Chapter Text
John Watson está mirando a su hermana mayor, de tercer curso, que tiene una sonrisa demasiado ancha para su rostro, expectante desde la mesa de Gryffindor, con su grupo de amigos vestidos de dorado y rojo, cuando es seleccionado para Hufflepuf.
La mesa amarilla y negra explota en estruendosos aplausos, pero John no se mueve. Está clavado en el suelo, viendo como la sonrisa del rostro de su hermana se desvanece. No se mueve hasta que la Directora le empuja amablemente en dirección a la mesa de Hufflepuff, llena de rostros entusiastas. No mira a su hermana cuando se deja caer junto a un chico de cara redonda. Un chico de cara redonda que tiene una enorme sonrisa y le golpea amablemente en el hombro.
- No te preocupes, compañero - dijo el chico de la mejor manera posible - Yo tampoco pensaba que vestiría el amarillo.
John se vuelve hacia él con los ojos nublados, la sensación de los ojos de su hermana quemándole en la nuca y dejándole dos agujeros simétricos.
- ¿Es malo?
- ¡No! ¡Es fantástico! - exclama el chico - Michael Stamford. Puedes llamarme Mike, si quieres.
John se traga con tristeza, lentamente, sus esperanzas, sus sueños y su orgullo.
- John Watson.
Cuando la cena comienza, John espera que Harriet se acerque a su mesa y le felicite. O al menos que diga algo. Cuando echa un vistazo por encima del hombro, ella está riendo y charlando con sus amigos como si él no existiera. Se ríe tan fuerte que salpica a todos con zumo de calabaza y le cae sobre la corbata. Todos creen que es graciosísimo.
La Jefa de la Casa los guía hasta la sala común. Los pies de John no han dejado de arrastrase desde que el sombrero no había gritado ¡GRYFFINDOR! No conoce una sola cara entre los alumnos que caminan a su lado y charlan entre ellos. Él se había sentado con Harriet en el tren, y ella le había hablado sobre las escaleras de las habitaciones de las chicas que se transforman en tobogán si algún chico intentaba subir; de Andrew West, el capitán del equipo de Quiddich, de lo pronto que iba a elegir a John de Guardián o incluso de Golpeador. No conoce un alma, está en la casa equivocada y francamente, está muy enfadado y muy decepcionado con todo.
- ¡Perspicacia! - dice la Jefa de la Casa cuando llegan a un enorme bodegón.
La pintura se abre suavemente dando paso a una cálida sala común, de techos bajos y una enorme chimenea de pared, todo cubierto de amarillo y adornado de plantas. Se puede sentir la vida, la calidez, la felicidad y un suave olor a pan dulce. John no quiere sentir todo eso.
No está escuchando cuando Mike le enseña el dormitorio de los chicos, por un túnel a la izquierda, perfectamente circular, o cuando le da la bufanda amarilla y negra, a lo que él solo consigue fruncir el ceño. No está escuchando cuando entran sus compañeros de primer año, viéndolo todo con ojos enormes y totalmente encantados. Ni cuando se mete en la cama con dosel, con cortinas color miel caliente. Cuando se giran al lado de la cama para apagar las luces, solo la de John permanece encendida. Solitaria y tenaz. Consigue dormir de alguna manera.
Definitivamente, irá a la Directora mañana, y le explicará que se suponía que iba a estar en la misma casa que su hermana, le explicará que no se suponía que iba a ser de Hufflepuff, sino de Gryffindor y que todo ha sido un gran error.
Pero despierta y hay algo diferente. Ese Algo Diferente está en su pecho, presionando contra sus órganos sacándolos fuera de sitio. Pero es cálido, como un pequeño sol anidado en mitad de la garganta. Tal vez sean las mantas apretadas en torno a él, como un capullo rodeándole. Tal vez el sonido de las risas en eco por los túneles circulares. Tal vez es porque nadie le ha dejado solo.
Otro alumno de Primer Año, ya completamente vestido le mira nervioso, sentado en el filo de la cama, haciendo y rehaciendo su corbata mientras le espera. Cuando John se levanta lentamente, la vista del chico se aparta de su propio cuello y sonríe enseñando los dientes. Sus paletas son casi demasiado grandes para su boca.
- Buenos días - dice - ¿Has dormido bien?
John se moja los labios con una lengua insegura en el silencio.
- Supongo.
- Soy Carl. Carl Powers - parece incluso demasiado feliz - ¿Tú eres John Watson?
John asiente, y mira el nombre que le había bordado su madre en la camiseta hacía tiempo. Intenta no ponerse rojo de vergüenza.
- Si, er... - dice buscando la forma posible de no sonar extraño - ¿Por qué sigues aquí, Carl? ¿No está todo el mundo desayunando?
- Nosotros, los tejones, tenemos que permanecer juntos.
El chico salta de la cama. Su pelo es del mismo tono negro de su corbata, igual que el pelo de John, es casi tan amarillo como el de la suya.
Mañana. Tal vez mañana fuera a ver a la Directora y le diría que se suponía que iba a estar en Gryffindor. Le devuelve la sonrisa a Carl.
La primera vez que John Watson se encuentra con Sherlock Holmes, es un frío jueves a mitad de septiembre, tras tres semanas vistiendo el amarillo y el negro. Mike levanta la vista del plato, con un gesto extraño creciendo en la comisuras de los labios, mitad sonrisa, mitad frustración. John parpadea e inmediatamente sigue la vista de Mike.
Hay un chico de Slytherin, de pie justo detrás de John y con la vista fija en él, como si fuera lo más interesante del mundo. Alborotados rizos de un negro brillante, ojos inteligentes e inquisitivos del color plateado de las escamas de una serpiente. El muchacho sonríe de forma extraña, demasiado ampliamente. Entonces sus ojos se vuelven al compañero de almuerzo de John.
- Hola, Michael.
- Sherlock - dice Mike. Se aclara la garganta - John, este es Sherlock Holmes, de Primer Año también. Mi padre conoce a su madre. Sherlock...
- John Watson - le interrumpe Sherlock rápidamente - Te recuerdo de la Ceremonia de Selección. Ninguno de los dos cumplimos las expectativas de nuestros hermanos en la selección de casa, ¿verdad?
John siente como se le tensa la garganta, especialmente cuando el chico sonríe de nuevo. Casi como si pudiera ser más cruel si quisiera. Pero antes de que John pueda parar que esa boca parlotee, el de Slytherin continua.
- Tu hermana es de Gryffindor. No había duda por la expresión de su rostro. Parecía igual de decepcionada que mi hermano Mycroft en la mesa de Ravenclaw. Un prefecto, que intenta ser Jefe de Casa el año que viene. Lo conseguirá. Mycroft siempre consigue lo que quiere.
Y de repente el chico está sentado con ellos, a la izquierda de John, ignorando por completo el espacio personal.
- Vengo de un largo linaje de Ravenclaws. Todos ellos están en el Ministerio. O eso es lo que dicen cuando se les pregunta. Mamá se horrorizará. Con tantos de Slytherin encarcelados después de la Batalla de Hogwarts, no tienen buena reputación. Todos los villanos son de Slytherin.
Ladea la cabeza como un gato, y John abre la boca otra vez para pedirle que se vaya, pero él sigue hablando.
- Y tú tienes la impresión de que todos los héroes son de Gryffindor. Y que solo los de Gryffindor son héroes - aprieta los labios pensativo - Tú querías ser un héroe, especialmente a los ojos de tu hermana. Por tu padre. Murió luchando contra los Mortífagos, ¿no?
John abre la mandíbula inconscientemente, y los ojos del de Slytherin se ensombrecen al ver los ojos de John llenarse de lágrimas se rabia. John no había llorado en años, no desde el funeral. No desde el funeral de estado que había sido concedido para Harold Watson cuando apenas era suficientemente mayor para acordarse de nada salvo de haber llorado en el regazo de su hermana mayor. Su garganta hace un ruido desagradable, y lo odia, así que se va cuando puede decirle a sus piernas que le lleven a cualquier parte.
Mike le llama y le dedica una mirada llena de odio a Sherlock, el cual tiene la sorpresa escrita en el rostro.
- Enhorabuena - dice Mike, yendo tras él antes de que el chico se pierda escaleras arriba.
Encuentra a John apoyado contra la barandilla de la escalera principal, sus hombros tiemblan pero ningún sonido viene del robusto muchacho. A pesar de todo, es quizás el que mejor se ha tomado los análisis de Sherlock Holmes. Deja a John gimotear unos pocos minutos más, manteniendo alejado a los ojos curiosos. Le dedica una fría mirada a una alumna de Ravenclaw, y esta sale despedida escaleras arriba.
- Siempre es así – dice Mike finalmente entre dientes, sin acercarse mucho por miedo a interrumpir algo que no debe. Los hombros de John están rígidos - No le hagas caso, ¿vale? Saca de quicio a la gente.
John no se vuelve. Apresuradamente se limpia los ojos y la nariz y se levanta tan recto como puede. Cuando se gira, Mike juraría que intenta hacerse el fuerte, un poco como un niño intentando parecerse a su padre. Sherlock tenía razón. Mike lo sabe. Pero eso no significa que le guste.
- ¿No quieres ser de Hufflepuff? - suelta, pero John no se inmuta, y a Mike eso le gusta.
- Sí quiero. Quiero decir, no quería al principio. Es decir, ningún héroe es de Hufflepuff, ¿verdad? - se frota la parte de atrás de una pierna con la punta del zapato - Pero quiero. Me gusta estar aquí - entonces cambia de tema, sonándose la nariz una última vez y mirando a lo lejos cuando lo hace - ¿Quién era ese?
- Mi familia conoce a la suya - contesta Mike - A nadie le gusta.
- No puedo imaginar porqué - dice John rígido, y finalmente sonríe.
Es triste y pequeña, pero aún así, una sonrisa.
Había tenido clases dobles de Encantamientos con los de Slytherin durante tres semanas, y no fue hasta que Holmes se le acercó en el almuerzo que John nota un chico de pelo negro y rizado mirándole a través de la habitación. John frunce el ceño, decidido a no cruzar la mirada con él. Se pregunta si el Profesor Flitwick notaría el envió de algún extraño encantamiento enviado desde donde se sientan los de Slytherin. Se pregunta cuando van aprender hechizos.
Carl se inclina y le pregunta de nuevo a John como es el movimiento de la varita, y entonces se olvida de Sherlock Holmes.
Harriet, no, ella se hace llamar Harry ahora, le encuentra de camino al almuerzo y le coge en el fuerte abrazo triturador que siempre le da. Dice que lo siente, que fue una verdadera idiota y que debería estar orgullosa de él no importa en que penosa casa estuviera. Él le golpea la espalda, pero en realidad está contento.
Ella lo lleva hasta la sala común de Gryffindor, le presenta a gente de Segundo y Tercer curso. Sally Donovan, un año mayor que él, es la nueva Cazadora en el equipo de Gryffindor, parece casi una heroína. Lo tratan bien, le dan algunas galletas, y tras una hora, se escapa por el pasillo camino de la cocina hasta el bodegón.
- Amistad - dice John con claridad, y sonríe de oreja a oreja cuando ve a Mike y a Carl esperándole junto al fuego.
Gryffindor gana la Copa de la Casa a final de año, Ravenclaw en segunda posición y Hufflepuff en tercera. Corría el rumor de una a otra mesa de que le habían quitado doscientos puntos a Slytherin en una tarde por culpa de Holmes. Alguien habló de una explosión en la Torre de Astronomía, otro dijo que quemó cinco calderos, otra chica dijo que le habían cogido robando en el almacén del Profesor Slughorn, y algo realmente peligroso había desaparecido, incluso algunos de Hufflepuff decían que el chico había entrado en la sección prohibida de la biblioteca a altas horas de la noche, buscando cosas oscuras. Y otras cincuenta cosas más de las que se había negado a dejar de hacer.
John está contento con el tercer puesto. Le habría gustado compartir la copa con su hermana, regodearse de ello cuando llegaran a casa, pero no le gustaba donde habría terminado todo. La mira por encima de su hombro, pero sus ojos siguen hasta detenerse en la mesa de Slytherin. Todos están agrupados en el centro, dejando un ancho espacio al final, donde una solitaria y oscura figura de cabello negro y rizado se inclina solo sobre su comida.
