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The Alchemy

Summary:

Podía ver como los otros chicos se sacudían, golpeaban su cuerpo, rotaban articulaciones adoloridas o ajustaban sus gorros y goggles,  mientras él solo apoyaba sus manos sobre sus rodillas y se centraba en respirar. Sentía que su corazón iba a saltar de su pecho, eran sus primeras olimpiadas representando a Australia, y no solo debía demostrarle a todos en la federación nacional que no había sido un error escogerlo luego de que el equipo de Corea lo hubiese rechazado, sino que  tenía que probarse a sí mismo que era lo suficientemente bueno incluso cuando su amuleto de la suerte estaba en otro recinto de Paris en las finales de tiro con arco.

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Christopher practica natación y Minho tiro con arco. Ambos se conocen desde que comenzaron a practicar los respectivos deportes que los llevaron a las Olimpiadas de Paris 2024, pero ahora que ambos están compitiendo y Minho no puede asistir a la final de Chris este se da cuenta que no puede seguir huyendo de sus sentimientos por mas tiempo

Notes:

Hola! este es mi primer Au publicado acá y el primero que escribo de skz a pesar que he sido fan por ya varios años . Volví a escribir después de bastante tiempo, pero es que luego de ver tantos momentos románticos en las olimpiadas, de ver el prompt de una chica en TikTok y escuchar a Taylor Swift no pude contenerme y necesitaba la distracción, así que espero que les guste y por favor díganme si les gustó <3

Work Text:

 

 

París 2024

 

Inhala

 

Exhala

 

Esta es solo una competencia más.

 

Son 200 metros pecho, lo has hecho antes.

 

Chris caminaba mirando sus pies, se concentraba en colocar uno delante del otro, ignorando el frío que sentía calaba en sus huesos, el olor a cloro de la piscina, las voces de los cientos de personas sentadas en las gradas del estadio y de los comentaristas que anunciaban a cada uno de los participantes y el país que representaban.

 

 Podía ver como los otros chicos se sacudían, golpeaban su cuerpo, rotaban articulaciones adoloridas o ajustaban sus gorros y goggles,  mientras él solo apoyaba sus manos sobre sus rodillas y se centraba en respirar. Sentía que su corazón iba a saltar de su pecho, eran sus primeras olimpiadas representando a Australia, y no solo debía demostrarle a todos en la federación nacional que no había sido un error escogerlo luego de que el equipo de Corea lo hubiese rechazado, sino que  tenía que probarse a sí mismo que era lo suficientemente bueno incluso cuando su amuleto de la suerte estaba en otro recinto de Paris en las finales de tiro con arco.

 


 

“Minho, lo hice. Llegué a las finales ¿lo viste? ”  Fue lo primero que dijo Chris emocionado luego de vestirse con la chaqueta y pantalón amarillo y verde al encontrarse con su mejor amigo, quien lo esperaba con una sonrisa gigante en la salida del palco.

 

“Por supuesto que lo hice Christopher, tus tiempos fueron incluso mejores que los de tu última competencia”  dijo Minho con las mejillas un poco enrojecidas probablemente por la temperatura del estadio, a la par que metía sus manos en los bolsillos de su chaqueta blanca y azul que lo identificaba como  parte del equipo Corea. Realmente se veía adorable, no pareciera del tipo que pudiera disparar flechas con una precisión bastante alarmante y a la vez admirable.

 

Chris sentía que su cuerpo vibraba con los restos de adrenalina que aún cursaba por su venas, y por alguna razón sus manos picaban por abrazar a su amigo, quien hasta ahora había estado en cada una de sus competencias y entrenamientos desde que tenía 13 años. Lo único que había logrado impedir que lo acompañara en este último año había sido la mudanza de Chris a Australia luego de que la Federación surcoreana de natación considerara que sus tiempos no eran lo suficientemente buenos como para que representara al país en las olimpiadas, e incluso en ese momento había sido Minho quien había recogido las piezas destrozadas del sueño de Chris y las había vuelto a juntar, logrando dirigirlo hacia donde estaba ahora.

 

“Fue porque tú estabas aquí. Muchas gracias” simplemente respondió el nadador aceptando la cajita de jugo de piña que el menor le entregaba.

 

Minho se quedó callado por unos segundos mordiendo el interior de su mejilla para luego rodar los ojos y golpear el hombro de Chris “No digas tonterías, incluso si no estuviera aquí tu podrías lograr exactamente lo mismo”

 

“Quizás sí, quizás no. Pero me rehúso a averiguarlo en estas olimpiadas” Chris sonrió y paso su brazo por los hombros del castaño y lanzó un beso de forma exagerada en dirección a la mejilla de Minho, que para decepción de ambos chicos no hizo contacto con su piel.

 

Minho hizo el acto de apartar su rostro y cuerpo rápidamente y arrugar su nariz demostrando asco. Desde lejos este gesto hubiese herido a cualquiera, pero Chris luego de años de experiencia podía notar como las comisuras de sus labios se elevaban un poco intentando ocultar una sonrisa  “Aléjate de mí y vamos al comedor, a ver si el niño Noruego no se llevó todos los Muffins de chocolate y los escondió en la villa”

 

El nadador con una sonrisa algo atontada solo se dejó guiar por la mano que aprisionaba la manga de su chaqueta y lo arrastraba en dirección a los autos que los llevarían a la villa olímpica.

 

Para muchos la amistad entre Christopher y Minho era poco ortodoxa, donde parecía que el menor no soportaba a Chris la mayor parte del tiempo, y quizás eso era cierto hasta algún punto, considerando como el rubio deliberadamente lo molestaba simplemente porque amaba sus reacciones. Pero ese mismo Minho era quien lo alentaba desde las gradas sin falta alguna, el que lo esperaba luego de sus competencias con su jugo favorito, no le reprochaba sus largas horas de entrenamiento pero intervenía si notaba que Chris pasaba más del tiempo normal en la piscina o gimnasio y quien creyó en él mucho antes que sus propios entrenadores.  

 

Para Chris, Minho colgaba la luna y las estrellas en el cielo y realmente se esforzaba en  mostrarle a su Min siquiera una parte del apoyo que este le brindaba cuando él  participaba en sus competencias de tiro con arco, que aunque con temporadas de competencias más cortas eran igual de demandantes que las de natación.

 

“¿Cómo te preparas para tus finales? Estoy seguro que te llevarás una medalla. Eres terroríficamente bueno” Chris le preguntó a Minho,  pero este solo se encontraba concentrado escaneando los mostradores en busca de los postres de chocolate, para después maldecir al nadador que representaba a otro país, quien había hecho su tarea comer la mayor cantidad de muffins  y documentar su obsesión en Tik Tok.

 

“—Te juro que soy capaz de entrar a la villa de Noruega y destrozarle la puerta a ese rubio que cree es el único que le gustan los muffins. No le deseo que pierda pero ojalá se infecte de algo cuando le toque nadar en ese rio sucio—“

 

“¡Minho!” susurró Chris al darse cuenta que su amigo recibía algunas miradas extrañas de los otros atletas, afortunadamente parecía que nadie podía entender lo que estaba diciendo.

 

“¿Qué?” respondió nuevamente con una cara inocente “Ah si…la competencia. Trato de no pensar mucho en ello, si estoy nervioso pero solamente daré lo mejor de mí y esperaré que sea suficiente para ganar”

 

Realmente admiraba eso de Minho, su capacidad de mantenerse en calma en situaciones en las que él normalmente sería un manojo de ansiedad. Incluso ahora, cuando acababa de clasificar a la final que sería en tres días sentía que aún no era lo suficientemente bueno como para ganar, ya estaba preocupándose por cómo sería su acondicionamiento y le preocupaba el leve dolor que de la nada comenzó a sentir en su hombro. Definitivamente tenía que ir con el fisioterapeuta de la villa.

 


 

El silbato suena indicándoles a los nadadores que era momento de subirse a las plataformas para prepararse para su salida. Desde el carril ocho Christopher podía ver las cámaras gigantes, algunos fotógrafos y las gradas laterales derechas. En su opinión este era el momento que más tensión le provocaba, sentía todos los ojos puestos sobre él aunque podía estar seguro de que no era así, y la anticipación e incertidumbre de lo que pasaría en los próximos minutos hacía que sus manos temblaran un poco.

 

Los susurros de su entrenador llenaban sus oídos y el solo ansiaba entrar al agua donde todo simplemente desaparecía. Normalmente este era el momento donde Chris levantaba su cabeza y le daba una mirada a la primera fila de las gradas y hacía contacto visual con Minho a través de sus goggles azules, esos pequeños segundos eran los necesarios para calmar los latidos de su corazón y devolverle la calma. Sin embargo, esta vez sabía que al levantar su mirada vería a sus padres, su hermana y su hermano, que aunque le hacían sentir acompañado sabía no tenían el mismo efecto.

 


 

 

“¿Todo está bien, Min? Has estado muy callado desde que volvimos del comedor ¿Realmente querías esos muffins? Porque puedo pedir unos por una app que descubrí ayer” Chris notó que luego de que entraron a su dormitorio, como era costumbre, y se acostaran en el suelo, porque este era más cómodo que las camas de cartón de la villa, Minho se perdió en sus pensamientos.

 

Minho se acercó a Chris hasta apoyar  la cabeza sobre su brazo y se giró para verlo directamente a los ojos y examinar su rostro de esa forma tan característica de él, sin previo aviso y dejándote con mil dudas de lo que vio en ti, si le gustó o no. Esta posición no era para nada extraña en ellos, pero desde hacía ya un tiempo lograba que la cabeza de Chris se llenara de ideas descabelladas, fantasías que no podía arriesgarse a cumplir porque lo que estaba en juego valía mucho más que los ‘que hubiera sucedido’.

 

El rubio sabía que eso que sentía en su pecho cada vez que tenía cerca a Minho no era como los amigos se debían sentir. Amar  tanto su sonrisa como lo hacía Chris no era de amigos, encontrar consuelo en su mirada, en la forma en la que lo sostiene o lo toca no es de amigos. Estar tan fascinado con la forma en la que piensa, habla y como funciona su mente no es de amigos. Perderse en sus ojos, sus lunares y pecas no era de amigos. Y por sobre todo, querer besarlo como lo hacía Chris definitivamente no era de amigos.

 

Como si sus pensamientos hubieran traicionado a su cuerpo, sin haberse dado cuenta, había inconscientemente acercado más su rostro al de Minho, al punto que podía sentir su respiración chocar con su rostro y  sus narices se rozaban levemente. Por un momento se preguntó ¿Qué pasaría si se acerca más? ¿A caso Minho lo odiaría? ¿No volvería a hablarle en su vida? ¿Le correspondería?—

 

“Mi final de tiro con arco es el mismo día que la tuya” susurró mirándolo con esos ojos marrones que justo en la oscuridad de la habitación se confundían con sus pupilas. ”No voy a poder verte ese día” su voz se notaba algo triste y un poco vulnerable, quizás  se sentía mal por Chris y fue por eso que decidió tomarle la mano y jugar sus dedos suavemente. La caricia luego de la noticia se sentía algo amarga si era honesto, pero si de algo estaba seguro es que jamás pondría a Minho en una situación en donde se sintiera mal por priorizar sus sueños.

 

“No podré tampoco ver tu competencia” respondió Chris en el mismo tono de voz, como si hablar más fuerte fuese a romper el hechizo del que parecían ser presos, como si tuviera que resignarse a que no podría ver a Min ganar la medalla por la que tanto se esforzó, porque de eso estaba seguro, Minho ganaría la 6ta medalla de oro para Corea en tiro con arco, pero él no estaría allí para alentarlo, todo porque tendría que competir por un premio que ni siquiera estaba seguro de poder alcanzar, mucho menos ahora.

 

“Solo tu dirías eso.” soltó Minho rodando los ojos y aumentando considerablemente el espacio entre sus cuerpos. “A mí me preocupa más perderme tu competencia” continuó ahora viendo el techo blanco de la habitación.

 

“No te preocupes por mi, Min” Le aseguró Chris “Los eventos de tiro terminan una hora después que los de natación, una vez termine de competir iré directo a verte. Sus turnos van determinados por el orden alfabético de los países que representan así que creo llegar a tiempo para verte ganar—“

 

“Chris….” Dijo Minho con un tono de voz suave mientras por fin volteaba a verlo “No estás contando el tiempo que lleva la ceremonia de premiación—“

 

“Nadaré e iré dicto a verte” le interrumpió.

 


 

Una vez la voz robótica anunció que debían prepararse y sonó la alarma todo se pausó para Chris. El primer choque con el agua a veces era doloroso cuanto se lanzaba con mucha fuerza, pero ya luego de unos años dejaba de sentirse así y sumergirse en el agua era más como un premio que algo a lo que temerle, se callaban sus pensamientos y solo tenía una meta. Ganar. Pero ahora era diferente, su meta era terminar para así poder irse y llegar a tiempo al otro lado de la ciudad, donde se estaba dando la final de tiro con arco, donde estaba Minho.

 

Cada vez que salía a la superficie a tomar aire lo único que podía escuchar eran los vítores, no sabía para quien eran, o que decían, solo quería completar los doscientos metros. Sus músculos ardían, el dolor en su hombro volvía pero justo ahora todo estaba en segundo plano.

 

“—Excelente salida de—“

 

Inhala

 

Exhala

 

Cuando llegó a la pared por primera vez no se detuvo a tomar aire y solo giró en el agua y continuó hasta que sus pulmones le suplicaban por aire.

 

“Tiene una ventaja de –“

 

Inhala

 

Exhala

 

“Fueron los más rápidos en la reacción de salida así que—“

 

Solo faltaba una vuelta más a la piscina, una más. Le tomaría alrededor de 15 minutos vestirse y salir de la arena si corría. Esperaba realmente que no hubiera tráfico a esta hora en París.

 

“Es increíble—“

 

Inhala

 

Exhala

 

Un toque más solo uno. La incomodidad y leve dolor en sus piernas y brazos ya no importaba mientras más veía que se acercaba a las plataformas de salida, no miraba hacia los lados para ver qué tan adelante estaban los demás, su visión periférica se reducía a los separadores de los carriles y el final de la piscina.

 

“—si sigue así está muy cerca de—“

 

Inhala

 

Exhala

 

Cuando las palmas de sus manos tocaron la pared de la piscina y Chris salió a la superficie se encontraba un poco aturdido, quizás hasta mareado por el hecho de que le exigió muchísimo más a sus pulmones de lo que estaba acostumbrado. Escuchaba voces, clics y las manos de quien creía era su entrenador en sus hombros mientras lo sacudían.

 

“Christopher… Christopher…” repetía quien ahora ya estaba seguro era Corbeau, su entrenador “Ganaste chico, rompiste el record”

 

Cuando Chris por fin estuvo consciente de sus alrededores pudo ver a todos los fotógrafos que estaban a la orilla de su carril, los gritos de las personas y las voces de los demás competidores.

 

“¿Gané?” preguntó mirando los ojos azules de Corbeau

 

“¡Sí! Nadaste doscientos metros en dos minutos, cinco segundos y ochenta y cinco centésimas. Ganaste el oro e impusiste un nuevo record olímpico” No podía creer lo que estaba escuchando. Se quitó los goggles y el gorro sin importarle que el cloro del agua probablemente hiciera que su cabello quedara verde, necesitaba salir o se quedaría sin tiempo.

 

Al salir del agua las cámaras de la transmisión comenzaron a seguir los movimientos de Chris y realmente este no sabía que haría ahora que debía quedarse más tiempo del que tenía planeado. Por un lado por supuesto que estaba feliz y orgulloso de lo que había logrado, pero en su cabeza solo podía escuchar ‘Minho, Minho, Minho’ y no podía evitar sentir que le estaba fallando al no poder llegar a su competencia incluso cuando este le había dicho que no era necesario.

 

Le sonrió a la cámara y mostró sus hoyuelos mientras secaba su cabello y su cuerpo lo más que podía, para luego de levantar su brazo y sonreírle a sus padres y hermanos quienes gritaban por él y señalaban en su dirección. Comenzó a caminar lo más rápido que pudo hacia los vestidores saludando desde lejos a algunas personas de su equipo que habían asistido a la competencia e ignorando al camarógrafo que seguía sus movimientos.

 

“¡Chris! ¡Chris! ¡Christopher!”  Era extraño tener a tantas personas, mayormente periodistas o fotógrafos gritando su nombre, pero no fue hasta que reconoció uno de los gritos que giró sobre su eje y vio la primera fila de las gradas del lado izquierdo.

 

“¡Chris, aquí!”

 

Allí estaba, en el lugar de siempre, agitando una caja de jugo de piña y con una sonrisa gigantesca en su rostro que Christopher no pudo evitar imitar. En ese momento las personas, la medalla, el record, no importaban, solo pudo correr hacia Minho, atravesando stands de canales de noticias que cubrían las olimpiadas, apartando a algunas personas con las cuales probablemente se disculparía en unos minutos  y por último saltando el riel de la grada hasta estar al mismo nivel de Minho y tomar su rostro entre sus manos, sin importarle que solo tenía su traje de baño y de su cabello todavía caían gotas de agua.

 

“Viniste….Pero—¿Cómo?”

 

“Te gané, llegué más rápido que tu” respondió con una pequeña sonrisa.

 

“No puedo creerlo” susurró juntando su frente con la de Minho mientras este sorprendido apoyaba sus manos en los amplios y descubiertos hombros del rubio.

 

“No me iba a perder esto por nada del mundo. No estuve sentado por horas en prácticas y competencias juveniles para no verte ganar tus primeros olímpicos”  Se podía escuchar los murmullos, los clics de las cámaras y los flashes de las grabaciones.

 

“Pero no pude verte—”

 

“No seas idiota y mejor agradéceme que corrí tres cuadras de un embotellamiento para llegar hasta aquí” le interrumpió

 

Chris soltó una carcajada y miró a Minho a los ojos, intentando demostrarle lo agradecido y feliz que se encontraba “Gracias, Min”  dijo “¿Sabes que es lo mejor de este día?”

 

“No lo sé…. ¿Que hayas ganado una medalla de oro?” respondió

 

Chris solo negó

 

“¿Que rompiste un record olímpico?”

 

Chris volvió a negar “No, que tú estés aquí. Eso es lo mejor que me ha pasado en el día” dijo antes de arriesgarlo todo y juntar sus labios con los de Minho.

 

En ese momento se dio cuenta que todo este tiempo había estado engañándose a sí mismo, no había manera de ocultar estos sentimientos, era imposible, él le pertenecía a Minho, como el mar le pertenece a la luna, la luna le pertenece al cielo, y que incluso si las estrellas desaparecen él seguiría viendo la vía láctea en esos ojos oscuros que tanto amaba.

 

 Mientras movían sus labios suavemente  ambos sabían que estaban siendo observados y que probablemente este momento al final del día ya no fuera solo de ellos, pero justo allí, entre la multitud, aplausos y vítores se sintieron los únicos en ese estadio.

 

 “¿Por qué ahora?” preguntó Minho con los labios ligeramente enrojecidos una vez se separaron.

 

“Porque al final del día tu eres la persona con la que quiero ir a casa. Eres a quien quiero decirle como me fue en mi día, con quien quiero compartir mi felicidad, tristeza, frustración y éxitos. Quiero también compartir las tuyas. Porque te amo, Minho y no exactamente como amigos”

 

Esta vez fue Minho quien se lanzó a sus brazos  y volvió a besarlo cortamente para después abrazarlo, haciéndolo perder un poco el agarre en el riel. Pero fue con ese movimiento que logró sentir en su piel el frío metal que colgaba del cuello de MInho.

 

“—Esperen ¿Ese no es Lee Minho? ¿Él no acaba de ganar una medalla de oro hace menos de una hora?” uno de los camarógrafos que estaba captando el momento le murmuró a su compañero, lo que hizo que Chris de separara un poco de Minho para bajar la mirada y efectivamente  toparse con la medalla de oro de las olimpiadas de Paris colgando del cuello del castaño.

 

“¿Qué? ¿Acaso creíste que eras el único ganador de hoy?” fue la respuesta de Minho antes de darle un guiño y sonreir, demostrándole que con sus palabras no solo se estaba refiriendo a la competencia.