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Caza Familiar

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El rey vikingo de Kattegat, Wakatoshi Ushijima, ha convocado a sus hombres en asamblea, para planear la primera cacería del año nuevo después de un largo y frío invierno.

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Primavera

Los días se hacen más largos y cálidos, los lagos se descongelan y el sol comienza a derretir la nieve, que forma cascadas por todas partes. Los árboles florecen y muchos animales despiertan después de un largo período de hibernación. 

El rey vikingo de Kattegat, Wakatoshi Ushijima, ha convocado a sus hombres en asamblea, para planear la primera cacería del año nuevo después de un largo y frío invierno. 

Sentados en el interior del gran salón, alrededor de un fuego chisporroteante que iluminaba sus rostros y daba calor al lugar, organizaban la partida de caza que saldría en unos días de Kattegat para adentrarse en los bosques colindantes. 

— ¿Se unirá a nosotros el principito este año o está demasiado ocupado gobernando sobre Kattegat y territorios anexos? — preguntó Tendou a Ushijima con esa sonrisa y ese brillo en sus ojos que no entrañaba nada bueno. Ushijima le dedicó una mirada de soslayo mientras daba un trago. 

El humor ácido de Tendou sumado al silencio de Ushijima provocó inquietud entre algunos de los presentes, temiendo por la reacción del rey.

Tooru Oikawa, «el principito», como el lunático pelirrojo se había referido a él, siempre era un tema delicado. Todo el mundo sabía que el rey consorte de Ushijima, su esposo ante los dioses, era quien regía sobre Kattegat y sus gentes en lugar de Wakatoshi. Usar su nombre para insultarle, a la par que menospreciaban a Tooru por su origen cristiano, comportaba un alto riesgo para la integridad física del necio que se atreviera a tal desfachatez. 

— No lo sé, Satori. Tendrás que preguntarle a él. 

A pesar de que no hubo ningún tipo de inflexión en su voz y habló en su tono neutro habitual, la respuesta de Wakatoshi no tranquilizó los ánimos. Kyotani gruñó entre dientes y la sonrisa de Tendou se ensanchó en su rostro.

— Goshiki — el aludido dio un respingo en su asiento cuando Ushijima se dirigió a él.—  ¿Tienes algo que aportar a la mesa? Veo que llevas rato intentando hablar. 

— Ah, ¡no!, ¡sí! — contestó hecho un manojo de nervios. Wakatoshi alzó una ceja, Satori se echó una buena carcajada.

— Tranquilo, Tsutomu. Wakatoshi, a diferencia de este perro rabioso de aquí — hundió su dedo índice en la mejilla de Kyotani, que le dio un puntapié por debajo de la mesa al mismo tiempo que lanzaba una mirada fulminante.— No muerde.

Tsutomu, con renovada confianza, miró a Ushijima de nuevo. 

— El año pasado no pudimos cubrir todo el terreno previsto. Quizá este año, que somos más, nos podríamos repartir mejor las zonas…

Wakatoshi asintió. La epidemia del invierno pasado había dejado a muchos hombres postrados en cama. Por fortuna, no tuvieron que lamentar muertes y todos se habían recuperado más o menos bien.

Así, sumando sus reincorporaciones y la unión de los muchachos que en breves llegarían a su adultez,— chicos de 13 que cumplirían 14 durante el transcurso del nuevo año — participando por primera vez, podrían hacer una mejor distribución y abarcar todo el lugar.

— Bien, mañana seguiremos ultimando detalles — dijo tras darle la razón a Goshiki, haciendo que este hinchara el pecho al verse reconocido, dando por terminada la reunión por hoy. Otros quehaceres aguardaban a sus hombres y no quería retenerlos allí toda la mañana. 

Kyotani fue el primero en salir del gran salón a grandes zancadas, abriendo la puerta con tal fuerza que por poco se la lleva consigo. A quien sí se llevó por delante fue al pobre muchacho que iba a entrar. Rápido de reflejos sujetó el brazo del chico, impidiendo que cayera al suelo y se estampara de culo contra  la nieve a medio deshacer y se empapara todo. Lo soltó de inmediato, dejándolo tambaleándose sobre sus pies y le refunfuñó una disculpa antes de reemprender su camino.

— Ohohoho ~ . Vaya, mira quién se ha dejado caer por aquí — canturreó Satori cuando vio entrar al joven vikingo. — Llegas tarde, Kristoff, la asamblea de la cacería ha terminado. ¿Tu primer año y faltando ya a las reuniones informativas? 

Kristoff frunció el ceño. 

— Ninguno de los otros chicos estaba aquí tampoco, tío Satori. 

— Ah, ah, pero tú eres el heredero de Wakatoshi. 

— Seré el «heredero» si cuando llegue el momento las gentes de Kattegat así lo eligen. Pues serán ellos quien escojan a su próximo gobernante mediante votación.

— Mira que listillo — dijo revolviéndole el cabello rubio — ¿Y si se presenta alguien más a reclamar el título de Wakatoshi? ¿Qué harás?

— En ese caso lucharé y ganaré el título ante los dioses y los hombres — aseveró con seriedad ante las dos únicas personas que allí quedaban con él. Después sonrió, suavizando el ambiente, y dijo: — Pero aún falta mucho tiempo para eso, tío Satori. 

— Mmmh — musitó llevándose una mano al mentón, en pose pensativa —. Bueno, pasado mañana saldremos de caza y muchas cosas pueden pasar, sabes.

Kristoff enarcó una ceja y tanto Satori cómo Wakatoshi vieron la influencia de Tooru en ese gesto.

— Tío Satori, eso que insinúas es traición. 

La puerta del gran salón se abrió de pronto y tres pares de ojos se dirigieron allí. Era obvio que el pelirrojo estaba bromeando. Jamás apuñalaría por la espalda de esa forma a su mejor amigo, su hermano de armas y el rey al que había jurado su lealtad, pero mucha gente consideraba que estaba chiflado,— no por nada lo llamaban el lunático pelirrojo — y creerían realmente qué querría herir al rey. 

Quién apareció por la puerta, para alivio de los presentes, no fue otro que el rey consorte de Wakatoshi; el cual se detuvo bajo el umbral de la puerta al sentir las mirada de los tres en él, viendo la tensión momentánea abandonar sus cuerpos. 

— ¿Ocurre algo? — preguntó, mirando a cada uno con detenimiento.

— Noooo~, por supuesto que no, principito. Solo hablábamos sobre el debut de Kristoff en la próxima cacería. — Se acercó a él con un par de grandes zancadas y pasó uno de sus brazos por encima de los hombros de Tooru.

— Sí. De cómo tío Satori pretende cometer traición dando muerte a Wakatoshi.

Tooru enarcó una ceja, mirando de reojo a Satori. Desde su asiento en la mesa, Ushijima sonrió con cariño. Esa era su familia. Caótica hasta la médula.

— Eh, eh, nadie ha dicho nada de dar muerte a nadie, mocoso.

Satori se cernió sobre el adolescente con los brazos en jarra, después de dejar ir a Tooru. Que rodeó la mesa y se encaminó hacia el rey.

— Eso es lo que has dado a entender, tío — los ojos azules del muchacho brillaron con la diversión de quién está cometiendo una travesura. 

— Palabras vacías. No es como si tú tío pudiese hacer eso que dice. Wakatoshi es un excelente guerrero y siempre pone sus cinco sentidos en lo que hace, ya sea luchando, entrenando o cazando. ¿Verdad, mi amor? — susurró la pregunta sobre la sonrisa en los labios de Ushijima, antes de besarlo.

— Satori quiere saber si vendrás con nosotros este año. — le dijo a Tooru su bárbaro favorito, susurrando también sobre los labios que lo acababan de besar.

Eso llamó la atención de Kristoff. El joven no recordaba que Tooru hubiese participado nunca en el evento. Al menos, no desde que ambos soberanos los adoptaran a él y a su hermano pequeño Sven, después de que su madre tuviese que volver con la reina madre y las escuderas. 

— ¿Oh? ¿Y para qué quieres que vaya, Satori?

— Revancha, por supuesto. 

— ¿Quieres que hagamos del evento de cacería una competición? Te volveré a ganar otra vez.

— Eso ya lo veremos, principito. 

 

🐗🐇🐗🐇🐗

 

Al alba del día en cuestión, los hombres se reunieron en la plaza del mercado. 

— Nos dividiremos por parejas y grupos de tres para colocar las trampas — les indicó Ushijima. — Una vez colocadas podéis ir por libre. Mantened la guardia alta e intentad no cruzar fuera de vuestra zona. Tened cuidado, en especial con los osos, que habrán despertado de su letargo invernal y tendrán hambre. También de los lobos. 

» No disparéis intencionadamente contra compañeros — lanzó una mirada de advertencia a Kyotani al verlo recibir nuevas flechas de mano del herrero. — Por mucho que os saquen de quicio. Tampoco de forma «accidental». 

Kyotani gruñó algo que las risas generales y las estridentes del pelirrojo ahogaron. Kristoff miró a Tooru con una pregunta en sus ojos. El muchacho de 13 solo recibió una sonrisa y un suspiro resignado por parte de su padre adoptivo, que se acercó al rubio furibundo, poniendo una mano sobre sus hombros. 

— Vamos, Kentarou. Necesito otro par de ojos mientras le enseño a este liante a poner trampas. 

Kyotani contempló la mano sobre su hombro con una mirada feroz que haría a cualquier otro apartarla y dar, mínimo, un paso atrás. Después miró a Tooru a los ojos con su ceño profundamente fruncido y asintió. 

— Ushijima, ¿Quién se encarga de las piezas que hay que proporcionar a la reina madre?

— De la caza destinada para la reina madre y las escuderas, Satori y Tooru se encargarán. Ambos han acordado competir por quién consigue más piezas de caza el día de hoy. Sus extras irán destinados para ellas. 

Se hizo un murmullo general y Tendou irguió la cabeza de forma arrogante. 

— Prepárate para perder, Oikawa. 

 

🐗🐇🐗🐇🐗

 

— ¿Ves esto, Kristoff? — el muchacho asintió — Nos indica que por aquí hay una madriguera. Pondremos algunas trampas en la zona, utilizando la vegetación del lugar y haremos que salgan. 

Las preparon en silencio y después siguiendo los rastros del animal, buscaron con cuidado su escondite. 

Kyotani, mientras el cristiano enseñaba al crío trucos básicos y atrapaban la primera liebre del día, escudriñaba los alrededores en busca de aves silvestres a las que ensartarles un buen flechazo; al mismo tiempo que estaba bien vigilante y pendiente de la posible aparición de osos o lobos, en todo momento. 

Con el arco cargado, buscó entre las ramas de los árboles. Uno de esos pajarracos echó entonces el vuelo y la flecha del vikingo iracundo silbó al cortar el aire, haciéndolo caer. 

Un par de liebres saltarinas, un huidizo bermejo y un ave silvestre, que Tooru derribó de los cielos con su propio arco y flechas, fue todo lo que lograron cazar. Insuficiente para ganar la competición. Y Kristoff se lo hizo saber así a su padre. 

— No te preocupes — Tooru le sonrió. — Tengo un truco que nunca falla. 

Siguieron comiendo con tranquilidad las frutas y bayas que habían traído para tentar a sus presas, cuando de unos arbustos cercanos salió su otro padre, con el rostro salpicado de sangre seca y con los ojos clavados en la figura del hombre a su lado, escaneándolo de arriba abajo con preocupación. 

— Tooru, Kristoff, ¿estáis bien? 

— Estamos bien, Wakatoshi.  

— ¿Cómo os ha ido? 

— Nada mal, para ser su primera cacería. 

— Dos liebres con ayuda de las trampas, no es mucho. Papá tuvo que atrapar al bermejo que se escapaba. Y el ave es completamente presa suya. 

Ushijima puso una mano sobre la cabeza del adolescente, para reconfortarlo. 

— Está muy bien. La práctica hace al maestro. 

— Pero no creo que sea suficiente para ganar al tío Satori. 

— Puede que no. Por eso voy a cederos un par de liebres más y al hermano de ese bermejo que tenéis. Y Kyotani nos dará otra ave. 

— Eso es jugar sucio, padre.

— Tienes razón, hijo — pero la comisura de sus labios se curvaron ligeramente.

— No siempre se puede jugar limpio, Kristoff. — Intervino Tooru —. Y tu tío Satori ya se burla lo suficiente de todo el mundo durante el año. Así que esto es un poco venganza y un poco cura de humildad. 

Regresaron juntos del bosque. Wakatoshi en realidad había ido en su busca al ver que no volvían. La luz comenzaba a escasear y era mejor que la noche cayera sobre ellos una vez en casa. 

— ¡Mira quién se digna a aparecer, por fin! — exclamó el pelirrojo al ver al trío aparecer. — Veo que habéis aprovechado hasta el último momento. ¿Desesperado por evitar la derrota principito? 

— Eso te gustaría a ti. 

En el gran salón de Kattegat, una mano inocente — Sven— juzgaría la victoria haciendo recuento de las piezas cazadas por cada competidor. 

— Por una diferencia de 2, Tooru sigue imbatible un año más. 

Tendou contempló al segundo hijo adoptivo de Oikawa y Ushijima con la mandíbula desencajada.

— No puede ser — musitó.— Escondí piezas extra para asegurarme vencedor… 

Sven enarcó una ceja así como su padre y hermano hacían, al oír la confesión involuntaria.

— Tío Satori, ¿He oído bien lo que has dicho, tenías que dónde? 

Por un momento el pánico se reflejó en los ojos del pelirrojo, que se habían abierto como platos. 

— Nooo. ¡Qué va! Debes haberlo imaginado, Sven. — Negó haciendo multitud de aspavientos.

El adolescente, conociendo a su tío y no creyendo palabra alguna que salía de su boca, intentó sonsacarle la verdad; mientras Wakatoshi atraía hacía sí a Tooru por la cintura, pegándolo a él, y besaba con cariño su cabello. Viendo la escena del interrogatorio ante ellos. 

— En poco más de año y medio será el turno de Sven, como Kristoff hoy.  

Oikawa asintió, colocando una de sus manos sobre la de Wakatoshi. 

— Y tendremos una nueva revancha que ganar.

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