castaño estaba demasiado nervioso como para escuchar los fuertes latidos del corazón de su amigo, simplemente podía concentrarse en aquella mano cálida que ahora se dedicaba a acariciar su brazo delicadamente.
Incluso a través de la tela del suéter de Hajime, Tooru era capaz de sentir el calor abrasador que emanaba de la piel del otro.
Respira hondo. Adentro y afuera.
No hagas nada extraño ni estúpido.
Esto está bien, solamente respira profundamente.
Desafortunadamente, todos aquellos consejos que se repetía a sí mismo en su cabeza una y otra vez no fueron suficientes.
De repente, Tooru se puso de pie y se alejó del tacto del otro, como si una caricia más hubiese sido suficiente para prenderle fuego a su piel.
―Iré al baño un momento, Iwa-chan ―dijo de manera abrupta.
―Espera, ¿no quieres que pause la película?
―No, no, no ―su voz era ligeramente aguda y hablaba más rápido de lo normal―. No te preocupes, sigue disfrutando de la película. Todo está bien.
―Oikawa…
Pero Tooru no se quedó para escucharlo. Con pasos rápidos, el armador corrió por los pasillos de la casa hasta llegar al baño y encerrarse allí mismo.
No podía escuchar nada más que el insoportable sonido de su corazón chocando con las paredes de su pecho. Su cuello y mejillas ardían y al verse al espejo confirmó que, justo como creía, su cara estaba totalmente enrojecida.
El joven castaño respiró hondo y se echó agua a la cara en un intento de calmarse. El agua fresca era un contraste muy bienvenido y Tooru se tomó unos momentos para cerrar los ojos y pensar.
Sabía que estaba perdida y ridículamente enamorado de su mejor amigo, pero él era el gran Oikawa Tooru. Era él el que hacía que las personas actuaran torpemente y se ruborizaran en su presencia. Era él el que alteraba los corazones de los demás de manera tal que no pudieran pensar con claridad.
Oh, pero Hajime.
Hajime lo tenía hecho un desastre con solo una mirada o una sonrisa. Él era el único que tenía a Tooru ruborizándose como un tonto con sólo un roce de su piel. Hajime era el único que ahora estaba golpeando en la puerta, llamando su nombre una y otra vez. ¿Qué?
―Tooru, abre la puerta ―su voz era grave, demandante e increíblemente atractiva. Tooru tuvo que poner una mano sobre su boca para no chillar al escuchar su primer nombre salir de los labios del otro.
Cuando no dijo nada, Hajime volvió a golpear la puerta.
―Abre la puerta, Tooru, quiero hablar contigo ―dijo.
Tooru volvió a mirarse al espejo y a tomar una gran bocanada de aire antes de contestar. Sabía que estaba actuando como un idiota, lo sabía, y temía no ser capaz de esconder sus sentimientos si abría esa puerta.
―Sé que me extrañas, ¿pero en serio no puedes estar ni 5 minutos sin mí, Iwa-chan? ―como siempre, el chico optó por bromear para calmar la situación.
―Abre esta puerta ahora mismo, Tooru ―volvió a repetir―. Es la última vez que lo repito.
Tooru cerró los ojos con fuerza unos momentos antes de mirarse al espejo de nuevo. Su rostro seguía rojo y realmente no sabía qué decir. Hajime no era tonto y sabía que se había dado cuenta de lo extraño que estaba actuando y no lo culpaba.
―Quiero hablar contigo de… algo importante ―la forma cuidadosa en la que dijo aquello le dijo que Hajime sabía. Dios, Hajime lo sabía.
Tooru se sentía en una desdicha total. No podía soportar la idea de ser rechazado por su mejor amigo, pero quizás aquella era la mejor opción. Hajime era un hombre considerado y Tooru estaba seguro de que sería suave al rechazarlo.
Así que Tooru abrió la puerta.
Hajime estaba allí, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, con uno de sus fuertes brazos apoyado en el marco de la puerta. Al notar que esta se abría, los ojos color esmeralda se clavaron en él y Tooru tuvo el impulso de volver a cerrar la puerta.
Hajime fue más rápido, sin embargo.
Con un agarre fuerte, el ojiverde impidió que el castaño le cerrase la puerta en la cara. Tooru entró en pánico nuevamente.
No podía hacerlo.
―¡Tooru!
El castaño lo escuchó, pero aprovechó un momento de distracción y fue capaz de escabullirse fuera del baño. Quizás podría encerrarse en la habitación de Hajime o huir de la casa.
Pero Hajime era obstinado y apasionado con todo lo que hacía. Si hacía algo, lo hacía bien. Y en ese momento, su misión era atrapar al castaño que se sentía al borde de la locura.
Tooru no pudo escapar de la situación por mucho tiempo porque finalmente Hajime lo atrapó por la cintura y lo obligó a detenerse.
―¡Suéltame, Iwa-chan!
―¡No hasta que me escuches, idiota!
Tooru forcejeó un poco más hasta que Hajime lo tuvo arrinconado contra una pared. A pesar de ser unos centímetros más alto, Tooru se sentía pequeño bajo esa mirada ardiente. Así que el joven tragó saliva y se resignó a aceptar su destino.
―Tooru, ¿alguna vez te dije que te ves hermoso cuando tienes las mejillas enrojecidas?
El castaño abrió los ojos. Esas eran palabras que definitivamente no esperaba. Al unir sus ojos con los de Hajime, Tooru notó la forma en la que él también estaba sonrojado y que respiraba con dificultad.
― ¿Qué? ―atinó a decir en voz baja.
―Lo siento por lo de antes, no quería hacerte sentir incómodo ―dijo mientras miraba hacia un costado. Tooru no podía decidir si estaba soñando o alucinando, pero estaba seguro de que la cercanía de Hajime no lo había hecho sentir incómodo―. No pude evitarlo, te veías muy bien.
Tooru volvió a cerrar los ojos y decidió apretar la sudadera de su amigo con ambos puños.
―Iwa-chan, eso es cruel ―se quejó―. Si vas a pedirme que me vaya de tu casa y deje de ser un raro no deberías decirme ese tipo de cosas.
Aunque Tooru no podía verlo, Hajime se mordió el labio por unos momentos. Adoraba a este idiota.
―Tooru, ¿estás enamorado de mí? ―decidió preguntar sin darle más vueltas al asunto. En respuesta, Tooru bajó aún más la cabeza. Quizás la tierra lo tragaría si rezaba lo suficiente.
Definitivamente prefería eso, porque Hajime sabía. Lo sabía todo.
―Lo siento ―dijo en voz baja―. No quería arruinar nuestra amistad. Iwa-chan es demasiado importante para mí y no quería perderlo.
―No hay nada que puedas hacer que me haga alejarme de ti ―respondió con suavidad. Tooru no se resistió cuando sintió la mano del otro agarrar su barbilla para levantar su mirada.
Tooru no dijo nada, pues no sabía qué estaba pasando por la mente de su mejor amigo en ese momento.
―Eres terrible escondiendo tus sentimientos de mí, Tooru ―dijo con una sonrisa que sería capaz de opacar a todas las estrellas del cielo.
―Lo siento ―volvió a decir.
―No tiene por qué disculparte.
―¿No vas a decirme que soy horrible y que me aleje de ti y que ya no quieres ser mi amigo? ―cuestionó de manera atropellada.
Hajime rodó los ojos.
―Tooru, eres terrible escondiendo tus sentimientos ―volvió a decir con voz llena de cariño―, pero también eres terrible para ver cuando alguien está loco por ti.
Tooru tragó saliva y lo miró con ojos bien abiertos.
―¿Eso quiere decir que…?
Hajime apoyó ambas manos en las mejillas del otro y sonrió.
―Estoy loco por ti ―confesó.
Tooru no necesitó más.
Simplemente se arrojó a los brazos de su amigo y lo abrazó con fuerza. Hajime escondió su rostro en el cuello de su mejor amigo e inhaló su dulce esencia. Se sentía bien por fin poder rodearlo con sus brazos sin preocuparse demasiado por ello.
Cuando se separaron, Hajime rió por lo bajo al notar una lágrima rodar por la mejilla del otro. El joven simplemente se limitó a secarla con su pulgar.
―No tienes por qué llorar ―dijo con una sonrisa―. Estamos bien, Tooru. Me gustas, te adoro.
―¿Puedo besarte? ―preguntó con un hilo de voz.
Hajime sonrió y simplemente se acercó al otro y acabó con la distancia entre ellos. Justo como lo suponía, los labios de Tooru eran suaves y cálidos, y Hajime disfrutó de lo bien que se sentía besar a su mejor amigo por fin y apretó con más fuerza la cintura del otro, como si quisiera evitar que el otro se escapara de su agarre.
Al separarse por aire, Tooru soltó una risilla.
―Supongo que no fue necesario decirte lo que sentía, después de todo ―dijo con una sonrisa mientras Hajime esparcía pequeños besos en las mejillas cálidas del castaño―. Mi Iwa-chan siempre va a saber lo que siento incluso antes de decirlo.
Hajime rodó los ojos, pero volvió a dejar un corto y casto beso en los labios del otro.
―Claro que lo sabía ―dijo con aquella sonrisa jovial que tanto le gustaba―, pero no sería malo escucharlo por fin, ¿sabes?
Tooru sentía que sus mejillas comenzaban a doler después de sonreír tanto, pero no podía evitarlo.
―Me gustas, Hajime ―dijo con voz más segura―. Te adoro.
Hajime volvió a besarlo, disfrutando de lo relajado que estaba su novio ahora.
―Lo sé.
