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Era el primer día del segundo año en la universidad para Bokuto Kotaro y el primer día para Akaashi Keiji. Habían compartido muchas experiencias en el equipo de voleibol durante el instituto y, aunque estaban en facultades diferentes, su amistad había perdurado con la misma intensidad.
Esa tarde, después de las clases, Bokuto estaba en el sofá del piso que compartían mientras veía de nuevo algunos videos de antiguos partidos de voleibol cuando escuchó la puerta abrirse. Akaashi había llegado de su clase de literatura, luciendo un poco cansado pero con su acostumbrada calma.
—¡Akaashi! —exclamó Bokuto, levantándose de un salto—. ¡Mira esto! Kuroo me ha enviado un video de nuestro último partido juntos contra Nekoma. ¡Soy increíble! Akaashi sonrió, dejó su mochila en el suelo y se acercó al sofá. Bokuto le dio espacio y Akaashi se sentó a su lado.
Mientras el video comenzaba a reproducirse, Bokuto observó de reojo a Akaashi. En todos estos años, Akaashi siempre había sido su ancla, su punto de equilibrio. Se sintió repentinamente consciente de lo mucho que significaba para él. De lo mucho que le gustaban esos ojos que se escondían tras unas gafas para estudiar, del nivel de tranquilidad que sentía cuando estaba con él, de todo el bien que le hacía el contraste entre su energía inagotable y la tranquilidad de su compañero de piso.
Los días pasaron y ambos cayeron en la rutina universitaria. Bokuto, incapaz de estar quieto, siempre tenía una anécdota o una broma para contar, mientras que Akaashi lo escuchaba con paciencia y una sonrisa en los labios.
Una noche, después de un entrenamiento particularmente cansado, ambos se dirigieron a un pequeño café cercano al campus. El lugar estaba casi vacío, dándoles la tranquilidad que necesitaban después de un largo día.
—Akaashi, he estado pensando —dijo Bokuto, removiendo su café—. Desde que te conocí, siempre has estado a mi lado, apoyándome y soportando mis altibajos.
Akaashi lo miró fijamente, intrigado por la seriedad en la voz de su amigo.
—Siempre estaré a tu lado, Bokuto. Sabes que puedes contar conmigo.
Bokuto sonrió, sintiendo un calor agradable en su pecho
.—Lo sé. Y eso me hace darme cuenta de algo importante. —Tomó aire, sintiendo que su corazón se aceleraba—. Akaashi, creo que... siento algo más por ti. Algo más que amistad.
Akaashi parpadeó sorprendido, pero luego una sonrisa suave se dibujó en su rostro.
—Bo, ¿lo dices en serio? Porque yo me siento igual.
El alivio y la felicidad inundaron a Bokuto, quien no pudo evitar abrazar a Akaashi con fuerza.
—Entonces, ¿qué dices, Akaashi? ¿Quieres intentar esto?Akaashi correspondió el abrazo, sintiendo la calidez de Bokuto envolverlo.
—Sí, Bokuto. No sólo quiero intentarlo. Quiero construir mi historia contigo.
