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Un beso en la oscuridad

Summary:

Luego de una pelea con su novia, Evelyn sale de fiesta y bebé hasta no poder más, mientras está tranquila en la barra conoce al hombre capaz de sacar todas las dudas que tenía en su relación.

La mayor inseguridad de Celia.

Notes:

Sinceramente no se porque hice esto pero bueno aquí está, es mi primera obra publicada en Ao3 así que sean amables por favor.

PD: los personajes no soy una copia del libro, me tomé ciertas libertades creativas

Chapter Text

Evelyn pov

 

Esta era, sin lugar a dudas, la peor gala a la que había asistido. Ni siquiera mi mejor sonrisa podía convencer a los demás de que estaba cómoda allí. Pero no era por la decoración, ni por el mal aliento del director ejecutivo de 80 años sentado a mi lado, ni por su esposa parlanchina, que llevaba 30 minutos hablando sin parar sobre sus nietos. No, la razón de mi incomodidad era otra: hacía solo unas horas había discutido con Celia.

 

Sus celos eran cada vez más asfixiantes. La pelea fue una boludes: ella no podía acompañarme a esta gala, no sin un hombre que tomara su brazo y ayudara con la mentira que veníamos construyendo. Entendía su deseo de que fuera solo suya, pero no era una niña, sabía bien que eso no es posible, no como ella queria.

 

Tome otra copa de champagne.

 

Después de la gala, Harry y yo fuimos a una fiesta alrededor de la medianoche. Él quería irse a dormir, ya que tenía un vuelo en la tarde, pero insistí en que necesitaba esta salida. Y era cierto: necesitaba dejar de pensar en Celia, aunque fuera por un momento, quería escapar de todo lo que sentía por ella, aunque solo fuera por un minuto. Porque, aunque era lo mejor que me había pasado en la vida y agradecía todos los días poder estar a su lado, una parte de mí sabía que todo sería más fácil si ella fuera un hombre. Todo sería perfecto. Podría tomar su mano en público, besarla frente a las cámaras y casarme con ella (con él). Podría hacer todas esas cosas, grandes y pequeñas, que hoy me eran imposibles, incluso con todo mi dinero y fama.

 

Creo que ella sabía que en el fondo me sentía así, que podía verlo a través de mis palabras cuando le juraba que no quería a nadie más que a ella y que no desearía que fuera alguien más. Y la gran mayoría del tiempo era así, era honesta con ella, pero en momentos de debilidad, deseaba que todo fuera más fácil, y me odiaba por ello.

 

¿Cómo podía desear algo que no fuera Celia? Mi dulce y tierna Celia.

 

Sequé una lágrima escurridiza y bebí un par de shots.

 

Harry se había separado para hablar con un ex-colega, así que estaba sola en la barra, muy cerca de la pista de baile.

 

Justo cuando empezaba a sentir que mis hombros se relajaban y que mi mente se nublaba por el bullicio de la gente, noté la presencia de alguien a mi lado, mejor dicho, su mirada fija en mí.

 

Al levantar la vista, me encontré con unos intensos ojos azules que, entre la oscuridad, solo parecían brillar más. Era desconcertantemente parecidos a los de Celia, solo que estos eran más mordaces. Cuando al fin pude apartar mi vista de ellos y mirarlo al completo, casi me caigo de mi asiento.

 

–Deme un vodka doble –pedí al cantinero, huyendo de esos ojos, de ese pelo rojizo más suave y de esos rasgos afilados.

 

Mi respiración se aceleró y mi cuerpo se calentó

 

No podía apartar mis ojos de él, pero sabía que debía alejarme. Su parecido con Celia era sorprendente; era como si alguien, algún dios cruel y malvado, hubiera tomado las mejores características de Celia y las hubiera moldeado en un hombre.

 

Un hombre que no tenías que mirar dos veces para decir que era atractivo.

 

–Perdón si la interrumpo –dijo con un acento marcado y una sonrisa encantadora.

 

Odié a mi cuerpo por reaccionar a su voz.

 

–No se preocupe –respondí, tratando de sonar indiferente, con algo de suerte buscaría una presa más fácil.

 

¿Cómo es posible que exista alguien tan parecido a Celia?

 

No había mucha gente pelirroja en Hollywood o en los Estados Unidos, y mucho menos en nuestro círculo social. 

 

Celia era única.

 

–Soy Carson Campbell –extendió su mano.

 

Miré su palma extendida por un momento, debatiendo si era buena idea tocarlo. Finalmente, lo hice. Tomé su mano.

 

–Evelyn Hugo –sonrió aún más al escuchar mi nombre

 

–Soy un admirador de tus películas–

 

–¿De dónde eres? Ese acento es nuevo para mí –señalé.

 

–Oh, soy escocés, vine por negocios –hizo una pausa– y placer– levantó una ceja juguetona.

 

Ok, está coqueteando. Mierda, debo irme.

 

Al levantarme de la silla, mis piernas fallaron por el peso. Sentí unos brazos sujetarme dulcemente y deseé con toda mi alma haberme caído al piso; eso hubiera sido mejor que ver cómo sus ojos lucían preocupados, cómo sus brazos me rodeaban de manera protectora.

 

¿Dónde demonios está Harry?

 

–¿Te encuentras bien? 

 

–Sí, solo... solo se me durmieron las piernas –me retorcí para liberarme de su agarre, y cuando se alejó, extrañé su toque.

 

–Un vaso de agua para la dama, por favor–pidió al camarero.

 

 

Bebí todo, esperando que eso bajara mi nivel de alcohol. No era consciente de todas esas copas hasta ahora, ahora que tenía enfrente al mayor peligro para mi relación. Siempre he sido una persona que, cuando reconoce el peligro, lo evita o lo enfrenta, no alguien que se lanza hacia él descuidadamente.

 

–¿Mejor?–

 

Asentí.

 

–Debo irme.

 

–Espera –tomó mi mano–, quería invitarte a bailar, solo una canción.

 

La respuesta era "no", una palabra muy sencilla de pronunciar, pero que por alguna razón no salía de mi garganta. Tal vez se debía a que parecía estar haciendo un puchero, con esos ojos de cachorro y esos labios carnosos, era imposible resistirse.

 

Celia siempre obtuvo todo de mi cuando ponía esa cara

 

La parte sobria que poco a poco (pero demasiado lento) recuperaba fuerzas repetía en el fondo de mi mente que él no era Celia, pero se calló al sentirlo pegado contra mi pecho.

 

Cielos, era alto, tal vez un poco más que Harry.

 

–Está bien.

 

Sonrió como un niño cuyo capricho se cumplió y mi corazón se aceleró al verlo, su rostro iluminado era irresistible.

 

Mierda. Mierda. Mierda.

 

Nos sumergimos en la multitud bailando, el ritmo pulsante nos envolvía. Carson me guiaba con habilidad, su cuerpo pegado al mío, moviéndonos al compás de la música. Sentía su calor, su respiración cálida que provocaba que mi corazón latiera desbocado.

 

Todo a mi alrededor me alentaba a seguir en ese estado de borrachera: la gente en el mar de luces y sombras, la música vibrante, y su perfume. Dios, ese perfume de Versace.

 

Carson tomaba mi cintura con posesión y me hacía girar; yo me dejaba llevar, perdida en la música y en sus ojos

 

Por un momento, olvidé todo: solo éramos él y yo, sin gente mirándonos, sin Harry, sin Celia.

 

Su sonrisa me hipnotizaba, y yo me sentía atrapada en su encanto; cada vez que me giraba, reía y me sentía flotar.

 

La música cambió, y Carson me acercó más, nuestros cuerpos casi fusionados. Sentía su calor, su aliento en mi piel, y mi mente se nublaba. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué me sentía así?

 

Estaba cerca, peligrosamente cerca, y no me importaba.

 

–¿Puedo…? –No terminó, ambos sabíamos a lo que se refería.

 

Esa noche hice lo que fue el mayor arrepentimiento de mi vida: lo besé.

 

No fue un beso de tres segundos, ni de diez, aunque eso no lo hubiera hecho menos peor; solo cuando la canción cambió y sus manos estaban en mi trasero, y las mías en su pecho, desperté del ensueño.

 

Mierda. ¿Qué había hecho? Me separé de él, jadeando, mi corazón latiendo a mil por hora. Carson me miraba con una sonrisa, sus ojos brillando con deseo. Me sentía mareada, confundida, y culpable.

 

–Lo siento –dije, retrocediendo, intentando escapar de la situación.

 

–No lo sientas– Respondió Carson, acercándose a mí–. Fue increíble.

 

Lo fue. Pero debía terminar.

 

Me alejé más.

 

–Debo irme –lo empujé; no quería caer de nuevo en ese embrujo.

 

Salí de la pista y corrí buscando a Harry, necesitaba salir de allí. La música y la multitud se volvieron abrumadoras. 

 

Encontré a Harry en la barra, bebiendo un trago con un hombre, estaban coqueteando discretamente. –Vámonos– le dije, tirando de su brazo.

 

–¿Qué pasó?– preguntó, mirándome preocupado. Por el reflejo del vidrio, podía ver cómo mi cabello estaba desordenado, mi labial corrido y mi rostro pálido.

 

–Nada –mentí–. Solo quiero irme –acomodé mi vestido y alisé mi cabello.

 

Si Harry notó mi descarada mentira, no dijo nada, simplemente tomo mi brazo y caminamos hacia la puerta.

 

Salimos de la fiesta, y el aire fresco me golpeó.

 

¿Qué mierda había hecho?

 

Todo el alcohol en mis venas se esfumó, dejando la dura conciencia de lo que había hecho solo unos minutos atrás. El viaje a casa fue silencioso, y de haber estado sola, habría llorado. Pero no fue hasta que crucé las puertas de mi casa que me dejé caer.

 

Celia estaba en su departamento; no vendría hasta dentro de dos días porque tenía que viajar a Nueva York para unos eventos benéficos.

 

Me desplomé en la cama, cubriéndome la cara con las manos. ¿Cómo podía haber besado a otro? La culpa me consumía; me sentía sucia, traicionera. Celia confiaba en mí, me amaba, y yo le había fallado.

 

Me levanté y fui al baño, desesperada por borrar cualquier rastro de aquella noche. Me miré en el espejo: mis ojos estaban enrojecidos, mi piel pálida, y mis labios hinchados. Me sentía vacía, hueca. Lloré en la ducha, dejando que el agua se llevara mis lágrimas, y grité, consciente de que si Celia llegara a saber lo que había sucedido, lo que le había hecho, terminaría conmigo. No podía perderla, no quería vivir sin ella.

 

Ella no debía saberlo.

 

Pero, ¿cómo podía ocultarle la verdad? Me había prometido jamás mentirle, incluso cuando quedé embarazada de Riva. Le conté la verdad, aunque sabía que era muy probable que me terminara. Pero aunque se alejó al principio, me perdonó.

 

No ocurriría lo mismo dos veces; ella jamás me perdonaría esto.

 

Pero tampoco podría mirarla a los ojos sin sentirme atrapada por la culpa y el miedo. Ella sabría que algo andaba mal..

 

Me acosté en la cama, intentando dormir, pero mi mente no paraba de dar vueltas.

 

Debía decírselo.

 

Tomé el teléfono y marqué su número, esperando que no contestara. Al tercer timbre, lo hizo, y sentí cómo el aire abandonaba mis pulmones.

 

—¿Hola?

 

Me sentí aliviada al escuchar su voz; su tono calmado me tranquilizó. Dios, su voz era hermosa.

 

–Soy yo –tragué saliva–. Lamento despertarte, sé que es tarde.

 

La escuché moverse, seguramente buscando su reloj.

 

–¿Pasó algo? ¿Estás bien?

 

–No, no, yo solo... quería disculparme. No me gusta cuando estamos enojadas la una con la otra.

 

—A mí tampoco —suspiró—. Lamento haberme puesto tan celosa; sé que nunca me harías algo así —me quedé helada mientras tapaba mi boca para ahogar el llanto—. Evelyn, ¿pasa algo? ¿Qué tienes? —preguntó preocupada.

 

–Nada, no pasa nada, es solo… te amo, Celia, demasiado, más de lo que creí que era posible.

 

–Yo también te amo –dijo con tanta sinceridad que quise golpearme por fallarle–. Hablamos mañana.

 

–Bueno, ten una linda noche, te amo– susurro con su voz cansada.

 

Corté la llamada y me tumbé en la cama, intentando dormir, pero mi mente seguía en un torbellino de pensamientos.

 

Cerré los ojos y respiré profundamente, tratando de calmar mi conciencia. Pero la imagen de Carson persistía, atormentándome.

 

¿Cómo pude ser tan estúpida?

 

Finalmente, me sumí en un sueño inquieto, lleno de pesadillas y remordimientos. Sabía que el mañana deberia enfrentar a Celia y mentirle a la cara. Pero estaba decidida a proteger nuestra relación; no podía dejar que lo supiera.

 

Pero los tabloides lo arruinaron todo.