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El ambiente universitario por las mañanas no era el preferido de Nobara. Especialmente, si dicha mañana en específico se trataba del primer día de vuelta a la universidad. ¿Amaba su carrera? claro, pero aún así no pudo evitar sentir cierto dolor de cabeza cuando escuchó su alarma sonar a las 6:00 am.
Esta desdicha que circulaba en sus pensamientos fue interrumpida cuando, aún absorta en su miseria, pasó entre dos personas: un padre sosteniendo su teléfono con una mano y a un niño de no más de 4 años en el brazo sobrante, y, el que probablemente era su hijo, se encontraba posando incómodamente cerca de las puertas de la universidad.
—Disculpe, señorita? — oyó decir al hombre rubio. Nobara sobresaltada y dándose cuenta que se había metido sin querer en una foto, se disculpó inmediatamente.
— Ay, de verdad que fue sin querer. Perdón, perdón.
— No te preocupes, hija. Más bien, ¿crees que nos podrías tomar una foto si no es mucha molestia?
La joven asintió con una sonrisa sin antes mirar de reojo al joven del otro lado quien se ponía rojo cada vez más.
— ¡Yuji! ¿Qué es esa cara, hijo? Hasta Kei sin un diente tiene menos vergüenza de sonreír que tú. — reprendió el padre con dulzura mientras ponía una mano sobre el hombro de su hijo mayor.
Nobara, amante de analizar personas en base a cómo se visten, no puedo evitar soltar una ligera risa al poder ver a la familia junta. El chico, Yuji, vestía una polera holgada junto a unos shorts de deporte mientras que su padre estaba en terno gris y con el cabello bien arreglado, por último, y probablemente lo que hizo reír a Nobara, era el hermano pequeño quien estaba en una pijama de dinosaurio y frotándose los ojos. Personalidades completamente distintas y únicas que, a simple vista se podría pensar que brindaría discordia al momento de comunicarse pero la chica pudo sentir que no era el caso entre los miembros de esta familia. No sabía el por qué pero tan sólo lo sintió así.
Toda esta imagen que estaba captando su cerebro, y a la vez inmortalizando en el móvil del padre, fue suficiente como para que luego de devolverle el teléfono al padre y despedirse de los dos jóvenes, Nobara ingresara a la universidad de muy buen humor.
