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Language:
Español
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Published:
2024-08-04
Words:
2,025
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1/1
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4
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1
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97

Jardín de Rosas

Summary:

Afrodita se sentía solo… y una inesperada visita inunda Piscis… Bueno, al menos podría tener un amigo, si tuviera otra opción…

Notes:

Una obra que desempolve de mis documentos… debería considerar hacer más… solo tengo 5 meses de libertad, si es que entro a la Uní…. Damn…

Work Text:

 

 

 

 

 

Era una noche por la madrugada dando comienzo un nuevo día, día que tenía libre, por parte de sus deberes como caballero como mínimo se le daba un pequeño descanso por el trabajo que cumplía entre las misiones encomendadas y como cada amanecer de Grecia que podía contemplar, había un calor bastante disfrutable con suaves brisas alrededor. Afrodita, quien era de los primeros en levantarse y mantenerse activo dentro del Santuario, se aseguraría de tener completo cualquier pendiente que pudo dejar anteriormente. Al revisar se encontró que no tenia nada que podía hacer. Toda misión fue realizada. Desde entrenar con aspirantes a caballeros de bronce u otros, hasta poner en su lugar a cada quien atentaba contra las ordenes del Patriarca

 

 

El caballero de Piscis con una pizca de inquietud en su semblante al caminar hacia que diera varios pasos de un lado a otro, intentaba meditar el que hacer de su ''aparentemente normal'' mañana, pero, dentro del santuario nada era normal, -ya saben-. Hace un par de años que aquellos jóvenes aprendices habían vuelto de su arduo entrenamiento en el que pasaron par de años para aspirar a sus respectivas armaduras de Oro y por ende pasar a estar en la orden dorada esperando proteger a la Diosa en esta nueva era como hace miles de años, pero, en este caso no había Diosa a quien venerar y poder ser leal. Aquel secreto que sólo Death, Shura y él sabían de la traición del caballero de Géminis, el Patriarca con Sagitario cargando con una bebé Athena en brazos fueron asesinados, pero, poco le tenia sin cuidado, sabía que Saga con su gran sentido de justicia, su bondad pura y fuerte liderazgo podía hacerse cargo de todo un ejército, creían en él, creía en él.

 

 

Ya de tanto pensar, se encamino de su cuarto cruzando una pequeña sala para llegar a la parte trasera del templo, dudaba en visitar el jardín de rosas, -no eran suyas ya que pertenecían como última protección para el templo del Patriarca y de igual manera como del templo de Athena, pero él las cuidaba, nadie más- pero cada paso que daba era firme.

 

 

Si hacia una retrospectiva de si mismo, la única cosa que podía recalcar era que vivía rodeado de rosas, rosas venenosas. Hecho por el cual le impedía que los otros caballeros no se acercaban a él o a su templo, de no ser por algún llamado del Patriarca, ya que con solo aspirar un poco de su fragancia podía dejar a cualquiera desmayado casi a un punto de la muerte. Pero no le afectaba, eso no le detendría la acción de poder relacionarse con otros por su entrenamiento que le permitía ser inmune y al contrario, aprovechar de éstas, usándolas como armas. Claro, salían del propio cosmo pero tenía que convivir con ese veneno. 

 

 

A Afrodita no le molestaba tanto, casi con decir que era un divertido entretenimiento porque le gustaba dejar las rosas regadas por los otros templos, esperando una reacción de susto al verlas, de que pensarán que fuera de fragancia demoníaca, pero no era así. También podía crear rosas sin dicho veneno. Pero igual le disgustaba, casi nadie se le acercaba. Le gustaba la atención y quería ser aclamado, no por nada su titulo era el guerrero más bello de entre las 88 constelaciones. Tal era dicha soledad que solo DeathMask era su único confidente y eso era porqué realmente no le importaba morir. Tal vez podía decir que también Aldebaran, él si es bueno. 

 

 

Estaba camino al gran jardín de rosas perdido en pensamientos. Llevaba herramientas de jardinería pues le gustaba tener un tipo de cuidado especial con ellas. Tenía ropa normal, casi como decir casual, por el momento no le importaba terminar con tierra o con raspones por las espinas, no tenía ganas de arreglarse y eso ya era bastante grave, al menos para él. Su vista perdida fijada en el profundo rojo de las rosas hizo que varias espinas se alojarán en sus manos, no tenía ni un tipo de protección. Se quejo con un audible Auch, maldiciendo por lo bajo, era un dolor un tanto intenso. 

 

 

 

“Con esa mente llena de distracciones y pensamientos lejanos era claro que te terminarás lastimando con tus propias rosas, Afrodita.” —Aquella voz regañaba al de Piscis con cierta burla.

 

 

 

Al escuchar esas palabras reaccionó de manera brusca pues una mezcla de sentimientos y sensaciones aparecían dentro de sí, desde un ligero susto al escuchar esa voz tan penetrante a pocos centímetros, vergüenza que le viese lastimado pues no permitía el que vieran en esa forma tan descuidada y por último confusión ya que aquella persona no era nadie mas que el caballero de Virgo: Shaka.

 

Afrodita parecía estar bastante desentendido. Shaka 'veía' él comportamiento del Piscis, era de cierto modo divertido de ver a su parecer con una sonrisa de lado. 

 

Afrodita de inmediato se frotaba la ropa y acodaba el cabello para verse al menos presentable. Sintió un calor en su rostro, seguro estaba más que rojo y su piel blanca no favorecía en nada. El Pisciano miraba a Shaka, no era que le emocionaba, si pero no, sólo era el hecho de que viniese hasta su jardín, ahí se dio cuenta de algo que hizo que olvidará que Shaka estaba frente suyo y era que él estaba a simples roces de las rosas que con sólo tocarlo podía salir envenenado.

 

 

“¡Por dios, Shaka! ¡Tienes que apartarte de aquí, es peligroso que estés cercas de éstas rosas venenosas!” —Dijo Afrodita con regaño y notoria preocupación por el rubio así tomando de su mano y llevándolo dentro de su templo.

 

 

 

Shaka quien no estaba para nada acostumbrado a ser tocado y menos de la mano, no supo como reaccionar, tampoco era como si quisiera impedirlo, no quería admitirlo pero a pesar de que las manos de Afrodita estuvieran con tierra y maltratadas, podía sentir cierta calidez y suavidad en ellas, de cierto modo le agradaba. 

 

Sólo pasaron unos segundos cuándo llegaron, Afrodita de inmediato soltó a Shaka así quedando parados con Afrodita quedando frente suyo con molestia. Quería respuestas. 

 

 

 

“Virgo…” —Llamó con tono enojado. “¿Qué estabas pensando al estar tan cercas de esas rosas? ¿No sabes el peligro que representa?” —Pregunto molesto, pero mas que eso, estaba angustiado, no quería que alguno de sus compañeros saliera lastimado, ni mucho menos él. 

 

 

 

“Oh, Piscis.” —Rió con suavidad. “Tu, un caballero orgulloso, altanero y vanidoso ¿preocupado? o mejor dicho ¿preocupado por mi?” —Burlo el menor, su actitud de por sí, es bastante nuevo viniendo del Piscis.

 

 

 

Afrodita se dio cuenta de que sus preguntas y su forma de comportar daba a entender eso, nuevamente sintió ese calor recorrer  su cara sólo por escuchar toda palabra de sus labios rosados. Simplemente negó con la cabeza y ahora estaba mas que enfadado, desviando el hecho de que sí, por un momento, se preocupo por Shaka.

 

 

“¡Claro que no! Ni me importas, solo no quiero muertos en el templo de Piscis, no aún.” —Respondió con clara mentira.

 

 

 

Afrodita… Desde la creación de estos templos, siempre han sido espectadores de diversas perdidas de vidas, ya sean de enemigos o de propios caballeros. Es algo que nunca se podrá evitar a menos de que finalmente vinieran verdaderos tiempos de paz pero para ese entonces falta casi una eternidad, y quizás muchas más vidas se tendrían que entregar para lograrlo. Y tarde o temprano tu templo volverá a ser testigo de otras perdidas, no habrá excepción alguna. Así que eso no debería ser gran motivo para tu preocupación.” —Dijo con sonrisa altanera.

 

 

 

Afrodita se calló, se vio levemente decaído, no es que no supiera cuál era su destino; que era morir en pelea en nombre de Athena -Si estuviera viva, claro-  sino que esta vez, en esta ocasión… No era igual. Como caballeros, nadie en sí estaba unido, no había algo parecido a una hermandad; Aries aun no regresaba. Tauro es una buena persona pero no se acercaba mucho. Geminis es bondadoso pero sentía que ocultaba algo más y por eso de la conspiración. Cáncer es un sádico despiadado que solo cumplía sus propios caprichos. Leo seguía resentido con todos por decir que su hermano era traidor. Virgo veía que meditaba a toda hora y no lograbas verlo. Libra se mantenía fuera por el momento ya que se dice que sigue en una misión de hace mas de 200 años. Escorpio era un energético e infantil pero cumplía bien su papel de guerrero. Sagitario había muerto. Capricornio se mantenía siempre en su templo ya que no salia de ahí y conociéndole un poco, podía saber que seguía pensando o lamentando el haber sido quien acabo con Sagitario, su admirado. Acuario era frío e inexpresivo que se la pasaba con Escorpión y dice no aguantarlo pero seguía pegado a él. Y yo  caballero de Piscis… Me encontraba siempre con las rosas que eran mi compañía, un tipo orgulloso que se encontraba sin ninguna compañía.

 

 

“Ya deberías haberlo asimilado hace años, Piscis…” —Dijo, ya más serio al ver al mayor en silencio.



 

Afrodita ya no le presto atención a lo ultimo ya que lo estaba observando; desde su rostro serio y calmado, con unas facciones delicadas, sus cabellos dorados y para nada maltratado sumando su fina y pálida piel; parecía una chica, una linda chica. ¿Alguna vez se lo dijeron? Por sus conocimientos sobre Virgo son sobre que es uno de los más respetados y temidos entre los santos; por su inmenso poder y control del cosmos, de igual forma que su personalidad reservada, serena y llena de paz pero sin piedad. 

 

 

Su mente divagó un poco pero regresó de sí, desde su profundo ser, quiso acercarse. Empezó a tener un fuerte interés sobre el guardián del templo de la doncella.

 

 

 

Shaka, ¿Qué hacías en mi jardín de rosas demoniacas?” —Pregunto en murmullo pero que se logrará escuchar evadiendo todo lo dicho por Virgo.

 

 

 

Si eso es lo que tanto querías saber, te lo diré… Solo quería salir de mi templo y despejarme de  Aioria, no para de molestarme y hablarme con eso de que su hermano fue acusado por ser un vil traidor de manera injusta y de querer limpiar su nombre, al ser vecinos es a mí a quién recurre. Solo quiero tranquilidad, ya que ni en la Sala Gemela me deja, pasa como Pedro por su casa.” —Explico su situación soltando un pesado suspiro. Empezaba a irritarle el caballero de Leo. “Y tu jardín no está nada mal.” —Lo último lo dijo por debajo pero se logro escuchar.

 

 

Afrodita hizo una mueca, estaba asombrado y apuntó de gritar como una colegiala solamente porque Shaka halagó sus rosas, que no son sus rosas pero para él si son sus rosas. 



 

Shaka… ¿Te gustan las rosas?” —Pregunto tímidamente, ya empezaba odiarse por tal comportamiento desde que Shaka llegó a su templo, no sabía que pasaba.

 

 

 

Shaka parecía meditarlo, unos segundos y abrió sus ojos, dejando ver sus ojos azules, unos bellos ojos azules.

 

Si… Me parecen hermosas, tanto como lo es su dueño…” —Expreso con una sonrisa, no era burlona, era cálida y honesta.

 

 

 

Eso ya era el colmo, se mostró tan nervioso que no dijo nada. ¿Dónde quedo ese orgullo? En el Hades desde el momento exacto cuando se preocupo por el Virgo y no pudo hacer más.



 

Shaka cerro los ojos, creyó que fue mucho tiempo de visita al de Piscis, tenía que volver para meditar. Retomó la salida y caminó unos cuantos pasos, no sin antes decir algo.

 

 

 

Piscis, la verdad es que me gustaría seguir visitando tu jardín de vez en cuando, espero que no sea tan abrupta mi petición y ya pensándolo mejor, podríamos ser más que simples compañeros de armas… Hasta otro día, Afrodita.” —Finalmente, Virgo se despidió. 

 

 

 

Afrodita, vio como se iba, y sus palabras quedaron grabadas dentro de sus pensamientos y ser, la posibilidad de verlo nuevamente en su jardín le hacia tener ilusiones. Quizás y solo quizás, tendría una compañia dentro de ésta profunda soledad en la que se veía hundido con sus rosas, en esas letales y bellas rosas. 

 

 

 

 

Esbozó una sonrisa.